Historia

En 1736, y con el fin de facilitar el traslado entre los poblados de Aserrí, Curridabat y Barva, se funda una población que serviría para el abastecimiento y descanso de los viajeros entre estas zonas.

El 21 de mayo de 1737 se funda el primer caserío, alrededor de un humilde templo de abobes, donde se ofrecieron servicios religiosos, hasta que en 1751, se inaugura una pequeña iglesia, consagrada al patronazgo de San José, el padre putativo de Jesús.

Eran muy pocas las casas existentes y la ermita estaba prácticamente desierta, ya que nadie quería vivir en este lugar. Sin embargo, en 1755, el Alcalde de Cartago, Tomás López del Corral, tuvo que ordenar a los pobladores que vivían desperdigados por el valle, agruparse definitivamente alrededor de la ermita de la Boca del Monte. Para ello, se les instalo un servicio de agua, que era una de las principales quejas que habían sobre el lugar.

En ese momento, la ermita fue descrita por un Obispo de la época como la iglesia “más estrecha, humilde e indecente” de cuantas vio en Costa Rica

A la ermita, que estuvo situada a media cuadra entre lo que hoy son las avenidas central y primera, frente al costado este del Banco Central de Costa Rica, se le otorga en 1776 el título de ermita y es trasladada al lugar que hoy en día ocupa la Catedral Metropolitana de San José.

Construida con adobes, y mejor acondicionada que la anterior, no era muy elegante ni vistosa, y era objeto frecuente de reparaciones, que no le favorecieron en mucho y pronto se volvió muy pequeño para atender las necesidades espirituales de la población, que por aquella época podía contarse en unos 14.000 personas.

El 7 de mayo de 1822, un terremoto rajo de arriba a bajo la fachada de la parroquia, causándole otros daños mayores, por lo que esta tuvo que cerrarse y todas las funciones de parroquia, trasladadas a la antigua iglesia de La Merced, que en esa época se ubicaba donde hoy esta el Banco Central. Las imágenes del santo Patrón y de Nuestro Amo, las únicas importantes en el templo, fueron trasladadas a su casa temporal, mientras la iglesia era reparada.

Se tardaron cinco años en realizar las reparaciones de un templo que no era ni muy grande, ni muy imponente. Las reparaciones no incluyeron la fachada, y el 06 de mayo de 1827, se bendice nuevamente la iglesia y las imágenes fueron devueltas a la parroquia.

Sobre la incipiente San José, un viajero norteamericano, John Lloyd , Stephens, escribió en 1840 lo siguiente: “Todos los edificios de San José son republicanos; no hay ninguno que tenga alguna grandeza o belleza arquitectónica, y las iglesias son inferiores a muchas de las que los españoles edificaron en las más mínimas aldeas.”

Para 1844, el escocés Robert Glasgow Dunlop, escribió sobre San José: “Tan sólo hay en ella una iglesia y ningún edificio digno de notar.”

Será hasta la segunda mitad del siglo XIX, que los edificios capitalinos y en especial las iglesias, comenzaron a cambiar su aspecto. Cabe recordar que esta fue una época muy importante para la actividad económica del país, especialmente para los exportadores de café, cultivo que se convirtió en la base del desarrollo.

Mediante la bula Christianas Religionis Auctor, del 28 de febrero de 1850, se crea la diócesis de Costa Rica (hasta entonces, formaba parte de la diócesis de León, Nicaragua), siendo su primer Obispo, Monseñor Anselmo Llorente y La Fuente por lo que la iglesia paso a convertirse en Catedral, por lo que la misma fue objeto de algunas mejoras, que tampoco le agregaron valor arquitectónico a la misma.

El alemán Moritz Wagner, quien estuvo en Costa Rica en 1853, escribió:
“Hasta las iglesias de San José son más pequeñas y pobres que las de cualquier otro país católico. Las iglesias del Carmen y de la Merced no merecen ninguna descripción. La catedral sólo tiene a su favor la ventajosa situación en el costado Este de la gran plaza principal… Es por lo demás, un edificio completamente insignificante, sin estilo arquitectónico alguno.”

Para el irlandés Thomas Francis Meagher, quien estuvo en San José en 1858, el interior de la Catedral josefina era “notable y hermoso“, pero no así su apariencia general y calificó su campana como monstruosa y poco musical.

La Catedral en 1858

Para 1871, el Obispo Monseñor Anselmo Llorente y Lafuente, junto al Cabildo eclesiástico, encargan al arquitecto José Quirce y al carpintero Manuel Conejo realizar un estudio del estado del templo, el cual arroja que el techo, que era de caña, barro y madera, podría caerse en cualquier momento.

La Catedral en 1871

Es por esto, que se decide emprender una reconstrucción total. Nuevamente la iglesia de La Merced hace las veces, en esta ocasión de Catedral pasando a esta, el tabernáculo, algunas reliquias y los altares dedicados a San José y San Pedro.

Ese mismo año, muere Monseñor Llorente y Lafuente, por lo que el padre Domingo Rivas, quién queda a cargo del templo, decide contratarle a José Quince, los planos del nuevo templo. Sin embargo, este renuncia y deja al mando al carpintero guatemalteco Ramón Estrada, el mando de la obra.

El guatemalteco se hace cargo de la creación de la cúpula, el púlpito, el coro, columnas y otros detalles.

El 17 de abril, 1878 es bendecida la nueva Catedral por el Delegado Apostólico Monseñor Luigi Bruschetti, con una procesión a la que además, asistieron todas la autoridades civiles y militares del país.

Sin embargo, en 1879, nuevamente un sismo afecto a la capital y la estructura de la catedral se vio muy afectada, al punto de que los campanarios de mampostería fueron demolidos, y en su lugar se colocaron unos europeos de metal, livianos, pero para el tamaño del edificio, eran sumamente desproporcionados.

El 30 de diciembre de 1888, a las cuatro y doce de la madrugada, un nuevo sismo sacudió a la Capital y hubo muchos daños en viviendas y edificios. Seis personas perdieron la vida. La catedral también sufrió grandes daños

La Catedral en 1898

A inicios del siglo XX, la catedral era junto al Teatro Nacional, los edificios mas grandes y representativos de la capital de Costa RIca

El 16 de febrero de 1921 la bula Praedecessorum erige la provincia eclesiástica de Costa Rica, por lo que la diócesis de San José se elevó al rango de arquidiócesis. El primer arzobispo fue monseñor don Rafael Otón Castro Jiménez.

En 1983, recibió al más ilustre de sus visitantes, Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, quién realizó una homilía durante su primera visita a Centroamérica.

Los terremotos que azotaron al país en 1990 y 1991, afectaron seriamente la estructura del templo, por lo que este fue nuevamente sometido a trabajos de mejoramiento y reforzamiento.

Es en este, que se decide eliminar los campanarios de metal y reconstruir en concreto armado los campanarios originales.

Se descubren durante los trabajos de restauración, un viejo cementerio colonial y restos humanos en el lado norte de la iglesia. El Museo Nacional desenterró restos de cerámica indígena, así como algunos elementos cristianos, entre ellos, una cruz.

Hoy en día, se dice que la catedral tiene una combinación de estilos greco-ortodoxos y neoclásico, y forma parte de un complejo de edificios eclesiásticos junto a la Curia Metropolitana, la Librería Católica y la Casa Arzobispal.

Cuenta además con un sagrario, una cripta subterránea, donde están enterrados los obispos y otros sacerdotes que han pasado por este templo, así como confesionarios, pulpito y un órgano tubular.

El interior de la iglesia esta ricamente decorado, con pinturas que representan diversos motivos religiosos, así como con imágenes de enorme valor cultural, algunos datan de la época colonial.

El trono arzobispal es una talla en roble procedente de los talleres del austriaco Ferdinand Stuflesser, hecha en Italia a inicios del siglo XX. Tiene un bajo relieve de Jesús, y aunque la Santa Sede pidió eliminar este tipo de tronos, también indicó que los mas valiosos se conservaran, por su valor artísticos y este es uno de ellos.

De este mismo taller son las estaciones del Vía Crucis tallados sobre madera de cedro amargo, que se corto en Costa Rica y se envió a Italia, para la realización de los mismos.

Cuenta con hermosos vitrales, de una excelente calidad artística y fueron creados en Francia, a principios del siglo XX.

Igualmente la iglesia cuenta con una gran cantidad de imágenes antiguas, como Nazareno, con una antigüedad de unos 100 años, que fue traída de Guatemala. Además posee tallas de artistas nacionales, como el Cristo en el Santo Sepulcro de Manuel Zuñiga,

El 18 de septiembre de 2006, en la esquina noroeste de la Catedral, se develó una escultura en mármol blanco de Carrara, del Papa Juan Pablo II, realizada en Italia por el costarricense Jorge Jiménez Deredia

La Catedral Metropolitana se ha visto afectada por numerosos sismos, ha testigo mudo del acontecer nacional y del cambiante aspecto de la ciudad de San José.

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En el año 1813, las Cortes españolas le dieron a San José el título de ciudad y, como tal, requería de un templo que le hiciera honor a la fe católica.

En síntesis, esta fue la razón por la que se decidió construir la actual catedral metropolitana.

Esta iglesia se inauguró en 1827 y recibió el título de catedral en 1850, cuando monseñor Anselmo Llorente y La Fuente fue nombrado primer obispo de Costa Rica.

Años más tarde esta parroquia resultó muy afectada por los sismos y se le tuvieron que hacer grandes modificaciones.

Etapas de construcción. El lugar destinado para su edificación fue una manzana de terreno ubicada en el centro de San José.

La construcción de este primer templo se inició en 1825 bajo la supervisión de Eusebio Rodríguez, quien había diseñado un templo más largo y más ancho con paredes de calicanto.

Esta estructura resultó afectada por varios sismos, pero no fue hasta 1871 que monseñor Llorente y el Cabildo eclesiástico le encargaron al arquitecto José Quirce y al carpintero Manuel Conejo realizar un estudio del estado del templo.

Los expertos recomendaron en ese entonces cambiar el techo, que era de caña, barro y madera, pues estaba en mal estado.

Más tarde, en 1871, murió monseñor Llorente, y en su lugar fue nombrado el padre Domingo Rivas, quien contrató a Quirce para que hiciera los planos del templo.

Quirce renunció un año más tarde, y al mando quedó el carpintero guatemalteco, Ramón Estrada.

Estrada concluyó la obra en 1878, se hizo cargo de los planos finales y de la creación de la cúpula, el púlpito, el coro y detalles como las columnas.

Un año más tarde un sismo sacudió el país y la estructura resultó afectada. Esto implicó que se tuvieran que demoler los campanarios de mampostería y se tomara la decisión de colocar unos campanarios europeos de metal, que eran bastante livianos, aunque su tamaño era desproporcionado con el volumen del resto del edificio.

Casi 100 años más tarde, la catedral resultó afectada de nuevo por los terremotos de 1990 y 1991, por lo que se optó por realizarle un trabajo de reforzamiento.

En ese momento los campanarios originales se reconstruyeron en concreto armado y volvieron a tener una apariencia similar a la original.

Fue durante esta reconstrucción que se encontró un cementerio colonial y restos humanos al lado norte de la iglesia.

Según artículos publicados en medios de comunicación de esa época, fue un hallazgo de 15 enterramientos primarios, osarios con más de 15 individuos, restos cerámicos indígenas de 300 años a. C a 300 años d. C, patologías óseas, una cruz cristiana, entre otras antigüedades que fueron desenterradas por el Museo Nacional.

En resumen, la catedral consta ahora de un sagrario, una cripta, bóvedas, confesionarios, un púlpito, un órgano tubular, las torres del campanario, entre otros detalles.

Galeria de Imagenes de la Catedral Metropolitana de San Jose Costa Rica