Bolivia

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Catedral de Cochabamba (Bolivia)

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Diócesis     Diócesis de Cochabamba
Construcción     1735
Fundador     Dr. Francisco de Urquiza
Estilo arquitectónico     Corintio

La catedral de Cochabamba se construyó a principios del siglo XVIII, sobre la base de un antiguo templo del siglo XVI. Se encuentra ubicada en la Plaza 14 de septiembre, siendo uno de los símbolos característicos de la ciudad, denominada Catedral Metropolitana desde el 30 de julio de 1975, en que la Diócesis de Cochabamba fue elevada a sede metropolitana mediante bula Quo gravius del papa Pablo VI, y ejecutada por Mons. Giuseppe Laigueglia, Nuncio Apostólico de Su Santidad, el 29 de noviembre del mismo año.

El investigador E. Wethey fue el primero en fijarse en la belleza de los monumentos virreinales de Cochabamba y entre ellos figura la portada de la Catedral, misma que se abre entre dos grandes contrafuertes que parecen dispuestas para recibir en arco. Está compuesta de tres cuerpos con columnas salomónicas que flaquean la puerta, la hornacina y la ventana que ocupan el centro de la composición.

El diseño de este pórtico está influido por el estilo ecléctico, ya que sus columnas son una combinación de columnas corintias con arcos bajos de medio punto y un amplio rosetón ojival que se alza sobre el arco central. Esta composición contrasta con la de la fachada de pies del edificio y la torre. A vista de pájaro representa una perfecta cruz latina. Una arcada moderna, que corresponde a principios de siglo, le cubre el frente que da hacia la plaza principal.

Internamente está cubierta con pinturas modernas, por lo que no se puede apreciar sus dimensiones.

La edificación de este templo, como todas las ubicadas en la plaza principal, es una de las más importantes del departamento porque en ella se llevan a cabo las actividades litúrgicas más representativas como la posesión del Arzobispo.

Esta iglesia fue reconocida como monumento histórico y arquitectónico el 7 de diciembre de 1967.

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Catedral de Sucre (Bolivia)

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Diócesis     Archidiócesis de Sucre
Construcción     1551-1633
Estilo arquitectónico     Barroco

La Catedral Metropolitana de Sucre está ubicada en la Plaza 25 de Mayo. Su construcción se inició el año 1551 y continuó durante casi 1 siglo. Debido a este prolongado periodo de construcción tiene estilo barroco y renacentista con influencias mestizas.

Su campanario tiene decoraciones de cerámica y el Museo de la Catedral posee una de las mejores colecciones en Bolivia de Arte Sacro del siglo XVI al siglo XVIII.

Junto a la catedral, se sitúa la capilla de la Virgen de Guadalupe (1617), que alberga la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, la patrona de Sucre, pintada por Fray Diego de Ocaña en 1601. El culto popular ha cubierto de adornos esta imagen en un manto con diamantes, esmeraldas y perlas, y es conocida como la Mamita de Guadalupe.

Restos de personalidades de la iglesia en Charcas se encuentran en las criptas de la catedral.

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Catedral de San Lorenzo (Bolivia)

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Diócesis     Santa Cruz
Construcción     1770-1838
Estilo arquitectónico     Ecléctico, Barroco

La Catedral Metropolitana Basílica de San Lorenzo es el principal templo católico en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Está situada en el centro de la ciudad, frente a la Plaza 24 de Septiembre.

Historia

La primera iglesia fue edificada por el mercedario Fray Diego de Porres en tiempos del Virrey Francisco de Toledo. En 1770, el Obispo Ramón de Herbosos reconstruyó la iglesia, encomendando al sacristán mayor don Antonio Lombardo la ejecución de las obras. En la época del Mariscal Andrés de Santa Cruz (1838), el viejo templo fue sustituido por una nueva iglesia de estilo ecléctico, proyectada por el arquitecto francés Felipe Bertrés. Es notable por sus bóvedas de madera y por la decoración pictórica que las cubre. En el altar mayor se conserva una parte del recubrimiento original de plata labrada de la misión jesuítica de San Pedro de Moxos. También se exhiben cuatro relieves escultóricos que provienen de la misma misión.

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Catedral de La Paz (Bolivia)

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Construcción     1831
Estilo arquitectónico     Neoclásico

La Catedral Metropolitana Nuestra Señora de La Paz es una basílica menor que está situada en la plaza Murillo de la ciudad de La Paz. Fue construida en el año 1831 con una arquitectura de estilo neoclásico con elementos barroco. Tiene un magnífico interior distribuido en 5 naves con capas.

Fechada

La Fachada está dividida en dos cuerpos y en el interior se encuentran cinco portadas grabadas en bronce. En el costado Izquierdo se encuentra una capilla especialmente diseñada donde se guardan los restos del Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana

Nuestra Catedral

LA INICIATIVA

Varias generaciones han pasado viendo levantarse piedra sobre piedra el monumental trabajo emprendido en 1835, sobre el local de la antigua iglesia, demolida por disposición de la ley de 31 de agosto de 1831, para su reconstrucción. Aproximadamente un siglo después, se habilita el grandioso templo, cuya edificación ha sido elogiada – con razón – por los diarios, calificándolo de “monumento nacional y fruto del colosal esfuerzo paceño”, y por los ingenieros que lo han visitado, “de primorosa obra de arte”.

La diversas fases de este trabajo, la mención de los gobiernos que lo han impulsado, la abnegada labor de las personas que han contribuido a llevarlo a cabo y otras consideraciones pertinentes, bien merecen hacer su historia, lo que, compulsando documentos, nos proponemos verificar en la presente relación.

I. – EL ANTIGUO EDIFICIO DE LA CATEDRAL

Junto al local del Cabildo de Justicias, situado en la plaza mayor de esta ciudad, existía la iglesia catedral, en cuya construcción se habían empleado más de setenta años, terminándola en 1692 y consagrándola el Iltmo. S. Obispo y Valdez. Su material era la piedra, cal y ladrillo, con cubierta de tejas; constaba de tres naves y dos capillas laterales; dos torres y cúpula que le daban buen aspecto.

Sirvió al culto por más de un siglo, hasta que fue demolido el año 1831, por las rajaduras que se presentaron amenazando desplomarse; decimos esto, porque existe una tradición que coincide con la ley de 31 de Agosto de 1831, que dispone la reconstrucción de la Catedral.

Dicha tradición, en la parte pertinente, dice así:

“Era el año de 1831, en que se activaban los trabajos del nuevo Cementerio Público, que debía sustituir a los atrios de los templos, donde hasta entonces se inhumaban los cadáveres de los que fallecían en la ciudad.
“Las autoridades civiles de acuerdo con la eclesiástica, habían determinado que el nuevo Cementerio se estrenase poniendo en él los restos del Iltmo. Obispo Sr. Alejandro de Ochoa, de grata memoria, trasladándolos de la iglesia en que estaba enterrado.
A este fin se exhumó su cadáver, abriendo la caja mortuoria en público. Como se encontrase que el cuerpo del señor Ochoa, se había conservado de manera sobrenatural, se dispuso exhibirlo en la catedral, templo situado en un ángulo de la plaza principal.
“Fue mucha la afluencia de gente al mencionado templo, y sea por los cambios de temperatura o por otra causa, es el caso que se desprendió de las rajadas bóvedas una fracción de corniza. Alarmada la concurrencia y temiendo el desplome del vetusto edificio, trataron todos de salir a la vez arremolinándose en las puertas, y en la apretadera que se produjo murió una anciana, Ana Paredes, que fue la primera que se enterró en el Cementerio” etc.
Entre los escritores que se han ocupado de la primera catedral, el Sr. Luis S. Crespo, hizo en 1925 su descripción con la maestría que acostumbra, por lo que se hacen aquí ligeras referencias al respecto.


II. – LA INICIATIVA

Por disposición de 17 de febrero de 1834, se crearon varios impuestos sobre algunos artículos de importación y exportación en el departamento de La Paz, a fin de formar un fondo de 30,000 pesos anuales con destino a la reconstrucción de la catedral.
Contando con estos recursos y previas las gestiones que se habían verificado para iniciar la obra, el Presidente de la República encargó la facción de planos y diseños de la nueva catedral al Padre Manuel Sanauja, que había dado pruebas de su competencia en la dirección de la matriz de Potosí, el gran arco del panteón y otras obras; planos que sometidos a una junta de arquitectos fueron aprobados con aplauso.

“El día 24 de mayo de 1835, sexto aniversario de la investidura presidencial de Santa Cruz, se inauguraron los trabajos del nuevo templo en acto solemne y concurrido”.

“Era entonces Presidente de la República el ya citado general Andrés de Santa Cruz; ministros de Estado, el Dr. Mariano Enrique Calvo, el coronel Mariano Armaza y el Sr. José M. Lara; prefecto del departamento, el general Felipe Braun, comandante general el coronel Fermín Eyzaguirre; intendente D. Protacio Guillén. Autoridades eclesiásticas: Obispo de la Diócesis, doctor José M. Mendizábal; dean, provisor y vicario general, Dr. José Manuel Indaburu”.

“A fin de que la obra estuviese convenientemente dirigida, vigilada y administrada, el gobierno constituyó una junta compuesta de vecinos notables de la ciudad, que debían renovarse anualmente. La primea junta estuvo formada por los señores José Manuel Indaburu, Juan J. Asin, Eugenio Pacheco, Miguel Porcel y Florencio Calderón”.
El trabajo de enmendación debió durar algunos años, hasta dejar convenientemente preparado el plano que torna la planta del extenso edificio, estado en que lo encontró el general José Ballivián a su adveniento al poder.

NUEVO IMPULSOR

IV. – SEGUNDO PERIODO DE LA OBRA
Veintiséis años más tarde, un día en que el señor Obispo Bosque en compañía de don Aniceto Arce; vio que este edificio sería un monumento nacional, ¿por qué no lo concluyen? Respondiendo el Sr. Bosque – porque no hay con que. Repuso Arce “sobre un huevo pone la gallina, yo iniciaré la suscripción de pronto y Ud. se esforzará por incrementar recursos”.

Acepta la generosa oferta y entusiasmado el buen Obispo, constituyó desde luego un Comité Directivo compuesto del siguiente personal: Presidente, Iltmo. Obispo Dr. Juan de D. Bosque; Vicepresidente Dr. Aniceto Arce; 2do. Vice, D. Benigno Clavijo; delegados del cabildo, canónigos Miguel Molina, Genaro Soliz, y Ángel T. Ituri; id. Del Concejo Municipal, Ignacio L. Zapata y Felipe Pinilla; id. Del clero regular, Rafael Saenz y Francisco Martínez; vocales de elección, Bernardino Gotilla, Bernardo Pérez, Manuel J. Gozálvez y Santos Machicado, secretario.

En la primera sesión del Comité se recibió el donativo de Bs. 6,000, hecho por el Dr. Aniceto Arce y se aprobó el plan general de la obra, que entre otras cosas prescribía: que la catedral de La Paz, debía trabajarse con el mismo material con que se había comenzado y según el plan y orden de arquitectura de su iniciación; que un arquitecto del país o extranjero levantaría un plano general que correspondiendo rigurosamente a lo que se tenía trabajado hasta entonces, complementaría el pensamiento y determinaría el carácter que habrá de revestir el magnifico monumento; que no se daría comienzo al trabajo sino después de haberse adoptado definitivamente el plano y para dar homogeneidad a la obra, no se permitiría el empleo de otros materiales que la alterasen. (Acta de 15 de septiembre de 1883).

El Comité hizo levantar con el ingeniero José Rodríguez Rocha, los planos de la superficie y obras existentes, para que sirvan de base al plano complementario, pues los de Sanauja y Bertrés se habían perdido.

En el viaje del señor Bosque a Roma, verificado en febrero de 1884, llevó éste los diseños levantados por Rocha, y en su visita al Papa, le manifestó el trabajo en que estaba empeñado, insinuando le recomendase un arquitecto competente; el Santo Padre lo puso en contacto con el Conde Francisco Vespignani, arquitecto del Vaticano, quien se encargo de hacer los planos para nuestra catedral, con las indicaciones del señor Bosque.

Vespignani trabajó dos planos, uno de complementación de la obra existente y otro nuevo ideado por él; habiendo sido aprobado el primero, una vez que el señor Bosque volvió al país con sus indicados planos.
En el año de 1890, a iniciativa del Presidente de la República Dr. Aniceto Arce, el congreso de ese año dispuso que el impuesto de guerra adicional a la coca de La Paz, que daba Bs. 40,000 anuales, se destinase al trabajo de la catedral como fondo propio, una vez que se terminase el del panóptico, al que se aplicaron dichos fondos. Entre tanto, por disposición de las leyes de 7 de octubre de 1892 y 18 de noviembre de 1893, el tesoro del Consejo Municipal, devolvió al Directorio de la Obra de la catedral el arrendamiento de las tiendas de esta, sobre las calles Potosí y Socabaya, de que disponía desde 1864, con más la asignación de Bs. 10,000 anuales, para continuar el trabajo. Este fue impulsado con tales recursos hasta 1897 en que terminó la edificación del panóptico.

Al año siguiente fue reemplazado dicho ingeniero por el arquitecto jesuita H. Eulalio Morales, quien levantó las columnas centrales del edificio, suspendió los muros del presbiterio y adelantó dos corridas de construcción en el frontis. A Morales sustituyó el Ingeniero Antonio Camponovo que dirigió la obra durante catorce años de 1900 a 1914, y a su retiro esta fue encomendada al arquitecto salesiano P. Ernesto Vespignani, que la dirigió hasta su muerte, acaecida en 1925.

Este benemérito religioso es digno de que se le recuerde con profunda gratitud, por sus importantes servicios; a su indiscutible competencia reunía una abnegación e interés admirables por nuestra obra de la catedral; aunque su dirección la ejercía desde Buenos Aires por medio del inteligente constructor José Salasa que envió, estaba al cabo de los más nimios detalles del trabajo; sirviendo sin ninguna remuneración y aceptando tan solo los fondos que se le remitían para su traslación, cuando se requería su presencia con grave motivo. El era el que orientaba a la Comisión Ejecutiva de la Obra y la ponía en contacto con las fábricas del exterior, para obtener sus propuestas y hacer los pedidos. Bastaba indicarle cualquier necesidad en el trabajo, para que inmediatamente mandase su parecer acompañando de croquis y dibujos esmeradamente ejecutados.

A la muerte del P. Vespignani, ha seguido completando su labor y sirviendo con igual generosidad, su compañero y auxiliar R. P. Labor y sirviendo con igual generosidad, su compañero y auxiliar R. P. Florencio Martínez, hasta el presente. Últimamente han intervenido en la obra el ingeniero D. José M. Villavicencio y el de la prefectura, don Luis J. Valle.

NUEVO IMPULSOR

IV. – SEGUNDO PERIODO DE LA OBRA

Veintiséis años más tarde, un día en que el señor Obispo Bosque en compañía de don Aniceto Arce; vio que este edificio sería un monumento nacional, ¿por qué no lo concluyen? Respondiendo el Sr. Bosque – porque no hay con que. Repuso Arce “sobre un huevo pone la gallina, yo iniciaré la suscripción de pronto y Ud. se esforzará por incrementar recursos”.

Acepta la generosa oferta y entusiasmado el buen Obispo, constituyó desde luego un Comité Directivo compuesto del siguiente personal: Presidente, Iltmo. Obispo Dr. Juan de D. Bosque; Vicepresidente Dr. Aniceto Arce; 2do. Vice, D. Benigno Clavijo; delegados del cabildo, canónigos Miguel Molina, Genaro Soliz, y Ángel T. Ituri; id. Del Concejo Municipal, Ignacio L. Zapata y Felipe Pinilla; id. Del clero regular, Rafael Saenz y Francisco Martínez; vocales de elección, Bernardino Gotilla, Bernardo Pérez, Manuel J. Gozálvez y Santos Machicado, secretario.

En la primera sesión del Comité se recibió el donativo de Bs. 6,000, hecho por el Dr. Aniceto Arce y se aprobó el plan general de la obra, que entre otras cosas prescribía: que la catedral de La Paz, debía trabajarse con el mismo material con que se había comenzado y según el plan y orden de arquitectura de su iniciación; que un arquitecto del país o extranjero levantaría un plano general que correspondiendo rigurosamente a lo que se tenía trabajado hasta entonces, complementaría el pensamiento y determinaría el carácter que habrá de revestir el magnifico monumento; que no se daría comienzo al trabajo sino después de haberse adoptado definitivamente el plano y para dar homogeneidad a la obra, no se permitiría el empleo de otros materiales que la alterasen. (Acta de 15 de septiembre de 1883).

El Comité hizo levantar con el ingeniero José Rodríguez Rocha, los planos de la superficie y obras existentes, para que sirvan de base al plano complementario, pues los de Sanauja y Bertrés se habían perdido.

En el viaje del señor Bosque a Roma, verificado en febrero de 1884, llevó éste los diseños levantados por Rocha, y en su visita al Papa, le manifestó el trabajo en que estaba empeñado, insinuando le recomendase un arquitecto competente; el Santo Padre lo puso en contacto con el Conde Francisco Vespignani, arquitecto del Vaticano, quien se encargo de hacer los planos para nuestra catedral, con las indicaciones del señor Bosque.

Vespignani trabajó dos planos, uno de complementación de la obra existente y otro nuevo ideado por él; habiendo sido aprobado el primero, una vez que el señor Bosque volvió al país con sus indicados planos.

En el año de 1890, a iniciativa del Presidente de la República Dr. Aniceto Arce, el congreso de ese año dispuso que el impuesto de guerra adicional a la coca de La Paz, que daba Bs. 40,000 anuales, se destinase al trabajo de la catedral como fondo propio, una vez que se terminase el del panóptico, al que se aplicaron dichos fondos. Entre tanto, por disposición de las leyes de 7 de octubre de 1892 y 18 de noviembre de 1893, el tesoro del Consejo Municipal, devolvió al Directorio de la Obra de la catedral el arrendamiento de las tiendas de esta, sobre las calles Potosí y Socabaya, de que disponía desde 1864, con más la asignación de Bs. 10,000 anuales, para continuar el trabajo. Este fue impulsado con tales recursos hasta 1897 en que terminó la edificación del panóptico.

Al año siguiente fue reemplazado dicho ingeniero por el arquitecto jesuita H. Eulalio Morales, quien levantó las columnas centrales del edificio, suspendió los muros del presbiterio y adelantó dos corridas de construcción en el frontis. A Morales sustituyó el Ingeniero Antonio Camponovo que dirigió la obra durante catorce años de 1900 a 1914, y a su retiro esta fue encomendada al arquitecto salesiano P. Ernesto Vespignani, que la dirigió hasta su muerte, acaecida en 1925.

Este benemérito religioso es digno de que se le recuerde con profunda gratitud, por sus importantes servicios; a su indiscutible competencia reunía una abnegación e interés admirables por nuestra obra de la catedral; aunque su dirección la ejercía desde Buenos Aires por medio del inteligente constructor José Salasa que envió, estaba al cabo de los más nimios detalles del trabajo; sirviendo sin ninguna remuneración y aceptando tan solo los fondos que se le remitían para su traslación, cuando se requería su presencia con grave motivo. El era el que orientaba a la Comisión Ejecutiva de la Obra y la ponía en contacto con las fábricas del exterior, para obtener sus propuestas y hacer los pedidos. Bastaba indicarle cualquier necesidad en el trabajo, para que inmediatamente mandase su parecer acompañando de croquis y dibujos esmeradamente ejecutados.

A la muerte del P. Vespignani, ha seguido completando su labor y sirviendo con igual generosidad, su compañero y auxiliar R. P. Labor y sirviendo con igual generosidad, su compañero y auxiliar R. P. Florencio Martínez, hasta el presente. Últimamente han intervenido en la obra el ingeniero D. José M. Villavicencio y el de la prefectura, don Luis J. Valle.

ULTIMO PERIODO

V. – NUEVO IMPULSO

En 1924, el presidente de la República Dr. Bautista Saavedra, que preparaba con actividad varios trabajos con motivo de celebrase el centenario de la República, tomó grande interés porque se impulsase el de la nueva catedral; a ese fin consiguió que el Banco de la Nación facilitase un préstamo de Bs. 600,000, garantizando con las rentas de la obra de la catedral, e insto por que se activara el trabajo, haciendo a la vez los pedidos necesarios.

La junta Impulsora constituyó de su seno una Comisión Ejecutiva, compuesta del inspector Sr. Macedonio Larrea, Manuel B. Mariaca, Elías Zalles B. Y Moisés Velasco, para que de acuerdo con las indicaciones del ingeniero P. Vespignani, impulsara el trabajo y se entendiera con los pedidos al exterior. La Comisión obtuvo propuestas de las principales fábricas de Alemania, Italia y España, para la remisión de un aparato compresor para martillos automáticos para labrar la piedra; construcción de altares y provisión de mármoles para el pavimento; construcción de ventanales y fabricación de vitrales con paisajes bíblicos; un órgano de primera clase; puertas de bronce y de roble con molduras, etc.

Recibidas las propuestas con informe del ingeniero Vespignani, la comisión las estudió y propuso la contratación de las más convenientes, y con la aprobación de la Junta Impulsora, formalizó los pedidos, haciéndose los correspondientes giros por el Sr. Tesorero.

El altar mayor, los seis laterales, la fuente bautismal, piletas para el agua bendita, todo de mármol y el necesario para el piso, se contrató con la casa de Federico Bonetti de Piedra Santa de Carrara, su costo puesto en la obra, fue de Bs. 94,968.-
El órgano Wagner lo construyo la fábrica de Natali Balviani de Milán, su costo, fue de Bs. 39,828.-
Los vitrales con figuras a fuego, con bastidores de hierro y rejillas de protección para todos los huecos Bs. 35,390.- Las puertas de roble con sobrepuestos y las de bronce, se hicieron en Buenos Aires Bs. 32,827.- El techo, cubierta de cobre y armazón, costó Bs. 76,346.- Una campana, Bs. 1,259.- Entusiasmado con el pedido de las vidrieras, el señor Tomas V. Carrasco, obsequió Bs. 500.- para ayudar a su costo. Sin perjuicio de los gastos que requerían los indicados pedidos, se continuó con la edificación con piedra de Comanche, dando impulso al trabajo de mampostería. En todo lo cual fueron notables los esfuerzos de la Comisión Ejecutiva y especialmente la tesonera labor y entusiasmo con que el señor Dean D. Macedonio Larrea, mantuvo la nutrida correspondencia sostenida con el director de la obra y los fabricantes en sus reclamaciones, a la vez que su activa vigilancia sobre el trabajo, sobreponiéndose de sus dolencias. Al periodismo del señor Larrea se debió la formación del cuerpo de picapedreros del país que hoy se desempeñan con gran habilidad exhibiendo su arte en el tallado de cornizas y hermosos capiteles; pues con exquisita sagacidad incluyó Larrea entre los maestros extranjeros un grupo de indios jóvenes de los más listos para que aprendieran el oficio, los que a la larga sustituyeron a los anteriores que se hallaban engreídos

VI. – ÚLTIMO PERIODO

Desde 1926, en que se habían recibido los materiales expresados, e invertidos los fondos del préstamo del banco y otros 200,000 que obtuvo la Junta Impulsora, tanto en el pago de los pedidos como en el trabajo del edificio, todo cuanto por razón de asignaciones del Tesoro Público llegaba a pagarse para la Catedral, pasaba directamente al banco en servicio de lo adeudado, de modo que fueron extinguiéndose los recursos, y hubo que restringir el trabajo y reducir sucesivamente el número de operaciones hasta contar con sólo cuatro picapedreros y un albañil y su ayudante; limitándose a la construcción de la cúpula, que se levantó en dos años hasta la línea de los alquitraves: pagándose las planillas con los alquileres de las tiendas y cuando estos no alcanzaban, lo que era frecuente, con los dineros del Tesorero D. Jorge Saenz, que tuvo la generosidad de autorizar a su casa comercial, para que supliera las diferencias, con tal de que no se suspendiese el trabajo.

Por otra parte, el servicio de intereses y amortización de la deuda al Banco de la Nación, había sido descuidado, porque los señores Prefectos que se sucedieron desde 1926, solo habían hecho pagar al rededor de Bs. 14,000 anuales, en vez de los 40,000 que reconoce el presupuesto departamental sobre el impuesto a la coca.

Quedaba por terminar el altar mayor y por armarse dos laterales y la fuente bautismal; el deán Monseñor José M. Rodríguez, de grata memoria, había dejado en su testamento un legado de Bs. 2,200 para ayudar al trabajo de la catedral, la hermana de este, Srta. Basilia Rodríguez, propuso emplear dicho legado con más otro tanto que ella obsequiaría, en la construcción de dos altares y terminación del mayor, para lo que había contratado con los marmolistas Magnani, por Bs. 4,000 mayor suma de la que importaba el legado, haciéndose todo el trabajo por su cuenta.

La junta Impulsora aceptó tan generosa oferta y así se complementaron los altares que faltaban.
En tales circunstancias, el gobierno del Dr. Daniel Salamanca tuvo el acierto de nombrar Prefecto del Departamento al Sr. Gustavo Carlos Otero, quien aprovechando de una asignación extraordinaria que su antecesor Dr. Enrique Hertzog había obtenido de las cámaras para la catedral, tomó tanto interés en esta magna obra, que con el dinamismo que le caracteriza y su noble entusiasmo, se podría decir que ha precipitado la conclusión del edificio y puesto en condiciones de habilitarse para el culto; siendo de notarse el contraste que forma esta simpática actuación con la de los sectarios, que al mismo tiempo, en las cámaras y en la prensa, aguzaban la piqueta para demoler la iglesia, al paso que el Sr. Prefecto se esforzaba para dotar al culto de Dios de un grandioso templo. El pueblo de La Paz, que ha mirado siempre con cariño el trabajo de su catedral, no dudó que con igual cariño galardonará al señor Otero por sus decisivos esfuerzos, no solo en la obra de la Catedral, si que también por haber constituido una excelente autoridad para nuestro departamento atendiendo personalmente los trabajos de su dependencia, con excepcional sagacidad, economía y tino, respondiendo a la confianza del Gobierno con obras y no con palabras, y al pueblo, ejerciendo su cargo con honradez y justificación.
Merece también nuestro elogio el Sr. Presidente de la República Dr. D. Daniel Salamanca, por la intervención que han tenido el favor de la obra de nuestra Catedral, según lo ha comprendido la Junta Impulsora, en el voto de gratitud y aplauso que aprobó por unanimidad, en una de sus sesiones, para el Señor Presidente, el Sr. Prefecto y el señor Jorge Saenz, con toda justicia.


VII. – DESCRIPCIÓN DEL MONUMENTO

Para ello me valdré de los términos en que lo hace el citado señor Crespo, con la diferencia de que él habla en 1925 de lo que será la catedral y yo, de lo que existe ya, con las variaciones consiguientes. Dice este señor: “Tiempo es ya de dar una idea de lo que es este soberbio monumento, que será mirado con deleite por las generaciones venideras.

El área que ocupa la catedral comprendida la azotea en la parte posterior del ábside y el atrio o pretil que existe en el frente de la misma, mide 4,042 metros cuadrados. Descontado el espacio ocupado por los muros, pilares y altares. Queda una superficie de cerca de 3,000 metros cuadrados libres para el público, pudiendo contener unas doce mil personas. El largo del templo es de 71 metros y el ancho de 46. Consta de cinco naves espaciosas: la central, el crucero y capilla central. Las bóvedas de la nave céntrica tienen de altura 23 M. 50, las inmediatas, 20 y las de los extremos. 13.20; la cúpula mide del piso al extremo de la cruz, 59 m. 35; las cinco naves y sacristías están embolsadas con mármol con combinación de labores.

El altar mayor o pontifical, con artísticos baldaquino, así como los seis altares laterales, fuente bautismal, son de mármol con primorosas incrustaciones de colores y sobrepuestos de bronce; las cuatro piletas para agua bendita que se hallan a la entrada, son también de mármol con hermosos relieves de ángeles. En el último arco junto a la puerta, se halla el monumento dedicado a Monseñor Rodolfo Caroli, primer internuncio que vino a Bolivia en representación del jefe de la Cristianidad, y “a quien el Gobierno, el Congreso y una inmensa mayoría del pueblo boliviano, – como dice muy atinadamente el ingeniero señor Juan Muñoz Reyes – quiso erigir ese monumento, para que quedara perpetuada la memoria de tan meritorio ministro de Cristo, que supo amar a Bolivia y dedicarle todas sus fuerzas y desvelos dentro de su misión apostólica hasta su muerte”. El mausoleo corresponde a la magnificencia del edificio, tanto por su significado, como por la riqueza y combinación de sus mármoles que lo forman, siendo el mejor ornamento de la catedral.
Todas las ventanas y rosetones del templo son de bastidores de hierro con vitrales de colores, con pasajes bíblicos, y del fondo que es la más grande, representa la imagen de N. S. De La Paz entregando la histórica casulla a San Ildefonso en medio de un coro de ángeles, al pie, la catedral y el pueblo de La Paz, entre el que aparecen los retratos de los presidentes Santa Cruz y Ballivián, los obispos Indaburo, Bosque y Valdivia, un canónigo, señoras, hombres y niños.

La escalinata y balaustrada del presbiterio y del coro, son también de mármol. El gran órgano modelo Wagner, ocupa todo el coro, tiene cuatro teclados y más de sesenta registros; lo esta armando el artista señor José Actis, agente de la fábrica.
La cúpula central tiene 12 metros de diámetros por 59.35 de altura, con cubierta de cobre sobre armadura de hierro, con ornamentaciones exteriores e interiores de estilo greco-romano, que es el que domina en toda la fábrica del edificio, termina en una torrecilla o copulin sobre la que asienta una cruz dorada en sus extremos.
El techo o segunda cubierta del edificio sobre las bóvedas, es también de láminas de cobre con armadura de hierro.


VIII. – APRECIACIÓN DE VALOR ARTÍSTICO DE LA OBRA

El ingeniero francés Mr. Eduardo Henri, cuando desempeñaba su cargo en la municipalidad, emitió su parecer en los términos siguientes: “La catedral es sin duda la obra de mayor importancia que se hace en La Paz. Por su extensión como arte arquitectural, promete ser un monumento de primer orden, no solamente para esta ciudad, sino para todos los países suramericanos. Por su situación topográfica es todavía más notable. La enorme diferencia de nivel (14metros) que existe entre plaza de armas, donde tiene su frontis y la calle Chirinos (hoy Potosí), donde va a terminar, hace que los cimientos solos representen una masa enorme de construcción”.
“Si fuera cierto, como aseguran algunos, que los cimientos alcanzan al nivel del río, tendría más o menos 25 metros de profundidad debajo de la plaza de armas. Cualquiera que sea esta profundidad, basta ver los tres pisos del lado de la calle Chirinos (Potosí) para reconocer la magnitud de la obra. Su extensión es de más de media manzana; su frontis en la parte construida, (primer orden de cornizas), es hermoso, perfectamente trabajado, según los modelos más puros, del más esbelto, del más rico y del más espléndido de los órdenes de la arquitectura griega”. Con la opinión que hemos citado coinciden muchas otras.

mas informacion

http://www.arzobispadolapaz.org/

Galeria de Imagenes de la Catedral de La Paz en Bolivia


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