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Catedral Nueva de Vitoria (España)

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Construcción     1907-1969
Fundador     José Cadena y Eleta
Estilo arquitectónico     Neogótico

La Catedral de María Inmaculada de Vitoria (País Vasco, España) es un templo católico situado en el céntrico barrio de Lovaina de la capital alavesa. Construida en estilo neogótico en la primera mitad del siglo XX, su advocación precisa es María Inmaculada, Madre de la Iglesia, aunque popularmente es conocida como la Catedral Nueva, fórmula empleada para distinguirla de la más antigua Catedral de Santa María, un templo gótico de los siglos XIII y XIV edificado en la parte alta de la ciudad, a su vez conocido como la Catedral Vieja. El culto regular se celebra en la cripta catedralicia, bajo la girola, funcionando dicho espacio como parroquia homónima. El templo, entre los más voluminosos de España, es también la última gran catedral erigida en el país, si bien se trata de una construcción incompleta, ya que la falta de financiación dejó sin realizar una serie de elementos arquitectónicos que habrían dado lugar a una catedral de trazado muy vertical, en lugar de la horizontalidad resultante del incumplimiento del proyecto original, y con una decoración mucho más recargada. Su principal valor radica en la riqueza escultórica, en muchos casos correspondiente al estilo modernista, que ornamenta los paños de las naves y el ábside en el exterior, así como las capillas de la girola, el transcoro y la cripta en el interior.

Historia
1ª época constructiva (1907-1914)

En el solar que ocupaba antiguamente el Convento de las Brígidas, justo al lado del Parque de la Florida, y triangulando entre las calles Luiz Heinz, Cadena y Eleta y Magdalena, las obras arrancaron el 4 de agosto de 1907 sobre los planos de los arquitectos Julián de Apraiz y Javier de Luque y con el impulso del entonces obispo de Vitoria, monseñor José Cadena y Eleta, quien quería dotar a la diócesis -que entonces cubría las tres provincias vascas- de un templo-sede acorde con las necesidades eclesiásticas que la vieja Catedral gótica de Santa María, situada en el punto alto del Casco Viejo de la ciudad, estaba lejos de satisfacer por su pequeño tamaño y problemático estado de conservación.

Al acto de colocación de la primera piedra, celebrado con todo fasto, asistieron los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, la reina madre María Cristina, el nuncio vaticano monseñor Rinaldi, obispos de la provincia eclesiástica, y representantes de la Corte, el Gobierno y las instituciones locales.

La primera fase de las obras discurrió con gran ritmo y celeridad, tomando parte en las mismas obreros y artistas de toda España y también extranjeros. Las obras quedaron paralizadas en 1914, con la llegada del nuevo obispo Melo y Alcalde, tras haberse rebasado el presupuesto inicialmente adjudicado, que era de 5 millones de pesetas, y quedar por levantar cuatro quintas partes de la mole proyectada. En esta primera fase quedaron terminadas la cripta (inaugurada en 1911, la girola, las partes bajas de los pilares de sus cinco naves (hasta una altura de 8 metros) y gran parte de los paramentos exteriores de las fachadas, siendo los materiales de construcción y decoración la piedra natural y el mármol, extraídos en su mayoría de canteras de distintos puntos del País Vasco y Navarra.
2ª época constructiva (1946-1969)

Las popularmente llamadas “ruinas” de la Catedral se cubrieron de yedra y maleza. Las obras no se reanudaron hasta 1946, una vez acabada la Guerra Civil y obtenida nueva financiación, con el impulso del obispo Carmelo Ballester Nieto y bajo la dirección de los arquitectos Miguel de Apraiz Barreiro (hijo de Julián) y, en menor grado, Antonio Camuñas Paredes.

Maqueta del proyecto original de la Catedral.

La construcción avanzó de forma pausada, respetando el estilo inicial pero incorporando las nuevas técnicas del hormigón y la piedra artificial. En 1949 se terminaron la girola y la parte baja hasta el crucero. Hasta 1952 se construyeron la nave alta del presbiterio, la portada lateral norte y un torreón rebajado en lugar del cimborrio original. Entre 1960 y 1963 se colocaron las vidrieras realizadas en la primera época, y en la girola los relieves realizados por el artista Enrique Monjo para el trasaltar. Entre 1964 y 1969 se cubrió el resto de la Catedral sin añadir los arbotantes exteriores, innecesarios al aligerar los pesos y fortalecer la fábrica la utilización de los nuevos materiales arriba citados.

Aunque inconcluso, el templo fue consagrado el 24 de septiembre de 1969 por el cardenal legado Dell’Acqua, acompañado de varios arzobispos y obispos españoles, y en presencia del jefe del Estado, el general Franco, su esposa y el Gobierno casi al pleno.

Faltaba por construir toda la fachada principal a los pies del templo, incluido el pórtico y dos majestuosas torres gemelas chatas, al estilo de Notre-Dame de París, según un modelo simplificado que suprimía los chapiteles contemplados en el proyecto original, desaparecidos al igual que el cimborrio del crucero y una abigarrada decoración arquitectónica en vertical basada en gabletes y pináculos que habría cubierto todo el alzado, produciendo un resultado visual a caballo entre la Catedral de Burgos y la Catedral de Milán. Las torres albergarían en su interior las oficinas de la Curia, un museo, una residencia, y otras dependencias diocesanas. Aún así, el coste adicional era desmesurado. Desaprobado por la mayoría del clero y la opinión pública vitorianos, el proyecto concerniente a las torres fue cancelado y en su lugar se construyó un pórtico rematado en una gran terraza.

Esta obra quedó concluida en 1973, siendo titular de la diócesis el obispo Francisco Peralta, gracias a la confluencia de dotaciones económicas procedentes de la Diputación Foral de Álava, el Ayuntamiento de Vitoria, el Ministerio de Vivienda y numerosas donaciones privadas, la más cuantiosa de las cuales fue hecha por el mecenas local Félix Alfaro Fournier y la familia vitoriana Viguri Martinez de Ilarduya. Tres años después, las naves de la Catedral serían el marco para el funeral de los obreros muertos en los sucesos del 3 de marzo de 1976.

Descripción

El edificio, de imponentes proporciones, consta de 5 naves longitudinales, la principal y cuatro laterales, un crucero de tres naves, una girola de dos naves con siete capillas absidiales, pórtico, cripta y sacristía. Con sus 118 metros de ábside a pórtico, sus 48 metros de ancho entre los dos testeros del crucero y sus 35 metros de altura en el crucero, se trata de la segunda catedral más grande de España después de la Catedral de Sevilla. Su planta de cruz latina recuerda a la de la Catedral de Chartres y cubre una superficie de 5.750 metros cuadrados, pudiendo cobijar en su interior a 15.000 personas.

El principal interés artístico del templo descansa en su riqueza escultórica, que presenta acusadas variaciones estilísticas por las diferentes etapas constructivas. En la cripta y en los paños exteriores del ábside pueden contemplarse numerosos relieves en arquivoltas, entrepaños, frisos, capiteles historiados y motivos escultóricos que combinan la iconografía religiosa con otra de temática profana, fantástica y vegetal, sorprendiendo esta última por su imaginación y no pocas veces por su audacia satírica. Todo el conjunto rebosa simbolismo y advertencia moral. También las vidrieras responden a distintos gustos y concepciones estilísticas.

Planta de la Catedral.

Fachada príncipal y pórtico

Orientada a los arranques de las calles Becerro Bengoa y Prado, la fachada, aun desprovista de torres, presenta un alto frente, abierto en su parte inferior por el pórtico o nártex dispuesto en tres grandes arcos apuntados, de mayor tamaño el central, y en la parte superior por un gran rosetón-vidriera sobre la terraza. Mide 22 metros de altura y se apoya en ocho machones dispuestos en dos filas de a cuatro. Los vértices de las aristas está coronados por pináculos neogóticos estilizados. El remate de la nave central, coronado por una cruz, lleva una orla de arquerías ciegas en su parte superior. Sobre el crucero de la nave se eleva un corto y macizo cimborrio cuadrado.

Pórtico de la fachada principal.

Interior del pórtico.

En las portadas exteriores del pórtico se han esquematizado al máximo las arquivoltas, cinco en la principal y tres en las laterales, desapareciendo en éstas las escenas historiadas y cualquier otra decoración. La estatuaria de la fachada, dispuesta en los arranques de las arquivoltas entre peanas-basas apoyadas en pares de columnas, que sí están labradas con motivos historiados o vegetales, y doseletes, está inconclusa. Los bultos que han sido tallados y colocados en sus hornacinas hasta la fecha -único trabajo constructivo que sigue activo a día de hoy- incluyen a Padres de la Iglesia y otros santos y santas.

Otras hornacinas vacías figuran en el interior del pórtico, donde los accesos al templo reproducen el esquema de triple portada apuntada, aunque ahora bajo tres grandes tímpanos con bajorrelieves. El de la izquierda, dando paso a la nave del Evangelio, representa el Nacimiento y Adoración de los Pastores. El central, a María Inmaculada rodeada de estrellas. Y el de la derecha, dando paso a la nave de la Epístola, a Pentecostés. Los tres tímpanos fueron labrados entre 1975 y 1979 por el artista Aurelio Rivas. En la hilada interior del columnario se eleva un apostolado modelado en piedra artificial por el escultor Florentino Trapero entre 1964 y 1965, y apoyado en basas historiadas, tallas que corresponden a la primera época constructiva.
Fachada septentrional

Orientada a la calle Magdalena. En su parte central, dando acceso al brazo septentrional del crucero, se abre una portada con gran arco gótico abocinado cuyo espacio para el tímpano es ocupado por un gran rosetón. El cuerpo superior lo cubre un balcón cerrado con un gran ventanal-vidriera en lo que es el testero del crucero. A sus lados, peanas vacías de estatuaria y dos ventanales que en su día iban a cubrir vidrieras alusivas a la muerte de San José y bajo cuyos botaaguas discurren unas escocias o frisos con relieves de la primera época.

El friso de la izquierda, tallado por Francisco Nieto, Fernando Sánchez y Gaspar Casas, representa escenas de la Guerra del Rif de 1909. El de la derecha, obra de Francisco País, J. M. Aramburu y Juan Payés, contrapone la Escuela Religiosa y la Escuela Laica. Este relieve es un testimonio del conflicto educativo vivido entre Iglesia y Estado en los años (1910-1912) del Gobierno de José Canalejas, promotor de la enseñanza laica y del control de la actividad cultural de las órdenes religiosas.

Entre esta portada norte y el pórtico del pie del templo discurren cinco ventanales y otros tantos paños que se corresponden con los cinco primeros tramos de la nave lateral, hasta el crucero. Los entrepaños (lienzos ornamentales de pared bajo los ventanales) están decorados con orlas vegetales que cobijan diversa vegetación. Sobre éstos corren frisos de mármol blanco ornamentados también con especies vegetales.

Las gárgolas en lo alto de los aleros fueron labradas por Manuel y Aurelio Rivas entre 1964 y 1965; representan figuras tomadas del Libro del Apocalipsis.

Interior del pórtico.

Ábside

Paño absidial de la Capilla del Sagrado Corazón de María.

Orientado a la calle Luiz Heinz, enlaza con la fachada septentrional mediante dos paños de pared, correspondientes a los dos tramos interiores del presbiterio, en los que apenas se ha realizado el desbaste de la piedra. Todo el ábside está coronado por gabletes rematados en florones cruciformes; sus gárgolas, de temas monstruosos, son muy esquemáticas.

El cuerpo semicircular se divide en siete tramos, correspondientes a las siete capillas de la girola interior. Cada tramo consta de tres paños muy estrechos en comparación con su altura y cada paño se divide en tres partes. La parte inferior, al nivel del suelo, la conforman las arquivoltas de los ventanales ojivales de la cripta y los capiteles en los que descansan; las arquivoltas centrales están decoradas con figuras alegóricas y las laterales con temática vegetal; los capiteles presentan labra a base de plantas, animales nocturnos y criaturas fabulosas.

Visión de conjunto del ábside.

La parte intermedia consta de un entrepaño cuadrangular que en los paños centrales presenta motivos ornamentales alusivos a la advocación de la capilla y a sus patronos, con los escudos respectivos, y, coronando éste, un friso o escocia que es igualmente historiado en los paños centrales. Ambos motivos en los paños laterales, o son de temática vegetal o están, en líneas generales, menos elaborados. Por último, marcando la verticalidad de la fábrica, está la parte superior que forman los ventanales y los gabletes.

Los motivos escultóricos más llamativos de este conjunto son los de las arquivoltas de los ventanales de la cripta, donde proliferan los aspectos lúgubres de la vida terrenal y de ultratumba, mezclados con escenas profanas y seres fantásticos en actitudes violentas. En algunos casos las figuras recuerdan en su estilo los grutescos del arte Plateresco.

A continuación, se describe la ornamentación de cada tramo absidial, arrancando por la parte norte y terminando por el sur:

* Capilla del Sagrado Corazón de María

Originariamente de San José. Arquivoltas centrales: escenas del pecado de la sensualidad con demonios y parejas lujuriosas entre yedras. Arquivoltas laterales: cardinas, yedras y otros vegetales. Entrepaños: alegoría con los instrumentos de trabajo de la carpintería de San José. Friso central: escenas del trabajo de San José y de su muerte. Autores: Luis Echeverría (friso), J. M. Leánder, J. M. Fuentes y Francisco Baises.

* Capilla de Navarra

Arquivoltas centrales: la gentilidad, representada por gigantes y atlantes, en estado salvaje, y humanos afligidos por el pecado original, entre parras. Arquivoltas laterales: saúcos. Entrepaño central: escudos de Navarra y San Francisco Javier. Friso central: la obra evangelizadora de los misioneros navarros. Autores: Gaspar Casas (friso), Aniceto Arregui, Andrés Torrero, Tirso Madame y Valentín Hernández.

* Capilla de Guipúzcoa

Arquivoltas centrales: la Muerte, representada por hombres sosteniendo niños muertos, entre aves, alimañas y vegetación exuberante. Arquivoltas laterales: yedras y hojas de parra. Entrepaño central: escudos de Guipúzcoa y Loyola, ornados con anclas, cuerdas y cadenas. Friso central: San Ignacio herido en batalla y las misiones jesuitas en América del Sur. Autores: Jaime Lluch (friso), Ángel Lucarini (friso), Felipe Lobo, Gaspar Casas, Lulio Sánchez, Pedro Domínguez, Julián Asteasu, Valentín Hernáez y Enrique Bieto.

* Capilla de Nuestra Señora del Rosario

Arquivoltas centrales: Niños jugando, a medio tallar. Arquivoltas laterales: hojarasca, adormideras y amapolas. Entrepaño central: símbolos del Santo Rosario. Friso central: la aparición de la Virgen a Santo Domingo y Santa Catalina de Siena, y el triunfo de la Iglesia sobre los herejes. Autores: Luis Fernández (friso), Federico Baucells, Alfredo Quintana, Juan Casas, Luis Fernández, Pedro Domínguez y Vicente García.

Vitoria - Catedral Nueva 33.jpg Relieve de arquivolta absidial en la Capilla de Guipúzcoa Vitoria - Catedral Nueva 34.jpg Relieve de arquivolta absidial en la Capilla del Sagrado Corazón de María Relieve de arquivolta absidial en la Capilla de Álava Relieve de arquivolta absidial en la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús
Motivos escultóricos en las arquivoltas absidiales del exterior.

* Capilla de Vizcaya

Arquivoltas centrales: la Muerte, representada por cadáveres y esqueletos. Arquivoltas laterales: girasoles, hojas de laurel y roble. Entrepaño central: faltan de labrar los escudos de Vizcaya y Begoña. Friso central: tipos populares vizcaínos, baserritarras y pescadores. Autores. Tirso Madame (friso), Antonio Márquez (friso), José Sort, Jesús Arizti, Francisco Celada, Juan Casas y Tirso Madame.

* Capilla de Álava

Arquivoltas centrales: el Infierno, representado por condenados, entre serpientes, dragones, cadenas y llamas. En los capiteles, escenas de parejas en romería (la mudanza de las cosas humanas). Arquivoltas laterales: rosas, espigas y amapolas. Entrepaño central: a medio labrar el escudo de Álava y otro espacio para escudo vacío. Friso central: escenas de la vida de San Prudencio. Autores: Alfredo Alánder (friso), Juan Pares (friso), Balbino Echoguíbel, Federico Baucells, José Pérez, Vicente García, Andrés Torrero e Isaac Díez.

* Capilla del Sagrado Corazón de Jesús

Arquivoltas centrales: el Castigo, representado por demonios alados entre escenas de condenación y tormento, y vampiros atacando a una pareja. Arquivoltas laterales: ramos de flores y cardinas. Entrepaño central: sin apenas labor escultórica. Friso central: escenas de la vida de Jesús, con Antonio de Padua. Autores: Jaime Lluch (friso), Enrique Bieto, José Bieto, Juan Casas, Juan Terrán, Alfredo Guijarro.

El ábside conecta con la fachada meridional mediante dos paños de pared, correspondientes a los dos tramos interiores del presbiterio y que como sus equivalentes en el lado norte están sin labrar. En ellos se abre la comunicación a la cripta, bajo el nivel del suelo, puerta que en origen estaba destinada al acceso al futuro y nunca construido claustro.
Fachada meridional

Orientada a la calle Monseñor Cadena y Eleta y el Parque de la Florida. Es simétrica y prácticamente idéntica a la del norte. Flanqueando la entrada, relieves de la primera época, con la Lucha y la Paz de los Monjes, representando los esfuerzos evangelizadores y civilizadores de la Iglesia, y los Artistas de la Catedral, representados en caricatura, afanados en sus trabajos. Ambos frisos fueron ejecutados por Vicente García, Ángel Lucarini, Bernabé López, Francisco Parés, Bernardo López y Agustín Llera.

Fachada meridional

Entre esta portada sur y el pórtico del pie del templo discurren cinco ventanales y otros tantos paños que se corresponden con los cinco primeros tramos de la nave lateral, hasta el crucero. Los entrepaños presentan molduras y rosetones, apoyados en figuras alegóricas o caprichos vegetales. Los frisos sobre ellos presentan temas variados vegetales y animales.

Las gárgolas de esta fachada, talladas por Aurelio y Manuel Rivas entre 1964 y 1965, hacen referencia a soldados de la Guerra Civil, pudiéndose encontrar un soldado con máscara antigás, otro de transmisiones gritando por teléfono, el miliciano artillero o un auxiliar moro con turbante y alfanje.

Naves y crucero

Bóveda del crucero.

La nave central mide 14 m. de ancho, 8 las intermedias, y las externas laterales, una mide 6,5 m. y otra 2 m. Las medidas interiores son 96 m. de ábside a puerta y 47 m. de anchura en el crucero. La nave central tiene una altura de 35 m. y las laterales 17,5 m. Las bóvedas son de crucería sencilla, sin nervio espinazo y barlongas (más anchas que largas). El tramo central del crucero, a falta de cimborrio, se cubre con una falsa bóveda circular, poco cóncava, apoyada sobre pechinas y cuya nervadura forma una estrella de ocho puntas. Todas las plementerías están enjalbegadas. En los cuatro pilares que sostienen los arcos torales que enmarcan esta bóveda hay unas hornacinas vacías ideadas para albergar imágenes de los cuatro Evangelistas.

A todo lo largo de la nave central y el crucero, entre la ventanas y los arcos formeros, discurre un hermoso triforio. Cada tramo de triforio se divide en tantos arquillos y maineles como calles y parteluces segmentan las vidrieras superiores. Las vidrieras son de vidrio blanco excepto las que ocupan los testeros de los dos extremos del crucero; éstas son, como se anticipó arriba, vidrieras con rosetón y están coloreadas al igual que las que hacen la función de tímpano de las portadas de acceso bajo ellas. Igualmente coloreada es la gran ventana-rosetón que preside la fachada principal.

Las caras interiores de las tres portadas están flanqueadas por pináculos adosados y coronadas, en bajorrelieve, por grandes escudos: el de Álava y Vitoria, sostenido por leones rampantes, en el testero norte; el del Estado Español, en el testero sur; y el papal de Pablo VI, sostenido por ángeles, en el pie de la nave central. Estos escudos pétreos fueron tallados por los hermanos Aurelio y Manuel Rivas.

Nave central y cabecera Nave central Nave central y pie Brazo meridional del crucero Brazo meridional del crucero
Aspectos de la nave central, el crucero y el transepto.
Cabecera
Presbiterio y Capilla Mayor

Se encuentran elevados metro y medio sobre el suelo de las naves y ocupan una superficie de 350 metros cuadrados. Presiden la estancia la Sede del Obispo, hecha en piedra y mármol rojo, con el escudo del obispo Peralta Ballabriga, y el Altar, también de mármol, con la inscripción tallada de San Agustín: SACERDOS ET ALTARE IPSE CHRISTUS. En torno a la cátedra episcopal, el Coro de Canónigos, de madera, del siglo XVI, con arcos conopiales y columnas jónicas, procedente del Monasterio de Santa María de Barría, cenobio de monjas cistercienses del norte de la provincia de Álava. En el presbiterio descansa también un órgano electrónico de la marca Baldwin.

Nave alta de la Capilla Mayor

La nave alta del presbiterio recibe la luz a través de 13 vidrieras figurativas, profusamente policromadas, construidas en 1954 por la casa Vidrieras de Arte de Bilbao. En ellas pueden identificarse las figuras de los Apóstoles, los Evangelistas, Padres y Doctores de la Iglesia, Adán y Eva, la Virgen María, San José, San Juan Bautista, el arcángel San Gabriel y San Prudencio, patrón de Álava. Sobre los pilares, hornacinas vacías destinadas a las imágenes de los cuatro profetas mayores y la familia de la Virgen. Las repisas, doseles y capiteles llevan vegetación y alegorías del agro alavés.

Trasaltar

Los siete paños de su paramento están ornamentados por otros tantos bajorrelieves hechos en alabastro por Enrique Monjo, colocados como se adelantó arriba entre 1960 y 1963, en la segunda época constructiva. De izquierda a derecha, vistos desde la girola, sus motivos son:
Relieve de la Puerta del Paraíso.

* Dones y Frutos del Espíritu Santo
* Predicación de Jesús
* Vida Celestial
* Puerta del Paraíso
* Vida Temporal
* La Traición
* El Castigo

Ocupando el paño central, el relieve de la Puerta del Paraíso constituye una exaltación de la Santísima Trinidad, formando un Árbol de la Vida a cuyos pies discurre la Fuente de la Vida. De la escena de majestad divida participan ángeles, arcángeles, santos, vírgenes y ancianos.
Girola

Está formada por dos naves concéntricas, cuyo arco de círculo tiene un radio de 23 metros y una superficie de 700 metros cuadrados aproximadamente. Su muro es festoneado por siete capillas, cada una de las cuales la forman tres planos, correspondientes a los tramos del ábside exterior. De norte a sur, son:

Relieve de la Puerta del Paraíso.
* Capilla del Sagrado Corazón de María
* Capilla de Navarra
* Capilla de Guipúzcoa
* Capilla de Nuestra Señora del Rosario
* Capilla de Vizcaya
* Capilla de Álava
* Capilla del Sagrado Corazón de Jesús

Cada capilla está decorada con grandes escudos tallados en piedra relacionados con las provincias o advocaciones religiosas a las que están dedicadas, y con bajorrelieves historiados. La Capilla central de Nuestra Señora del Rosario, donada en 1908 por doña Felicias Olave, presenta la decoración más rica, por la escultura y la ornamentación de los nervios de las bóvedas. En su centro se sitúa un altar de mármol proyectado por Julián de Apraiz para la capilla de las MM Reparadoras en 1923 y ejecutado por el escultor José Ríu. A su entrada se sitúa una reja, procedente de la Capilla de los Velascos en la derruida parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Galarreta. La forja está rematada con los blasones de los Ocáriz.

Las vidrieras de la girola, ejecutadas entre 1912 y 1914 por la casa madrileña Maumejean, forman una abigarrada corona de mártires, santos, confesores y vírgenes que brilla bajo ricos doseletes y pináculos vítreos de tonalidades doradas. Una tercera colección de vidrieras, representando figuras más estilizadas y movimientos contorsionados, filtra la luz del ábside alto.

Relieve de la Capilla absidial de Álava.

Cripta

La Cripta.

De planta semicircular, al igual que la girola bajo la que se extiende, es sin duda la parte más acabada de la catedral. Fue consagrada el 17 de septiembre de 1911. El espacio, profusamente decorado, estaba destinado a servir de sepultura de obispos y actualmente está consagrado para el oficio religioso como Parroquia de María Inmaculada.

Su acceso original es a través de la Puerta del Paraíso, en el trasaltar, la cual da paso a una amplia escalinata de descenso con pasamanos de mármol y bajo bóvedas de crucería que nacen de ménsulas con animales fantásticos. Su acceso actual es a través de una puerta que, bajo el nivel del suelo, se abre en un paño de pared recto situado entre el ábside y la portada meridional.

El espacio se divide en siete capillas, cada una de la cuales consta de dos bóvedas ricamente ornamentadas con claves con figuras alegóricas. El altar de la cripta está presidido por el Cristo de la Buena Muerte, talla del escultor Emilio Molina y realizada en mármol de Carrara. Las vidrieras, tres por cada capilla y 21 en total, representan escenas de muerte y resurrección en un estilo realista y de colores rotundos.

Podría asegurarse que la cripta es un auténtico museo de escultura modernista; aparte de su arquitectura, el trazado de la bóvedas, claves y ventanales inferiores están inspirados en la cripta de la Sagrada Familia de Barcelona. En la estancia se disponen esculturas de bulto redondo, relieves y capiteles historiados.

Sepulcro del Obispo Fdz. de Piérola.

La más destacada de las labras exentas es el Sepulcro del Obispo Raimundo Fernández de Piérola, fallecido en 1904 y primer donante de la Catedral, que representa al prelado en bulto yacente. Se trata de un trabajo de estilo neogótico tallado en 1910 en mármol de Carrara por Francisco Ceballos Montenegro.

En el eje de la girola se encuentran cuatro grandes esculturas alegóricas de las Virtudes Cardinales, éstas realizadas en estilo modernista. La Justicia, La Prudencia y La Fortaleza son marmóreas, mientras que La Templanza está modelada en yeso. Sus autores son Juan Piqué, Manuel Lucena, Ángel Lucarini, Francisco Bares y José Ríu. Los costados que cierran el semicírculo de la girola acogen cuatro grandes tímpanos labrados en mármol con gran maestría y delicadeza. Los bajorrelieves representan el Descendimiento del Cuerpo de Cristo, La Música, Las Ofrendas y La Redención. Su modelado y tallado corresponden a los artistas Moisés Huerta, Jaime Lluch, Julio Espiago, Juan Piqué, Francisco Pares, Eusebio Molina, Luis Fernández, Fernando Santos y Gaspar Casas. En la entrada, bajo los tímpanos de Las Ofrendas y La Redención, aparecen asimismo dos esculturas representando La Justicia, y a Tobías y el Arcángel San Rafael.

Las siete capillas se encuentran dividas por seis grandes columnas de fuste múltiple cuyos capiteles, corridos a modo único relieve secuencial, narran los siguientes temas: Pecados Capitales (I), Obras de Misericordia, Escenas del Nuevo Testamento, Obras de Misericordia, Pecados Capitales (II), Temas Varios. La iconografía es asimismo muy variada e imaginativa, mezclando las escenas religiosas y las profanas (fantasías mitológicas, naturaleza, crítica social), en los capiteles adosados a las paredes de la cripta. En estos trabajos los autores destilan una ironía en la que se conjugan la crítica social con el aleccionamiento moral.

Escalera

Tobías y San Rafael

Capitel

Capitel

Vidriera

Galeria de Imagenes de la Catedral Nueva de Vitoria en España


Catedral Vieja de Vitoria (España)

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Construcción     1200-siglo XIX
Estilo arquitectónico     Gótico

La Catedral de Santa María, situada en Vitoria, País Vasco, España, es un templo católico de estilo gótico. Se encuentra situada en la parte más alta de la colina sobre la que se asentó la primitiva ciudad, fundada en 1181, con el nombre de “Nova Victoria”, por el rey Sancho VI de Navarra (Sancho el Sabio), y que dio origen posteriormente a la ciudad actual. Con el nacimiento de la diócesis de Vitoria en el año 1862, adquirió la categoría de catedral. Es conocida también como la Catedral Vieja, para distinguirla de la Catedral Nueva, dedicada a la Inmaculada Concepción de María y construida en el siglo XX en estilo neogótic

Ubicación

Actualmente la catedral de Santa María se encuentra en proceso de restauración, sin embargo bajo el lema “Abierto por Obras” existe un programa de visitas guiadas por la obra. El acceso a centro de interpretación y visitas está en la Plaza de las Burullerías, subiendo las escaleras, lugar desde donde comienza la visita.

La “Fundación Catedral Santa María Fundazioa” que gestiona el proceso de restauración, y los actos relacionados con la catedral tiene su sede en la calle Cuchillería nº 97, actualmente y debido a las obras, las oficinas de la Fundación se encuentran en el Centro de Acogida al Visitante (Plaza de la las Burullerías, s/n).

En un futuro, cuando las obras de restauración finalicen el acceso principal estará como antaño en la plaza de Santa María números 19-20. Las calles Fray Zacarías Martínez y el cantón de Santa María limitan el templo por el oeste y el norte respectivamente. El pórtico, que es actualmente lugar en el que se celebran diversos actos y cuya restauración está prácticamente finalizada, es accesible durante estos eventos a través de la entrada por uno de sus arcos en la calle Fray Zacarías Martínez.
Características

El edificio presenta planta de cruz latina, con tres naves, la central de mayor altura que las laterales, y cubiertas con bóvedas de crucería, con amplio transepto y cabecera. En su interior tiene cuatro capillas rectangulares y una girola a la que se abren otras tres capillas poligonales. Cuenta, además, con un hermoso y frágil triforio y un pórtico del Siglo XIV que contiene esculturas muy interesantes. La Capilla de Santiago, abierta en el hastial del brazo del transepto en el lado de la Epístola (sur), es en la actualidad la iglesia parroquial de Santa María, que tiene una acceso independiente, desde la Plaza de Santa María.

Historia

En su origen, el templo era una iglesia fortaleza que formaba parte del sistema defensivo medieval de la ciudad. En el transcurso de la historia, el templo y su emplazamiento han sufrido numerosas modificaciones que lo han transformado de manera decisiva. El aspecto defensivo original se perdió con la construcción de numerosas viviendas que se fueron adosando a las murallas originales de la villa.

Tras la fundación de la ciudad en el año 1181, se produjo un incendio en 1202 que asoló gran parte de la misma. El rey de Castilla Alfonso VIII, que había conquistado la ciudad en el año 1200, inició una gran labor de edificación y de creación de tejido urbano. Uno de los baluartes de esta tarea urbanística fue la Iglesia de Santa María, que nació con el objetivo de servir de perímetro defensivo amurallado a la renaciente ciudad.

Esta primera edificación se conserva casi íntegramente en algunos tramos, como la zona norte del crucero, con muros de gran espesor y alturas de casi 20 metros.

Durante el reinado de Alfonso X (1252-1284), el templo será modificado, principalmente en su interior, para adquirir el aspecto gótico que presenta en la actualidad.

La Iglesia de Santa María es la historia de un cambio permanente. Así pues, en 1498 la antigua parroquia se convierte en Colegiata, por traslado de la misma desde el templo actualmente conocido como la Basílica de San Prudencio de Armentia, y empieza un momento de construcción espectacular que dotará a la edificación de muchas de sus características más destacadas y que, en la mayoría de los casos han perdurado hasta nuestros días. Se construye la torre, el coro, numerosas capillas interiores y sepulcros.

El siglo XVI también fue decisivo para la historia futura del templo. El cambio de las antiguas bóvedas de madera por una nueva de piedra hizo necesaria la construcción de nuevos contrafuertes que pudieran soportar y contrarrestar las nuevas tensiones, lo que, a la postre, significó una infinidad de problemas estructurales para el conjunto del nuevo edificio.

Estas deformaciones son la causa principal de la impresionante obra de restauración que comenzó en la Catedral en el año 1997 y que se han constituido en un referente mundial.

Los primeros problemas arrancan en el Siglo XVII, cuando el templo se encuentra en una situación que amenaza ruina inminente, debido a las numerosas tensiones provocadas por las bóvedas de piedra.

Se procura entonces recrecer la parte del tejado que entonces reposaba sobre las bóvedas para aligerar el esfuerzo en las mismas y liberarlas de carga. Se reconstruyen algunas bóvedas y se realiza dicho recrecido en mampostería para que soportarse el peso del tejado. Incluso se construyen dos pilares – contrafuertes para sujetar el edificio que darán al traste con algunas capillas interiores del templo.

A pesar de todo el trabajo efectuado, la solución fue provisional, pues los problemas vuelven a aparecer.

Tal es así que en la década de los sesenta del Siglo XX, se promueve una nueva restauración, con el objetivo de sujetar el templo y devolverlo a su estilo gótico original. Se puede decir de ésta restauración que fue la más agresiva y la que posiblemente más consecuencias desfavorables ocasionó.

Se eliminaron muchos revestimientos de la Catedral, a fin de aligerar su estructura pero el exceso de celo en la tarea motivó la eliminación del pilar – contrafuerte construido en el Siglo XVII en la Plaza de Santa María, lo que ocasionó que empezasen de nuevo los movimientos del edificio hacia el oeste.

Además se quitaron arcos codales del interior y se abrieron nuevos vanos en los paños del templo, con el fin de eliminar peso.

Finalmente, en el año 1997, la Diputación Foral de Álava, ante el estado general del edificio que se escora ineludiblemente, se plantea acometer un plan integral de restauración, con el fin de solucionar todos los problemas históricos y dotarlo de una estructura y cimientos sólidos que permitan su continuidad futura.

Restauración del templo

Desde principio de los noventa (siglo XX), las fisuras y grietas de las naves comienzan a abrirse dada la presión que soportan y ocasionalmente se producen desprendimientos desde la torre, debido al debilitamiento de la piedra por efecto de la contaminación atmosférica.

Ante este panorama, la Diputación Foral de Alava decide actuar y entre 1991 y 1992 forma un grupo de trabajo internacional con el fin de estudiar la estructura y comportamiento del edificio y tratar de aplicar soluciones viables para mantenerlo. Paralelamente se instalaron sensores que monitorizaron los diferentes parámetros del edificio, como la humedad, temperatura, inclinación, etc. Como resultado de todo este proceso, se elaboró un Plan Director que establecía las bases para el trabajo y la restauración posterior.

En el año 1994 la catedral se cierra al público por motivos de seguridad dado el avanzado estado de deterioro que presentaba.

El Plan Director de la Catedral se presentó en el Primer Congreso Europeo sobre Restauración de Catedrales Góticas que se celebró en Vitoria en 1998.

Se pueden distinguir 5 fases claves dentro del proceso de restauración:

* Trabajos encaminados a mejorar la seguridad para acometer la restauración, principalmente en los refuerzos del edificio.
* Restauración de la torre y el pórtico.
* Reforzamiento de los pilares de las naves.
* Cripta funeraria.
* Estudio artístico del pórtico.

El presupuesto inicial era de unos 24 millones de euros (4.000 millones de pesetas) a invertir en 10 años. Para gestionar todo este dinero y las aportaciones de los patronos, así como el propio Plan Director, surgió la Fundación Catedral Santa María, que está formada por la Diputación Foral de Alava, el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y el Obispado de Vitoria. Su primer director gerente (hasta 2007) fue Gonzalo Arroita, sustituido después por Juan Ignacio Lasagabaster.

El trabajo de restauración arrancó en los años 1997-1998, con la primera fase que perseguía dotar al templo de una seguridad mínima para poder empezar las obras de excavación y de restauración.

Conforme los trabajos fueron avanzando, se instalaron una serie de pasarelas elevadas por las que se puede acceder a visitar las obras de la catedral contemplando desde una perspectiva inmejorable todo el proceso de restauración de una catedral gótica del siglo XIII, así como los restos del urbanismo preexistente.

La labor desarrollada en la catedral ha servido para explicar aspectos significativos de la historia medieval de la ciudad, y ha propiciado hallazgos espectaculares, como el de la gran puerta de acceso a la ciudad, la más antigua de todas las que se conservan, que estaba integrada en el muro del pórtico norte. Además, en el subsuelo se han encontrado vestigios de otra iglesia anterior, y cadáveres de enterramientos correspondientes a ambas iglesias (la actual y la anterior).

Reconocimientos

Las obras del templo se han convertido en un referente mundial. El programa de visitas guiadas que ha atraído a más de 350.000 personas en 5 años ha trasladado a todas ellas la ilusión y la posibilidad de poder pasear y contemplar una de las catedrales góticas más bella de Europa. Además se han desarrollado numerosos congresos, seminarios y conferencias con personalidades literarias como Paulo Coelho, Ken Follett, Arturo Pérez-Reverte o José Saramago.

Por el trabajo realizado, la Catedral de Santa María recibió el premio Turismo Vasco 2000, concedido por el Gobierno Vasco así como el premio Europa Nostra 2002, la máxima distinción que la Unión Europea concede a los trabajos de restauración y conservación del patrimonio.

Otros acontecimientos

Como se ha señalado anteriormente, la Catedral ha sido escenario de numerosos acontecimientos. El 9 de enero de 2008, Ken Follett presentó en el Pórtico de la Catedral, que en la actualidad está acristalado y provisto de bancos y megafonía para su uso como centro cultural, su novela Un mundo sin fin, continuación de la conocida Los Pilares de la Tierra. El autor quería reconocer la inspiración que el templo le había prestado y la ayuda que había recibido de la Fundación.
Bibliografía

* Congreso Europeo sobre Restauración de Catedrales Góticas (1º. 2000. Vitoria) (2001). La Catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz, I Congreso Europeo sobre Restauración de Catedrales Góticas, 20-23 mayo, Vitoria. Vitoria: Diputación Foral de Álava. Servicio de Publicaciones. ISBN 84-7821-464-X.
* Plan Director de Restauración de la Catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz. Coordinadores: Agustin Azkarate, Leandro Cámara, Juan Ignacio Lasagabaster y Pablo Latorre (2002). Plan Director de Restauración de la Catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz. Vitoria: Diputación Foral de Álava. Fundación Catedral Santa María. ISBN 84-607-3785-3.
* «Fundación Catedral Santa María» (en español, vasco e inglés). http://www.catedralvitoria.com/ (2007). Consultado el 2007-02-05 de 2007.
* «Archivo Histórico Diocesano de Vitoria» (en español, vasco e inglés). http://www.ahdv-geah.org/. Consultado el 2007-02-05 de 2007.
* «Catedral Vieja de Santa María» (en español). Inventario de las campanas de las Catedrales de España. Consultado el 2008-01-12 de 2008.

Galeria de Imagenes de la Catedral Vieja de Vitoria en España

Concatedral de San Pedro de Soria (España)

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Construcción     1152-siglo XII
Estilo arquitectónico     Románico, Renacimiento, Barroco

La colegiata de San Pedro, auténtica joya de la arquitectura románica castellana con la que cuenta la ciudad de Soria (España), acumula también el título de concatedral desde 1959, fecha a partir de la cual comparte la sede catedralicia con El Burgo de Osma.

Rivalidad por establecer la Sede Catedralicia

Interior de la Concatedral.

Desde sus inicios, la rivalidad entre la sede obispal de Osma y este centro religioso fue constante. Favorecidos por un rey castellano muy agradecido a la ciudad, Alfonso VIII solicitó en el siglo XIII al Papa Clemente IV la categoría de ciudad para Soria y el paso de colegiata a catedral, cosa que fue concedida por bula pontifical. El cabildo catedralicio de Osma protestó y a partir de ese momento, todas las peticiones de que se le concediera a Soria una nueva sede obispal o, más drásticamente, que se trasladara la de Osma a Soria, fueron denegadas por los reyes tras consulta con los de Osma al no atreverse a hacer cambios drásticos que provocaran conflictos eclesiásticos.

La historia sobre el derrumbamiento de la colegiata, se hace creíble sabiendo que unos años antes el cabildo de la colegiata había solicitado al rey el traslado hacia el interior de la ciudad de la sede colegial, debido a que el centro de Soria se había ido trasladando al este y la colegiata, antiguamente central, había perdido su posición de privilegio. Se pensó en la iglesia de Santa Maria la Mayor hasta el punto de disputar durante siglos la dignidad de colegiata. El rey se negó aduciendo la belleza de San Pedro y su categoría de obra artística.

Tras el derrumbe el obispo Pedro Acosta se reunió con la nobleza de la ciudad y el cabildo y les ofreció cumplir el deseo inicial de trasladar la colegiata al centro de la ciudad. Dicen que es posible que el obispo pensara construir su propia sede personal allí además de su enterramiento, en una forma encubierta de trasladar la sede obispal de Osma a Soria pero estos se negaron a asumir gastos importantes y el obispo, irritado por lo que describió documentalmente como la pusilanimidad de los sorianos, aflojó la bolsa para la reconstrucción del edificio en el mismo lugar donde se encontraba pero sin gastos adicionales ni obras complementarias.

Finalmente tras años de peticiones el 9 de marzo de 1959, el Papa Juan XXIII, con la Bula ‘Quandoquidem Animorum’, concedió el título de concatedral, fecha a partir de la cual comparte la sede catedralicia con el Burgo de Osma.

Historia
La antigua parroquia

La primitiva iglesia pudo tener su origen en los años en que Alfonso I el Batallador, ocupado en los asuntos castellanos por su matrimonio con Urraca de Castilla, emprendió la repoblación de Soria (1109-1114). No ha quedado constancia arqueológica de la antigua iglesia pero si documental, calificada por la historiografía como: “reducida, simple y rústica parroquia de pobre fábrica”.

Destaca una ventana en el claustro trasladada posiblemente desde esta antigua iglesia. Tiene un aspecto y disposición que recuerda los huecos dobles y triples asturianos. Tres arquillos de medio punto con arquivoltas sogeadas seguidas de otras de puntas de diamante apean sobre dos columnas centrales y sobre las jambas del hueco. Los capiteles de las dos columnas representan rudas hojas acabadas en gruesos caulículos como bolas. Además debajo hay un arco de ventana muy mutilado, que según Gaya Nuño pudo ser de herradura, y hundida en el suelo lo que parece una portada de medio punto con los apoyos enterrados. Los textos de Marrón sitúan la datación de esta primera iglesia a más de 800 años de su reconstrucción en 1573, es decir, hacia 770, por lo que debería ser mozárabe.

En 1152 el obispo de Osma Don Juan donó la iglesia a los canónigos de la regla de San Agustín. Constituidos los canónigos en comunidad monástica, decidieron derribar el templo antiguo y erigir uno nuevo. Para ello contaron con el favor de los monarcas castellanos, que se fue plasmando en numerosos donativos y privilegios.

Iglesia Monacal del siglo XII

Se construyó, todo nuevo y magníficamente amplio, una iglesia grandiosa dotada además de un gran claustro y de las dependencias propias de un centro monacal al Norte en el mejor estilo románico imperante en la segunda mitad del siglo XII. Sin duda de tres naves, siendo la central más ancha y alta que las laterales. Puede pensarse en una planta muy próxima a las de las desaparecidas iglesias monásticas de Sahagún y Silos, basilical con crucero y cimborrio y cabecera tripartita.

Tuvo un transepto tanto como el de la colegial actual, de 35 metros, siendo la iglesia mayor de Soria e incluso de la región pues el muro de los pies se encontraba más al oeste que el actual como muestran los restos conservados. En 1467 se lleva la apertura del hastial Norte del transepto, tal y como se conserva hoy, mediante un gran arco apuntado.

La iglesia se hundió o desmoronó hacia 1543. Una breve reseña dice: “dicen que a instancia de una dignidad y un canónigo por hacer un altar a Nuestra Señora en un colateral junto a un pilar aunque el cantero dijo que no se atrevía, se quitó el pilar y se callo la iglesia toda”.

Colegiata del siglo XVI

Inmediatamente se iniciaron las obras de reedificación de las que se encargó el maestro Juan Martínez Mutio y San Juan de Obieto. Se siguió el modelo de la colegiata de Berlanga de Duero y se terminó sobre 1575 acabándola los hermanos Pérez de Villavid. A finales de siglo, con la construcción del campanario quedó culminada la nueva colegiata.

La iglesia renacentista se construyó con anchura igual a la longitud del crucero de la primitiva, por lo que los cerramientos laterales hubieron de desplazarse 7 metros hacia el exterior. Esta operación no presentó ninguna dificultad en el lado sur libre de impedimentos, no así en el norte al que estaba adosado el claustro. Sin ningún miramiento ni aprecio por el valor de este claustro, del que Gaya Nuño ha dicho que es el más bello de España, por la elegancia de las proporciones, la esbeltez de las arquerías y lo nuevo de la decoración, derribaron el ala meridional del mismo, y aún hay que congratularse de que no sucumbiera en su totalidad por cualquier fútil motivo.La iglesia se hundió o desmoronó hacia 1543. Una breve reseña dice: “dicen que a instancia de una dignidad y un canónigo por hacer un altar a Nuestra Señora en un colateral junto a un pilar aunque el cantero dijo que no se atrevía, se quitó el pilar y se callo la iglesia toda”.

Exterior de la concatedral


Bóvedas de crucería.

La iglesia es de planta de salón de cinco naves con bóvedas de crucería estrelladas de combados, soportadas por columnas dóricas de sección circular, con cabecera poligonal. Tanto la nave central como las laterales constan de cinco tramos separados por arcos fajones levemente apuntados. En las naves laterales entre los contrafuertes hay numerosas capillas. El templo se terminó bajo el mecenazgo del Obispo Acosta, cuyo escudo fue esculpido en una columna en 1573. La nave mayor tiene la misma altura que las colaterales, lo que conforma un tipo de edificio conocido como “iglesia salón”, muy frecuente en la primera mitad del siglo XVI en Castilla.
Portadas

Portada Sur.

Portada Sur

El aparejo románico con tres ventanales de medio punto y un óculo pertenecientes al hastial meridional del primitivo crucero encuadra la magnífica portada plateresca realizada hacia 1520. Esta enmarcada por dos pilastras de orden corintio recubiertas por una rica decoración a candelieri, es decir, con elementos ornamentales que imitan candelabros. Se abre en arco de medio punto con arquivoltas y un alto friso adornados con ricas labores de grutescos que cubren toda la portada excepto las albanegas. Está presidida por la imagen de San Pedro con las llaves de la iglesia situada en una hornacina de concha achaparrada. Curiosamente la hornacina se enmarca repitiendo el modelo de la fachada con pilastras y friso. A ambos lados rematan el conjunto dos jarrones en relieve flanqueados por dos pequeños ángeles.
Portada Oeste

Se supone que esta es la entrada principal de la Concatedral y así lo fue durante la época medieval en la que la Plaza Mayor estaba situada en la Plaza de San Pedro frente de la entrada principal de la primitiva colegiata románica. Entonces era el centro del casco urbano de la población con casas y palacios hoy desaparecidos. Posteriormente la Plaza Mayor se trasladó a la plaza de las Cinco Villas y ya, en el siglo XVI, a su emplazamiento actual.

Más sencilla y elevada que la portada sur, se abre en arco de medio punto entre dos pilastras acanaladas que sostienen un estrecho entablamiento y se sitúan sobre dos altos plintos. Se puede datar hacia la mitad del siglo XVI en el que se impone el purismo, caracterizado por una mayor austeridad decorativa. Comparándola con la portada sur se puede comprobar que hay un cierto cansancio de la exuberancia decorativa y se impone un estilo de aspecto más sereno.

Portada del Claustro

Al claustro, declarado Monumento Nacional en 1929, se accede desde una portada alzada en el ángulo suroccidental junto a la torre. Es una portada de arco de medio punto y data de comienzos del siglo XVII. Tiene arquivolta casetonada sobre jambas cajeadas y está flanqueada por dos columnas acanaladas que soportan un entablamiento y se apoyan sobre altos plintos cajeados. Se completa con medallones en las enjutas, un motivo heráldico y una hornacina superior sin escultura alguna.

También se puede acceder al claustro desde el interior de la iglesia por otra portada, situada en el ángulo suroriental, muy simple abierta en arco rebajado sin ninguna decoración.

Campanillo del siglo XIV.

Campanillo del siglo XIV.

La torre es de sillería, y de planta sensiblemente cuadrada de tres cuerpos rematada en balaustrada con flameros. Fue levantada por Juan Ocampo. Se articula en torno a un pilar central, sobre la que reposan alternativamente las losas que conforman los escalones de acceso. Tiene dos vanos por lado, ocupados por sendas campanas, excepto en el lado norte, donde se ubica la campana mayor. Para su construcción se reutilizaron sillares de la desmantelación de la antigua iglesia de San Miguel de Montenegro.

Otro Bien de apreciable valor son las campanas ya que nos encontramos ante uno de los conjuntos de campanas más espectaculares e importantes de las Catedrales de España. De las siete campanas existentes, cinco son anteriores a 1701 y por tanto merecedoras de ser consideradas, individualmente, como Bienes Muebles de Interés Cultural, valor que se añade a la antigüedad de las campanas y a la belleza de sus melenas de madera. El campanillo, anepígrafo, esto es sin ninguna otra decoración que no sea una serie de siete finos cordones dobles, puede ser de mitad del siglo XIV (hacia 1350), por su forma y esos cordones.

Las otras cuatro campanas, tres esquilones y una romana, son del XVII, y dos de ellas están lamentablemente rajadas, exigiendo una necesaria restauración. Son respectivamente de 1601, 1657, 1666 y 1700. Las dos nuevas son de 1984 y 2000 carecen de decoraciones y de inscripciones que las llenen de significado. Una de las refundidas era de 1823 y merecía ser restaurada, nada podemos decir de la otra refundida, cuya antigüedad, visto e conjunto debería ser notable.

Restos conservados de la antigua colegiata de San Pedro

De lo que fue el conjunto monacal construido tras la conversión de San Pedro en colegiata, quedan algunos vestigios integrados en la actual iglesia. Se trata de la mayor parte del brazo Sur de lo que seria el transepto, y de los muros laterales del brazo Norte donde se abre la sala capitular. Son visibles desde el interior en dicho transepto, tres ventanas pertenecientes a la fábrica románica. Lo que aún permanece patente al exterior es el pequeño óculo que se abría en el primitivo frontón y hoy ha quedado en el centro del lienzo. La arquivolta de las tres ventanas va decorada en su bisel con motivos que son idénticos en las laterales a base de entrelazos y medallones, y cenefa diferente en la central. En sus jambas, columnillas con capiteles de ornamentación vegetal. Imposta inferior decorada. Otras dos ventanas, también cegadas, menos esbeltas que las anteriores se sitúan una a cada lado del lado Norte.

Portada de la sala capitular, desde el claustro.

Fuera del templo, se conservan, además de las crujías Norte, Este y Oeste del claustro, el frente del muro oriental del mismo. En el se abren hasta tres portadas de acceso a diferentes dependencias, entre las que se encuentra la sala capitular con una esplendida portada que da al claustro se abre en arco de medio punto con chambrana y tres arquivoltas e intradós lobulado en los extremos de cada una de las ocho dovelas que forman la rosca; a los lados de la puerta de acceso se disponen dos arcos de medio punto con arquivoltas. Cobijan sendos óculos calados lobulados y dos arquillos de herradura germinados, de evocación mozárabe, apoyados en dobles columnas, con capiteles de centauros, dragones, grifos y motivos vegetales de evocación silense.

Desvinculados a la actual construcción, y alejados unos metros del cierre oriental de la iglesia, han sido exhumados restos, recientemente restaurados, de una potente estructura arquitectónica, perteneciente al conjunto.

Interior de la concatedral

Una de las grandes riquezas de esta concatedral es la existencia de magníficos retablos.


Capilla Mayor

La capilla mayor, poligonal y de pequeñas dimensiones, se cubre con bóveda estrellada sobre semicolumnas y fue financiada por los linajes de Morales, Barnuevo y Don Vela como atestiguan sus escudos de armas. En los paños laterales se abren dos arcos sepulcrales de medio punto que se decoran con motivos platerescos. En ellos, según Loperráez[1] se enterrararon los obispos de Osma, Francisco de Villafañe (†1635) y Jorge de Cárdenas y Valenzuela (†1705).

Capilla Mayor.

Todo el frente del ábside está cubierto por el retablo mayor, construido en tiempo del obispo Tello, cuyas armas se ven en la base del mismo. Es un retablo de estilo romanista de la escuela castellana en la que se aprecian influencias de Juan de Juni y Gaspar Becerra. Realizado en el siglo XVI, es obra de Francisco del Río según traza de Pedro Ruiz de Valpuesta.

El primer cuerpo es de orden jónico, conteniendo en el centro la imagen de San Pedro, sentado, flanqueado por San Pablo y San Agustín, relieves del martirio de San Pedro, la crucifixión con la cruz invertida a la izquierda y su liberación de la cárcel mamertina a la derecha. En los extremos, Santiago el Menor y San Sebastián.

El segundo cuerpo es de orden corintio en cuyo centro se halla la Asunción de la Vírgen, y a sus lados San Francisco y San Juan Bautista, entre los cuales se sitúa un relieve de la predicación de los apóstoles y sobre él un óvalo horizontal con San Jerónimo, y a la derecha las figuras de San Juan Evangelista y San Miguel, colocándose un relieve del Quo Vadis entre ellos y encima un óvalo con la representación de San Agustín. También se encuentran los cuadros del encuentro de San Pedro con el Salvador a las puertas de Roma y la predicación del mismo apóstol en Jerusalén.

El ático lo preside un magnífico calvario que está flanqueado por Santa Catalina y Santa Bárbara en los extremos y en relieves intermedios la Consagración de los Obispos y la Transfiguración. Remata el conjunto el escudo del obispo Tello Sandoval sostenido por dos ángeles.

Las obras de restauración acometidas en 2009 han devuelto al retablo todo su esplendor mediante su limpieza y recuperación de las pérdidas de policromía. Además dichas obras han propiciado un importante hallazgo y la unificación del entramado original de este conjunto. Durante la restauración se descubrió un dibujo de San Saturio, patrón de Soria, y San Prudencio, su discípulo, anteriormente tapados por polvo graso acumulado, situados bajo las imágenes de San Francisco y de San Miguel. Además, la restauración ha servido para la unificación del retablo ya que tras el Concilio Vaticano II, que cambió la forma de impartir los oficios religiosos, se decidió trasladar el sagrario desde su emplazamiento original.

Capilla absidial de San Nicolás

Retablo de San Nicolás

Otro retablo muy interesante es el que cubre el frente de la capilla absidial de la Epístola, plateresco de mediados del s.XVI, procedente de la iglesia de Santa Clara, desalojado, en 1834, para uso militar. La historia de este retablo es muy interesante ya que las religiosas hablan de dos retablos y únicamente hay uno. Al montarlo debió modificarse en parte. La existencia de dos figuras de San Juan, la imagen de la Asunción, que está situada en el segundo piso, y la de San Miguel en el tercero, y que fue el titular original del retablo; hacen pensar que esta posibilidad puede ser cierta. Faltan dos tallas (San Francisco y Santa Clara) que actualmente están en el retablo del Santísimo de la iglesia de Santo Tomé.

No está documentado quién fue el autor, pero la influencia de la Escuela de Valladolid y de Felipe Vigarny a través de su discípulo Picardo es perceptible en algunos de estos relieves. Es un retablo de gran riqueza, dorado y policromado, con 20 tallas exentas y 6 altorrelieves. Consta de banco, tres cuerpos, distribuidos en tres calles y cuatro entrecalles, y ático.

La iconografía de la calle central incluye a San Nicolás, en el centro de la parte inferior, procedente de la iglesia del mismo nombre arruinada en la calle Real; sobre éste La Asunción de La Virgen, en el segundo; el Arcángel San Miguel, titular original del retablo, en el tercero, y el Calvario, en el ático.

Los trabajos de restauración realizados sobre este retablo han desvelado sobre el muro dos escudos heráldicos que podrían estar relacionados con los Doce Linajes de Soria, aunque los expertos descartan que la pareja de blasones formen parte de la egregia docena. Tras un primer estudio de los dos blasones se ha descartado que estos pertenezcan, directamente, a los Doce Linajes pero no que les una cierta relación. Se trata de dos escudos policromados, bastante bien conservados, realizados en piedra. Cada uno de ellos está sostenido por dos cabezas de ángeles.

Capilla absidial de San Miguel

Esta capilla realizada bajo el patronazgo de los Salcedos se encuentra en la cabecera de la nave del Evangelio. Todo el frente del muro se encuentra ocupado por el magnífico retablo de San Miguel, dedicado a los arcángeles.

Se trata de un retablo barroco de gran tamaño realizado a mediados del siglo XVIII de estilo rococó granadino. Construido en madera de pino sin dorar, fue pintado de blanco azulado hacia el año 1861 pero en la restauración acometida en 2008 se retiró esta capa de pintura, devolviéndole su color original. Está formado por un cuerpo de tres calles separadas por estípites (columnas) muy recargados y ático.

En la calle central se encuentra la hornacina en la que está situada la imagen de San Miguel Arcángel y en las calles laterales las imágenes de los arcángeles San Gabriel y San Rafael. En el ático hay una imagen de la Virgen María que representa a la Inmaculada. A ambos lados aparecen los bustos tallados de Santa María Magdalena y Santa Bárbara.

Capilla de San Saturio

En el muro norte nos encontramos la comunicación entre el claustro y la antigua Sala Capitular, hoy capilla de San Saturio. La mayor parte del muro testero desapareció en el siglo XV al abrirse en él un gran arco apuntado de acceso a esta capilla, originariamente sala capitular de la canónica agustiniana, circunstancia por la cual le hizo perder casi totalmente su identidad románica. Esta última se convirtió en capilla bajo advocación del Santo Cristo, fundada por Rodrigo de Morales.

Tiene bóveda gótica y retablo barroco del siglo XVII de grandes dimensiones realizado para la veneración de Nuestra Señora de San Millán, nombre con el que se conoció después esta capilla. Asentado sobre sotobanco de piedra, se compone por predela, un cuerpo con tres calles y ático. Las calles se articulan por cuatro columnas corintias. En la central aparece un gran nicho de forma ovalada en el que estuvo colocada la Virgen de San Millán y ahora está ocupado por una imagen de la Inmaculada. La imagen de San Saturio cobijada por una caja lobulada vino a reemplazar a la del Santo Cristo que había antes, propiedad del caballero Rodrigo de Morales.

En el retablo aparecen representados episodios de la vida de la Virgen (la Presentación, los Desposorios…) y otras escenas de la vida de San Saturio que sustituyeron en el siglo XVIII a alguno de los lienzos dedicados a María. La capilla pasó a denominarse como Capilla de San Saturio cuando se decidió trasladar la imagen titular a otra ubicación. Nuestra Señora de San Millan fue una imagen muy venerada en esta iglesia ya que tres de las siete campanas del campanario están dedicadas a esta Virgen. La talla, que se creía milagrosa, se trajo a esta iglesia desde la desaparecida de San Millán.
Capilla de la Santísima Trinidad

En el muro testero de esta capilla se encuentra el retablo de la Santísima Trinidad asentado sobre un banco de piedra y fronton de madera que imita las labores de un cordobán. Se trata de un retablo barroco de madera dorada conformado por un marco de grandes dimensiones que encuadra una pintura. Se realizó hacia 1743 y en 1790 al enlosar la capilla en la que se encontraba se cambió de lugar, se doró y se le añadieron los costados.

Se compone de un solo cuerpo con columnas adosadas rematadas con estípites. En el centro aparece un gran nicho abocinado que alberga un lienzo que representa en la parte inferior “La predicación de San Pedro” y en la superior la escena de la “Santísima Trinidad”.
Capilla del Santo Entierro

Esta capilla situada a los pies del lado del evangelio junto a la escalera de subida a la torre se denominó en antiguo capilla de San Miguel pero en una de las reformas de la iglesia a mediados del siglo XX en las que se quitó el coro (la sillería se encuentra en la Iglesia de Santa María la Mayor decorada con el escudo de San Pedro) se trasladó el retablo situado en el trascoro a esta capilla pasando a su actual denominación.

Un retablo barroco flanqueado por cuatro columnas salomónicas sirve como marco a un precioso cuadro pintado al óleo en el que se representa la escena del Santo Sepulcro. Presenta el momento en que el cuerpo de Cristo es depositado en el sepulcro por José de Arimatea y Nicodemo en presencia de la Virgen, San Juan y la Magdalena. La pintura, copia de la obra original del célebre Ticiano, porque en él está su firma, es idéntica a otra conservada en la Iglesia de San Juan de Rabanera.

Capilla de Nuestra Señora del Azogue

Capilla y retablo de Nuestra Señora del Azogue.

En el ángulo Sudoeste de la iglesia se prolonga, a manera de colateral, la última hornacina para formar la capilla de Nuestra Señora del Azogue, la cual si bien aumenta la capacidad interior del templo, le hace perder al exterior toda su belleza. Esta capilla se cubre con bóveda de crucería al igual que el resto del templo y en uno de los arcos se puede leer la siguiente inscripción:
“En el año de 1577 se acabó de reedificar esta iglesia en el día de San Pedro de la Cátedra. Habiendo más de ochocientos años que era Iglesia”

La iglesia, hoy desaparecida, de Nuestra Señora del Azogue se localizaba en la parte de atrás de San Pedro. En 1557 fue anexionada a San Pedro y a ella se había unido primero la iglesia de San Millán. El mercado extendido por Castilla y León, donde diariamente se realizan los intercambios o la adquisición de artículos de primera necesidad, es el que en los documentos de denomina açog o açogue, término mudéjar del que se deriva el castellano azogue, cuyo diminutivo es azoguejo que significa plaza.

La capilla se separa del resto del templo por medio de una rejería traída de Aldealafuente a finales del siglo XVIII. Todo el frente está cubierto por un retablo barroco de gran tamaño de madera de pino sin dorar. Consta de tres calles y ático presentando dos puertas de entrada a la sacristía y el camarín puesto que se trata del retablo mayor, atribuido a Domingo Romero, del antiguo Convento de Nuestra Señora de la Merced trasladado en 1810 cuando los mercedarios abandonaron su convento.

En la calle central se ubica un gran nicho que alberga una talla de San Pedro bajo un pequeño y sencillo baldaquino dorado. Esta sería la hornacina en la que estaría situdada la imagen de la Virgen (devuelta a los mercedarios cuando regresaron en 1814 y en paradero desconocido) y a la que se podía acceder a través del camarín. En las calles laterales aparecen las imágenes de Santa Águeda y San Jerónimo y en el ático una imagen de algún santo. Sobre la cornisa se sitúan estatutuas de reducido tamaño de San Blas, Santa Catalina y Santa Lucía. Frente al retablo se encuentra la pila bautismal, por lo que la capilla hace las funciones de baptisterio.
Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe

Esta capilla inicialmente advocada de San Jerónimo fue fundada por los Sotomayor. Se cubre con bóveda estrellada de ocho claves y se finalizó en 1591, año en el que se contrató al maestro Juan del Campo. En ella se puede observar el escudo de su fundador, don Jerónimo de Sotomayor, del linaje de Calatañazor.

En la actualidad su frente se encuentra ocupado por el retablo de Nuestra Señora de Guadalupe realizado en el primer tercio del siglo XVIII. Está conformado por un único cuerpo, predela, cuatro columnas estípites y se remata por un arco de medio punto. Realizado en madera dorada sobre fondo blanco, está profusamente decorado con festones, cabezas de ángeles y motivos florales, enmarcando una pintura de la Virgen de Guadalupe cubierta con manto azul estrellado y aureola. Sobre el sagrario se encuentra el busto relicario de San Saturio. Este retablo pudo pertenecer a alguna de las desaparecidas parroquias de la ciudad o se costeó por algún soriano que emigró a México.

En uno de los laterales de la capilla se puede contemplar aún el antiguo retablo de San Jerónimo, uno de los más antiguos de la concatedral. Este pequeño retablo de estilo romanista, se realizó en el siglo XVI.

Capilla de Santa Catalina

Asimismo, cabe mencionar el retablo barroco, obra de Domingo Romero, dedicado a Santa Catalina que se encuentra en la capilla situada a la izquierda de la entrada sur. En esta capilla se encuentra la imagen del Santo Sepulcro realizado en 1891 en Zaragoza. Es sacado en procesión por la Cofradía del Santo Entierro de Cristo.
Otros retablos y piezas de valor

En la escalinata de acceso al claustro se encuentra un magnífico tríptico flamenco, fechado en 1559, procedente de San Nicolás, y una tabla castellana del s. XVI que representa la Presentación del Niño Jesús. También destaca un Cristo Románico.

En la Concatedral se custodia un Lignum Crucis muy particular por su magnitud y adorno proveniente de la parroquia de la Santa Cruz, agregada a la colegial en el año de 1779, no habiendo noticia alguna de quién lo dio en los papeles de la Iglesia. Se sabe que la reliquia de la Santa Cruz regreso a Soria en 1522, cuando el Papa Adriano VI la requirió para venerarla devolviéndola al año siguiente. Esta es la mención más antigua de esta reliquia. En el año 1968 se realizó un paso para la Semana Santa que porta dicha reliquia y es sacado en procesión el Viernes Santo por la Cofradía del Santo Entierro de Cristo.

El claustro

Claustro de San Pedro. Capitel.

Su construcción se inició por el ala Oeste a mediados del siglo XII, continuándose por los lados Norte y Este. De la fecha de una inscripción funeraria que se encuentra en el muro oriental cabe deducir que el claustro estaba concluido en 1205, es decir, en los primeros años del siglo XIII.

Sobre un podio corrido se asienta una sucesión de basas de garras sobre las que descansan parejas de esbeltos fustes rematados por capiteles dobles que soportan a su vez los arcos de medio punto. Cada ala del claustro está dividida en varios tramos por elementos prismáticos a cuyas caras interior y exterior se adosan columnillas en dos órdenes superpuestos de gran originalidad. Hay una gran variedad de capiteles que ostentan diversos motivos decorativos, desde vegetales, palmetas y roleos, hasta sirenas, grifos, guerreros, además de escenas historiadas.

Crujía Este

Después de la mutilación, han quedado 24 metros de longitud distribuidos en tres tramos: dos de cuatro arcos y otro de cinco. Se separan por medio de pilares de sección rectangular. Los tramos de cuatro arcos, los adyacentes al ala Norte son de la misma tipología que los de ésta y pudieran pertenecer a la misma época y artífice; no obstante, los arcos del tramo mayor, el más próximo a la iglesia, difieren de los demás por disponer de una columnillas encaramadas sobre sus ábacos y que, quebrando las chambranas por su punto de unión, se remontan hasta el alero rematadas por un pequeño capitel que sustituye al correspondiente modillón. La decoración de los capiteles es de palmetas, hojas de acanto, piñas, hojas de laurel, grifos, aves exóticas y dos con figuras humanas. Uno de los capiteles historiados representa al Rey Salomón, tocado con corona real, con un libro abierto que sujeta su mano izquierda y señalándolo con la derecha a la Reina de Saba con corona real. El otro capitel tiene una figura de un monje que recibe las ofrendas de los fieles. La mayor parte de los canecillos son sencillos, aparecen motivos vegetales, rollos dragones, liebres, cabezas humanas y ángeles.

Crujía Norte

Claustro, crujías Norte y Este.

Es la única crujía que se conserva completa. Tiene 30 metros de longitud divididos en tres tramos de cinco arcos cada uno separados por pilastras prismáticas. No son estas iguales, sino que la más occidental de ellas posee adosadas a sus caras exterior e interior un doble orden de columnillas en número de tres en la parte inferior y de cuatro en la superior. En la otra pilastra se reduce este número a dos en el orden inferior, como sudece en los demás lados. Los capiteles ofrecen formas vegetales, leones, centauros, mujeres desnudas, San Pedro y San Pablo, San Jorge, San José, la Anunciación, los Reyes Magos y otros motivos. Hay relieves relativos a la lujuria, la cacería de un ciervo y de la psicostasis (o peso de las almas). En este muro norte se abre la puerta de entrada del antiguo refectorio, con arco de medio punto cobijando arcos germinados con capiteles de diversa decoración y una pequeña hornacina con un arquito de cierre.


Crujía Oeste

Este lado, también cercenado como el Este, se compone hoy de tres tramos: dos de ellos de cinco arcos y el restante de arco y medio. Mide 23 metros aproximadamente y puede ser anterior en algunos años a las otras dos alas que parecen coetáneas entre sí. Los capiteles de las arquerías y de los pilares están decorados con hojas de acanto estriadas, palmetas, roleos y otros motivos vegetales, sirenas, grifos y escenas figuradas como la Anunciación y la Adoración de los Magos. También se pueden apreciar numerosas marcas de cantero.
Restos pictóricos

A lo largo del claustro aparecen ciertos rastros pictóricos. Hacia 1920 Mélida apreciaba “verdaderos retablos” pintados a lo largo de toda la crujía septentrional que representaban un Cristo mayestático, la Anunciación y dos ángeles elevando un alma junto a ciertos escudos heráldicos; en la oriental la existencia de una Adoración de los Magos. Para el autor, las pinturas murales databan del siglo XIV. En la actualidad sólo se conservan ciertos vestigios entre las dos portadas de la galería oriental, con cenefas vegetales, una especie de peltas (escudo ligero usado por los antiguos soldados griegos), simulación de veteados en madera y una deteriorada escena figurada con dos donantes y un santo frente a un ángel y la Virgen con el Niño. Por encima aparecen dos escudos con parejas de llaves, dos con soles radiantes y otro más decorado con las armas de Castilla y León. Su aspecto permite sugerir una datación avanzada dentro ya del siglo XV.

Museo Diocesano-Catedralício

Situado en el antiguo refectorio del monasterio de los agustinos se sitúa el Museo Diocesano de la Concatedral de San Pedro. Se abre hacia su mitad por portada de arco geminado con parteluz central, descargado por arco de medio punto en cuyo tímpano se abre una pequeña hornacina que hasta no hace mucho tiempo cobijaba una talla medieval de la Virgen. Otra puerta más oriental, se abre con arcos de medio punto de sencillas arquivoltas baquetonadas, de las que la intermedia carga sobre columnas y las extremas sobre jambas. Llama la atención y es motivo de curiosidad la ventana triple, anteriormente descrita, que se encuentra situada en el lienzo exterior del refectorio.

En su interior encontramos numerosos y valiosos fondos: tapices, capiteles, cantorales del Burgo de Osma, imágenes flamencas y renacentistas, un tríptico flamenco de la catedral… Se custodian también un Cristo tardorománico en madera policromada del siglo XIII ligeramente ladeado que posee perizonium con nudo central que llega hasta las rodillas y dos gruesos mechones de cabello a ambos lados, y dos Vírgenes góticas sedentes con el Niño de inicios del siglo XIV procedentes de la parroquia del Espino. Desde el exterior del claustro se trasladaron hasta el museo dos pilas bautismales románicas. Una presenta perfil cilíndrico y se decora con dos registros de arquitos de medio punto, el inferior con jambaje avanzado. La otra procede de la desaparecida parroquia de San Prudencio; tiene perfil troncocónico invertido con registro suprior romboidal e inferior de entrecruzados arcos de medio punto. Así mismo destacan unas piezas de alfarje policromadas, del siglo XIII, más conocidas como “Las tablas de Almarail” de la localidad del mismo nombre.

Conserva el archivo de la insigne Concatedral de Soria un manuscrito en el que se copian hasta un total de ochenta y cuatro documentos numerados que abarcan desde 1148 a 1715. Posteriormente se le añadieron otros, que cronológicamente llegan hasta 1832. El grueso del manuscrito, del último tercio del siglo XVIII y de grafía uniforme, carece de firma por que es imposible saber quién fue el encargado de la transcripción paleográfica de los mismos. Los documentos pertenecen a reyes, eclesiásticos, municipios y particulares.

Galeria de Imagenes de Concatedral de San Pedro de Soria en España

Catedral de la Asunción de El Burgo de Osma (España)

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Construcción     1232-1784
Estilo arquitectónico     Barroco, neoclásico, gótico

La catedral de El Burgo de Osma (Soria, España) es un edificio de estilo gótico que sustituyó a otro anterior románico. Comenzada su construcción en 1232, muestra también otros aportes estilísticos, concluyendo con el neoclásico (1784). Como otras muchas catedrales españolas del siglo XIII, fue dedicada a la Asunción de la Virgen. Es el principal monumento de la localidad de El Burgo de Osma.

El Museo de la Catedral, organizado en sus dependencias interiores, guarda numerosos e importantes objetos de arte pertenecientes o ligados a la diócesis de Osma-Soria. Comparte la sede catedralicia con la Concatedral de San Pedro de Soria.

Historia
Orígenes

Restaurada la diócesis oxomense, Pedro de Bourges (San Pedro de Osma) fue nombrado obispo, ocupando la sede entre 1101 y 1109. A él se atribuye la construcción de la primitiva catedral románica, que ocupó parte del solar donde con anterioridad estaba erigido el antiguo monasterio benedictino de San Miguel. Estos restos se encontraban en el burgo establecido en el llano de la otra margen, la izquierda, del río Ucero, por frente de donde paralelamente se desarrollaba la ciudad de Osma.

A partir de este momento, en el pequeño núcleo burgués episcopal se produjo una rápida transformación urbana que fue en detrimento de la Osma realenga; consiguiendo ser una entidad jurídica independiente de ella al constituirse en la villa de El Burgo de Osma por privilegio de Alfonso VIII. Una villa episcopal, cuyo su desarrollo posterior estuvo íntimamente ligado a su catedral y a las influencias, actividades y poder de sus diferentes obispos.

La catedral románica

La construcción de la catedral románica, iniciada por Pedro de Bourges en 1101, fue continuada por sus sucesores: Raimundo (1109–1126) —después, arzobispo de Toledo—, Beltrán (1128–1140), Esteban (1141–1147) y Juan (1148–1174). La catedral debió de estar casi terminada a mediados del siglo XII, gracias a las limosnas que aportaban los numerosos peregrinos que, camino de Santiago de Compostela, acudían a venerar los restos del obispo restaurador de la sede oxomense, San Pedro de Osma.

La primitiva catedral románica, como otras de la época, debió tener tres naves —más alta, larga y ancha, la central—, capillas absidiales y un crucero. Además, contaba con un claustro y diferentes dependencias anejas. De ella, quedan pocos aunque destacables restos en el claustro y la sala capitular.

La catedral gótica

La catedral románica tuvo poca vida, pues el crecimiento y creciente importancia del El Burgo de Osma exigieron espacios mucho más amplios. Imbuido totalmente por las corrientes espirituales de la época, el obispo Juan Díaz de Medina —conocido tradicionalmente como Juan Domínguez— (1231–1240), ordenó la demolición de la catedral románica, para reedificarla inmediatamente (1232) en estilo gótico. Las obras continuaron con su sucesor, Pedro Peñafiel (1240–1246). La obra principal de la catedral de El Burgo de Osma pertenece a esta época.

En 1235 fue celebrada en la catedral la canonización de Santo Domingo de Guzmán, nacido en las cercanías de Osma, y que fue canónigo de esta catedral.

Diversos obispos continuaron realizando obras a lo largo de la Edad Media, atestiguándolas con sus respectivos escudos. Entre ellos, Pedro García de Montoya (1454–1474), Alonso Fonseca (1493–1505) o Pedro González de Mendoza, obispo electo de Osma, en 1482.
Obras de los siglos XVI al XVIII

Torre campanario

La primera piedra de la alta torre que vemos se colocó el 26 de junio de 1739; el día anterior por la tarde el Cabildo ultimaba los preparativos del Ceremonial que consistió en una salida procesional de la iglesia hasta donde se iba a elevar la torre a la que asistieron el Cabildo, las congregaciones, los músicos y el Pueblo. El obispo constructor fue promovido en 1744 al arzobispado de Burgos y pronto las penurias económicas obligaron a detener la edificación de la torre. Los problemas económicos comenzaron a arreglarse con la muerte del Obispo Quadras en 1750, ya que dejó de herencia a la fábrica de la catedral la tercera parte de sus bienes, que ascendió a la cifra de 160.408 reales y 14 maravedis. En noviembre del año 1750 todo estaba dispuesto para reemprender el trabajo de construcción. Con tejado estuvo la torre hasta 1765, cuando se emprendió la obra de la cubierta definitiva según traza de Juan de Sagarvinaga. En la primavera de 1767, la torre a punto estaba de concluirse, según se desprende del acuerdo tomado tras leer un memorial de Pedro Menero, maestro fundador de campanas, en el que se ofrecía para fundir la campana tronera. El último maestro que dirigió la obra de la torre fue de manuel Isasbiribil, maestro de canteria de Aramayana, en Vizcaya. En la construcción de esta torre intervinieron Juan de Sagarvinaga, del señoría de Vizcaya que se formó profesionalmente en el palacio de Aranjuez, su sucesor en la obra martin de Beratúa, que trabajaba en la Catedral de Santo Domingo de la calzada. Beratúa, configurador generañl del llamado estilo riojano de campanario, trabajó en el Burgo de Osma como mero director de obra.

Las Edades del Hombre, 1997

En el año 1997, la catedral acogió la sexta edición de la exposición de arte religioso Las Edades del Hombre, en la que se exhibieron 249 obras procedentes principalmente de las iglesias de Castilla y León. La muestra, titulada La ciudad de seis pisos, se extendió con gran éxito de público desde el 26 de mayo al 8 de diciembre, varias semanas más de lo inicialmente previsto. En total registró 458.757 entradas de visitantes, según la fundación que la organiza

La Catedral de El Burgo de Osma, bajo la advocación de Santa María de la Asunción, es el resultado de una sucesión secular de actuaciones constructivas que van desde los primeros años del siglo XII, cuando se levantó el primitivo templo románico, hasta la segunda mitad del siglo XVIII en que se dio remate a la torre barroca. Aunque conserva escasos elementos de la obra románica y luce añadidos renacentistas, barrocos y neoclásicos, lo que predomina en el conjunto catedralicio son las construcciones góticas llevadas a cabo en diversos periodos.

La Catedral burguense fue declarada Monumento Nacional el 3 de junio de 1931, y «entorno de protección» por Decreto 84/99, de 22 de abril, de la Comunidad de Castilla y León. Comparte la sede episcopal desde 1959 con la concatedral de San Pedro de Soria.

Apunte histórico
Osma es sede episcopal al menos desde 597, fecha en la que está documentado que su obispo, Juan, tomó parte en el Concilio doce de Recaredo. De esta época visigoda no se conserva vestigio arqueológico alguno referido al templo catedralicio que se ubicaría en la antigua Uxama. Tras el lapso de tres siglos de ocupación musulmana (s.VIII al X) y otro más de repoblación y consolidación del dominio cristiano, en 1101 se restauró la diócesis bajo los auspicios de la Sede Metropolitana de Toledo. En esa fecha tomó posesión de la silla episcopal el que fue su primer titular en esta segunda y definitiva era diocesana: Pedro de Bourges (San Pedro de Osma).

Por entonces, no sólo se había abandonado la antigua Úxama, emplazada ahora en el llano con el topónimo de Osma, sino que se estaba desarrollando un burgo o barrio al otro lado del río Ucero en el que existía una iglesia benedictina con culto a San Miguel. Ese fue el lugar elegido para levantar la nueva catedral en el estilo arquitectónico imperante en los albores del siglo XII: el románico. No hay noticia cierta de cuándo se comenzó la construcción de este templo pero es de presumir que fuese durante el episcopado de Pedro de Osma, es decir, entre los años 1101 y 1109. En todo caso, los rasgos estilísticos de lo poco que de él ha quedado no dejan lugar a duda de que proceden de principios de dicho siglo. Los obispos sucesores de Pedro que regirían la diócesis a lo largo de la primera mitad del siglo XII -Raimundo, Beltrán y Esteban- debieron ser los continuadores de la obra y quienes la llevaron a término, pues parece que quedó concluida a mediados de siglo.

Corta vida le esperaba a la flamante catedral. En 1231 accedió a la sede episcopal oxomense Juan Díaz de Medina (a quien se nombra con frecuencia como Juan Domínguez), Canciller de Fernando III el Santo. Este prelado, que provenía de la Colegiata de Santa María la Mayor de Valladolid de la que fue abad en los años anteriores (1219-1230) y que él mismo había reconstruido por entero, debió entender que la prematuramente obsoleta iglesia románica no poseía las dimensiones ni la funcionalidad que los nuevos tiempos demandaban y, experimentado como era en la construcción de grandes templos, decidió en 1232, y así lo puso en práctica, derribar la «vieja» catedral y erigir otra ajustada a los cánones góticos, al modo como se estaba haciendo en Burgos, en Cuenca o en Toledo. No obstante, la piqueta demoledora respetó el claustro y la sala capitular.

Las obras del templo gótico se prolongaron durante más de un siglo, siendo el obispo Bernabé quien a mediados del XIV logró darles fin. El resultado fue una iglesia de planta de cruz latina con tres naves de cinco tramos, transepto de cuatro tramos además del crucero, presbiterio de dos tramos, ábside principal y cuatro capillas absidales, dos a cada lado, sobre el muro oriental del transepto de forma parecida a las del monasterio cisterciense de Santa María de Huerta. El conjunto gótico se completó a principios del siglo XVI con la sustitución del claustro románico por el actual gótico tardío adosado al muro de la nave septentrional. El derribo del primero se llevó a cabo en 1505; de él se salvaron algunos capiteles y la arquería del frente de la sala capitular. Algunos años después, durante el mandato del obispo Pedro Álvarez de Acosta (1550-1554), se realizó el retablo mayor, obra de Juan de Juani y Juan Picardo.

El siglo XVIII fue pródigo en obras y reformas. En 1767 se finalizó la torre en su tercer intento, pues dos anteriores habían fracasado por derrumbe. La cabecera de la iglesia sufrió importantes alteraciones, primero por la construcción de la girola y de la capilla mayor, y luego por la incorporación de la sacristía y la capilla del venerable Palafox. La reforma de la capilla mayor se debió a Juan de Villanueva, lo mismo que la construcción de la sacristía (1770) y el proyecto de la capilla de Palafox (1772), si bien la ejecución de esta última obra le cupo a Sabatinni entre los años 1778 y 1783.

Restos románicos

Como antes se ha dicho, desaparecida la catedral románica en 1232, aunque no su claustro, éste fue derribado en 1505 y sustituído por el actual en estilo gótico florido. En la panda oriental del mismo -la que aparece en la imagen- y sobre su muro exterior subsiste una puerta románica y una parte del frente, también románico, de la sala capitular, y en el interior de ésta cuatro capiteles procedentes del primitivo claustro.
La más importante y valiosa de las reliquias románicas que todavía se conservan es la formada por el conjunto de dos dobles arcos que comunican visualmente la sala capitular con el claustro y proporcionan iluminación a aquélla. El hueco de acceso debió estar en su día entre ambas arcadas, como es habitual en todas las salas capitulares, siendo convertido más tarde en un ventanal que es como lo vio Juan A. Gaya Nuño antes de 1946, fecha en que se editó su obra «El Románico en la provincia de Soria» en la que hace referencia a la existencia en esa posición de «un ventanal abierto al claustro». Por el contrario, las dos dobles vanos estaban entonces cegados por la cara del claustro y sólo eran visibles por el interior del capítulo. En los años 1967-68 se llevaron a cabo obras de reforma en ese ámbito con motivo del traslado a la sala capitular del sepulcro de san Pedro de Osma, consecuencia de las cuales fue la desaparición del ventanal central y la actual disposición de los dos pares de arcos embutidos en el liso muro y protegidos por cristaleras externas que, como contrapartida, dificultan su nítida contemplación por los inevitables reflejos luminosos.
El vano doble de la derecha (visto desde el claustro) está formado por una chambrana de medio punto ajedrezada bajo la que se cobijan dos arcos profusamente decorados que apoyan en el centro sobre columna de cuádruple fuste en torsión, y en los laterales sobre fustes dobles lisos o estriados. Todo ello montado sobre podio de 80 cm. de altura. Por el interior no existe la chambrana envolvente y los arcos son lisos de baquetón y escocia.
La arcada de la izquierda es en todo similar a la anterior, tanto en la disposición de los arcos y columnas, como en la abigarrada ornamentación por la cara del claustro y la molduración lisa por la cara opuesta. La chambrana, a diferencia de la anterior, es lisa en lo que queda.
Capitel derecho primer vano
Monta sobre doble fuste de molduras oblicuas, de estrías verticales, el uno, y zigzagueantes, el otro. Luce ábaco liso y cimacio decorado con tallos y hojas carnosas. En la cara mayor del capitel se representan dos especies de arpías que han mutado el rostro de mujer por otro masculino bigotudo o animalesco. Este segundo parece morder el brazo de un hombre joven que ocupa el vértice del capitel y que pelea a su vez con un monstruo. La cara del capitel que mira a la sala capitular está destrozada e irreconocible. Todo ello recuerda la manera de hacer de los tallistas de Silos.
Capitel central primer vano
Exento, de cuatro caras, descansa sobre columna de cuádruple fuste en torsión. En la cara que da al claustro se escenifica la entrada de Jesús en Jerusalén montado sobre una caballería que amamanta a la vez a su pollino. Le reciben gentes con palmas, curiosos que se encaraman a los árboles para observar su paso y otros que tienden sus capas a los pies del jumento. Sigue la escena por la cara de la derecha en la que se representan las murallas de la ciudad con sus puertas abiertas y personas que asoman por entre las almenas para dar la bienvenida a la comitiva. La cara de la izquierda contiene el pasaje de la última cena en una representación muy parecida a la de un capitel del claustro de Silos. El joven san Juan recostado sobre el regazo de Jesús y Judas, de rodillas fuera de la mesa, recibiendo una vianda de él. A demás de Jesús, Juan y Judas, sólo otros cinco comensales asisten al banquete. Por fin, en la cara opuesta, la que mira al interior de la sala capitular, se pone en escena el pasaje evangélico del lavatorio de los pies.
Capitel izquierdo primer vano
Va sobre columna adosada de doble fuste y presenta tres caras labradas que muestran dos parejas de grifos, una por cada ángulo, yuxtapuestos por sus cuartos traseros, en cuyos cuellos y patas se entrelazan tallos vegetales. La composición y la finura de la minuciosa talla es completamente silense, hasta tanto que puede atribuirse este capitel a los mismos artífices que trabajaron allí.
Capitel derecho segundo vano
Este capitel que se sustenta en una columna de doble fuste de estrías verticales es muy diferente a los demás en el tema decorativo y en la forma de su talla. El centro de su cara mayor lo ocupa una cabeza tocada con bonete de cuya boca salen dos serpientes aladas, a modo de sirenas, que han perdido el rostro y el torso. En el cimacio, extrañas cabezas de cabellos trenzados que se convierten en hojas vegetales.
Capitel central segundo vano
En este capitel tallado por sus cuatro caras y apoyado sobre columna de cuádruple fuste en torsión se pone en escena una serie de pasajes evangélicos relativos al nacimiento de Jesús. En la cara que mira al claustro (la de la imagen adjunta), la Virgen mantiene en su regazo al Niño y recibe las ofrendas de los Reyes Magos, uno de los cuales se muestra arrodillado mientras los otros dos ocupan el ángulo izquierdo y parte de la cara de ese lado. También aparece un ángel que en posición de genuflexión anuncia a María lo que ha de suceder (Anunciación). En la cara derecha puede verse el abrazo entre María y su prima Isabel (Visitación) En la cara de la izquierda, además de dos de los Magos, un ángel anuncia a los pastores la buena nueva. Finalmente, en la cara opuesta, la que mira al interior de la sala capitular, se halla san José pensativo, sumido en las dudas, y Jesús recién nacido bajo las miradas de la mula y el buey.
Todo en este capitel es casi idéntico a la narración que del nacimiento de Jesús se hace en la tercera arquivolta de la portada de Santo Domingo de Soria. Dada la influencia que Silos ejerció tanto sobre Santo Domingo de Soria como sobre la primitiva catedral de El Burgo de Osma, cabe suponer que ambas tomasen por modelo elementos de la desaparecida iglesia románica de Silos, toda vez que en su claustro no se encuentra nada análogo.
Capitel izquierdo segundo vano
Apoya como todos los extremos sobre columna de doble fuste. En él se encuentra todo un muestrario de animales fabulosos: arpías con rostro masculino, cuadrúpedos con cabeza de ave, grifos, … que pueden apreciarse también en la cara mayor. Todo de un manifiesto aire silense.
Las arquivoltas de estos arcos constituyen por medio de cada una de sus dovelas todo un repertorio de las más variadas figuras escultóricas. Se da toda clase de animales fabulosos, aves, centauros, simios, arpías, rostros humanos,… y abundante vegetación en forma de hojas carnosas, piñas y tallos que se enredan por doquier. En la siguiente galería de imágenes se expone una muestra de toda esta talla ornamental que exhala aromas silenses.

Enlaces Importantes

Arte románico en la ribera del Duero – Catedral de El Burgo de Osma

Galeria de Imagenes de la Catedral de la Asuncion de el Burgo de Osma en España


Catedral de Santiago de Bilbao (España)

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Construcción     1397-Siglo XVI/Siglo XIX
Estilo arquitectónico     Gótico, Tardogótico, Neogótico, Renacimiento

La Catedral Basílica de Santiago en Bilbao (Vizcaya, País Vasco, España) es el templo católico que desde 1949 alberga la sede de la Diócesis de Bilbao. Fue construida entre el último cuarto del siglo XIV y principios del XVI en estilo gótico, si bien su fachada y torre son el resultado de una profunda reconstrucción acometida en el siglo XIX en estilo neogótico. La Catedral toma su nombre del patrón de Bilbao, el Apóstol Santiago el Mayor, en relación con el paso por la ciudad de un ramal costero del Camino de Santiago. Se trata de la iglesia gótica más monumental de Vizcaya y cumple asimismo la función de parroquia.

Historia

El edificio actual sucedió a otros dos anteriores en el mismo emplazamiento y con la misma advocación. El primero era anterior a 1300, fecha de la fundación de la villa por D. Diego López V de Haro mediante la Carta Puebla, y disponía de una necrópolis exterior situada en torno al muro de cabecera. El segundo templo fue básicamente una ampliación del anterior, obligada ante el crecimiento demográfico del núcleo urbano. Este segundo templo fue efímero, ya que en 1374 quedó arrasado en un pavoroso incendio, tras lo cual el Papa Gregorio XI dispensó indulgencias a quienes dieran limosnas para la erección del nuevo templo, conforme a un proyecto arquitectónico más ambicioso.

La fábrica levantada tras el siniestro de 1374 es el resultado de un período largo y acumulativo de diferentes elementos: la iglesia, el claustro, el pórtico, la sacristía y la torre-fachada. Comenzadas a finales del siglo XIV, hacia 1397, conforme al estilo gótico clásico entonces imperante, las obras fueron prolongándose lentamente durante un siglo largo. Hacia mediados del siglo XV estaban terminados el triforio y la girola con sus cinco capillas centrales; en la segunda mitad de la centuria se trabajó en las demás capillas de la cabecera y posteriormente, ya en la frontera con el siglo XVI, en las capillas laterales de la nave. En estas mismas fechas se construyó el claustro y la Puerta del Ángel, que le da acceso desde la calle y que incorpora ya elementos del gótico florido.

Placa conmemorativa de la consagración de la Catedral Basílica, el 30 de diciembre de 1955

Se completó así el conjunto gótico que años después, bien entrado el siglo XVI, se enriqueció con la Sacristía, el gran pórtico exterior y el perdido Retablo Mayor, ambos de estilo renacentista. El Retablo Mayor debió ser una gran creación artística del franco-flamenco Guiot de Beaugrant, maestro activo en Bilbao a mediados del siglo XVI, quien lo realizó entre 1533 y 1543; desmontado en 1805, de este retablo se conservan cuatro tallas de los Padres de la iglesia latina, hoy colocadas en la Sacristía, y otros tres bultos hoy sitos en las capillas del Pilar, el Cristo del Amor y Santa Lucía. El 11 de junio de 1819 Roma otorgó a la iglesia el rango de basílica menor, la primera del País Vasco. En la segunda mitad del siglo XIX se llevaron a cabo el repicado de paredes y bóvedas, la reconstrucción de la Sacristía y, en la década de 1880, la gran reforma de toda la fachada, con su torre y su aguja, en un estilo neogótico armonizado con las viejas formas góticas, dando al templo su aspecto actual.

En el primer tercio del siglo XX se restauró el claustro y en los años finales del siglo, con posterioridad a las devastadoras inundaciones de 1983, cuando las aguas del Nervión-Ibaizábal invadieron todo el Casco Viejo bilbaíno y anegaron la Catedral, se actuó en todo el conjunto, reparando y limpiando los interiores y exteriores dañados por la riada. Las actuaciones se prolongaron hasta el año 2000. Como resultado de esta restauración, la Catedral presenta hoy un perfecto estado de conservación.

En 1949 la basílica adquirió la dignidad catedralicia al establecerse la Diócesis de Bilbao como una desmembración de la Diócesis de Vitoria. La nueva diócesis fue instituida por Pío XII mediante la bula de erección Quo Commodius con fecha del 2 de noviembre de 1949. En 1950 tomó posesión de la sede episcipal el primer prelado, Casimiro Morcillo González, quien consagró la Catedral Basílica el 30 de diciembre de 1955.

Es Monumento Histórico-Artístico Nacional desde el 3 de junio de 1931.

Descripción

La Catedral de Bilbao destaca principalmente por su pequeño tamaño (para tratarse de un templo catedralicio, aunque, en realidad, amplio para una iglesia parroquial, tal como fue concebida) y lo compacto de sus rasgos góticos. Las dimensiones son 51,5 m de largo, 22,3 m de ancho, 22,5 de alto en la nave mayor y 1.100 m2 de superficie. El aparejo es muy uniforme, de piedra de sillería arenisca, y ofrece en su interior un bello colorido, tostado o vinoso con vetas.

Rosetón de la fachada.

Fachada y torre

En las décadas de 1880 y 1890 se reedificó por completo toda la fachada, con su portada, su rosetón, su torre y su chapitel, en un estilo neogótico armonizado con las viejas formas góticas. Sustituyó a la vieja fachada barroca del siglo XVII que protegía un gran ventanal gótico. La portada ojival consta de cuatro arquivoltas con discreta decoración vegetal y chambrana trasdosada con remate conopial en cogollo; la flanquean esculturas de San Pedro y San Pablo. En el segundo nivel se sitúan el rosetón, rodeado por vegetales, la venera y la cruz de Santiago.[1]

La torre actual es la cuarta de que se tiene noticia: sus predecesoras fueron una construcción de la que no se conocen detalles y que fue sustituida por una torre barroca en el siglo XVIII, la cual a su vez dejó paso a otra muy maciza que fue derribada a principios del siglo XIX. En 1883 la tercera torre, de tipo neoclásico, fue igualmente derruida para dejar paso a la nueva neogótica, diseñada por el arquitecto Severino de Achúcarro. Fachada y torre quedaron concluidas en 1891. La torre, de 64 metros de altura, se compone de tres cuerpos. El inferior tiene contrafuertes aciculares en las esquinas y contiene dos ventanales con arco apuntado y arquivolta, más el reloj en la parte superior. El cuerpo central, confeccionado, como el anterior, con sillares blancos del monte Oiz, aloja el campanario, con once campanas fundidas en 1890, 1895 y 1916, y dispuestas en tres niveles: cuatro son de repique y siete de volteo,[2] no divisables tras los ventanales apuntados y amainelados. Un chapitel calado corona la torre; este tercer cuerpo está labrado en piedra blanca traída de Angulema, Francia.

Accesos y pórtico

En el lado norte se sitúa la puerta de acceso al claustro, la llamada Puerta del Ángel, que toma su nombre de un retablo dedicado al arcángel San Miguel que había en el claustro. Su hermosa portada gótica florida es de los primeros años del siglo XVI y fue restaurada a finales del siglo XX. Un parteluz separa las dos puertas de entrada cobijadas bajo arcos carpaneles deprimidos, sobre los cuales se extiende un amplio tímpano decorado con relieves flamígeros inspirados en el símbolo vasco del lauburu. Las arquivoltas, que flanquean dos pilares decrecientes, presenta en la parte superior un trasdós conopial, rematado en florón y que enmarca una venera o concha de peregrino, reflejo de la tardía incorporación de esta iglesia a la tradición jacobea. Por este motivo la Puerta del Ángel recibe también el nombre de Puerta de los Peregrinos.

Portada de la fachada neogótica, lado oeste Puerta del Ángel (acceso al claustro), lado norte Portada del Pórtico, lado sur Pórtico, lado sur
Portadas y pórtico

El gran pórtico fue levantado en el lado sur del templo a partir de 1580 en el mismo lugar que ocupaba un antiguo cementerio y no se remató hasta transcurrido un siglo.. Sus grandes dimensiones, creando una planta irregular vagamente triangular, se explican por su función de contrafuerte de toda la nave de la Epístola, que presentaba problemas de cimentación al erigirse el templo sobre un terreno de marisma. Su perímetro lo definen siete pilares de sección prismática irregular que sostienen seis arcos de medio punto. En uno de los pilares, el que da a la calle Tendería, aparecen labradas las armas de la villa como símbolo de posesión y patronato. Su actual cubierta abovedada se remonta a 1686.

En este espacio cubierto destaca la portada meridional de acceso al templo. Es un vano gótico carente de tímpano y con arquivoltas apuntadas abocinadas, con decoración angrelada en sus dos arcos inferiores y decoración iconográfica en el arco exterior, que muestra las figuras de profetas sedentes bajo doseletes; la clave lleva los bustos de un obispo y un rey, que serían acaso los dignatarios que ocupaban esos puestos en el momento de la erección del templo, D. Gonzalo, obispo de Calahorra, y el monarca Juan I de Castilla. El trasdós es guarnecido con una chambrana decorada con vides y que parte de unas ménsulas con las figuras de una mujer y un clérigo. En la cúspide puede verse un escudo policromado de Bilbao realizado en el siglo XVIII, motivo heráldico que repite lo visto en el pilar del pórtico arriba comentado. En el interior de la Catedral, el tímpano de la portada está ocupado por una bella talla de la Inmaculada, obra de Francisco de Arizmendi realizada en torno a 1783.
Interior de la iglesia

Presenta planta basilical dividida en tres naves longitudinales, de las cuales la central es de mayor altura, separadas a su vez en cuatro tramos por una serie de pilares circulares con columnillas adosadas y rematadas con fajas-capitel lisas. Las naves laterales contienen capillas entre sus contrafuertes. Los pilares exentos y los semipilares adosados a los muros soportan las cubiertas, consistentes en bóvedas de crucería. Éstas son simples en todos los tramos de las naves salvo en el tercero de la nave central, que es más ancho, en tanto que crucero alineado, donde la crucería se complica con terceletes rectos, y en la Capilla Mayor, que es de tipo estrellado. Las intersecciones de los nervios están decoradas con claves. Hay que señalar que entre el mobiliario del templo, conformado por retablos y piezas escultóricas, no figuran ni el rico ajuar litúrgico ni la orfebrería: una selección de las mejores piezas del mismo se exponen en el Museo Diocesano de Arte Sacro, instalado en el antiguo Convento de la Encarnación de Achuri.
Triforio y vitrales

El alzado se distribuye en tres registros compuestos por los arcos formeros, el triforio ornamental, elemento que embellece el edificio y lo rodea en todos sus lados salvo el muro de cierre de los pies, y los vitrales, realizados en dos momentos distintos en la segunda mitad del siglo XIX en estilo neogótico y que se dividen en 17 ventanales y tres rosetones. Sólo las vidrieras de la cabecera llevan representación figurativa: la Trinidad en el centro y a sus lados dos parejas de apóstoles. Las ventanas que daban luz a las naves bajas antes de hacerse las capillas, que disponen de vanos de iluminación particulares, están actualmente cegadas con apliques de alabastro.

Crucero, nave de la Epístola, triforio y vitrales Nave central y cabecera Cabecera y Capilla Mayor Cabecera y Capilla Mayor Nave central y coro
Interior de la Catedral

Girola y Capilla Mayor

La cabecera presenta una amplia girola o deambulatorio. El abovedado de la girola se articula en siete tramos triangulares y cuadrados alternos, posiblemente por influencia de algunas construcciones del gótico francés, los cuales alojan otras tantas capillas radiales, formando semicírculo. La Capilla Mayor tiene planta trapezoidal de seis lados, de los cuales, los tres posteriores se abren a la girola con otros tantos arcos apuntados, que conectan en una serie ininterrumpida las dos hileras de arcos formeros. En el presbiterio, espacio que fue remodelado en el año 2000, se dispone la sillería para los canónigos, que enmarca la cátedra o sede episcopal. En el centro la mesa del altar, de original diseño circular y apoyada sobre 12 columnas que simbolizan a los Apóstoles.
Coro

Al tratarse el templo en origen de una mera iglesia parroquial, el coro no se sitúa en un espacio central de la nave a nivel del suelo, como es habitual en las catedrales, sinoo que aparece alzado en el primer tramo de la nave, en su parte anterior. Acoge un órgano clásico de la casa Pellerín & Uys de Dax (Francia), bautizado con el nombre del compositor alavés Jesús Guridi, que fuera organista de la catedral entre 1918 y 1939. Fue construido en 2001 y colocado en 2002, sustituyendo a otro fabricado por la firma alemana Ibach que donó la benefactora local Dña. Casilda Iturriza en 1890.

Bóvedas de la Sacristía.

Sacristía

Construida en estilo gótico-renacentista en el siglo XVI y ampliamente remodelada a finales del siglo XIX, es un espacio rectangular, con eje perpendicular al del templo, adosado a la torre por el lado norte y también a la crujía occidental del claustro, con el que comparte la mitad del muro y con el que está comunicado. Se compone de tres tramos con cubierta abovedada de crucería; sus claves están decoradas, los nervios apean en grandes ménsulas figurativas y la plementería se ofrece hoy pintada de un llamativo azul celeste. Bajo las ménsulas se sitúan, suspendidas de la pared y apoyadas en peanas, tallas de los cuatro Santos Padres de la iglesia latina: San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio y San Gregorio Magno, que pertenecieron al Retablo Mayor de la iglesia realizado por Guiot de Beaugrant entre 1533 y 1543. En el testero norte se puede observar un lienzo al óleo de la Inmaculada Concepción de la primera mitad del siglo XVIII y que es copia del de Nuestra Señora de la Portería, en Ávila. Un Crucificado del siglo XVI completa el mobiliario de la Sacristía.

Cripta-Oratorio

Se sitúa debajo del altar mayor y frente a la Capilla del Sagrario, bajándose a la misma por unas escaleras desde la girola. En esta cripta se ha preservado como testimonio arqueólogico parte del muro de cabecera del primer templo de Santiago, que ya existía antes de la fundación de la villa de Bilbao en 1300. También puede contemplarse un arca que contiene las reliquias de San Fructuoso, San Bonifacio y otros mártires, que junto con los nombres de los santos y beatos vinculados a la Diócesis dispuestos en los muros, pretenden ofrecer al visitante un testimonio de la tradición cristiana local en este particular espacio de oración.

Capillas

Las quince capillas, alojadas entre los contrafuertes, alcanzan menos altura que las naves bajas, excepto las cinco del centro de la girola, planificadas desde el principio y construidas a la vez que la cabecera, ya que fueron financiadas por feligreses adinerados para colocar allí sus sepulturas. El recorrido por las capillas comienza por la de la Virgen del Pilar, en la nave del Evangelio (orientada al norte, a la izquierda de la puerta principal), para ir girando luego por toda la iglesia, siguiendo la dirección de las agujas del reloj.
Capilla de la Virgen del Pilar

Abierta en el segundo tramo de la nave del Evangelio, hasta 1725 estaba dedicada a San Julián y las Ánimas; aquel año, la creación de una cofradía dedicada a la Virgen del Pilar propició el cambio de advocación mariana. El espacio rectangular se cubre con crucería de cuatro nervios y tiene una ventana que da a la crujía sur del claustro. Posee retablo barroco, de hacia 1760. Éste contiene, en un arcosolio, una imagen de la Virgen del siglo XVI, fina talla atribuida al taller franco-flamenco de los Beaugrant y que era conocida como la Virgen de los Prodigios cuando formaba parte del desaparecido Retablo Mayor de la iglesia. Al dedicarse la Capilla a la Virgen del Pilar en el siglo XVIII, se montó la imagen sobre un pilar plateado. A sus pies, aparece una talla orante de Santiago Peregrino, obra fechable en la segunda mitad del siglo XVIII.

Ya fuera de la Capilla, en su prolongación, correspondiente al brazo septentrional del crucero, se halla un Santiago Peregrino tallado en madera por el escultor Pérez Comendador en 1955 con motivo de la consagración de la Catedral.

Capilla de San Antón

En el cuarto tramo de la nave del Evangelio. Su acceso es apuntado y dispone de boveda de crucería simple. Acoge sepulcro tardgótico, en arcosolio con intradós angrelado, de la familia Arbieto, de principios del siglo XVI, con inscripción en bella letra gótica; los difuntos, Juan Fernández de Arbieto y María Sánchez de Vitoria, aparecen yacentes esculpidos en un bloque de pizarra con sendos perros a sus pies, símbolo de fidelidad. Hay también una talla policromada de San Antón (San Antonio Abad), hispanoflamenca de finales del XV.

Capilla de San Antón. Sepulcro de los Arbieto.

Capilla de Nuestra Señora de Begoña

En el quinto y último tramo de la nave del Evangelio, está consagrada a la patrona de Vizcaya. Es una de las capillas mñas grandes, con acceso apuntado, vano de medio punto y bóveda de crucería simple. Contiene el sepulcro gótico del matrimonio Arana-Basurto, mercaderes bilbaínos de finales de la Edad Media, con inscripción y decoración heráldica. Posee retablo barroco de hacia 1700, que posee una talla tardogótica de la Magdalena de principios del siglo XVI en el ático y una Virgen de Begoña del siglo XX en el nicho central. El mobiliario se completa con un lienzo de pared con el retrato de la titular, obra barroca del siglo XVIII.

Capilla de Santa Lucía

Primera de la girola por su lado norte, su acceso es levemente apuntado y su bóveda de crucería, sencilla. Posee una ventana rectangular hacia la calle. En el espacio pueden contemplarse un sepulcro gótico con personaje yacente de identidad desconocida e indumentaria militar, y un retablo neoclásico que enmarca la talla de Santa Lucía, obra renacentista atribuida al círculo de Juan de Beaugrant, de hacia 1545, y que formó parte del desaparecido Retablo Mayor de la iglesia, más dos tablas barrocas del siglo XVII, en el banco, correspondientes a San José y San Juan Bautista.

Capilla de San Diego de Alcalá

Segunda de la girola, es de planta trapezoidal, con una forzada crucería radial de cinco nervios, que confluyen en una clave decorada con un relieve del apóstol San Pedro. El retablo, profusamente decorado con follaje y policromado, la talla de San Diego de Alcalá, en el nicho central, y el lienzo de la Transverberación de Santa Teresa, en el ático, son barrocos y corresponden a distintos momentos de la primera mitad del siglo XVIII.

Capilla de Nuestra Señora de la Piedad

Tercera de la girola, es pentagonal y está cubierta con crucería de cinco nervios, con la clave central decorada con una figura sedente de El Salvador. Tiene ventanita apuntada. Preside la capilla una hermosa talla de la Piedad, pieza del barroco castellano de hacia 1642, si bien la policromía es muy posterior. Los muros van decorados con elementos funerarios pétreos, que estuvieron empotrados en el zócalo del presbiterio; fueron realizados a mediados del siglo XVI, quizá por el círculo de Juan de Beaugrant. De las tres laudas sepulcrales, dos presentan bultos yacentes labrados al detalle y la tercera muestra la representación de las tres virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, enmarcadasen sendos medallones.

Capilla del Sagrario

Cuarta de la girola, sobre el eje longitudinal del templo. De esta capilla central se han recuperado, en lo posible, su aspecto y forma originales. En 2000 se colocaron un cubrimiento de cristal y un sagrario gótico en forma de torre eucarística hecho en piedra arenisca en el siglo XV, siguiendo un modelo típico de Flandes y el norte de Europa, que procede de la iglesia de San Pedro de Mendexa. Se trata de una obra en depósito perteneciente al Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico Vasco de Bilbao y su. uso catedralicio es como reserva eucarística del Jueves Santo.

Capilla de Nuestra Señora del Rosario

Quinta de la girola, ya en su lado sur. Simétrica y similar en sus formas a la Capilla de la Piedad, la clave de su crucería de cinco nervios representa al Ángel de la Anunciación y tiene una ventana ojival con vidriera que muestra la letra G, de Gortázar, su último patrón, a quien pertenece el lucillo sepulcral barroco que conserva. Su retablo es barroco, de hacia 1700, con una Virgen del Rosario de hacia 1750 y, en el ático, un lienzo de Santo Domingo de Guzmán de la época de la mazonería.

Capilla de Nuestra Señora de los Remedios

Sexta de la girola, tiene planta pentagonal y bóveda de crucería radial, en cuya clave se representa una Virgen sedente. Una ventanita ojival ilumina el espacio. Su pintoresco retablo-relicario, reconstruido en el siglo XVIII aprovechando elementos de los dos siglos precedentes, acoge imágenes de la Virgen de los Remedios con el Niño de hacia 1660, de San Ramón Nonato de mediados del XVIII, y, en el ático, de la Virgen de la Merced de hacia 1700. La mazoneria guarda un total de 120 reliquias traídas de Roma por el Deán de la Catedral de Badajoz, el bilbaíno D. Martín de Olloqui, en 1583.

Capilla de Nuestra Señora de Begoña Capilla de San Diego de Alcalá Capilla de Nuestra Señora del Rosario Capilla de Nuestra Señora de los Remedios
Galería de retablos barrocos de las capillas perimetrales

Capilla de Santa Marina

Séptima y última de la girola y de planta rectangular irregular, presenta en la clave del arco de acceso un escudente con oso rampante a un árbol y conserva en su interior un lucillo sepulcral y una bella talla de San José con el Niño, obra moderna salida del taller escultórico bilbaíno Basterra-Larrea. Definen el suelo cubiertas de sepulturas recuperadas de la nave central, que recuerdan la función funeraria de esta capilla, destinada a acoger los restos de los obispos difuntos.

Capilla de la Virgen del Carmen

En el quinto y último tramo de la nave de la Epístola, se accede a ella bajo arco apuntado y se cubre con crucería simple. Tiene un sepulcro gótico, que repite el diseño arquitectónico del de la Capilla de Santa Lucía, con una Virgen pétrea sin advocación específica sobre peana y de estilo tardogótico, de comienzos del siglo XVI.

Capilla del Bautismo

En el cuarto tramo de la nave de la Epístola. Es de las más amplias y regulares, de planta rectangular, y se cubre con dos arcos cruzados. Tiene sepulcro gótico similar al de la Capilla del Carmen. Se ubica aquí la pila bautismal, robusta pieza de mármol rojo las canteras de Ereño realizada a mediados del siglo XVIII, así como una escultura gótica pétrea de San Juan Bautista de hacia 1300; se trata de la pieza más antigua de la Catedral, tanto del mobiliario como de la arquitectura.

Capilla de San Serafín

En el segundo tramo de la nave de la Epístola, presenta planta rectangular y es la más pequeña de todas las capillas de la Catedral. Se cubre con bóveda de crucería simple. A un lado del sepulcro tardogótico, similar a los anteriores y descubierto en lá última restauración, se sitúa la imagen de San Serafín, talla neoclásica de hacia 1840.

Capilla Penitencial

En el primer tramo de la nave de la Epístola. Es rectangular, su acceso es de arco carpanel y se cubre con crucería estrellada que arranca de ménsulas con los signos de los Evangelistas, el Tetramorfos; su ventana es adintelada. Conoció una considerable reforma en 1867.

Capilla del Cristo del Amor

Situada a los pies del templo, en el arranque de la nave de la Epístola. Tiene un retablo neogótico del siglo XX con relieves de los cuatro Evangelistas y de las catorce estaciones del Vía Crucis, que acoge la imagen del Cristo del Amor, de gran devoción en Bilbao. Es una hermosa talla atribuida al imaginero franco-flamenco Guiot de Beaugrant, de hacia 1543, y, probablemente, un elemento perteneciente al desaparecido Retablo Mayor de la iglesia. Cierra la capilla una rica verja neogótica.

Claustro

Es el único claustro gótico que se conserva en Vizcaya junto con el del Convento de San Francisco de Bermeo y puede decirse que es excepcional, ya que muy pocas veces se dotaba a meras iglesias parroquiales de claustros procesionales, máxime en este caso, al tratarse de una construcción de notable elegancia y equilibrio. El espacio cuadrado, de 24 x 24 metros, fue construido en la primera década del siglo XVI adosado al flanco septentrional del edificio, esto es, a la nave del Evangelio. Para ello, se invadió el espacio del antiguo cementerio norte del templo. En el siglo XX, entre 1924 y 1931, se enriqueció su traza con importantes adiciones escultóricas. A entonces corresponden la crestería, los pináculos, las gárgolas y la tracería de los intradoses de los arcos. El jardín central está encajonado por cuatro crujías abovedadas con crucería clásica y asomadas al patio a través de grandes ventanales ornados con la mencionada tracería flamígera neogótica, que descansa en tres maineles moldurados.

Aspecto del claustro.

A lo largo del claustro se hallan distribuidas varias piezas de tipo funerario, pertenecientes a distintas épocas. Iniciando el recorrido por la izquierda, según se accede al claustro, se encuentra la lápida que perteneció a la familia Olloqui, de finales del siglo XVI, que lleva en relieve el escudo con las armas de su apellido. Seguidamente aparece la sepultura de Ortuño de Ugarte, de mediados del XVII. Muestra escudo heráldico e inscripción informativa de los cargos que desempeñó este caballero, fallecido en 1634. Pero el enterramiento más destacado es que está a continuación, realizado en torno a 1540. Se trata de un sepulcro renacentista en arcosolio reaprovechado posteriormente en el siglo XVIII para enterrar parte de los restos del obispo D. Andrés de Porras, prelado de la Diócesis de Calahorra, a la que entonces pertenecía Bilbao. La última y más reciente pieza funeraria es la de D. Francisco Iturribarría, a quien se dedicó el relieve sito en el pórtico sur. Falleció en 1916, aunque no fue hasta 1957 cuando se trasladaron sus restos a este sepulcro, tallado por el escultor Quintín de la Torre. Asimismo, se exponen tres losas pertenecientes a las necrópolis primitivas del templo.

Al claustro se accede desde el interior de la iglesia y también desde la calle Correo por la Puerta del Ángel, de la que se habló arriba. Los accesos desde el interior de la iglesia son dos: desde el tramo norte del crucero, pasaje que se recuperó en las últimas intervenciones restauradoras, y desde el primer tramo de la nave del Evangelio, por donde se ingresa también en la Sacristía.

Plano de la Catedral.

I: Iglesia – C: Claustro – P: Pórtico – S: Sacristía
1: Capilla de la Virgen del Pilar
2: Capilla de San Antón
3: Capilla de Nuestra Señora de Begoña
4: Capilla de Santa Lucía
5: Capilla de San Diego de Alcalá
6: Capilla de Nuestra Señora de la Piedad
7: Capilla del Sagrario
8: Capilla de Nuestra Señora del Rosario
9: Capilla de Nuestra Señora de los Remedios
10: Capilla de Santa Marina
11: Capilla de la Virgen del Carmen
12: Capilla del Bautismo
13: Capilla de San Serafín
14: Capilla Penitencial
15: Capilla del Cristo del Amor
16: Cripta-oratorio

mas informacion
http://www.catedraldebilbao.blogspot.com/

Galeria de Imagenes de la Catedral de Santiago de Bilbao en España

Catedral de Burgos (España)

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Construcción     1221-1260
Fundador     Fernando III el Santo y Obispo Mauricio
Estilo arquitectónico     Gótico

La Catedral de Santa María de Burgos (Castilla y León, España) es un templo católico dedicado a la Virgen María. Su construcción comenzó en 1221, siguiendo patrones góticos franceses. Tuvo importantísimas modificaciones en los siglos XV y XVI: las agujas de la fachada principal, la Capilla del Condestable y el cimborrio del crucero, elementos del gótico avanzado que dotan al templo de su perfil inconfundible. Las últimas obras de importancia (la Sacristía o la Capilla de Santa Tecla) pertenecen ya al siglo XVIII, siglo en el que también se retiraron las portadas góticas de la fachada principal. El estilo de la catedral es el gótico, aunque posee, en su interior, varios elementos renacentistas y barrocos. La construcción y las remodelaciones se realizaron con piedra caliza extraída de las canteras del cercano pueblo burgalés Hontoria de la Cantera.

En la catedral se conservan obras de artistas extraordinarios, como los arquitectos y escultores de la familia Colonia (Juan, Simón y Francisco), el arquitecto Juan de Vallejo, los escultores Gil de Siloé, Felipe Bigarny, Rodrigo de la Haya, Martín de la Haya, Juan de Ancheta y Juan Pascual de Mena, el escultor y arquitecto Diego de Siloé, el rejero Cristóbal de Andino, el vidriero Arnao de Flandes o los pintores Alonso de Sedano, Mateo Cerezo, Sebastiano del Piombo o Juan Ricci, entre otros muchos.

El diseño de la fachada principal está relacionada con el más puro estilo gótico francés de las grandes catedrales de París y Reims, mientras que el alzado interior toma como referencia a la Catedral de Bourges. Consta de tres cuerpos rematados por dos torres laterales de planta cuadrada. Las agujas caladas de influencia germánica se añadieron en el siglo XV y son obra de Juan de Colonia. En el exterior son sobresalientes también las portadas del Sarmental y la Coronería, góticas del siglo XIII, y la portada de la Pellejería, con influencias renacentistas-platerescas del siglo XVI.

Numerosos son los tesoros arquitectónicos, escultóricos y pictóricos de su interior. Destacan:

* El grandioso cimborrio gótico-plateresco, alzado primero por Juan de Colonia en el siglo XV y reconstruido por Juan de Vallejo en el XVI.
* La Capilla del Condestable, maravilla del gótico isabelino, en la que trabajaron la familia Colonia, Diego de Siloé y Felipe Bigarny.
* El minucioso retablo gótico hispano-flamenco de Gil de Siloé para la Capilla de Santa Ana.
* La sillería del coro, obra renacentista plateresca de Bigarny.
* Los relieves tardogóticos de la girola, de Bigarny.
* Los numerosos sepulcros góticos y renacentistas.
* La renacentista Escalera Dorada, de Diego de Siloé.
* El Santísimo Cristo de Burgos, imagen de gran tradición devocional.
* La significación histórica envuelve la tumba del Cid y su esposa Doña Jimena, su carta de arras y su cofre.
* El popular Papamoscas, estatua articulada que abre la boca al dar las campanadas de las horas, reclamo habitual de los visitantes.

La catedral burgalesa fue declarada Monumento Nacional el 8 de abril de 1885 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 31 de octubre de 1984. Es la única catedral española que tiene esta distinción de la Unesco de forma independiente, sin estar unida al centro histórico de una ciudad (como en Salamanca, Santiago de Compostela, Ávila, Córdoba, Toledo o Cuenca) o en compañía de otros edificios, como en Sevilla.

Historia del templo
Edificación románica del siglo XI

Burgos fue convertida en sede episcopal en 1075 por el rey Alfonso VI, quien dio así una continuidad canónica a la tradición episcopal de la vieja diócesis de la Oca, cuyo prelado figura ya en 589 como signatario del III Concilio de Toledo, en época visigótica.

El monarca promovió la construcción de una catedral dedicada a la Virgen María de la que no se conocen sus trazas, pero que se supone románica y del tipo de las obras coetáneas (la desaparecida iglesia de Silos, la del Monasterio de San Pedro de Arlanza, la de San Martín de Frómista o la catedral de Jaca). Existe constancia documental de que el monarca donó para la magna obra el recinto que ocupaban un palacio real que había pertenecido a su padre Fernando I y una pequeña iglesia dedicada a Santa María y que se hallaba en construcción.

En 1096 las obras de este templo ya estaban terminadas, pero pronto resultó pequeño para las necesidades de una ciudad que era la capital simbólica del reino, una potente sede episcopal (el cabildo catedralicio tenía más de treinta miembros ya antes de 1200) y un centro comercial cada vez más dinámico. La decisión de levantar una nueva catedral se tomó por fin ya iniciado el siglo XIII. Como era común en la época, se destruyó el edificio románico (del que sólo queda algún resto escultórico) y sobre su solar, ampliado con la demolición de unas viviendas contiguas donadas por el obispo Marino, se levantó la nueva catedral gótica.

Planta

1. Pórtico del Sarmental.
2. Transepto, brazo Sur.
3. Puerta del claustro alto.
4. Capilla de la Visitación.
5. Capilla de San Enrique.
6. Capilla de San Juan de Sahagún.
7. Capilla de las Reliquias.
8. Capilla de la Presentación.
9. Capilla del Santísimo Cristo de Burgos.
10. Nave Central y Papamoscas.
11. Capilla de Santa Tecla.
12. Capilla de Santa Ana o de la Concepción.
13. Transepto, brazo Norte y Escalera Dorada.
14. Capilla de San Nicolás.
15. Crucero, Cimborrio, Tumba del Cid y Dña. Jimena.
16. Capilla y Retablo Mayor.
17. Nave Central, Coro.
18. Capilla de la Natividad.
19. Capilla de la Anunciación.
20. Capilla de San Gregorio.
21. Naves laterales, Deambulatorio y Girola.
22. Capilla del Condestable.
23. Sacristía.
24. Claustro alto.
25. Capilla claustral de San Jerónimo.
26. Capilla del Corpus Christi.
27. Sala Capitular.
28. Capilla de Santa Catalina.
29. Capilla de San Juan Bautista y Santiago.
30. Nartex, Puerta de Santa María.
31. Puerta de la Coronería.
32. Puerta de la Pellejería.
33. Claustro bajo.

Lado meridional, desde la Plaza de San Fernando.

Planta actual, año 2008, de la catedral de Burgos iniciada en el año 1221.

Fundación gótica y obras en los siglos XIII y XIV

La primera piedra de la nueva catedral se colocó el 20 de julio de 1221 en presencia de los promotores del templo: el rey Fernando III de Castilla y el obispo Mauricio, prelado de la diócesis burgalesa desde 1213. Cabe suponer que el primer maestro de obras fue un anónimo arquitecto francés -si bien algunos investigadores dan el nombre del canónigo Johan de Champagne, citado documentalmente en 1227-, muy probablemente traído a Burgos por el propio obispo Mauricio, tras el viaje que había realizado por Francia y Alemania para concertar el matrimonio del monarca con Beatriz de Suabia, ceremonia nupcial que se realizó precisamente en la vieja catedral románica.

Lado meridional, desde la Plaza de San Fernando.

La construcción de la catedral, emplazada justo en el punto donde comienza a empinarse la ladera del cerro presidido por el Castillo, se inició por la cabecera y el presbiterio, lugar éste donde se sepultó al obispo fundador, cuyos restos fueron posteriormente trasladados al centro del coro capitular. Hacia 1240 asumió la dirección de las obras el llamado Maestro Enrique, también de origen galo, que después se haría cargo de la erección de la Catedral de León y que sin duda se inspiró en la Catedral de Reims, con cuya fachada el hastial de la seo burgalesa guarda grandes semejanzas. Las obras avanzaron con gran rapidez y para 1238, año de la muerte del prelado fundador, sepultado en el presbiterio, ya estaban casi terminadas la cabecera y buena parte del crucero y las naves. La consagración del templo tuvo lugar en 1260, aunque consta la celebración de oficio divino en él desde 1230.

Entre la segunda mitad del siglo XIII y principios del XIV se completaron las capillas de las naves laterales y se construyó un nuevo claustro. Al maestro Enrique, fallecido en 1277, le tomó el relevo el maestro Johan Pérez, éste ya hispano. Otros canteros posteriores fueron Aparicio Pérez, activo en 1327, Pedro Sánchez de Molina y Martín Fernández, fallecidos respectivamente en 1396 y 1418.
Ampliaciones y reformas en los siglos XV a XVIII

En el siglo XV la familia de los Colonia incorporó las agujas de las torres, el cimborrio sobre el crucero y la Capilla de los Condestables, grandes estructuras que transforman y magnifican la fábrica catedralicia. En el siglo XVI, además de la modificaciones realizadas en varias capillas, destaca la intervención de Juan de Vallejo, que reconstruyó el desplomado cimborrio, este ya se había caído otra vez anteriormente. En el siglo XVIII se realizaron la Capilla de Santa Tecla, la Capilla de las Reliquias y la Sacristía.La de los condestables también fue agrandada.
Restauraciones de los siglos XIX y XX

La catedral de Burgos debe su gran cantidad de obras de arte de los siglos XIII al XVIII, sobre todo, al hecho de que durante los siglos XIX y XX no se emprendiese ninguna restauración decisiva.

Fuera del ámbito del claustro nuevo sólo se reformó de modo esencial, después de 1800, la capilla del Santo Cristo o de Nuestra Señora de los Remedios, situada en la zona oeste del claustro viejo. La renovación comenzó con el traslado del altamente venerado crucifijo del Santo Cristo desde el convento de San Agustín a la capilla que, a partir de entonces, se llamó capilla del Santo Cristo de Burgos. En la década de 1890 Vicente Lampérez y Romea, maestro arquitecto de la catedral desde 1887, emprendió una restauración profunda de esta capilla, quitando el enlucido adicionado de los muros y bóvedas y se renovó por completo la portada que da a la nave. También se remontan a esta restauración las ventanas de tracería neogótica, las arcadas ciegas de los muros y la mayor parte de los restantes elementos arquitectónicos.

Entre 1899 y 1911 Lampérez restauró, asimismo, el llamado claustro nuevo, consiguiendo recuperar en lo esencial su forma original. En el claustro se había sobreedificado un tercer nivel con pequeñas ventanas barrocas que este arquitecto hizo eliminar y, de paso, abrió las ventanas originales del claustro que habían quedado casi cerradas. La instalación de vidrieras ornamentales siguiendo modelos y técnicas antiguas, representó el final de la restauración. Mientras que el cuerpo superior del claustro casi no experimentó ningún cambio, el claustro inferior se vio notablemente restaurado. Las formas de su nervadura, aparentemente del gótico tardío, se deben a Lampérez. Antes de la restauración, el claustro inferior se encontraba dividido en varios compartimentos y, en general, en estado de mala conservación. Es probable que durante la restauración del claustro se eliminara la caja de escalera que se había adicionado posteriormente, situada en la esquina suroeste interior del mismo claustro. Con posterioridad, la conexión entre ambos niveles del claustro sólo se establece a través de una escalera de madera situada bajo la capilla de San Jerónimo.

La restauración más reciente de la catedral, de mano del arquitecto Marcos Rico Santamaría, ha reemplazado la techumbre mediante un entramado de acero ligero. En relación con la estrella de nervadura libremente suspendida en la torre centro del transepto, se ha tendido una superficie de vidrio que logra la iluminación completa del entramado de la nervadura. Prescindiendo de estas últimas medidas, pocos han sido los recientes intentos de modificar la sustancia arquitectónica y escultural de la catedral. El 12 de agosto de 1994, una estatua de San Lorenzo se desprendió del tramo final de la torre norte de la fachada principal, lo que hizo pública la inmediata necesidad de reanudar la medidas de protección y conservación de todas y cada unas de las partes de este monumento de valor inestimable.

Por último, son reseñables otras intervenciones coetáneas que, sin pretender alguna modificación del monumento, han contribuido notablemente al realce de la catedral, como ha sido la eliminación a principios del s. XX de algunas construcciones que habían sido adosadas al templo, como el Palacio Arzobispal.

Arquitectura exterior

Fachada de Santa María.

Al descender por las escaleras que bajan a la plaza de Santa María se puede contemplar la fachada occidental del templo, inspirada en las de las catedrales de París y Reims.

En el cuerpo inferior se abre la Portada de Santa María, formada por tres arcos apuntados y abocinados que cobijan la Puerta Real, o del Perdón, el central, y las de la Asunción y la Inmaculada, los laterales. Esta portada era obra del siglo XIII y, con su iconografía dedicada a la Virgen, estaba considerada como la más importante manifestación escultórica de estilo gótico en Castilla, pero su grave deterioro obligó a reconstruir austeramente las puertas laterales, en 1663 por Juan de Pobes, y la central, en estilo neoclásico, con vano adintelado y frontón triangular, en 1790; en los tímpanos de las laterales se colocaron los relieves de la Concepción y la Coronación, salidos de la mano de Juan de Pobes, y en las enjutas, dos arquillos laterales dobles que cobijan sendas estatuillas.

El segundo cuerpo de la calle central de la fachada es obra del siglo XIII y en el se abre un rosetón de aire cisterciense, con tracería de estrella de seis puntas, o de sello de Salomón. En el tercer cuerpo de la misma calle se abre una elegante galería, jalonada por sendas agujas y varios pináculos, y formada por dos grandes ventanales con maineles y tracería de tres óculos cuadrilobulados; bajo los ocho arquillos que forman los maineles de ambos arcos están colocadas las estatuas de los ocho primeros reyes de Castilla, de Fernando I a Fernando III. Corona la calle una fina barandilla-crestería de arquillos ojivales sobre la que se alza una estatua de la Virgen con el Niño, acompañada de la leyenda, alusiva a la Madre de Cristo, Pulchra es et decora. Este remate fue realizado a mediados del siglo XV por Juan de Colonia

Sobre las puertas laterales del primer cuerpo se alzan dos torres casi gemelas del siglo XIII y de tres cuerpos, con pilastras decoradas con pináculos y estatuas en sus ángulos, y con decorados vanos ojivales en cada cara de cada cuerpo: uno abocinado con mainel y tracería de óculo, tapado con vidrieras, en el primero; dos geminados sin mainel y sin tracería, en el segundo; y otros dos geminados con mainel y tracería, en el tercero.
Fachada de Santa María, rosetón y galería.

Sobre estas torres, a mediados del siglo XV, Juan de Colonia elevó sendas agujas o chapiteles piramidales de base octogonal y de finos calados que configuraron definitivamente la silueta de la seo burgalesa. Su progenie suevoalemana coincide con el proyecto de la Catedral de Colonia, que pudo conocer el maestro Juan, si bien las agujas de la ciudad alemana no se realizaron hasta el siglo XIX. Los chapiteles burgaleses fueron levantados con las aportaciones económicas del obispo Alonso de Cartagena y de su sucesor en la sede, Luis de Acuña, cuyos blasones, junto con los de la monarquía castellano-leonesa, aparecen en los antepechos que conectan con las cúspides de las torres. En estos antepechos el maestro Juan dispuso también la leyenda pax vobis y la escultura de Cristo mostrando las huellas de su Pasión, en uno, y la leyenda ecce agnus dei y una escultura de San Juan Bautista, en el otro.

Jalonan el conjunto de la fachada dos torrecillas poligonales, decoradas con arquillos lobulados, con pináculos y con estatuas y rematadas en agujas piramidales que ascienden hasta el arranque de las agujas de las torres; en su interior albergan sendas escaleras de caracol que ascienden al triforio y a las bóvedas de las naves.

Fachada y Puerta del Sarmental

Puerta del Sarmental (s. XIII).

Menos conocida como Puerta Sacramental, esta portada, abierta en el brazo meridional del transepto y asomada a la Plaza de San Fernando, desde la que se accede salvando una pronunciada escalinata, fue construida aproximadamente entre 1230 y 1240. Se trata de uno de los mejores conjuntos escultóricos del clasicismo gótico del siglo XIII en España. Está dedicada al tema arcaizante de Cristo en Majestad, aunque empleando una plástica innovadora.

El elemento central y artísticamente más depurado es el tímpano, cuya ejecución se atribuye a un artista franco referido como el Maestro del Beau Dieu de Amiens. Lo que es indudable es la influencia de la escultura de la Catedral de Amiens en la magistral portada burgalesa. En este espacio casi triangular se representan a Jesús sedente como Pantocrátor mostrando el Libro de la Ley y, rodeándole, los Cuatro Evangelistas, en su caso representados de doble manera: icónicamente, con ellos mismos inclinados sobre sus pupitres de escritura redactando los Evangelios, y simbólicamente, por el Tetramorfos. Debajo, separado por un dintel, aparece un Apostolado al completo en pose sedente, atribuido a otro artista francés conocido como el Maestro del Sarmental. El tímpano es rodeado por tres arquivoltas que ocupan los 24 ancianos del Apocalipsis, tocando o afinando instrumentos musicales medievales, varios coros de ángeles y una alegoría de la Artes. Este conjunto iconográfico debió ser tallado por escultores locales dirigidos por los maestros franceses.

Fachada del Sarmental.

La puerta está dividida por un parteluz en el que aparece, cubierta por un dosel sobre el que se efigia al Cordero, una moderna estatua (sustituyendo a la deteriorada original, que pudo ser tallada también por el Maestro del Sarmental) representando a un obispo; es tradición identificar al retratado como D. Mauricio, aunque bien pudiera tratarse de D. Asterio de Oca o de San Indalecio, primer obispo de Almería, mártir y cristianizador de las tierras burgalesas. En las jambas laterales se encuentran esculpidas seis figuras, posteriores al resto de la portada, cuatro de las cuales representan a Moisés, Aarón, San Pedro y San Pablo; las otras dos no son fácilmente identificables.

Aunque la Portada concentra todo el interés, no puede pasarse por alto el resto del hastial, que escoltan robustos contrafuertes rematados en pináculos. Es trabajo posterior, de finales del siglo XIII. Sus dos cuerpos superiores, estructurados a semejanza del cuerpo central de la Fachada de Santa María, están ocupados por un rosetón y sobre él un conjunto de galería abierta con tres arcos con intradoses calados con triple cuatrifolio y apoyados en maineles frente a los que asoma una estatuaria interpretada como la Divina Liturgia, donde Cristo administra la Eucaristía flanqueado por doce ángeles ceriferarios y turiferarios.

En la actualidad, las visitas turísticas acceden a la Catedral por la Puerta del Sarmental.

Fachada y Puerta de la Coronería

En el hastial del brazo norte del crucero, a la altura de la calle Fernán González pero en un nivel varios metros más elevado que el del suelo del templo, se abre la portada de la Coronería, o Puerta de los Apóstoles, que desde el interior de la Catedral se comunica con la nave mediante la Escalera Dorada de Diego de Siloé. Es obra realizada entre 1250 y 1257 por artistas locales pertenecientes al círculo del maestro Enrique, denominado a veces maestro de la Coronería. Plenamente gótica, parte de los temas escultóricos prolongan sin embargo la tradición románica. Además, el entorno de la puerta fue reformado en el XVIII, en 1786, con un arco de medio punto de grandes dovelas y de estilo barroco, el cual sustituyó un parteluz gótico en el que estaría representada la figura de Dios Padre. Al poco de acometer la remodelación, el cabildo decidió clausurar esta puerta por el excesivo y molesto tránsito de vecinos que descendian hacia la parte baja de la ciudad con bastimentos y utensilios. Terminó así otro trasiego de gentes, este piadoso, ya que por la Coronería accedían a la Catedral los peregrinoso que seguían el Camino de Santiago.

Por debajo y encima de las jambas, y extendiéndose por el muro circundante, formando frisos, aparecen sendas series de arcos ciegos ojivales apuntados y trilobulados, que en el zócalo inferior montan sobre columnillas pareadas con capiteles vegetales. Esta galería ciega de trilóbulos y columnillas sirve de base a un Apostolado al completo, formado por estatuas de bulto redondo y de tamaño casi natural. Se presentan seis en cada lado, adosadas al muro y separadas por las jambas.

Puerta de la Coronería (s. XIII).

Las tres arquivoltas están guarnecidas por relieves de serafines en la interior, ángeles turiferarios en la intermedia, y escenas de la resurrección de los muertos en la exterior. El tímpano, dividido en dos partes, representa el Juicio Final. Sobre el dintel justo encima de la puerta aparece una larga escena en relieve presidida por San Miguel con una balanza pesando las almas; le rodean, a la izquierda, unos demonios que intentan desnivelar a su favor el peso de los pecados, así como los condenados que son conducidos al Infierno, y, a la derecha, una casita con la puerta abierta que representa la entrada al paraíso, en el que ya están unos nobles, un rey, una reina, un monje con capucha y un religioso franciscano, los bienaventurados. Este motivo de la psicostasis es una herencia iconográfica del arte románico. En la parte superior del tímpano aparece otro motivo habitual del románico, la Déesis, con Cristo entronizado como juez universal, con los brazos alzados, mostrando la herida del costado y flanqueado por la Virgen y San Juan que imploran piedad para las almas de los desdichados. En el vértice del tímpano, sobre unas nubes, unos ángeles portan las insignias de la Pasión. Los conatos de dramatismo y la expresión gesticulante que muestran varias de las imágenes de esta portada las alejan del pleno clasicismo francés y las ponen en relación con una corriente más naturalista de claro sabor hispano.

Se considera a esta portada emparentada con la del Juicio de la fachada occidental de la Catedral de León y con la temática iconográfica de las catedrales de Reims y Chartres, aunque su referencia más evidente es la vecina Puerta del Sarmental, cuyo perfecto equilibrio, sin embargo, no consigue alcanzar.

La fachada de la portada de la Coronería se prolonga hacia arriba con un ventanal de triple arco escalonado y sobre él, jalonada por sendas agujas caladas, una galería de tres arcos ojivales, con maineles y tracería de tres círculos cuadrilobulados. Adosadas a los maineles hay doce estatuas coronadas alusivas a la realeza castellana y, adosadas a las enjutas de los arcos, ángeles turiferarios. Siguiendo con lo visto en la fachada del Sarmental, el hastial de la Coronería termina en su parte superior con una una barandilla formada por arquillos.
Puerta de la Pellejería

Desde la plaza de La Llana se puede contemplar la Puerta de la Pellejería, menos conocida como Puerta del Canalejo, que, bajo un ventanal similar a los del ábside, se abre en el muro oriental del brazo norte del crucero, haciendo esquina con la Puerta de la Coronería e interiormente con la Escalera Dorada. Fue mandada realizar en 1516 por el obispo Juan Rodríguez de Fonseca como alternativa al acceso por la Puerta de la Coronería, al que daban un uso no religioso los habitantes de la parte alta de la ciudad, que la aprovechaban para alcanzar la parte baja de manera rápida y resguardada, bajando por una escalera y atravesando la Catedral. Su autor, Francisco de Colonia, nieto de Juan e hijo de Simón, concibió esta portada a modo de retablo gótico de dos cuerpos de tres calles, más ático, o frontón, pero con decoración plateresca en sus pilastras, frisos y entablamentos.

En la calle central, en el primer cuerpo, se abre la puerta, de arco de medio punto angrelado, con arquivolta decorada con estatuillas de los Apóstoles bajo doseletes, que siguen la dirección del arco; en el segundo cuerpo aparecen sendos relieves que representan el martirio de San Juan Bautista y San Juan Evangelista; en el ático, flanqueado por las estatuas de San Pedro y San Pablo, un frontón semicircular acoge un relieve de la Virgen entronizada con el Niño, entre ángeles músicos y con el obispo mecenas arrodillado a la izquierda; en las calles laterales, bajo sendos escudos del prelado Fonseca, aparecen las imágenes de diversos santos que al igual que los escudos fueron realizadas, antes de 1523, por Bartolomé de la Haya. Aunque de gran valor por su detalle artístico, la Puerta de la Pellejería adolece de una falta total de proporción, consecuencia del estrecho espacio en que los autores hubieron de trabajar.

Hay que añadir que la nave central emplea para la descarga de fuerzas en las naves laterales juegos de doble arbotante, tomado de los grandes templos franceses como la Basílica de Saint-Denis y la Catedral de Notre-Dame de París.

Arquitectura interior y capillas

El templo, si se excluyen las capillas laterales y las diversas dependencias anejas levantadas en etapas arquitectónicas posteriores, presenta planta de cruz latina, con dimensiones de 84 por 59 metros, que forman tres naves, siendo la central más ancha (11 metros) elevada (25 metros) y estando las laterales fusionadas en la cabecera mediante una girola o deambulatorio, y, cortándolas perpendicularmente, un trasepto de una nave orientado en el eje norte-sur. El eje longitudinal de las naves del eje este-oeste se compartimenta en nueve tramos, tres de los cuales corresponden a la profunda Capilla Mayor, más el crucero y la cabecera pentagonal; el transepto o nave transversal consta de seis tramos, tres a cada lado y de la misma altura que la nave central.

Aspecto de la Capilla Mayor.

Los alzados consisten en pilares octogonales, de núcleo cilíndrico y columnillas adosadas, salvo los que sostienen los arcos torales en el crucero, que son sólo cilíndricos y de mucho mayor grosor. Las cubiertas se solucionan con bóvedas de crucería con nervio espinazo, simple en la mayoría de los tramos y compuesta con terceletes y combados en algunos tramos, como sucede en el transepto. Las bóvedas de los tramos de la girola son de cinco o seis radios, y las de los tramos de la nave central son barlongas, es decir, acusadamente rectangulares.

Es característico el elegante triforio que recorre toda la parte alta de los muros de la nave central y del transepto, inmediatamente por debajo de los vitrales. Cada arcada, de arco de medio punto festoneado con cabezas humanas, presenta un elaborado intradós consistente en siete vanos, trifolios y cuadrifolios, arquería apuntada y trilobulada separada por seis maineles y un antepecho a modo de balaustrada calada con motivo flamígero. Los tramos del triforio próximos al crucero tienen decoración flamígera más movida; fue el resultado de una modificación de finales del siglo XV llevada a cabo quizás por Juan de Colonia, momento en que se realizaron también los antepechos por inicitiva del Obispo Acuña, cuyas armas se ostentan en varios puntos. Este modelo de alzado, de pilares, triforio y vitrales, parece inspirado en el de la Catedral de Bourges.

En la parte superior de los muros se abren las amplias ventanas con vidriera partida en doble ojiva y rosetón superior. Tres son los rosetones: el de la fachada de Santa María y los que presiden los testeros del transepto.

Nave mayor

* El Papamoscas y el Martinillo

Artículo principal: Papamoscas (Burgos)

En los pies de la nave mayor, a gran altura, se halla un reloj con una figura articulada que, todas las horas en punto, mueve un brazo con el que da un campanazo y abre al tiempo la boca: se trata de un autómata del siglo XVIII que recibe el nombre de Papamoscas. A su derecha, en un balcón, otro autómata se encarga de anunciar los cuartos de hora golpeando las campanas que le flanquean. Su nombre es Martinillo.
El Papamoscas.

* Capilla Mayor

Artículo principal: Capilla Mayor de la Catedral de Burgos

Consta de tres tramos, el primero, contiguo al crucero, con bóveda de crucería compleja y los dos siguientes con bóveda de crucería simple, más la cabecera pentagonal. Preside el espacio el retablo mayor, obra de estilo renacentista romanista comenzada en 1562 por Rodrigo de la Haya y completada tras su muerte en 1577 por su hermano, Martín de la Haya. Incluye colaboraciones escultóricas de Juan de Ancheta. Concluida la arquitectura y la escultura en 1580, en los años siguientes ejecutaron el dorado y la policromía los artistas Gregorio Martínez y Diego de Urbina. El mueble está presidido por la imagen de Santa María la Mayor, la titular de la catedral, de estilo gótico-flamenco de mediados del siglo XV. En el presbiterio se conservan algunos sepulcros góticos.

* Coro y trascoro

Artículo principal: Coro de la Catedral de Burgos

Emplazado en medio de la nave mayor e inmediatamente anterior al crucero, el elemento más destacado del coro catedralicio es la sillería de nogal, monumental conjunto escultórico con forma de U, en su mayor parte labrado a partir de 1505 y en estilo plateresco por Felipe Bigarny, quien cinceló en él una profusa serie de relieves con iconografía religiosa. Hasta 1522 las gradas laterales estuvieron emplazadas a ambos lados del presbiterio de la Capilla Mayor. La hilera transversal y partes menores de la sillería paralela al eje de la nave fueron talladas en otros momentos posteriores del siglo XVI y de comienzos del siglo XVII. El espacio acoge una reja de Juan Bautista Celma, dos órganos, el uno barroco y el otro neoclásico, y el bulto yacente del obispo Mauricio, obra gótica del siglo XIII tallada en madera y recubierta de cobre con apliques de pedrería y esmaltes de Limoges. Exteriormente, en paralelo a las naves laterales y al hastial de los pies de la Catedral, el conjunto coral se resuelve en un trascoro de estilo barroco clasicista de principios del siglo XVII, estructura que acoge valiosas esculturas de alabastro y una colección de lienzos dedicados a santos que figuran entre lo más destacado de la obra del pintor Juan Ricci.
Transepto

* Crucero

En el suelo del crucero, justo debajo del cimborrio, se encuentra desde 1921 el sepulcro del Cid y Doña Jimena. Sus restos, procedentes del Monasterio de San Pedro de Cardeña, fueron inhumados bajo una simple losa de mármol con la correspondiente inscripción, en una solemne ceremonia en la que se leyó un epitafio redactado por Ramón Menéndez Pidal. Cabe añadir que el espacio del crucero está flanqueado por dos rejas de principios del siglo XVIII forjadas según proyecto de fray Pedro Martínez, quien también diseñó los púlpitos.

* Cimborrio

Hacia 1460-1470, por encargo del obispo Acuña, Juan de Colonia levantó en el crucero un cimborrio que adoptó la forma de una tercera y suntuosa torre catedralicia. La atrevida estructura de este cimborrio -que según las descripciones de la época era muy alto y elegante, estaba adornado por muchas columnas y aparecía coronado de ocho chapiteles- fue seguramente la causa de su estrepitoso hundimiento en la noche del 3 al 4 de marzo de 1539. La obra se derrumbó al ceder sus pilares del lado norte y arrastró consigo varias bóvedas. El accidente tuvo lugar de madrugada y no causó víctimas.

Ese mismo día, el cabido decidió reconstruir el cimborrio y de ello dio encargo a Juan de Vallejo. Con un probable diseño de Felipe Bigarny, Vallejo presentó una elevada estructura de prisma octogonal dividida en dos cuerpos. Cuatro torres adosadas y rematadas por esbeltas agujas refuerzan el impacto visual del tambor central. En cada uno de sus ocho lados se abren dos grandes ventanales amainelados que permiten una intensa iluminación del interior. El estilo renacentista plateresco se conjuga con el gótico final, el cual se manifiesta en su minucioso programa decorativo y en la verticalidad originada por sus numerosos pináculos y chapiteles. El perfil resultante es, todavía, básicamente gótico.

El interior es más deslumbrante aún que el exterior. El imponente volumen arquitectónico descansa sobre cuatro enormes pilares circulares, solución impuesta por Vallejo para prevenir una repetición del desastre de 1539. Cuatro trompas permiten el paso hacia la planta octogonal de los dos cuerpos. Los ocho lados de la linterna están cuajados de una densa decoración de inspiración renacentista, en la que se entremezclan numerosas esculturas, relieves, escudos nobiliarios y otros elementos decorativos salidos de las manos de artistas como Juan Picard (o Picardo) y Pedro Andrés. Todo el conjunto se remata con una espectacular bóveda estrellada de doble estructura con forma de estrella de ocho puntas y que entre sus nervios encierra una filigrana totalmente calada. Esta sorprendente y atrevida solución arquitectónica, además de aligerar peso, permite que la luz cenital se filtre con fuerza e ilumine el trabajo escultórico que se desparrama a su alrededor. Toda la obra quedó concluida en 1568.

* Escalera dorada

La obra fue encargada en 1519 por el cabildo de la catedral y el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, quienes la costeraron. Obra de Diego de Siloé inspirada en el renacimiento italiano, está esculpida con una gran riqueza iconográfica basada en los grabados de Nicoletto Rosex da Modena, Agostino de Musi, fray Antonio de Monza, Giovanni da Brescia y Agostino Veneziano. Los antepechos de hierro sobredorado (1523-1526) son del maestro francés Hilario. La escalera comunicaba la puerta de la Coronería con la catedral, salvando con mucha originalidad un desnivel de casi ocho metros. El arquitecto Charles Garnier se inspiró en ella para la gran escalera de la Ópera de París.

Actualmente la puerta de la Coronería está permanentemente cerrada y la escalera ha perdido su uso para el tránsito público. Sólo se utiliza para instalar en ella la custodia con el Santísimo Sacramento en Semana Santa (Jueves y Viernes Santo).
Girola y trasaltar

En la girola se encuentra el sepulcro del arcediano Pedro Fernández de Villegas, obra de Simón de Colonia. Los relieves centrales del trasaltar son de Felipe Bigarny y los de los extremos de Pedro Alonso de los Ríos.

* Relieves del trasaltar

En 1498 el cabildo encomendó al escultor Felipe Bigarny un relieve en piedra para el trasaltar. Bigarny ejecutó en piedra caliza su Camino del Calvario. Se trata de la premiera obra documentada de este artista en Burgos y en ella muestra su estilo, muy deudor de la expresividad y la estética gótica pero abierto a las novedades renacentistas, como se evidencia en los elementos decorativos. Tras el éxito del encargo, el cabildo le encomendó dos relieves más: los de la Crucifixión y el Descendimiento, entierro y resurrección de Cristo (1500-1503), ambos actualmente están muy dañados al haberse labrado en piedra de mala calidad que se pulveriza con la humedad. El marco decorativo arquitectónico de los relieves se atribuye a Simón de Colonia.

Este conjunto escultórico se completó casi dos siglos después con la adición en los extremos de dos nuevos relieves, dedicados a la Oración del Huerto y a la Ascensión. Fueron ejecutados por el escultor Pedro Alonso de los Ríos entre 1681 y 1683, también en piedra caliza, y en estilo barroco.

Ábside y cimborrio de la Capilla del Condestable.

Capilla del Condestable

Edificada sobre la capilla central de la girola, sustituye a la primitiva capilla gótica dedicada a San Pedro. La nueva gran capilla fue encargada por los Condestables de Castilla Pedro Fernández de Velasco y Mencía de Mendoza y Figueroa para servir de panteón familiar y aunque su denominación popular sea la de Capilla del Condestable (o de los Condestables), su nombre exacto es Capilla de la Purificación de la Virgen, a la que estaba consagrada.

* Arquitectura de la capilla

La arquitectura se debe a Simón de Colonia, quien comenzó las obras en 1482. Se trata de una gran construcción que muestra del gótico tardío y la transición del arte gótico al temprano renacentista: Colonia adaptó el solar irregular de la capilla para construir un espacio único cubierto con una bóveda estrellada, octogonal, con su zona central -en torno a la clave principal- calada, de tal modo que entra luz cenital. La obra arquitectónica se completa con la sacristía adyacente, añadida en 1517 por Francisco de Colonia.

* Retablos

El retablo mayor es obra de Diego de Siloé y de Felipe Bigarny y fue realizado entre 1523 y 1526. Su arquitectura es muy original: el asunto principal (la Purificación de la Virgen) ocupa todo el primer cuerpo, concebido como si fuera un escenario (así lo describió el historiador Martín González), con esculturas de tamaño natural en las que se aprecia la diferencia de estilo entre Bigarny y Siloé (este último más delicado y dulce que el borgoñón). La policromía del retablo estuvo a cargo de León Picardo.

Imagen de la Magdalena de Giovan Pietro Rizzoli.

* Sepulcros

Artículo principal: Sepulcro de los condestables Pedro Fernández de Velasco y Mencía de Mendoza

En la capilla permanecen varios sepulcros góticos que pertenecían a la primitiva capilla de San Pedro y que los condestables respetaron al construir la suya. Ambos están en el ingreso, en arcosolios, y corresponden a los obispos Pedro Rodríguez de Quexada y Domingo de Arroyuelo. Las estatuas yacentes de los condestables fundadores están en el centro de la capilla. Labradas en mármol de Carrara, los historiadores discuten la autoría (se atribuyen a Bigarny, Alonso Berruguete o a Juan de Lugano).

* Pintura

Entre las joyas pertenecientes a la capilla se encuentra el cuadro de la Magdalena de Giovan Pietro Rizzoli, Gianpetrino, discípulo de Leonardo da Vinci y un Cristo crucificado de Mateo Cerezo.

* Reja

La reja de entrada a la capilla está considerada la obra maestra de Cristóbal de Andino

Claustro

* Puerta del claustro alto

Puerta del claustro alto.

Se trata de una portada interior, habitualmente cerrada, que comunica el claustro con el brazo meridional del crucero. Fechada a fines del siglo XIII, atribuida al maestro Juan Pérez, relacionado con la escuela franco-champanesa.

En el tímpano está representada la escena del Bautismo de Cristo; en las dos arquivoltas está representada la genealogía de Cristo, el árbol de Jesé y catorce figuras de profetas; la chambrana exterior está decorada con vegetales y apoya en sendas ménsulas con dos cabezas. La tradición local identifica una de estas dos cabezas con San Francisco de Asís que había visitado Burgos realizando fundaciones.

En las jambas se encuentran esculturas relacionadas con la venida de Jesús; a la izquierda está el grupo de la Anunciación con un ángel sonriente, escultura relacionada con las de la fachada orientale de Reims; en la derecha dos profetas, Isaías y David, que anuncian la llegada terrenal de Jesús.

Por jambas y dintel se repite la decoración heráldica con castillos y leones, con reiteración propia del estilo mudéjar, consecuencia de la asociación medieval de Cristo con la monarquía .

Las hojas de madera de la puerta datan de fines del siglo XV, auspiciadas por el obispo Luis Acuña (1457-1495), cuyo escudo figura, y obra de Gil de Siloé, que trabajó para dicho prelado. De tracería gótica con escenas de la Entrada de Jesús en Jerusalén y su Descenso al Limbo .

* Claustro alto

Desde la antisacristía, por una puerta situada en el muro sur, se accede al claustro alto. El claustro de esta catedral, la “claustra nueva”, es obra de finales del siglo XIII, de planta rectangular algo irregular, con seis arcos en los lados oriental y occidental y siete en los lados norte y sur, y tiene desde sus inicios doble planta, ante la necesidad de salvar el fuerte desnivel existente entre el suelo del templo y la calle de Nuestra Señora de la Paloma. El sobreclaustro, o claustro alto, obra del maestro Enrique, es para Vicente Lampérez, “ejemplo señero del arte gótico”, al igual que el claustro de la catedral de Pamplona; sus galerías se cubren con bóvedas ojivales de crucería simple, cuatripartita, y sus grandes ventanales, de arco apuntado, llevan triple mainel y tracería de tres óculos cuadrilobulados. Es preciosa la ornamentación vegetal de sus arquerías, de sus capiteles y de las arquivoltas de los arcos ciegos de sus muro y, sobre todo, la decoración historiada de sus cuatro pilares angulares, en los que se apoyan otros tantos grupos escultóricos que representan la Anunciación, la Epifanía y sendos grupos de personajes relacionados con la construcción de la catedral, y de los arcos ciegos de la galería norte en los que aparecen estatuas con personajes, o escenas, del Antiguo Testamento, como el Sacrificio de Isaac; de Apóstoles, como San Pedro, San Pablo y Santiago peregrino, y de personajes relacionados con la construcción de la catedral, como el obispo Mauricio y Fernando III el Santo, que aparece ofreciendo el anillo a Beatriz de Suavia. Bajo los arcos ciegos ojivales de los muros laterales de las otras tres galerías se reparten numerosos sepulcros de los siglos XII al XVI, la mayor parte góticos y renacentistas, pertenecientes a canónigos de la catedral. Entre estos sepulcros destacan por su valor histórico o artístico el románico de la noble doña Godo, madre del mayordomo de Alfonso VIII, fallecida en 1105; el gótico del obispo Mateo Rynal, fallecido en 1259; el gótico del canónigo Juan López del Hospital, del siglo XV, y el renacentista del canónigo Diego de Santander, del siglo XVI y tallado por Diego de Siloé, y el renacentista del canónigo Gaspar de Illescas, obra de mediados del siglo XVI, atribuida a Juan de Lizarazu, jalonada por dos columnas ajarronadas de orden corintio y compuesta, en el cuerpo superior, de sendos medallones con las efigies de San Pedro y San Pablo, un relieve con la escena del Nacimiento de Cristo y cuatro hornacinas con las estatuas de los Padres de la Iglesia Occidental y, en el inferior, el sepulcro propiamente dicho, con estatua yacente en la tapa y escudos en el frontal, decorado todo con grutescos y florones.

En el ángulo noroccidental de las galerías, entre el primer arco de la galería norte y el primero de la galería occidental, se halla la capilla gótica de San Jerónimo, o de Mena, construida por Juan de Vallejo, en 1545, con planta cuadrada cubierta con bóveda de crucería estrellada, a instancias del canónigo Francisco de Mena, fallecido en 1553 y cuyo sepulcro renacentista, con estatua yacente y un precioso relieve policromado que representa la Venida del Espíritu Santo, se halla adosado al muro derecho; preside la estancia un buen retablo manierista, atribuido a Diego Guillén, influenciado por las tallas del retablo mayor de la catedral, y que consta de tres cuerpos y cinco calles, ocupando la calle central, coronada por la figura del Padre Eterno, el grupo escultórico del Entierro de Cristo y las tallas de San Jerónimo penitente y de Cristo atado a la columna.

* Claustro bajo

El claustro bajo, que durante siglos sirvió de cementerio, fue construido unos diez años antes que el sobreclaustro y, a pesar de haber sido rebajados sus suelos, es bastante menos esbelto; fue restaurado, según muchos casi reinventado, por Vicente Lampérez, entre 1899 y 1911, que siguiendo los criterios “puristas” de Viollet-le-Duc, rebajó los suelos, repuso las tracerías en sus arcadas, excepto en las de la galería sur que servía de pasaje público paralelo a la calle La Paloma; también colocó ángeles junto a los pilares y vidrieras de mosaicos multicolores, realizadas por Juan B. Lázaro y Clemente J. Bolinga, en las arcadas de ambas plantas. Actualmente esta plata baja alberga un centro de interpretación de la construcción de la catedral y, en sus galerías y en la capilla-cripta de San Pedro, que se considera perteneció a la desaparecida catedral románica y a la que se accede desde la galería norte, se exponen restos arqueológicos y escultóricos pertenecientes a dicha catedral románica, o desechados en las sucesivas restauraciones de la gótica, maquetas de la catedral románica y paneles informativos sobre los procesos de construcción y restauración de la catedral gótica.

Capilla de Santa Tecla.

Artículo principal: Capilla de Santa Tecla de la Catedral de Burgos

Situada junto a los pies de la catedral, es la primera de las adosadas a la nave del Evangelio o septentrional (lado izquierdo) y se trata también de la más espaciosa del conjunto de capillas, ya que ocupa cuatro tramos de planta. Su advocación completa es de Santa Tecla y Santiago. Realizada en la tercera década del siglo XVIII según proyecto de Andrés Collado y Francisco de Basteguieta, toda ella se acoge al estilo barroco. En su interior destacan el abovedamiento, a base de yeserías policromadas, y el monumental retablo mayor, de estilo churrigueresco y cuyo cuerpo principal contiene escenas del martirio de la santa objeto de advocación. En esta capilla se celebra culto regular, compartiendo programa de oficios con la Capilla Mayor.
Capilla de Santa Ana o de la Concepción

Artículo principal: Capilla de Santa Ana de la Catedral de Burgos

Capilla de Santa Ana.

Se emplaza entre la Capilla de Santa Tecla y el brazo septentrional del transepto, ocupando dos tramos en paralelo a la nave del Evangelio. Construida entre 1477 y 1488 en el estilo tardogótico propio de la época por Juan de Colonia y su hijo Simón, atesora obras de gran valor artístico: el extraordinario retablo mayor, dedicado al tema iconográfico del Árbol de Jessé y la genealogía de la Virgen, y cuyo elemento principal es el abrazo de San Joaquín y Santa Ana, realizado con su característico virtuosismo por el hispano-flamenco Gil de Siloé entre 1486 y 1492; el sepulcro del obispo Luis de Acuña, labrado en alabastro y en estilo renacentista por el padre del anterior, Diego de Siloé, en 1519; el sepulcro del arcediano Fernando Díaz de Fuentepelayo, gótico flamígero y atribuido a Gil de Siloé; y el retablo de Santa Ana, renacentista-plateresco. El espacio está cubierto con bóvedas estrelladas y se ingresa en el mismo por una reja gótica de Luis de Paredes.

Capilla de San Nicolás

En el muro oriental del primer tramo del brazo norte del transepto, bajo el correspondiente arco del triforio, se abre el arco de acceso a la pequeña capilla gótica de San Nicolás, paralela al primer tramo del brazo norte de la girola y que es la más antigua de la catedral pues fue fundada en el primer tercio del siglo XIII por Pedro Díaz de Villahoz, capiscol de la catedral fallecido en 1230; se cubre con bóveda de crucería simple, octopartita; se ilumina con dos alargadas ventanas ojivales, sin mainel ni tracería; está influenciada en su arquitectura por el tardorrománico cisterciense, recordando a la de las capillas absidales del templo del monasterio de las Huelgas, y contiene el sepulcro gótico del fundador y un pequeño retablo románico, del siglo XIII, que fue traído, en la década de los veinte del siglo XX, del expriorato benedictino de Santa María de Mave (Palencia). Este retablo, tallado en madera y policromado, está formado por dos piezas; la inferior, que se cree realizada entre 1235 y 1260, es rectangular y que pudo servir de frontal, presentando un recuadro central que contiene un mandorla a la que estuvo adosado un Pantocrátor, hoy desaparecido, y que está rodeada del Tetramorfos, del que falta el león de San Marcos, y dos recuadros laterales en los que, bajo dos series superpuestas de seis arquerías, tres a cada lado, hay un Apostolado, del que faltan cuatro de los Apóstoles y en el que solamente son identificables San Pedro y San Juan; sobre cada serie de arcos hay decoración de castilletes y, en el marco, decoración de rosetas y una bordura de cordón que, teniendo en cuenta además otras diferencias observables entre las dos piezas del retablo, hace suponer que ambas eran independientes. La pieza superior, que se supone realizada entre 1280 y 1300, tiene forma pentagonal y está organizada en tres cuerpos, divididos en dos calles los dos inferiores por un arco trilobulado que sirvió de marco a la imagen románica de la Virgen que aún se conserva en el templo de Santa María de Mave; en las dos calles del cuerpo inferior, cobijadas en arcos trilobulados, tres en cada calle, se hallaban, a la izquierda, las figuras de los tres Reyes Magos, de las que solamente se conserva una arrodillada y, a la derecha, las de San José, el ángel de la Anunciación y la Virgen, de las que solamente se conserva la del ángel; en el cuerpo intermedio, también bajo arcos trilobulados pero en espacios apaisados, aparecían las escenas de la Visitación, el Nacimiento, la Huida a Egipto y otra no identificable, de las que solamente se conserva la escena del Nacimiento, con la Virgen en la cama y el Niño sobre ella, tal como aparece tallada en algunos capiteles tardorromanicos, como en el conocido capitel de San Juan de Ortega; el cuerpo superior lo constituyen tres enmarcaciones vacías, triangulares las dos laterales y pentagonal la central. Ambas piezas solamente conservan algún resto de su policromía.

Capilla de la Natividad

La capilla actual es del siglo XVI y se levanta en el espacio que ocupaban dos viejas capillas góticas del XIII, que fueron unificadas bajo una única bóveda renacentista de planta oval construida por los arquitectos Domingo de Bérriz y Martín de la Haya. Esta nueva capilla fue fundada como capilla funeraria por Ana de Espinosa, viuda de Pedro González de Salamanca, quien se había enriquecido en el Perú.

* Retablo mayor

Es obra de Martín de la Haya y de Domingo de Bérriz. Se realizó entre 1580 y 1585. Consta de un gran arco en piedra con abundante decoración escultórica que enmarca la obra en madera, que sigue el mismo estilo romanista de los hermanos de la Haya en el retablo principal de la catedral, labrado unos años antes. Fue policromado por el dorador Juan de Cea.

* Sillería

La sillería de la capilla fue labrada igualmente por Martín de la Haya. Es de estilo renacentista y de gran calidad.
Capilla de la Anunciación

La capilla de la Anunciación, o de San Antonio Abad, de planta exagonal, es una de las primitivas capillas del siglo XIII, está ya documentada en tiempos del obispo García Gudiel (1274-1280), se cubre con bóveda de crucería simple de seis nervios, sirvió de enterramiento a algunos miembros del capítulo y a algún obispo y, en la primera mitad del siglo XVI, fue cedida al canónigo Juan Martínez de San Quirce quien, en 1541, encargó el retablo manierista que hoy la preside y que fue realizado por el escultor Juan de Lizarazu y por el pintor y dorador Lázaro de Azcoitia.
Capilla de San Gregorio

Llamada de San Juan hasta finales del siglo XV, tiene planta de pentágono achatado y es la última de la vuelta septentrional de la girola, pareja a la Capilla del Condestable. Contiene un retablo barroco de tres cuerpos y tres calles consagrado a la Virgen, así como un lienzo, el Martirio de San Pedro, atribuido a Mateo Cerezo, quien se inspiraría en un original de Guido Reni. Sin embargo, los objetos de más valor son dos sepulcros góticos del siglo XIV pertenecientes a los obispos D. Gonzalo de Hinojosa (muerto en 1327) y D. Lope de Fontecha (1351), quien son representados con bultos yacentes en arcosolio. Estas tumbas eclesiásticas muestran una rica iconografía muy informativa sobre las costumbres y los ritos funerarios de la época. Actualmente (2008) esta capilla está cerrada a las visitas por labores de rehabilitación.

Mobiliario y yeserías rococó de la Sacristía Mayor.

Sacristía Mayor

Encajonada entre el lado meridional de la girola, la Capilla de San Juan Bautista y Santiago, la galería septentrional del claustro bajo y la Capilla de San Enrique se encuentra la Sacristía Mayor de la Catedral, a la que se ingresa por un vestíbulo o antesacristía desde la nave. Se trata de un espacio casi circular construido entre 1762 y 1765 en estilo barroco rococó siguiendo planos del jerónimo Fray Antonio de San José Pontones. La arquitectura con cúpula elíptica de seis gajos y linterna así como la abigarrada decoración con yeserías, dedicadas al tema de la Coronación de la Virgen como Reina del Cielo, se deben al maestro carmelita fray José de San Juan de la Cruz. La policromía es posterior, de 1870. El fastuoso mobiliario, integrado por cajonería, retablos sin dorar, tallas y cuadros, constituye igualmente un exponente del barroco final del siglo XVIII. Rococó por los cuatro costados, esta sacristía fue objeto de duras críticas por el académico neoclásico Antonio Ponz.

Capilla de San Enrique

A continuación de la puerta del claustro, se halla el acceso a la capilla de San Enrique, o del Ecce Homo, adosada y paralela a los dos primeros tramos del brazo sur de la girola y que es el resultado de una reforma realizada por los maestros Juan de la Sierra Bocerraiz y Bernabé de Hazas, en 1674, a instancias del arzobispo Enrique Peralta y Cárdenas, y que convirtió en una sola capilla las antiguas capillas de Santo Tomás de Canterbury, o del Ecce Homo, y de la Magdalena y San Andrés. La estancia se cubre con dos cúpulas semiesféricas y contiene, en el testero, un retablo barroco con la talla de San Enrique emperador germánico del siglo XI, santo patrono del prelado mecenas, y presidido por una hermosa talla del Ecce Homo, obra anónima realizada en Amberes hacia 1500; esta imagen ya se hallaba en la capilla antes de la reforma y era muy venerada por los burgaleses, sobre todo en tiempos de grandes calamidades. También se hallan en esta capilla otro retablo barroco, conteniendo las tallas de San Andrés y Santa María Magdalena; el sepulcro del arzobispo Enrique Peralta, con estatua orante de bronce; los sepulcros de los canónigos Juan García de Medina de Pomar, de mediados del siglo XV, y Juan Fernández de Abaunza, de mediados del XVI; dos lápidas funerarias, correspondientes a sendos obispos de Oca, y un órgano “positivo” exento, del siglo XVIII.

Capilla de la Visitación

Frente a la puerta del claustro alto, en el muro occidental del brazo del crucero se abre el arco de acceso a la capilla de la Visitación, cerrado con reja gótica de finales del siglo XV. La capilla de dos tramos, cubierto el primero con bóveda de crucería estrellada de cuatro puntas, fue realizada, entre 1440 y 1442, por Juan de Colonia, por encargo del obispo Alonso de Cartagena, hijo de su predecesor Pablo de Santa María. El sepulcro gótico del obispo se halla en el centro de la estancia, con túmulo de piedra, realizado probablemente por Juan de Colonia, y estatua yacente de alabastro, tallada por Diego de Siloé con primorosa ornamentación del gótico florido que se manifiesta claramente en las vestiduras y que recuerda la de las tumbas del rey Juan II y de su esposa en la cartuja de Miraflores. En el suelo, junto a la verja de acceso está sepultado el humanista conquense Juan Maldonado, capellán de esta catedral fallecido en 1554; también en el suelo están enterrados el arquitecto alemán Juan de Colonia, fallecido en 1481, y su esposa María Fernández; en los muros laterales hay arcosolios góticos, con los sepulcros de familiares del prelado, y cuelgan algunos lienzos, entre ellos, uno de Carlos Luis Ribera, de 1890, que representa a los Reyes Católicos ante Granada, antes de la conquista, y en el que los personajes manifiestan una gran expresividad que es visible también en sus manos; preside el testero un buen retablo barroco clasicista que, en 1653, sustituyó a otro gótico y que contiene pinturas inspiradas en el renacimiento italiano y referidas a San Juan Evangelista y a la vida de la Virgen, ocupando la calle central, una que representa la Visitación y otra en la que aparecen la Virgen y el Niño.

Retablo rococó de la Capilla de San Juan de Sahagún.

Capilla de San Juan de Sahagún

Contigua al brazo meridional del transepto y de reducidas proporciones, recibe este nombre desde 1765, cuando se dedicó al santo agustino que había sido canónigo de la catedral burgalesa. Anteriormente, el espacio recibió las denominaciones de Capilla Santa Catalina y Capilla de los Rojas, en recuerdo de la familia fundadora, cuyos escudos decoran las dos bóvedas de la cubierta, una de crucería sencilla y la otra de crucería compuesta con terceletes. El retablo, de estilo rococó y dorado, fue realizado en 1765 por Fernando González de Lara siguiendo trazas de José Cortés. En la parte central del mismo se colocó la imagen del santo titular de la capilla, obra de Juan Pascual de Mena (1770), y en el ático, el relieve de la Visión de San Pedro en Jaffa, de Manuel Romero Puelles. Durante mucho tiempo esta capilla albergó un confesonario neogótico que fue utilizado por el canónigo penitenciario para las confesiones a los fieles. Desde aquí parte también una estrecha escalera de caracol que sube hasta el triforio.
Capilla de las Reliquias

Tiene su acceso por la Capilla de San Juan de Sahagún y ocupa el quinto tramo de plata en el lado de la Epístola. Fue diseñada por el arquitecto carmelita fray José de San Juan de la Cruz y construida entre 1761 y 1763 por Fernando González de Lara en estilo rococó, con yeserías de San Juan de Sahagún, San Telmo, San Julián, San Indalecio, Virtudes y Alegorías. Los tres retablos-relicarios de su interior, diseñados también por fray José, albergan, en bustos , arquetas y tecas, la colección de reliquias de la catedral, correspondientes a santos y santas anteriores al siglo XVIII, y sustituyen al viejo armario-relicario pintado por Alonso de Sedano y el Maestro de los Balbases, que actualmente se exhibe en el Museo Catedralicio. Esta pequeña pero abigarrada capilla contuvo también dos bellas tallas góticas, la Virgen de la Oca, del siglo XIII, y la Virgen del Milagro, del siglo XIV, hoy expuestas ambas en la capilla-museo claustral de Santa Catalina.

Bóveda estrellada de la Capilla de la Presentación

Capilla de la Presentación

Artículo principal: Capilla de la Presentación de la Catedral de Burgos

La Capilla de la Presentación y la Consolación, también llamada de San José, fue edificada entre 1519 y 1524 a iniciativa del canónigo Gonzalo Díaz de Lerma para que le sirviera de capilla funeraria. La arquitectura, de estilo tardogótico, se debe a Juan de Matienzo, quien se inspiró en la Capilla del Condestable para levantar una planta central con bóveda estrellada calada. Cuenta con varios sepulcros gótico-renacentistas, entre los que destaca, exento, el del fundador, Gonzálo de Lerma, cuyo bulto fúnebre fue esculpido por Felipe Bigarny con gran realismo. Destaca en el retablo principal de estilo neoclásico el cuadro de la Sagrada Familia de Sebastiano del Piombo, traído de Italia por el propio canónigo, obra pictórica de gran valor. Una reja renacentista de Cristóbal de Andino separa el espacio de la nave.

El Santísimo Cristo de Burgos.

Con forma de larga cruz latina y primera de las adosadas a la nave de la Epístola, ocupa una de las pandas del primitivo claustro, del que conserva arquerías góticas. El interior del acceso contiene una portada gótica de la segunda mitad del siglo XIII, en cuyo tímpano figura un escultura sedente de la Virgen con el Niño.
El Santísimo Cristo de Burgos.

En la cabecera se exhibe la imagen del Santísimo Cristo de Burgos, que hasta la Desamortización de 1835 fue propiedad del Real Monasterio de San Agustín, situado extramuros de la ciudad. Se trata de una imagen milagrera, muy venerada desde antiguo, ya que los mercaderes burgaleses fundaron capillas bajo su advocación en Brujas y Amberes, y los agustinos extendieron su devoción por toda España e Hispanoamérica: prácticamente no había catedral que no tuviera una capilla consagrada a él, y su culto se multiplicó con grabados y láminas, popularizándose su patética iconografía de largas melenas, cuerpo ensangrentado y, sobre todo, unos faldones que le cubren casi por entero las piernas. Un relato legendario informa de su hallazgo, flotando en el océano y metido en un cofre, por un mercadés burgalés.

La imagen data del siglo XIV y es de gran realismo, al estar articulado, contar con cabellera y barba humanas, y estar el cuerpo de madera forrado de piel de vacuno que simula la humana. Numerosos viajeros, historiadores y escritores han descrito este Cristo y han reflejado la enorme devoción y emoción que suscitaba, entre otros Andrea Navagero, Santa Teresa de Jesús, Agustín Moreto, Enrique Flórez, Jean-Paul Sartre o Rafael Alberti.[1] Este Crucificado debió ser realizado en Flandes o en el norte de Alemania, y guarda un gran parecido estilístico con otro Cristo famoso, este yacente, el Santísimo Cristo del Monasterio de las Claras de Palencia.

El retablo actual, de estilo neogótico, fue diseñado por Vicente Lampérez. En la capilla se conservan también numerosos sepulcros, algunos procedentes del viejo claustro del siglo XIII y otros modernos, del XIX, como el del canónigo Barrantes, obra asimismo de Lampérez. A un lado del presbiterio se muestra una escultura pétrea de la Virgen con el Niño fechable en el siglo XIV. Esta capilla devocional, como la de Santa Tecla que se sitúa justo en frente, en el lado del Evangelio, en su caso consagrada al oficio regular, está separada del circuito turístico de la Catedral y permanece abierta de continuo a los fieles, que acceden a orar en ella por la portada occidental de Santa María.

Capillas claustrales y Museo Catedralicio

En el ángulo noroccidental de las galerías del claustro alto, entre el primer arco de la galería norte y el primero de la galería occidental, se halla la capilla gótica de San Jerónimo, o de Mena, construida por Juan de Vallejo, en 1545, con planta cuadrada cubierta con bóveda de crucería estrellada, a instancias del canónigo Francisco de Mena, fallecido en 1553 y cuyo sepulcro renacentista, con estatua yacente y un precioso relieve policromado que representa la Venida del Espíritu Santo, se halla adosado al muro derecho; preside la estancia un buen retablo manierista, atribuido a Diego Guillén, influenciado por las tallas del retablo mayor de la catedral, y que consta de tres cuerpos y cinco calles, ocupando la calle central, coronada por la figura del Padre Eterno, el grupo escultórico del Entierro de Cristo y las tallas de San Jerónimo penitente y de Cristo atado a la columna.
Capilla del Corpus Christi

En la zona sur de la galería oriental del claustro alto se abre la portada de la capilla del Corpus Christi, portada gótica de arco ojival cuyo tímpano está decorado con un relieve en el que aparece una Deesis, un Cristo Juez rodeado de cuatro ángeles portando los símbolos de la Pasión y acompañado de la Virgen y San Juan, mientras que en el dintel aparecen los mecenas de la capilla, el noble Juan Estébanez Castellanos y su esposa, arrodillados a uno y otro lado de su escudo. La capilla fue construida hacia 1373, se cubre con dos tramos de bóvedas de crucería simple, octopartitas, y contiene el sepulcro de un hijo del fundador, Garcí Fernéndez de Castellanos, fallecido en 1375 y cuya estatua yacente sobresale escasamente del pavimento; la escalera de acceso al Archivo, adosada al muro sur y realizada por Martín de la Haya en 1596; los sepulcros de Garcí Fernández Manrique, primer conde de Castañeda (Cantabria), fallecido en 1439, y de su esposa Aldonza Téllez de la Vega, en sendos arcosolios, bajo la citada escalera; el sepulcro de Miguel Esteban de Huerto, fallecido en 1283, y de su esposa Ucenda, fallecida en 1296, situado a la altura del descanso de la citada escalera, bajo un arcosolio conopial angrelado; el llamado “Cofre del Cid”, arcón medieval que según la tradición fue empleado por el héroe castellano para engañar a los judíos de Burgos, pero que estuvo destinado a guardar los documentos del cabildo y que cuelga en el muro izquierdo de la estancia entre dos escudos de Castilla, y finalmente, dos grandes cantorales del siglo XVI y algunas pinturas y tallas posteriores.
Archivo catedralicio

El Archivo está situado sobre la capilla del Corpus Christie y sobre la contigua sala capitular moderna. Custodia una importantísima documentación que abarca desde el siglo X al XIX y en la que destacan el documento fundacional de la abadía y del Infantado de Covarrubias, del 978; un privilegio de Sancho II de Castilla, de 1068, por el que se restaura la diócesis de Oca; la carta de arras del Cid, de 1074; un privilegio de Alfonso VI, de 1075, por el que se traslada a Burgos la sede de la diócesis de Oca; un documento del concilio de Husillos, de 1088, que fija los límites de las diócesis de Burgos y de Burgo de Osma; una bula del papa Urbano II, de 1095, confirmando el traslado a Burgos de la sede de Oca; un privilegio de Alfonso VIII, de 1162, regulando las faenas de la vendimia, y un privilegio de Fernando III, de 1221, compensando al obispo Mauricio por su viaje a Alemania para concertar la boda del monarca con Beatriz de Suavia. También custodia el Archivo valiosos códices, como la Biblia de Cardeña (hacia 910-914), el Homiliario de Paulo Diácono y las Colletiones del abad Smaragdo (siglo XII), el Moralis Tractatus de Guillermo de Perault (siglo XIII), la Biblia Miniada (finales del siglo XIII-principios del XIV, con notas marginales atribuidas a Pablo de Santa María) y la Regla de Nuestra Señora de la Creación (1494). Igualmente, el archivo custodia más de una docena de incunables, una Biblia Políglota de Alcalá (hacia 1514-1517), varias ediciones príncipe y 253 ediciones del Quijote.
Sala Capitular

En el muro sur de la capilla del Corpus Christi, bajo la escalera del Archivo, se abre la puerta de acceso a la sala capitular, anteriormente biblioteca del cabildo; fue construida por Martín de la Haya en 1596, y se cubre con un artesonado de tracería arabesca, con florones dorados colgantes, rodeado por un friso de yesería pintada en el que se desarrollan textos bíblicos; contiene algunas maquetas de la catedral gótica y de sus muros cuelgan valiosos y preciosos trípticos como el de la Adoración de los Magos, de hacia 1495 y pintado por Diego de la Cruz, que representa la Epifanía, en el centro, y a la Virgen y a un caballero, en los laterales; el de la Virgen con el Niño del Bello País, obra de un pintor conocido como el “Maestro del follaje bordado”, también de finales del siglo XV; el de la “Crucifixión”, de hacia 1512, atribuido a Goswijn van del Weiden; el del “Descendimiento”, de 1525, pintado por Jan de Beer, con las escenas del Calvario, la Deposición y la Resurrección, y el de la “Virgen con el Niño de Pereda”, de hacia 1535, pintado por el llamado ”Maestro de la leyenda de la Magdalena”.

– Capilla de Santa Catalina

Regresando a la galería oriental del claustro se halla a continuación la capilla de Santa Catalina, levantada en 1316 por el obispo Gonzalo de Hinojosa y que fue sala capitular hasta 1586; su portada ojival tiene en su tímpano un relieve policromado que representa el Descendimiento y, en el dintel y las jambas, decoración de castillos y leones; se cubre con bóveda estrellada de ocho puntas cuyos nervios parten de pilares fasciculados rematados en encapitelados policromados en los que se representan escenas de caza y cortesanas; el pavimento y la cajonería son ya obra barroca, del primer tercio del siglo XVIII y del monje benedictino fray Pedro Martínez, a instancias del arzobispo Manuel de Navarrete; los muros están casi completamente cubiertos con los retratos de los obispos y arzobispos de Burgos, desde la época en la que la sede estuvo en Oca hasta nuestros días, siendo la mayor parte de estos retratos “inventados” y de pintores desconocidos pero, algunos de los posteriores al siglo XVI, de pintores de cierto prestigio, como Diego de Leyva, Mateo Cerezo, Nicolás Cuadra, Víctor Palomar y Carlos Luis Ribera; se exponen en esta capilla algunas tallas de valor, como la gótica de la Virgen de Oca, que en el siglo XIV sustituyó a la imagen titular de la primitiva diócesis, y algunos de los documentos y códices más valiosos del Archivo, como el documento fundacional del Infantado de Covarrubias, la carta de arras del Cid y la Biblia de Cardeña.

– Capilla de San Juan Bautista y Santiago. El tesoro

Al final de la galería del claustro se halla el acceso a la más amplia de las capillas claustrales y una de las más amplias de la catedral, resultado de la incorporación llevada a cabo por Juan de Vallejo, en el primer tercio del siglo XVI, de la capilla claustral de San Juan Bautista, obra del siglo XV cubierta con una bóveda de crucería estrellada de cuatro puntas, a la capilla absidal de Santiago, citada ya en el siglo XIV y profundamente reformada por Juan de Vallejo que la cubrió con bóvedas de compleja crucería estrellada de bellos nervios y elegantes claves decoradas.

En la antigua capilla de San Juan Bautista, convertida en sacristía, coro y antesala de la de Santiago, se hallan los sepulcros del obispo Juan Cabeza de Vaca, fallecido en 1413, y el de su hermano Pedro Fernández Cabeza de Vaca, maestre de la orden de Santiago fallecido de peste en el cerco de Lisboa, en 1384. La amplia capilla de Santiago, que ha estado destinada a parroquia en los últimos siglos, es hoy la sala del Tesoro y la principal sala del Museo de la catedral. En el muro izquierdo de la estancia se halla el sepulcro renacentista de uno de los fundadores y mecenas de la capilla en el siglo XVI, don Juan Ortega de Velasco, abad de San Quirce de los Ausines y canónigo y protonotario de la catedral, fallecido en 1557; es uno de los mejores sepulcros de la catedral, con columnas cariátides, a ambos lados del arco; con ángeles, e las enjutas del mismo; con un frontón coronado por un Calvario y presidido por la escena de la Asunción de la Virgen, entre los medallones de San Pedro y San Pablo; con un medallón con la escena del Bautismo de Cristo, en el fondo del arco, y con la figura del finado y una cartela sostenida por niños, en el sepulcro propiamente dicho; el conjunto fue realizado en 1546, con la intervención de Juan de Vallejo y la colaboración de otros escultores. Frente a este sepulcro, en el muro frontero, se hallan otros dos sepulcros en los que destaca un relieve policromado de la Eucaristía; uno de los sepulcros corresponde al magnate Lesmes de Astudillo, mecenas de esta capilla y de la capilla-sepulcro de los Reyes Magos en la catedral de Colonia, y a la esposa del magnate, Mencía de Paredes, fallecidos respectivamente en 1541 y 1559, y el otro a Andrés de Astudillo, canónigo y capiscol del cabildo burgalés.

El retablo de la capilla, dorado y policromado, es del siglo XVI, está presidido por un Santiago matamoros y contiene en tema mariano, en el centro, y las tallas de San Juan Evangelista y Santa María Salomé, en las calles laterales; en las gradas, en el suelo, se halla el sepulcro del obispo Juan de Villacreces, fallecido en 1403, y junto al retablo, al lado derecho, la magnífica talla de Cristo atado a la columna, obra de Diego de Siloé, anterior a 1528. Repartidas por la estancia hay importantes obras de arte, como algunos tapices de los siglos XV y XVI, entre los que destaca uno que desarrolla el tema de la Templanza; nueve tablas góticas, de finales del siglo XV, pertenecientes al antiguo armario de la Reliquias y de las que siete fueron pintadas por Alonso de Sedano y dos por el maestro de los Balbases; cruces de marfil y de orfebrería de diversas épocas y estilos, entre las que destaca una, cincelada y repujada por Juan de Horna, en 1537, y restaurada y completada por Juan de Arfe; cálices y portapaces de los siglos XVI al XIX; el ajuar litúrgico de la capilla del Condestable (cáliz, patena, vinajeras, sacras, portapaces…, del siglo XVI; relicarios de plata sobredorada, entre los que destaca uno del siglo XV; un altarcito portátil de marfil, de finales del siglo XV, regalo del rey Manuel I de Portugal al Condestable; un cuadro de Mateo Cerezo, del siglo XVII, que representa a San Francisco de Asís; una custodia neogótica, de oro marfil y piedras preciosas, realizada por los talleres Granda en el siglo XX…
Bibliografía

* ANDRÉS ORDAX, SALVADOR. Guía de Burgos. Ediciones Lancia. León, 1991. ISBN: 84-86205-50-6
* DE RIVERO, ENRIQUE. Rincones singulares de Burgos, tomo XI. Ciudad de Burgos. Caja de Burgos, 2007.
* IBÁÑEZ PÉREZ, Alberto C.; PAYO HERNANZ, René Jesús: Del Gótico al Renacimiento. Artistas burgaleses entre 1450 y 1600. Burgos: Cajacírculo, 2008.
* ORTEGA, Fernando: Burgos. Paseos literarios. CELYA: Salamanca, 2002.
* RAMOS MERINO, Juan Luis. «La librería de la Catedral de Burgos en el siglo XV: una aproximación». En: Boletín de la Institución Fernán González, 2003, LXXXII (226), pp. 181-192.
* Serrano, Luciano (1922). DON MAURICIO, OBISPO DE BURGOS Y FUNDADOR DE SU CATEDRAL. Editorial Maxtor.España. ISBN 84-95636-21-2 (Ed. Facsímil).[1]

mas informacion:
Galeria de Imagenes de la Catedral de Burgos en España

Catedral de San Antolin de Palencia (España)

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Construcción     siglo XIV-siglo XVI
Estilo arquitectónico     Gótico, plateresco, barroco

Historia

Nombre: Catedral de San Antolin
Conocida popularmente como “la bella desconocida”
Ubicación: Palencia. Comunidad Autonoma de Castilla-León
Gentilicio: Palentinos
Llamada por los romanos: Pallantia
La Catedral fué declarada Monumento Histórico Artistico en 1929

Palencia, a orillas del rio Carrión, es uno de los más antiguos obispados de Hispania. Capital de los vacceos, opusierón fiera resistencia a los romános. Fué sometida a sitio por el cónsul Lúculo, sin poder tomarla, lo mismo que le ocurrió a Lépido y a Escipión el africano, que quiso tomarla por la ayuda prestada a Numancia. Se pone del lado de Sertorio en las guerras sertorianas y sufre un nuevo asedio por parte de Pompeyo. Más tarde según la tradición predica en ella el apostol Santiago que nombra obispo a Nestor, martirizado por los romános.
Arrasada por Teodorico en el año 456, casi desaparece de la historia, a no ser por Wamba que se trae de la zona de Narbona (Francia), los restos de San Antolín, y junto a un pozo salutífero, manda construir una basilica en honor del santo.

En el año 1034, Sancho III el Mayor, rey de Navarra y conde de Castilla, ordena al obispo de Oviedo don Ponce, que reorganize la diócesis y este antes de regresar a Oviedo, deja al frente de la diocesis, al monje Bernardo, de la orden de Cluny.

Sobre los restos de la Bailica visigoda de Wamba, edifican un templo en estilo románico, que será el germen de la construcción de la futura Catedral gótica de San Antolín.

Caracteristicas

El actual templo se levanta sobre los restos de una antigua basilica visigoda del siglo VII, y sobre los restos también del anterior templo románico mandado edificar por Sancho III de Navarra en el siglo XI. A su vez en el subsuelo se han encontrado restos romanos. Recientes investigaciones parecen demostrar que en los alrededores de la catedral se encuentran restos de edificaciones romanas y que el emplazamiento de la actual torre, seria una torre fortaleza romana en su origen.

La cripta de San Antolín es lo que nos queda de las edificaciones antes mencionadas y sobre las cuales esta construida nuestra Catedral. La cripta esta situada bajo el actual coro de la Catedral.

Esta cripta la forman dos espacios claramente diferenciados, por una parte la cripta visigoda, y por otra parte una nave protorománica o primer románico del siglo XI. Sobre estas construcciones unidas entre si en un mismo espacio, se construyó la actual Catedral gótica.

Se atribuye la construcción de la parte visigoda de la cripta al rey visigodo Wamba, de quien se dice que trajo las reliquias del mártir francés Antolín a Palencia.

Este conjunto de la cripta presenta todos los elementos arquitectónicos y decorativos del arte hispano-visigodo de la segunda mitad del siglo VII: arcos de herradura, capiteles con esquemáticas hojas, e impostas decoradas con frisos geométricos.

La catedral de San Antolín, sede episcopal de la diócesis de Palencia, se encuentra en la ciudad española de Palencia, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Es principalmente gótica con añadidos posteriores renacentistas, barrocos y neoclásicos. Popularmente apodada “la Bella Desconocida” por no ser tan conocida como otras catedrales, aun cuando atesora en su interior una importante cantidad de obras de arte de gran calidad y valor. Sus más de 130 metros de largura la convierten en una de las mayores catedrales de España, su ábside roza los 30 metros de altura y la anchura es de 50 metros en el crucero, más otros tantos del claustro y sala capitular. El exterior carece de una fachada principal propiamente dicha y se presenta sobrio y macizo, cosa que no refleja la grandeza de su interior, donde pueden verse más de veinte capillas de gran interés artístico e histórico. Aunque la construcción de la catedral gótica duró desde el siglo XIV hasta el XVI, en realidad lo que hoy día vemos ha tardado casi catorce siglos en ser levantado, pues la parte más antigua de la Cripta de San Antolín data del siglo VII y el templo aún no ha sido concluido. El elemento más reconocible al exterior es la torre, esbelta pero algo tosca teniendo en cuenta su pertenencia al estilo gótico. Estudios recientes y excavaciones demuestran que fue torre de carácter militar en el pasado y tras cumplir esa función se le añadieron sus pináculos y espadaña como única decoración. La planta es de cruz latina y tiene la peculiaridad de contar con un crucero y un falso crucero por lo que también dispone de cinco puertas, formando así una planta en cruz patriarcal. Esto es debido a que el primitivo crucero quedó pequeño y se hizo un segundo, más monumental. De todos modos ambos cruceros solo se marcan en alzado y no sobresalen en planta. En este templo se guarda en su antesala y sala capitular la colección del museo catedralicio con su gran obra El martirio de San Sebastián de El Greco, y otras obras como una gran colección de tapices flamencos renacentistas. Es el primer monumento del municipio de Palencia en ser declarado como Monumento Nacional, distinción que obtuvo el 3 de noviembre de 1929.

Orígenes del edificio
En el solar donde ahora se halla la catedral hubo en la Antigüedad un templo de culto pagano. Ese templo se debió sustituir más tarde por otro paleocristiano. De ninguno de los dos queda memoria en el emplazamiento del edificio actual.

Restos visigodos de la Cripta

El vestigio más antiguo es el fondo de la cripta de San Antolín, que es el resto de un edificio visigodo de mitad del siglo VII,[2] construido con y sobre restos romanos.[3]

En tiempos de Sancho III el Mayor se restauró la diócesis palentina en su antigua sede de la ciudad de Palencia.[4] El rey encargó su organización al obispo Ponce (o Poncio) que gobernó desde 1035 a 1037. La diócesis necesitó por tanto una sede, eligiéndose su ubicación en el mismo lugar que ocupaban las ruinas visigóticas, que fueron ampliadas y restauradas a tal efecto. En 1035 y ante la presencia de Sancho el Mayor, de la corte y de varios obispos se consagró el nuevo edificio con lo que quedó configurada la cripta de San Antolín tal y como puede verse en la actualidad.[5]

Años después de esta restauración y probablemente en tiempos del obispo Raimundo (1148-1184) se edificó un nuevo templo en estilo románico que fue consagrado en 1219 en tiempos del obispo Tello Téllez de Meneses (1208-1247). En documentos oficiales se denomina a este templo honestissima lapidum domus. Constaba de tres naves, varias capillas, una portada al oeste y una torre. Su cubierta era de madera. Tenía también un claustro y sala capitular. Los restos arquitectónicos que se conservan sirven para determinar su situación y sus dimensiones aproximadas. En la actual capilla mayor se mantienen columnas y capiteles que hacen pensar que aquella zona correspondería al ábside. También se guardan procedentes de aquella catedral románica muchos objetos litúrgicos y algunas esculturas en piedra policromada, la talla de la Virgen románica con el Niño, el valioso sepulcro de doña Urraca (hija de Alfonso VII) y la mesa de altar de piedra que se apoya sobre columnas con capiteles. La reja que sirve de puerta a la capilla del Sagrario es también románica y de la misma época.La catedral gótica (1321-1516)

La catedral románica tuvo un siglo de existencia. Al cabo de esos cien años el obispo Don Gómez, de acuerdo con el Cabildo propuso levantar en el mismo lugar una nueva, al estilo del momento, es decir, el gótico. Se supone que se tomó esta decisión por el mal estado en que se encontraría el edificio románico y por las necesidades de que Palencia tuviera una sede digna del prestigio que había tomado la diócesis palentina.

Interior

El 1 de junio de 1321 se colocó la primera piedra ante la presencia del legado pontificio, cardenal Guillaume Pierre Godin, (obispo de Santa Sabina, Italia) y de varios obispos españoles. Ese año regentaba la catedral Juan II (1321-1325). Se desconoce el nombre del autor de las trazas, aunque por su obra se supone que era un maestro-arquitecto español que se inspiró en las catedrales de Burgos y León. Está documentado el primer canónigo obrero o fabriquero, Juan Pérez de Acebes, que era prior de la abadía de Husillos y Comendador.

Desde 1321 a 1516 se distinguen tres etapas constructivas:

* La primera se extiende desde 1321 a 1426 en que se comienza la cabecera que se fue completando con siete capillas absidales y la girola. Las obras continuaron lentas a lo largo del siglo XIV.
* La segunda comprende desde 1426 a 1486 en que se construyen tres tramos de las naves más la nueva capilla mayor y parte de la torre. Quedaron cerradas las bóvedas de la girola y se construyeron los dobles arbotantes y el triforio. A finales de este siglo se cambiaron los planes que se tenían desde el principio con respecto a la longitud del templo, haciendo el proyecto de ampliar en un tramo más. Estos cambios se efectuarán en el siglo siguiente. Existe una bula de Inocencio VIII a fecha de 1486 que expresa que en esta fecha se hallaba todavía a la mitad de su construcción y descubierta casi toda, lo que puede llevar a pensar que la catedral románica no desapareció de una vez, sino que se fue derribando según avanzaban las obras.
* La tercera etapa va desde 1486 a 1516, bajo el mandato de los obispos fray Alonso de Burgos, fray Diego de Deza y Juan Rodríguez de Fonseca, con los arquitectos Bartolomé y Martín Solórzano, Juan de Ruesga, Juan Gil de Hontañón y Pascual de Jaén que puso la última piedra cerrando las bóvedas de los pies. Se realizaron los cinco restantes tramos de las naves más el crucero más el claustro y la sala capitular.

Maestros constructores, obispos y mecenas

Entre 1397 y 1415 las obras de la catedral recibieron un gran impulso bajo el obispado de Sancho de Rojas. Es cuando se termina la capilla mayor cerrando sus bóvedas y se procede a su decoración que es sufragada por este obispo a quien sucedió Gutierre Álvarez Gómez de Toledo, desde 1426 a 1439 y después Pedro de Castilla Eril desde 1440 a 1461. Durante el mandato de estos dos obispos tiene lugar la segunda etapa de construcción de que se ha tratado en la sección anterior. Con Gutierre Álvarez dirige las obras como maestro mayor Isambart (o Ysambert o también Isabrante).[8] Este obispo se ocupó de que las obras no decayeran y a tal efecto aprobó la creación de la Cofradía de San Antolín en 1432 de la que se recibirían donaciones importantes.

Su sucesor, Pedro de Castilla consiguió que se acelerase el ritmo de las obras. Bajo la dirección del maestro mayor Gómez Díaz se construyó la parte que comprendía desde la capilla mayor ya terminada hasta el crucero. Con esta ampliación se hizo realidad el proyecto de agrandar los planos cuyas proporciones iban a ser menores en un principio. De esta manera quedó la catedral diseñada con dos cruceros, el auténtico y más ancho que se sitúa entre la actual capilla mayor y el coro, y el falso crucero, más estrecho, que se extiende a continuación de lo que fue capilla mayor (hoy capilla del Sagrario).

Entre 1461 y 1469 tiene lugar el obispado de Gutierre IV de la Cueva. El maestro de obras sigue siendo Gómez Díaz que reedifica y termina la torre. A su muerte es contratado Bartolomé Solórzano que será maestro mayor hasta comienzos del siglo XVI (1504) haciendo los planos y dirigiendo numerosas obras de ampliación durante los obispados de Diego Hurtado de Mendoza (1473-1485), fray Alonso de Burgos (1486-1499) y fray Diego de Deza Tavera (1500-1505). Estos dos últimos obispos dominicos son grandes impulsores y entusiastas que consiguen un gran avance en la edificación de la catedral. Con fray Alonso comienza la tercera y última etapa del gótico. Es un hombre inquieto, con grandes recursos para aportar soluciones y buscar medios para conseguir la culminación de las obras. Su mejor gestión fue conseguir del Papa el permiso para que el Cabildo de la catedral de Palencia pudiera destinar durante 35 años unas determinadas rentas con destino a las obras de esta fábrica. Además legó millones de maravedíes para la catedral en general y para el comienzo de la construcción del claustro. Bajo su mandato se terminó el crucero (1497) y se dio un gran avance en el siguiente tramo, avance que llegó casi hasta los pies del templo. El otro gran obispo dominico, Diego de Deza, contrató al maestro Martín Ruiz de Solórzano para la culminación del edificio; pero en 1505 el obispo es trasladado a Sevilla y el maestro Martín muere.

Otro gran adelanto tuvo lugar gracias a Inés de Osorio, gran dama palentina que murió viuda y sin descendencia y dejó en su testamento una generosa donación con la que se pudo dar fin a las bóvedas del crucero y avanzar en otros espacios. Esta señora está enterrada en el lateral de la actual capilla del Sagrario, en un sepulcro artístico y notable.

El siguiente obispo fue Juan Rodríguez de Fonseca cuyo mandato duró casi 10 años, de 1505 a 1514. Fue un gran mecenas. Contrató al maestro constructor Juan Ruesga que se ocupó de las obras pendientes todavía y al maestro Juan Gil de Hontañón para la culminación del claustro. Antes de que los trabajos se terminaran este obispo fue trasladado a Burgos así que el final de la gestación de la catedral de Palencia tuvo lugar bajo el mandato de Juan Fernández de Velasco, obispo desde 1514 a 1520, con el cierre de las bóvedas del claustro, sala capitular y otras del templo que aun quedaban, cuya última piedra fue colocada en 1516 por el maestro Juan de Jaén. Con esto se da por terminada la catedral gótica.
Obras menores hasta el siglo XX

Durante los siglos siguientes tuvieron lugar una serie de obras llamadas menores en comparación con la arquitectura. En el renacimiento los hermanos Corral de Villalpando decoran algunas capillas y bóvedas, haciendo un buen trabajo en las bóvedas de la capilla mayor. El claustro bajo se reforma en el siglo XIX bajo el mandato del obispo Mollinedo y de 1884 a 1901 se producen restauraciones de varias capillas. Los arquitectos Ángel Cadano, M. González Rojas y Juan Agapito y Revilla restauran los arbotantes de la cabecera. En el siglo XX tienen lugar obras en las cubiertas y crestería siendo su arquitecto Jerónimo Arroyo. Fernando Chueca Goitia colocó la portada de la fachada oeste, y en la última década, Carlos Clemente rehace las cubiertas. No obstante la catedral sigue sin concluir.

Siglo XXI

Las principales obras son:

* La restauración de la fachada septentrional y girola.
* La restauración de la capilla de los Reyes.
* La restauración de la mitad oriental de la fachada meridional (hasta la Puerta de los Reyes). Años después se restauraría el resto de la fachada
* La restauración de la antigua capilla del Monumento.
* Nueva iluminación.
* Disposición de la vidriera central de la fachada oeste.
* La más importante de las obras del siglo XXI ha sido, probablemente, la restauración del claustro. Se han abierto de nuevo los ventanales (que fueron cubiertos por riesgo de derrumbes) que daban al patio interior mejorando con ello las trazas de su estilo gótico, se han restaurado las bóvedas, paredes y suelos y se ha abierto al público.

Exterior de la catedral

El exterior de la catedral se caracteriza por su sobriedad y desnudez, sólo rota por la riqueza de algunas de las portadas y el dinámico juego volumétrico del ábside. Las cinco puertas se distribuyen en las tres fachadas, y en el lado sur se alza la torre, tosca y de aspecto militar, entre dos de estas puertas. Desde la puerta del crucero hasta los pies del edificio, lo que podría ser fachada de la iglesia queda totalmente anulado por la presencia del claustro que ofrece al exterior una pared lisa con un solo vano como puerta al exterior.
Fachada occidental

Orientada hacia la orilla del río Carrión, en la plaza de San Antolín. Está inconclusa. Tiene anexionada la capilla del Monumento (siglo XVIII) que sobresale notablemente.

Vista desde Plaza San Antolín

La parte alta de esta fachada se cierra con un frontón en cuyo centro se abre un pequeño rosetón. Este frontón equilátero está decorado con pináculos góticos y en su vértice se encuentra una cruz que lleva en el medio la inscripción JHS. Más abajo aparecen dos gruesos contrafuertes que recorren los laterales de la pared; entre ellos se abre una vidriera de colores azulados que representa al Arcángel Gabriel anunciando a María su concepción. A pesar de su modernidad (realizada en el año 2005) no rompe el estilo gótico de la catedral; este ventanal fue colocado para sustituir a una vieja vidriera en mal estado.

En la parte más baja, una puerta sencilla y neoclásica (firmada por el arquitecto Fernando Chueca Goitia) permite el acceso al templo. Se llama puerta de San Antolín o de los Descalzos. Por último en el lado derecho se encuentran los muros de la antesala y sala capitular (que guardan el tesoro del museo catedralicio); están sucados de ventanales y contrafuertes que terminan en pináculos; otro espacio colindante corresponde al recinto de la biblioteca de la catedral.

A la izquierda, coronada por una cúpula de pizarra, se encuentra la Antigua Capilla del Monumento que se encuentra en proceso de restauración al igual que, previsiblemente, el resto de la fachada en la que se colocarán nuevos pináculos en lugar de los desaparecidos o degradados y se rematará con un grupo escultórico dedicado a la Virgen María en la parte alta.

Fachada septentrional

Fachada septentrional vista desde la plaza de Cervantes

Está orientada hacia la plaza de Cervantes, parque cuadrangular y romántico cruzado por dos calles diagonales que se unen formando una plazuela que contiene el Monumento a la Paz. La fachada es casi lisa, interrumpida tan solo por dos puertas, correspondientes al crucero y falso crucero. A lo largo de este muro se encuentran trasdosadas las sacristías que corresponden a las sucesivas capillas de la nave del Evangelio, lo que le proporciona a la catedral tres alturas y tres naves en el este lado. A la izquierda, junto a la cabecera, se encuentra la puerta de los canónigos. Hubo un tiempo en que se la llamó puerta Nueva por ser la última en construirse, sin contar con la del siglo XX de San Antolín. En las actas capitulares se dice que fue construida en 1762. Es una puerta de arco rebajado y sin ornamentación que da entrada al falso crucero. Frente a esta puerta se halla el Hospital de San Antolín y San Bernabé cuya administración depende del Cabildo desde el siglo XII.

Hacia la derecha se encuentra el crucero original, y en su parte baja la puerta de los Reyes o de San Juan, muy decorada en gótico flamígero, que ha ganado mucho después de una restauración; encima de esta gran portada se divisan tres imágenes de santos (en el centro el patrón de Palencia, San Antolín). En el mainel y sobre una pilastra está la estatua de San Juan, que da el segundo nombre a la puerta. Es la única puerta de Palencia que posee parteluz. Hoy en día esta puerta ha quedado inutilizada al colocarse un altar en el interior de la catedral que se utiliza en las grandes ceremonias como las misas del Domingo de Ramos o del Corpus Christi porque la capilla Mayor no da cabida suficiente a estas celebraciones.

Cabecera

Ábside

La parte más antigua y armoniosa del templo catedralicio es su cabecera, del más puro estilo gótico francés. Su esquema poligonal con absidiolos rasgados por grandes ventanales recuerda al de la catedral de León, aunque con una concepción aún más monumental si cabe. El juego de volúmenes y luces se enriquece con una minuciosa decoración de moduras, frisos de escamas, pináculos, etc. Entre estos pináculos surgen extrañas gárgolas; se basan, como fuera constumbre en el gótico, en temas relacionados con la muerte, el infierno y seres fantasmagóricos. Llama la antención en especial la del fotógrafo, que es un añadido moderno del arquitecto Jerónimo Arroyo (véase el apartado de curiosidades).
Fachada meridional

Se aprecia aquí una evolución de estilos desde el más puro gótico de la girola pasando por el flamígero de las puertas y el tardío del centro de la nave hasta el “moderno” neoclásico del oeste, aunque guardando gran unidad todo el conjunto. Este lado se abre a la extensa plaza de la Inmaculada aparece configurada por dos portadas, la torre y el muro correspondiente al claustro.

Desde el extremo derecho, siguiendo hacia la izquierda se ven tres salientes de la fachada; el primero de ellos es la puerta llamada de El Salvador, o más usualmente de los Novios, con decoración sencilla, gótica, realizada en tiempos de los obispos Hurtado de Mendoza y Burgos, cuyos escudos pueden verse en el friso que está bajo la cornisa. El escudo del medio es el del Cabildo. La puerta se compone de tres arquivoltas apuntadas, adornadas con elementos vegetales. Llama la atención el tímpano que, desprovisto de toda ornamentación, flanquea el portón.
Catedral:Puerta del Obispo

Si se continúa en la misma dirección se puede observar el segundo saliente: la torre, una construcción militar prismática, muy sobria cuya única decoración es el reloj del centro, el gran ventanal en el que se divisan las campanas y en la parte alta dos arcos que se conforman como espadaña, uno grande y de medio punto sobre el que se asienta el otro con arquitrabe. Todo coronado con grandes pináculos. El primer cuerpo se cierra con bóveda de cañón apuntada remodelada en el siglo XV.

Más a la izquierda se encuentra la puerta más importante, más grande y más decorada: la del Obispo o de Santa María (siglo XV-XVI), en la actualidad bastante deteriorada por la erosión. Se comenzó en tiempos del obispo Hurtado de Mendoza; su decoración data de años más tarde, en tiempos del obispo fray Antonio de Burgos y se terminó con Rodríguez de Fonseca. Consiste en una puerta de madera maciza sobre la que se disponen cinco arquivoltas y un guardapolvo muy decorado; las cinco arquivoltas están adornadas con motivos vegetales e historiados, y se apoyan en columnas coronadas por apóstoles esculpidos en el siglo XVII; justo encima, en el arco conopial del centro encontramos una imagen de la Virgen María, gótica, rodeada por dos vidrieras en forma de flor, y un poco más arriba, en el tímpano, un conjunto de baldosas muy decoradas. A pesar de ser la más importante es también la más degradada y la erosión ha borrado gran parte del esplendor que poseía.

Por último y más a la izquierda se encuentra la pared exterior del claustro con una decoración simple aunque armoniosa de contrafuertes y pináculos. El claustro posee una única puerta al exterior, cerrada con una verja de hierro. Sobre el claustro se divisa el cuerpo de la cruz que forma la catedral, con sus típicos arbotantes y vidrieras.

Interior de la catedral

Reja del Coro

Si el exterior de la catedral provoca cierto desconcierto por la sobriedad de sus formas, la principal característica del interior es la contraria. El estilo gótico florido se repite en todo el templo con variantes flamígeras, renacentistas, platerescas y barrocas, estas últimas patentes en la gran cantidad de retablos, cuadros y tallas que encierran los muros de la seo.

La planta está dividida en tres naves de nueve tramos, sin contar el que corresponde al falso crucero, que es más estrecho y une el resto de los tramos con la girola. Las naves están separadas por pilares compuestos sobre los que descansan los arcos apuntados y las bóvedas de crucería, características del gótico. La estructura de estas bóvedas se va complicando desde la cabecera a los pies, empezando por ser bóvedas “sencillas”, bóvedas de crucería sexpartita y combadas a partir del crucero. El crucero está situado en el sexto tramo, entre el coro y la capilla mayor, que se encuentra en la nave central ocupando lo siguientes dos tramos. Esta catedral dispone de un auténtico triforio practicable aunque ciego al exterior. Recorre la nave central, el crucero y la cabecera, y se cierra con magníficas tracerías caladas.

La cripta de San Antolín es un espacio muy importante dentro de este edificio, tanto por el valor histórico como por su arquitectura que representa la época visigoda y protorrománica. Se encuentra en la nave central y se accede por una escalinata situada a los pies de las gradas del trascoro.

Las bóvedas que cierran el templo están muy decoradas y se elevan hasta más de 30 metros de altura. De entre las dos bóvedas laterales, (de una altura menor que la principal) y ésta última, cuelgan grandes y valiosos tapices. Las vidrieras de esta parte no son muy llamativas, pero debido a sus claros colores, aportan gran luminosidad al interior.

Nave del Evangelio

En las paredes exteriores del presbiterio, en el primer paño, se encuentra el sepulcro de Don Rodrigo Enríquez, Deán de esta Catedral e hijo de los Almirantes de Castilla, muerto en 1465. El otro arco cobija un pequeño retablo dorado y policromado, lleno de figuras en grisalla sobre oro, enmarcando una pintura sobre tabla representando La Aparición de Jesús Resucitado a su Madre, atribuida por unos a Alonso Berruguete y por otros a Juan de Villoldo. A su lado, una escultura en piedra policromada del siglo XVI representa a San Juan Evangelista.

Sepulcro del Abad de Husillos.

En el segundo paño destaca el Sepulcro de Don Francisco Núñez, Abad de Husillos, obra del escultor Alejo de Vahía[10] y realizado en 1501. El arco contiguo enmarca el retablo de Santa Apolonia, obra de Manuel Álvarez, de 1556. La escultura de la santa titular es una talla de piedra policromada del siglo XV. A su lado hay una escultura de San Juan Bautista, en piedra policromada del siglo XVI.

Las paredes exteriores del Coro se corresponden con sus tramos cuarto y quinto y fueron construidas a costa del obispo Don Juan Rodríguez de Fonseca.

Dos pequeñas puertas de entrada al Coro y al corredor alto, talladas en madera de nogal, se sitúan a ambos lados del altar del Cristo. Fueron hechas por Pedro de Guadalupe entre los años 1513 y 1519 y muestran los escudos del Cabildo y de Fonseca y las cabezas de los Apóstoles Pedro y Pablo en bajorrelieve. En el retablo pétreo de este tramo se encuentra el Cristo de las Batallas, imagen muy venerada en la ciudad ante la que se encomendaban los soldados al partir a la guerra. Es una talla gótica de gran calidad e impactante patetismo, acentuado por la policromía.

El segundo tramo, de líneas y decoración plateresca, lleva en el centro un pequeño altar dedicado al Salvador, en arco de medio punto, cobijando en él la excelente figura del titular. Esta escultura, tallada en madera de nogal, dorada y policromada, fue realizada por Felipe Bigarny para ser colocada en al altar mayor. La posterior decisión del Cabildo, situando en el centro del retablo mayor la imagen de San Antolín, hizo que se ubicara definitivamente aquí.

La traza o diseño de este paño se atribuye a Diego de Siloé y se decora además con ocho esculturas en piedra policromada, representando a santos, reyes y fundadores, realizadas en torno al año 1500.

Nave de la Epístola

Sepulcro de Don Diego de Guevara.

Frente a la sacristía, en la pared de la capilla mayor, aparece situado el Sepulcro de Don Diego de Guevara, Arcediano de Campos, realizado en 1509 por Alejo de Vahía.[10]

El espacio contiguo al Trascoro está formado por un gran altar plateresco fechado en 1534, con trazas atribuidas a Diego de Siloé y con nueve imágenes de piedra realizadas por Juan de Ruesga. Lleva columnas altas, con pilastras e impostas que delimitan las divisiones, y en el centro un arco rebajado y trilobulado. Apoyada en el arco, la estatua en piedra de San José sedente con el Niño. En la parte baja, un pequeño retablo, plateresco, dorado y decorado con medallones de santos, lleva en el centro las esculturas, en piedra policromada, de San Pedro y San Pablo. Sobre él, los grupos escultóricos de la Anunciación y el Nacimiento del Señor, de Juan Manuel Becerril, de 1769.

El espacio contiguo al Crucero está formado por un arco gótico, análogo al situado en la nave del Evangelio, con los escudos de Fonseca y decorado con doseletes, cresterías y pinturas murales. Dentro del arco, en el centro, se sitúa el Altar de la Visitación, retablo de finales del siglo XV, con tablas pintadas al óleo, donado por el prior Juan Ayllón. Es una de las mejores obras pictóricas de la catedral, destacando el magnífico estudio de la perspectiva, y el realismo de raigambre hispanoflamenca de las figuras. Es obra de autor anónimo.

Capillas

Las capillas de esta catedral se hallan ubicadas en la girola y en la nave norte. La nave sur carece de ellas porque da cobijo al espacio del claustro, al que se accede por dos puertas. En el centro y frontera al coro está la capilla mayor. La mayoría de las capillas guardan en su interior obras de arte de gran importancia y algunas están cerradas por rejas de gran calidad artística. La arquitectura de todas ellas es gótica ofreciendo unas bóvedas muy bellas.

Una vez terminadas las grandes y necesarias obras, el Cabildo ideó un plan de mantenimiento que resultó bastante provechoso. En cada capilla fundó un Patronato cuyos miembros estaban obligados a unos ciertos y variados cumplimientos a cambio de determinados derechos.

Vidrieras de la capilla de San Miguel

Las capillas tuvieron muchos capellanes a su servicio. Algunas eran privilegiadas al ser propietarias de fincas rústicas y urbanas que les permitían mantenerse enriquecidas y lujosas. Se conserva documentación de muchos de estos espacios pero no hay constancia de la mayoría de los artistas que trabajaron en su ornamentación porque la elección de los mismos estaba a cargo de los patronos o mecenas y el Cabildo sólo apuntaba en sus legajos lo concerniente a la parte económica y a las obras a realizar.

Las capillas en general disponen de bóvedas de gran altura; al construir la catedral se siguió un patrón que sacrificaba metros de claristorio (es por esto que las vidrieras de la seo no son muy grandes) pero que permitían elevar las naves secundarias para dar lugar a capillas y galerías laterales mucho más amplias que las de otras catedrales como la de León.
Capillas centrales

Al contrario que la mayoría de catedrales que sólo disponen de una, la Catedral de Palencia tiene, por decirlo de este modo, dos capillas mayores: La primera, situada en la cabecera es la antigua hoy llamada “del Sagrario”, justo en frente se encuentra la pared que encierra la segunda capilla: la Mayor actual.
Capilla del Sagrario

La capilla del Sagrario (n.º 8 en el plano), está rodeada por la girola ocupando la parte central, tal y como correspondería a una capilla mayor. Esto se debe a que en origen este espacio estuvo ocupado por la primitiva capilla mayor de la catedral. Toma también los nombres de capilla de los Curas y capilla de la Parroquia. Como tal capilla del Sagrario se hacen las obras de remodelación entre 1415 y 1430. Nótese la audacia del trazado de la bóveda, de nervaduras colgantes.

Capilla Mayor

A la izquierda en verde pueden verse los espacios correspondientes a las sacristías de las capillas. En el centro está configurada una perfecta cruz griega. Y si se observan los dos cruceros se aprecia la cruz patriarcal.

La capilla mayor ocupa los tramos siete y ocho de la nave central, donde en origen, estaba situado el coro conventual. (Ver en plano n.º 12). La edificación de este tramo se llevó a cabo durante la segunda etapa (1426-1486) de las tres constructivas señaladas en una sección más arriba. El espacio en un principio se había utilizado para coro conventual. En 1519 se trasladó la primitiva capilla mayor (que estaba en lo que ahora es capilla del Sagrario) a este lugar. Los dos tramos fueron rematados y cubiertos a finales del siglo XV. Unos años después, en 1526 y 1527, los hermanos Corral, artistas yeseros muy apreciados, decoraron los nervios de la bóveda, llevando la dirección de la obra el maestro yesero Jerónimo del Corral. Quedaron las claves ricamente decoradas; en las dos centrales se muestran los escudos de los obispos Pedro Gómez Sarmiento (1525-1534) y Pedro de Castilla Eril (1440-1461). El triforio está realizado por Martín de Solórzano a finales del siglo XV.[12]

Se accede a la capilla a través de dos rejas de hierro forjado realizadas por Cristóbal de Andino, considerado en su época como el más ilustre de los rejeros españoles que tenía su taller de trabajo en Burgos. La más grande de las dos da al crucero; fue hecha en 1520 bajo el patronazgo del obispo Antonio de Rojas y del deán Zapata. Consta de dos cuerpos más crestería y un crucifijo en lo alto. Tiene como ornamentación flores y escudos de los mecenas. La segunda reja es más pequeña y da a la nave sur, frente a la puerta de la sacristía. Está colocada en una puerta en esviaje (o sesgada). Fue dorada por los hermanos Andrés y Alonso de Espinosa y colocada en 1531. Consta de dos cuerpos más crestería y está ricamente adornada con los bustos de San Antolín, San Pedro y San Pablo.

En la capilla se encuentran dos púlpitos que anteriormente estaban colocados en el zócalo de la reja del coro[13] y que se trasladaron a este nuevo emplazamiento en 1607. Son de hierro forjado, realizados por Gaspar Rodríguez en 1563. Las esculturas de los tornavoces son de Gregorio Fernández y representan a las Virtudes. En las paredes laterales están colgados unos magníficos tapices, cuatro en cada lado. Son de los talleres de Bruselas, de principios del siglo XVI y fue una donación del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. La obra maestra de esta capilla es el retablo cuyas trazas son de Pedro de Guadalupe de 1504.

El tamaño de la Capilla Mayor queda reducido por la construcción anterior de la Capilla del Sagrario. Es por esto por lo que en la parte izquierda del crucero se colocó un altar más grande que dejó inutilizada la puerta de los Reyes pero que permitía que hubiera espacio suficiente para las grandes celebraciones como las misas del Domingo de Ramos, del Corpus Christi u ocasiones especiales. Sus bancos móviles se disponen hacia este altar o hacia la Capilla Mayor según convenga.

Retablo Mayor

Retablo Mayor

Es el ejemplar más temprano entre los retablos renacentistas de España, hecho a imitación del desaparecido que hubo en el Colegio de Santa Cruz de Valladolid; circunstancia que, unida a la nómina de excelentes artistas que trabajaron en él, lo convierten en una pieza excepcional. Fue encargado por el obispo Diego de Deza para colocarlo en la primitiva capilla mayor. Encargó la obra al ensamblador Pedro de Guadalupe, entre 1504 y 1506. Trabajaron en él Felipe Vigarny en la parte escultórica y Juan de Flandes pintando las escenas de la vida de Jesús. Nunca llegó a montarse en aquella capilla, sino que se llevó a la capilla mayor nueva, la actual, cuando en 1519 el nuevo obispo Juan Rodríguez de Fonseca decidió el traslado. Allí se hicieron diferentes obras y modificaciones para que su colocación estuviera acorde con las dimensiones de este espacio. Algunas de las pinturas se vendieron al no encajar en el nuevo diseño, y una de ellas puede verse hoy en el Museo del Prado. Destacan sobremanera en el conjunto las impresionantes tablas de Juan de Flandes, que fueron sus últimas obras, y el patético Calvario de Juan de Valmaseda del remate; además de una Magdalena debida a Alejo de Vahía y el San Antolín tallado por Gregorio Fernández.
Capillas radiales de la girola

Este espacio se divide en 5 tramos con 4 capilla hexagonales y una, la central, en octógono irregular. Se proyectaron además dos tramos irregulares a derecha e izquierda, que unen la girola con el falso crucero.[14] De izquierda a derecha se encuentran situadas:
Capilla de San Miguel

Llamada también “de san Isidro”, por las dos imágenes de este santo que guarda. Preside la capilla (n.º 6 en el plano) un retablo renacentista de buena factura, con relieves en stiacciato de dos santos flanqueando la imagen titular, que pese al nombre de la capilla, es san Jerónimo penitente ante el crucifijo. Corona el retablo una pintura de la Asunción. Destacan asimismo en esta capilla un pequeño retablo plateresco dedicado a san Roque, de escuela palentina, mediados del siglo XVI, y un sepulcro pétreo, en arcosolio decorado por tracerías, con bulto yacente vestido con ropajes eclesiásticos.
Capilla de Nuestra Señora la Blanca

Destaca en esta capilla (n.º 5 en el plano) la imagen de la titular, apreciable escultura gótica del siglo XIV, realizada en alabastro, gemela de la que se conserva en la catedral de Toledo. Se aloja en un retablo muy posterior, neoclásico.

Capilla del Monumento

La capilla del monumento actual (n.º 4 en el plano) es la capilla central de la girola, de mayores dimensiones que las demás. En este espacio se reunía el Concejo de la ciudad. Se la conoce con los nombres de Corpus Christi, San Nicolas, Baptisterio y Santa Teresa, recibiendo el nombre actual cuando se trasladó el altar de plata que se usa como Monumento en Semana Santa.

Está proyectada en planta octogonal. Tiene una nervadura radial: del centro de la sala parten los nervios simétricamente hacia los extremos de las paredes. En la clave de la bóveda está esculpida la imagen de El Salvador.

Dispone de tres grandes vidrieras de gran calidad y detalle con tonos azulados; debajo de estos ventanales la pared está forrada de terciopelo rojo que proporciona calidez al conjunto. Pero lo que más destaca es el Monumento, chapado de plata sobredorada con tres partes bien diferenciadas: el frontal que se adorna con el escudo del Cabildo y dos jarrones de azucenas a los lados, el basamento, y una gradería sobre la que se alza el expositor eucaristico.

La capilla se cierra con una fina verja de hierro negro forjado. Ésta es obra del taller de Juan Pascual e Hijos, sito en El Burgo de Osma (Soria), como se puede observar en la inscripción de la cerradura.

Capilla de San José

Contrasta en esta capilla (n.º 3 en el plano) la pureza de las líneas góticas de su arquitectura, con lo moderno de la decoración. Está presidida por un cuadro de san José, obra del pintor Jacinto Gómez (s. XVIII), enmarcado en un altar de la misma época realizado en mármoles y jaspes de colores, todo ello de un severo Neoclasicismo.

Capilla de los Reyes o de San Pedro

La capilla de San Pedro (n.º 2 en el plano) es conocida familiarmente como capilla de los Reyes, por los tres relieves en yeso que la adornan con el tema de los Reyes Magos. Fue construida en el siglo XIV por artistas anónimos y reformada en el XVI principalmente por los hermanos Juan y Jerónimo Corral de Villalpando. Se encuentra situada en la girola, ocupando el primer lugar después del edículo, en el lado de la Epístola. Es de planta hexagonal y se cubre con bóveda estrellada.

Exuberante decoración de la Capilla de los Reyes

En el año 1548, Gaspar Fuentes de la Torre,[15] contrató la obra de reforma renacentista decorativa de la capilla con Juan del Corral, por un valor de 1.600 ducados. Don Gaspar murió en 1550, antes de que el Cabildo hubiera dado el permiso de patronazgo y el permiso de obras. Sus testamentarios, Gabriel de Salcedo (arcediano de Carrión de los Condes) y Francisco Carvajal (abad de Husillos) consiguieron dichos permisos el 3 de diciembre de 1550. En la yesería y en la tribuna de esta capilla constan las fechas de 1551 y 1552. Años más tarde se hizo cargo del patronazgo Jerónimo de Fuentes, terminándose la obra en 1569. En la cesión del patronazgo de 1550 el Cabildo hace una serie de advertencias, entre las que destaca la obligación de mantener la advocación de san Pedro en la capilla.

Los supradichos añadidos renacentistas han llevado a esta capilla a ser quizás la más rica de la catedral y una de las más bellas. Tras un proceso de restauración que ha durado años, ha sido reabierta a principios del año 2008 recuperando todo su esplendor.
Las yeserías

La principal ornamentación de la capilla es el trabajo de yesería policromada de los hermanos del Corral que cubre tanto la bóveda como las paredes, sin dejar un espacio libre (horror vacui). En la cúpula y dentro de medallones pueden verse a los profetas Isaías, Balaam y David, acompañados de angelotes, escudos y grutescos. Los tres Reyes Magos ocupan un lugar destacado, dentro de unos marcos individuales limitados por columnas y en actitud de marcha. Los colores predominantes en estas yeserías son los azules, blancos y ocres. Toda la parte baja donde terminan las yeserías está recorrida por un zócalo de azulejos de Talavera, detalle que se encuentra en otras capillas de la catedral.

El retablo

El retablo de esta capilla es un trabajo renacentista, con la figura del san Pedro en la hornacina principal. Es obra de entalladores locales, siguiendo el estilo de Felipe Vigarny, aunque la Virgen del cuerpo superior ha sido atribuída a Juan de Valmaseda.


Edículos

Capilla del Baptisterio

Ocupa esta capilla (n.º 7 en el plano) el estrecho espacio que permite la unión de la cabecera con el falso crucero, presentando una peculiar forma estrecha y alargada, con escasa iluminación. En el centro de la capilla se encuentra la pila bautismal, obra plateresca de sencilla decoración de querubines. En el testero de la capilla, un pequeño retablo con figuras de santos, obra renacentista de carácter popular, de seguidores de Alonso Berruguete.

Arco de San Martín

Es este el espacio (n.º 1 en el plano) gemelo del Baptisterio en la nave opuesta, y en este caso se encuentra tapiada su salida hacia la nave al hacer las funciones de sacristía. El espacio visible se configura como un pequeño altar-hornacina, con un relieve alusivo a san Martín (de ahí su nombre) en el remate, y un cuadro, buena copia del de Tiziano conservado en el Museo del Prado, que representa el Entierro de Cristo.
Coro

El coro (n.º 14 en el plano) se sitúa enfrente de la capilla Mayor, a la que está unido por un espacio cerrado denominado Vía Sacra (n.º 13 en el plano). Cierra el coro una formidable reja, del siglo XVI, obra de Gaspar Rodríguez, con abundante decoración de raigambre plateresca, parcialmente policromada. Los pretiles de piedra que la sustentan muestran inscripciones alusivas a la visita del emperador Carlos V y el papa Adriano VI a la catedral. El interior del coro aparece casi totalmente ocupado por la sillería capitular, de madera vista y estilo gótico. Los asientos y respaldos se enriquecen con tracerías gotizantes, de diferentes diseños, según un esquema muy sencillo. Destaca en el centro el asiento del obispo, flanqueado de doseletes y pináculos. A la derecha según se entra, elevado sobre la sillería, se encuentra el órgano catedralicio, obra de los organeros fray José de Echevarría y fray Domingo Aguirre; la trompetería se dispone en vertical y horizontal, a la manera hispana. La caja es obra barroca, con multitud de cabezas de ángeles y otra serie de menudas figurillas.

Trascoro

Trascoro gótico-flamígero

Situado a los pies del templo (n.º 22 en el plano). El trascoro se levanta sobre cinco escaleras y es una excelente obra del Renacimiento español, de carácter tardogótico y plateresco. Fue financiado por el obispo Fonseca y se sabe con exactitud que en él trabajó Juan de Ruesga allá por el año 1513. Cuajado de doseletes, encajes de piedra, hornacinas con figuras de santos, destacan los relieves del Martirio de san Ignacio de Antioquía y la Lactación san Bernardo, ambos de Francisco del Rincón. En el centro se halla el tríptico de los Siete Dolores de la Virgen, excelente muestra de pintura flamenca, obra del maestro Jan Joest, quien retrata al comitente en la tabla central junto a la Virgen y san Juan. Enfrente de este retablo pétreo se encuentra la escalera que da acceso a la cripta de san Antolín, y, cercano a la misma, el excelente púlpito, de madera sin policromar, obra de algunos de los más destacados discípulos de Alonso Berruguete, señalándose la intervención de Juan de Cambray y Francisco Giralte. Los relieves que lo decoran presentan fuertes concomitancias con los de Berruguete en la sillería de la catedral de Toledo.
Capillas de la nave norte
Capilla de San Sebastián

El elemento más destacable de la misma (n.º 9 en el plano) es el monumental retablo, de traza escurialense y presidido por la imagen del titular, obra de gran calidad atribuible a la gubia de Gregorio Fernández, cuyo estilo se hace presente en los pliegues duros y angulosos del paño que cubre al santo.

Capilla de San Jerónimo

Ornamentada (n.º 10 en el plano) por un aparatoso retablo de madera dorada, de esbeltas columnas que recuerdan a las de los retablos de Alonso Cano, obra de mediados del siglo XVII, destaca en el mismo un relieve con el tema de Pentecostés, a modo de portezuela, que guarda en su interior una imagen de san Antolín con varias de sus reliquias.

Capilla de la Purísima

Retablo de traza churrigueresca, de principios del siglo XVIII, con pinturas sobre lienzo del pintor Diego Díaz Ferreras, y presidiendo el conjunto, Inmaculada del estilo de las de Gregorio Fernández, relizada por Mateo Sedano, discípulo suyo (n.º 15 en el plano).

Capilla de San Fernando

Retablo de la misma época que el de la capilla anterior, aunque de mejor arquitectura, y pinturas asimismo de Díaz Ferreras, representando historias de la vida del rey santo. Es destacable su imagen titular, por la curiosa iconografía, pues aparece el rey con los atributos de la monarquía, orbe y corona, y vestido de armadura con la espada en alto. Enfrente del retablo, sepulcro renacentista de don Álvaro de Salazar (n.º 16 en el plano).

Capilla de San Ildefonso

La Capilla de San Ildefonso (n.º 18 del plano) fue dotada por Alonso Fernández de Madrid, el Arcediano del Alcor, fallecido en 1559 y aquí enterrado. Contiene un retablo mayor considerado como una obra maestra del escultor Juan de Balmaseda, lo que la convierte en una de las capillas con mayor interés artístico de esta Catedral.

La capilla tiene forma rectangular, ventanal ojival, bóveda decorada y reja de hierro forjado, todo ello obra del siglo XVI.

El retablo mayor, dedicado a San Ildefonso, es de estilo plateresco, obra de Juan de Balmaseda, realizada entre 1525 y 1549 en madera dorada y policromada, y en la que también pudo intervenir, según algunos estudiosos, Diego de Siloé. Se compone de sotabanco, banco, cuerpo y ático, con tres calles verticales. En el centro del sotabanco destaca una figura de Cristo. En el banco se representan el martirio de San Lorenzo, la Adoración de los Magos y el martirio de San Jerónimo. El cuerpo presenta las escenas del bautismo de Cristo bajo un medallón representando a san Pedro, la imposición de la casulla a san Ildefonso en la parte central y el martirio de san Juan Evangelista, bajo un medallón con la imagen de san Pablo. Sorprende la cantidad de detalles en los relieves, así como su excelente ejecución, de gran calidad artística. El conjunto se remata por un medallón de la Piedad extraordinariamente bello y patético, y por un Calvario.

Son destacables también otros elementos artísticos de la capilla, como la puerta tallada de la sacristía, junto con el frontón triangular que la corona, representando al Padre Eterno.

Capilla de San Gregorio

Es esta capilla (n.º 19 en el plano) una de las principales de la catedral desde el punto de vista artístico. El conjunto de retablos, sepulcro, azulejería de Talavera, e incluso la ventana, con una de las pocas vidrieras originales que se conservan, es un excelente muestrario de arte plateresco, llegado íntegro a nuestros días, a diferencia de otras capillas, que sufrieron cambios y reformas a lo largo del tiempo. En este caso, prácticamente todo data de mediados del siglo XVI. El retablo principal es una apreciable obra de la escuela palentina renacentista, profusamente dorado y policromado. Se compone de banco, dos cuerpos y ático, separados por pilastras planas con decoración agrutescada, de esquema muy similar al de otros ejemplares de la misma escuela; el relieve central presenta la Misa de san Gregorio, y los de las calles laterales, diversas historias sagradas, cobijadas por veneras.

Existe un segundo retablo, de menor tamaño, dedicado a los santos doctores Cosme y Damián, curioso por la violenta forma de describir uno de sus milagros. Es también obra plateresca, aunque de calidad más discreta, pero destacable sin embargo por la figura de san Matías que se sitúa en la pilastra principal. Se trata de una bella imagen, muy superior al resto, quizá procedente de un retablo desmontado, y cuyo autor es el gran Alonso Berruguete, que compone la figura con todas las características de su estilo, siendo una de las tallas más valiosas de la catedral. Enfrente del retablo principal, interesante sepulcro, del mismo estilo que el resto de la capilla, del canónigo Juan de Arce, cuya familia ostentó el patronazgo, y a cuya munificiencia debemos este espacio.

Capilla de Santa Lucía

La Capilla de Santa Lucía (n.º 20 en el plano) se sitúa a los pies de la nave del Evangelio de la Catedral, y fue realizada en el siglo XVI. En el centro se sitúa el retablo de Santa Lucía, de madera policromada y dorada, realizado en 1550 por seguidores de Manuel Álvarez, e instalado en esta capilla en 1582. Está compuesto de tres cuerpos, con numerosos relieves y esculturas. En la hornacina central del retablo se encuentra la imagen de la santa.

Esta capilla alberga además varias lápidas de enterramiento y dos sepulcros. En la pared oeste encontramos el sepulcro del canónigo Blas de la Rúa Bustamante, con una escultura de la Asunción de María, del siglo XVII. En el muro norte se ubica el sepulcro del opispo Buenaventura Moyano con un lienzo que representa Las Lágrimas de San Pedro, del siglo XVII.

Por último, una reja renacentista de hierro forjado y policromado realizada en 1579 por Juan de Vitoria cierra la capilla.

Antigua capilla del monumento

Se trata de un espacio (n.º 21 del plano) de forma octogonal, añadido en el siglo XVIII al cuerpo de naves, y que como vimos se trasdosa al exterior en forma de capilla casi exenta. Tuvo las funciones de Relicario y capilla del Monumento, y actualmente raramente se abre al público aunque presenta gran riqueza: retablo, bóveda con yeserías, ángeles tallados en madera y el sepulcro de Juan de Herrera, todo ello formando un interesante conjunto rococó.

Claustro

Aspecto de la galería norte del claustro

Se accede al claustro (n.º 25 en el plano), que ocupa prácticamente toda la pared lindante con la nave de la Epístola, a través de dos portadas. Una es un diseño tardogótico, siglo XV, con arco apuntado de arquivoltas decoradas por menuda hojarasca. En el tímpano aparece una Virgen en Majestad, más antigua que la propia portada, del siglo XIII.

La otra portada presenta una inusual forma en esviaje, en estilo renacentista, con decoración de grutescos, candelieri, etc. Las hojas del portón están talladas con escenas de la vida de san Antolín, por discípulos de Alonso Berruguete, señalándose el nombre de Manuel Álvarez como posible artífice.

Las obras del claustro se iniciaron hacia 1439, a expensas de los obispos fray Alonso de Burgos y Juan Rodríguez de Fonseca. Es un espacio cuadrado con cuatro crujías techadas por bóvedas de crucería de nervios combados, de sencillo esquema tardogótico. Los nervios apean en pilares fasciculados ligeramente resaltados del muro. Hacia el interior del patio se abren arcos apuntados que debieron llevar, como es usual en estos casos, tracerías y maineles que dejaban pasar la luz. Tales arcos fueron inexplicablemente tapiados en el siglo XVII, cerrando las galerías. En una intervención reciente (años 1999-2000) se han vuelto a abrir los arcos ojivales dotándolos de tracerías de diseño moderno con resabios gotizantes. En 1503-1505 dirigía las obras del claustro Juan Gil de Hontañón, quien lo remató hacia el año 1516.

Sala Capitular

Adosada al claustro y de la misma época que éste, es una sala (n.º 17 en el plano) de dos tramos de altas bóvedas de crucería combadas, iluminada por tres ventanales. Consta que trabajó también aquí Juan Gil de Hontañón, en la primera década del siglo XVI.
Museo Catedralicio

San Sebastián, de El Greco

A diferencia de otras diócesis, que suelen unir el museo de la catedral al diocesano, en el caso de Palencia el Museo Diocesano se encuentra instalado en otro espacio, el antiguo Palacio del Obispo, de manera que aquí se conservan solamente obras procedentes de la propia catedral, pese a lo cual el nivel y la calidad de sus piezas es sobresaliente. Sus espacios se reparten entre el claustro, la sala capitular y otras dependencias. Entre las numerosas piezas de prácticamente todas las épocas y estilos, las más señeras son:

* Una píxide esmaltada, románica, siglo XIII, rarísima en su estilo.
* Relieve del Descendimiento, de Felipe Vigarny, que lo esculpió para el retablo mayor, aunque nunca fue colocado.
* Díptico del Calvario y la Piedad, excelente pintura de Pedro Berruguete, pieza imprescindible en su catálogo.
* Escultura de Santa Ana Triple, obra maestra de Alejo de Vahía, de hacia 1510.
* Cáliz renacentista, siglo XVI, obra de orfebres germánicos, regalado por el emperador Carlos V a la catedral.
* Los Desposorios de Santa Catalina, gran cuadro de altar obra de Mateo Cerezo, siglo XVII, muy similar a uno conservado en el Museo del Prado del mismo tema y autor.
* Custodia procesional en plata, renacentista, obra de Juan de Benavente, 1585.
* El Martirio de san Sebastián, obra firmada de El Greco, una de sus pinturas más destacadas, y sin duda la obra maestra de cuantas guarda la catedral.

Tapices de la catedral
La catedral alberga varias series de tapices del siglo XVI de gran calidad e importancia histórica. Algunos se hallan colocados en los muros de la capilla mayor. La mayoría fue donación del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, con temas sobre el Antiguo y Nuevo Testamento y la Salve Regina. Otros pertenecieron al Dr. Arroyo, canónigo de Palencia y magistral de Valladolid. Proceden de los talleres de Bruselas y de los de Marche-Crétif, que era el tapicero de Francisco I de Francia.
Servicios de la catedral

La catedral es una entidad viva que mantiene una serie de actividades vinculadas a su razón de ser. Los servicios que siguen en activo son:

* Actos de difusión cultural: con publicaciones, exposiciones y conciertos.
* Amigos de la catedral, asociación particular que aporta y elabora sus propios programas.
* Archivo particular, a cargo de la catedral y a disposición de los interesados y estudiosos. Dirigido por Santiago Francia Lorenzo, académico de la Institución Tello Téllez de Meneses.
* Museo Catedralicio, con su exposición permanente.
* Formación de un coro infantil.
* Coral o Capilla de cantores.
* Escuela-Taller cuyo cometido es la reparación y conservación del patrimonio artístico.
* Obrador litúrgico que tiene a su cargo la conservación y reparación de ropas litúrgicas y otros componentes.
* Asociaciones varias, entre la que se encuentra la Escuela de Acólitos.
* Servicios varios a cargo de profesionales dedicados a mantener viva la catedral bajo la dirección de los capitulares responsables. Son los guías, cuidadores, conserjes, organista y campanero.

Algunas curiosidades

* Si se observa la girola por el exterior se puede encontrar una extraña gárgola: el fotógrafo. Es posterior a las obras del templo pero Jerónimo Arroyo, el arquitecto palentino que se encargó de restaurar la catedral decidió colocarla en honor a un conocido suyo que falleció realizando unas fotos en el tejado de esta catedral. Se cuenta que el que se coloque bajo esta estatua y pida un deseo le será concedido.

* Sobre la tumba de Inés de Osorio, patrocinadora a su muerte de la finalización de la Catedral, se encuentra una escultura de su cuerpo con su fiel criada, ésta tiene una coleta que según cuenta la tradición concede el deseo que se pide a quien tire de ella, en especial concede deseos a los estudiantes para tener una buena carrera.

* En el museo catedralicio hay un cuadro de Carlos I de rostro amorfo imposible de descubrir a simple vista, para verlo bien hay que mirarlo desde un agujero practicado en el lateral del marco.

* En el fondo de la Cripta de San Antolín y entre los pilares más antiguos de la catedral se halla una fuente que, como tantas otras, concede un deseo a quien arroje una moneda.

* La Bella Desconocida es, junto con el Cristo del Otero, el símbolo de Palencia.

Bibliografía

* Catálogo monumental de Castilla y León. Bienes inmuebles declarados. Vol I. Junta de Castilla y León, 1995. ISBN 84-7846-433-6
* MARTÍNEZ GONZÁLEZ, Rafael A. Catedrales de Castilla y León. Catedral de Palencia. Editorial Edilesa, 2002. ISBN 84-8012-387-7
* NAVASCUÉS, Pedro y SARTHOU, Carlos. Catedrales de España. Espasa Calpe 1996. ISBN 84-239-7645-9
* SANCHO CAMPO, Ángel. La Catedral de Palencia: un lecho de catedrales. León: Edilesa, 1996. ISBN 84-8012-139-4
* SANCHO CAMPO, Ángel. La Catedral de Palencia: guía breve. León: Edilesa, 2005. ISBN 84-8012-515-2
* MARTÍNEZ GONZÁLEZ, Rafael A., “La catedral de Palencia. Historia y arquitectura”, Palencia, 1988, ISBN 84-404-1944-9

mas informacion:

http://www.jdiezarnal.com/catedraldepalencia.html

Galeria de Imagenes de la Catedral de San Antolin de Palencia en España

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