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Catedral de Barbastro (España)

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Construcción     1517-1533
Estilo arquitectónico     Gótico tardío, Renacimiento

La Catedral de Santa María de la Asunción de Barbastro (Huesca) se construyó en estilo gótico entre los años 1517 y 1533. Es de tipo salón, con tres naves de igual altura con bóvedas de crucería estrellada sustentadas por seis esbeltas columnas fasciculadas. El retablo mayor está realizado en alabastro y madera policromada, trabajando en parte de su basamento Damián Forment, el mejor maestro escultor de su tiempo en la Corona de Aragón.

Descripción

La actual Catedral de Barbastro se construyó entre los años 1517 y 1533 y fue financiada por el Concejo de la Ciudad con el objetivo de edificar un magnífico edificio que contribuyera a recuperar para la ciudad la categoría de sede episcopal que había perdido en 1149. Esta condición la recuperó en 1573.

Anteriormente existió en el mismo lugar otro edificio consagrado en el año 1101 por el primer obispo de Barbastro, San Poncio, tras la conquista de la ciudad por el rey de Aragón Pedro I, construido a su vez en el solar que anteriormente había ocupado la mezquita mayor musulmana.

En una inscripción que recorre los muros de la iglesia, a la altura del arranque de las bóvedas, se puede leer: toda hermosa eres, amiga mía, y en ti no hay defecto (···) Señor, tu casa está perfectamente construida sobre roca firme.

Si bien los elementos formales son góticos, la concepción del espacio interior está mucho más próximo a la nueva estética del renacimiento. La planta es de tipo salón con tres naves de igual altura sustentadas por seis esbeltas columnas fasciculadas de unos quince metros que continuan en arcos y nervios formando bóvedas de crucería estrellada sin cúpula ni crucero. Intervinieron los arquitectos Juan de Segura y Juan de Sariñena.

El retablo mayor dedicado a la Asunción de la Virgen está realizado en alabastro, material abundante en Aragón, y madera policromada. Parte del basamento es obra de Damián Forment, el mejor maestro escultor que hubo en la Corona de Aragón en el siglo XVI, y que fue el introductor en estas tierras de los nuevas formas renacentistas. Su discípulo Juan de Liceyre completó el conjunto con escenas dedicadas a la Pasión y Muerte de Cristo: la Oración en el huerto, Prendimiento, Ecce Homo, Cristo camino del Calvario y la Piedad. En 1560 se finalizaría esta parte del retablo, que quedaría incompleto hasta que, entre 1600 y 1602, se acometiera la realización de los cuerpos superiores. Un equipo integrado por Orliens, Martínez de Calatayud, y Armendia concluiría la obra, ya en un estilo sumamente distinto, y moderado, que responde a la nueva estética romanista. A ambos lados del altar mayor se levantan otros dos retablos dedicados a San Ramón, obispo de Barbastro en el siglo XVII, y a San Pedro Apóstol realizado en siglo XVIII por el escultor barbastrense Antonio Malo.

Entre los siglos XVII y XVIII, familias nobles de la ciudad, obispos, personajes relevantes de la curia y diversas cofradías, ampliarían las capillas de la Seo dotándolas de magníficas portadas. De todas ellas destacan las dos abiertas a los pies (la del Santo Cristo de los Milagros y la antigua capilla de San Carlos Borromeo), ambas construidas en la primera mitad del siglo XVIII en estilo barroco.

La sillería del coro, obra renacentista de los escultores Jorge Comón y Juan Jubero, se encuentra actualmente repartida entre el presbiterio y la capilla de la Dormición.

En el exterior, junto a la puerta oriental se halla la torre campanario, exenta de planta poligonal y posiblemente erigida sobre los cimientos del antiguo alminar. Es una atalaya desde la que se domina toda la población y auténtico símbolo de la ciudad. Presenta tres fases constructivas: la obra medieval, formada por los dos cuerpos inferiores; la reforma del siglo XVII llevada a cabo por Pedro de Ruesta y la reforma del capitel, ya en el siglo XVIII.

El Museo Diocesano reune obras de arte medievales.

Galeria de Imagenes de la Catedral de Barbastro en España

Catedral de Valladolid (España)

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Construcción     1589-Inconclusa, consagrada en 1668
Estilo arquitectónico     Herreriano, barroco, churrigueresco

La Catedral de Valladolid, concebida en el siglo XVI y diseñada por el arquitecto Juan de Herrera, es un edificio de estilo herreriano con añadidos barrocos.

Conocida también con el nombre de su advocación, Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, y sede episcopal de la archidiócesis de Valladolid, se trata de una obra inconclusa, debido principalmente a la falta de recursos y a los gastos provocados por la cimentación del templo, situado en una zona con un gran desnivel en el terreno.

Obtuvo la categoría de catedral el año 1595, tras haber sido un templo colegial dependiente de la diócesis de Palencia.

Está situada en el centro de la ciudad, en una zona ligeramente elevada, cerca de la Iglesia de Santa María La Antigua y construida junto a la Colegiata de Santa María, anterior iglesia colegial de Valladolid, algunos de cuyos espacios fueron destruidos para continuar con las nuevas obras.

Antecedentes y contexto histórico del origen

Retrato del conde Pedro Ansúrez.

En el último cuarto del siglo XI el rey Alfonso VI encomendó al conde Pedro Ansúrez la repoblación y administración de esta zona que hoy comprende la provincia de Valladolid. Los núcleos de población más importantes, a orillas del río Pisuerga, eran Cabezón y Simancas, en cuyas tierras jurisdiccionales iban surgiendo las villas agrícolas.[1] Una de estas villas, Valladolid, fue elegida por el conde Ansúrez como asentamiento suyo y de su familia y como centro desde el cual organizaría y gobernaría toda la repoblación del entorno. Por entonces Valladolid era una aldea rodeada por una cerca de defensa, que contaba con un alcázar o castillejo y dos ermitas dedicadas a dos santos hispanos tradicionales: San Julián y San Pelayo. El conde Ansúrez eligió la zona donde se encontraba la iglesia o ermita de San Pelayo (extramuros) para edificar su propio palacio. De esta forma inició una expansión de la villa hacia el sureste. Además del palacio construyó una iglesia o capilla privada, que sería el origen de la actual Iglesia de Santa María La Antigua, y una Colegiata o iglesia Mayor que vino a sustituir a la dicha ermita de San Pelayo y que realzó la importancia religiosa de la villa. Esta iglesia Mayor, edificada en arte románico, se llamó Santa María la Mayor y fue el origen de la catedral vallisoletana.
Las tres primeras colegiatas

El Conde Ansurez creó la primera colegiata con la intención de que fuera una iglesia o templo Mayor, punto de referencia del desarrollo de la villa hacia el sureste y que destacó hasta mediados del siglo XII. Sobre sus ruinas, en tiempos de Fernando III el Santo se construyó la segunda, de vida más longeva y que permaneció hasta el siglo XVII, cuando el culto se trasladó a la actual catedral, que es su heredera, a la que se le ha llamado también cuarta colegiata. La tercera colegiata, que fue un intento fracasado de un templo más ambicioso y cuyas obras se vieron congeladas por falta de dinero, se construyó perpendicularmente a la segunda; de esta tercera colegiata solo queda el vestigio de los cimientos.
Primera: la colegiata del conde Ansúrez


Torre románica de la Iglesia de Santa María La Antigua, de finales del siglo XII.

En el solar que ocupaba una antigua ermita dedicada a San Pelayo fundó el Conde Ansúrez, la primitiva colegiata en el año 1095, cuya Carta de Fundación comienza diciendo:
Yo el conde Pedro Ansúrez juntamente con mi mujer la condesa Eylo […] ofrecemos por el remedio de nuestras almas […] a la iglesia de Santa María de Valladolid […] con tal condición que el oficio divino se celebre en la dicha Iglesia, y que se tenga la devoción debida a sus sagrados altares y reliquias.

La ciudad crecía y era necesario dotarla de una iglesia que sirviera de templo mayor. Esta colegiata se convirtió en el principal templo de la ciudad. La colegiata no fue una iglesia aislada sino que nació como un monasterio familiar del conde Ansúrez que al mismo tiempo servía de iglesia Mayor de la villa y que contaba con menos rentas que un obispado, pero que pretendía mantener su independencia, sometiéndose directamente a Roma. Nada queda de esa primitiva colegiata, sólo los restos de la torre románica de los tiempos del conde Ansúrez, construida a los pies y con la función de torre-pórtico. Poco antes el conde había edificado en el entorno su casa-palacio en la que iba incluida una pequeña iglesia o capilla palaciega. Como dicha iglesia ya había tomado como titular a Santa María, se le añadió el apelativo de la Antigua, mientras que la nueva colegiata fue conocida como Santa María la Mayor.

En los años 1124, 1143 y 1155 se celebraron en ella tres Concilios Nacionales. Esto viene a demostrar la importancia que iba adquiriendo Valladolid en la vida religiosa y civil.
Segunda colegiata del siglo XIII

Ruinas de la segunda Colegiata con la torre románica al fondo; los cipreses indican el lugar donde estaban los pilares de la iglesia.

Entre los años 1219 y 1230, reinando Fernando III el Santo y siendo Canciller Juan Domínguez, se llevó a cabo la construcción de la segunda colegiata sobre el solar de la primera, respetándose tan solo la torre románica que dejó de ser torre-pórtico en 1333 cuando construyeron delante una serie de capillas destinadas a enterramientos. Son las capillas que han resistido el paso del tiempo y que forman parte desde el año 1965 del Museo Diocesano y Catedralicio.

En 1228 se celebró en el nuevo edificio otro Concilio Nacional. Esta colegiata se mantuvo al uso hasta 1668 en que definitivamente se trasladó el culto al templo herreriano.
Tercera colegiata renacentista

En 1527, el Cabildo convocó un concurso entre arquitectos, al que acudieron los más prestigiosos maestros del momento: Diego de Riaño, Juan de Álava, Francisco de Colonia, Juan Gil de Hontañón y Rodrigo Gil de Hontañón. A juicio del Cabildo, la colegiata del siglo XIII se había quedado pequeña y demasiado sencilla para la categoría de Valladolid, en un momento en que se habían construido las catedrales de Salamanca y Segovia y en que los conventos de la ciudad (San Pablo, San Benito y San Francisco sobre todo) costeaban grandes y suntuosas obras. Ese mismo año, en el mes de junio, se colocó la primera piedra. El proyecto, en principio ambicioso, similar al de la Catedral de Segovia (una iglesia de tres amplias naves, con capillas entre los contrafuertes, crucero y cabecera que se supone sería semicircular, ya que se conservan sólo trazas del sector de los pies de este edificio), apenas pasó de la cimentación y de la elevación de unos metros. Las obras avanzaron muy lentamente por falta de recursos económicos y también porque surgieron graves problemas con el tema de la expropiación, ya que se necesitaban los terrenos hacia el sur, debido a que se había cambiado por completo el eje de la nueva planta (la nueva colegiata no se empezó a construir sobre la antigua sino perpendicular a ella): quedaría la cabecera al norte, junto al antiguo claustro de la colegiata anterior y los pies al sur. Aun así, el atrio quedaría algo elevado por lo que fueron necesarias unas escalinatas para su acceso (esta nueva disposición será respetada por los planos de la catedral de Herrera y así es como se ve la catedral en el presente).

Se echaron los cimientos ese mismo año de 1527, comenzando la construcción por los pies, para poder hacer uso de la antigua colegiata mientras duraban las obras. La idea era llegar al crucero, que caería en la zona del antiguo claustro, y empezar entonces la demolición total. Pero al avanzar tan lentamente, el propio Gil de Hontañón se vio obligado a hacer reformas en la colegiata vieja para seguir el uso litúrgico sin problemas. Gil de Hontañón murió en 1577 y las obras seguían prácticamente como al principio. Habían pasado 50 años y la moda y las técnicas en el arte de construir habían cambiado.


Cuarta colegiata-catedral: Juan de Herrera

Proyecto ideal de Juan de Herrera para la catedral vallisoletana según Fernando Chueca Goitia.

Desde la muerte del arquitecto Gil de Hontañón en 1577, las obras de la tercera colegiata habían quedado paralizadas. Sólo se habían echado los cimientos y elevado algunos metros de algunos muros. Ante esta situación, el Cabildo decidió continuar la gran obra aun cuando su situación económica nunca era boyante. Aprovechando una estancia de Juan de Herrera en Valladolid (requerido por el Ayuntamiento para hacer los planos de varias obras municipales), el Cabildo se entrevistó con él y le pidió el estudio y trazas de una nueva colegiata que fuera de acuerdo con los tiempos y que se edificaría sobre las obras de la anterior renacentista, siguiendo el mismo eje norte-sur, siempre perpendicular a la vieja colegiata de la que aún se conservaban algunas capillas. El arquitecto aceptó el encargo y se puso inmediatamente a trabajar, de manera que el 13 de mayo de 1582, Pedro de Tolosa, que había trabajado en el Monasterio de El Escorial y en Villagarcía de Campos, obtuvo la maestría mayor para las obras, haciéndose cargo de ellas bajo la dirección del arquitecto Diego de Praves, hombre de confianza de Juan de Herrera. Murió al año siguiente y le sucedió como maestro de obras su hijo Alonso de Tolosa.

A instancias de Felipe II, la colegiata en construcción tomó el rango de catedral. El 21 de mayo de 1595 tuvo lugar la solemne consagración,[4] a dirigiendo la ceremonia el arzobispo de Toledo, Bernardo, con el obispo de Palencia, Raymundo, asistidos por los obispos Pedro (de León), Gómez (de Burgos), Osmundo (de Astorga), Martín (de Oviedo) y Amorico (de Lugo), acompañados de varios condes y caballeros. Al año siguiente, en 1596, Felipe II otorgó el título de Ciudad a la villa de Valladolid. En 1597 murió Juan de Herrera y un año después, en 1598, murió Felipe II.
De la dependencia de Roma hasta la sede episcopal vallisoletana

En un principio, el conde Ansúrez instituyó la colegiata (con su pequeña comunidad monacal) dependiendo directamente de la Santa Sede de Roma y autorizando al obispo de Toledo para que fuera el encargado de hacer cumplir las cláusulas de la fundación. Sus abades ejercieron jurisdicción episcopal sin estar sujetos a otros prelados, además de tener licencia para escoger un dominus o protector, o tutor que velara por los intereses del monasterio. Éste es el sistema característico de esta época, el sistema de behetrías entre parientes; en este caso los parientes serían el abad y sus monjes, constituidos en señorío, que tomarían un tutor o benefactor dentro de la familia de los condes y sucesores, con derecho a cambiarlo si el elegido no cumplía con toda responsabilidad. Así las cosas, el conde Ansúrez tuvo que preparar su auto exilio a tierras de Urgel donde gobernaba su yerno Ermengol.

En 1103, cuando estaba a punto de partir, encomendó su abadía de Valladolid al obispo de Palencia Raymundo. No fue una encomienda formal y oficial con cesión de todos los derechos sino un encargo a su amigo y hombre de confianza, con el mandato además de que entregara 100 sueldos anuales a la Santa Sede. En 1110, el conde regresó del destierro y con la ayuda y aprobación de la reina Urraca, recuperó su abadía-colegiata. Pero por entonces ya no estaba el obispo Raymundo y este hecho molestó a su sucesor, el obispo Pedro de Palencia, que inició una disputa y buscó el favor del papa Pascual II. Este papa, y más tarde Inocencio II, confirmaron la vinculación de la colegiata a la sede de Palencia. A partir de estos hechos se desencadenó una pugna abierta entre las dos villas. Con Armengol VI llamado el de Castilla (nieto del conde Ansúrez) se llegó a un acuerdo que fue en realidad una claudicación, entregando la colegiata al obispo de Palencia y concertando que en ese momento éste nombrase abad al arcediano Nicolás. El acuerdo tuvo como consecuencia muchas protestas y disturbios hasta que Alfonso VII ratificó el convenio sustentándose en que “así lo había querido el fundador conde Ansúrez”, y tomó una decisión irrebatible, dejando para la posteridad el mandato de dos pautas a seguir por el régimen interno: que la elección del abad era un derecho del Cabildo colegial y que el rey se reservaba la potestad de confirmarla.

En 1162 intervino de nuevo el Papa, Alejandro III. Mandó reformar la abadía con la instauración de una nueva comunidad de canónigos de San Agustín, encargando realizar dichos cambios al obispo de Toledo.

A finales del siglo XV, los Reyes Católicos suplicaron al papa Alejandro VI que uniese la abadía de Valladolid al obispado de Palencia. El papa murió antes de haber despachado la bula. De nuevo, hacia 1504 hicieron una petición a Julio II, quien despachó la bula con una cláusula: que el obispo de Palencia lo fuese también de Valladolid, que ambas iglesias fuesen catedrales y que cada cabildo tuviese su hacienda aparte. Pero el abad de la colegiata de Valladolid, don Fernando Enríquez, no quiso dejar la abadía y el papa tuvo que suspender la bula de unión,
Hac vice duntaxat

El siguiente abad, Alfonso Enríquez, mantuvo la colegiata 30 años, hasta que en 1555, Pedro de la Gasca, obispo de Palencia, insistió en la unión mencionada ante el emperador. Así, en mayo de 1554, el Consejo Real dio una provisión en que mandaba a la ciudad de Palencia y al Cabildo de Valladolid que en un determinado tiempo alegasen las razones que pudieran tener para no realizar tal unión. Palencia envió sus procuradores. Al frente iba Francisco de Salas, procurador del Deán y Cabildo. Entre otros razonamientos alegó:
[…] querer hacer ahora una unión de dos iglesias catedrales, la una en un pueblo tan grande y tan rico, y que cada día va en tanto crecimiento como es Valladolid, y la otra de otra iglesia que está en tan pequeño pueblo y tan pobre como es Palencia es dar ocasión y hacer que del todo se olvide se deshaga y disminuya la iglesia y ciudad de Palencia, porque es harto verosímil que el obispo que por tiempo fuere de Palencia y Valladolid se querrá y preciará más intitular del mayor y más insigne pueblo que es Valladolid y no del menor y más pobre que es Palencia. Porque esto no parezca adivinar que no hay mejor regla o conjetura en lo porvenir que la experiencia de lo pasado, tenemos ejemplo harto claro en la ciudad de Baeza y Jaén, como después se ganó Jaén que son dos iglesias catedrales debajo de un obispo […] como Jaén es mayor, se ha quedado en olvido Baeza y solamente se llama obispo de Jaén, aunque la iglesia de Baeza sea catedral. […]

Clemente VIII otorgó la bula Pro Excellenti que convirtió a Valladolid en sede episcopal con catedral.

El procurador dio hasta ocho razonamientos más. Valladolid por su parte, pidió ser arzobispado y que Palencia fuese una de las iglesias sufragáneas, o que al menos se nombrara un obispo de Valladolid y Palencia, en ese orden, y que la renta de la abadía se gastase en la fábrica de la nueva iglesia.

El Consejo Real resolvió el tema no por sí mismo, sino haciendo una consulta directa al rey que estaba en Flandes. El tiempo pasó sin resolverse nada, hasta que en 1595 y siendo obispo de Palencia Martín Aspi Sierra, se desmembró Valladolid, convirtiéndose en catedral con sede episcopal, con la aquiescencia de Clemente VIII en el reinado de Felipe II, que concedió esta gracia a su ciudad natal, venciendo así la majestad del rey.

El rey había enviado como embajador en Roma al duque de Sesa, Antonio de Córdoba y Cardona, con el encargo de llevar a cabo las negociaciones con el papa Clemente VIII, que otorgó la bula Pro Excellenti del 25 de noviembre de 1595, haciendo a Valladolid sufragánea[7] del Arzobispado de Toledo.[8] Felipe II presentó como primer obispo de la nueva catedral a Bartolomé de la Plaza, magistral de la colegiata de Baza que fue ratificado y nombrado por el Papa, por bula del 18 de diciembre de 1596. El territorio de la nueva diócesis vallisoletana fue muy recortado para no inferir ni perjudicar las diócesis cercanas.

El 16 de marzo de 1851, habiéndose celebrado el Concordato de 1851 con la Santa Sede (siendo papa Pío IX), la reina Isabel II pidió el título y dignidad de metropolitana para esta catedral. El Papa ejecutó la petición, otorgando la bula el 4 de julio de 1857. Ya no fue sufragánea de Toledo, y sí pasaron a serlo de ella las jurisdicciones de Ávila, Ciudad Rodrigo, Salamanca, Segovia y Zamora.
El proyecto de Juan de Herrera

Planta actual de la Catedral de Valladolid, con cada una de sus partes numeradas:

1.Capilla de San Juan Evangelista
2.Capilla de Nuestra Señora de los Dolores
3.Capilla de Nuestra Señora del Sagrario
4.Capilla de San Fernando
5.Capilla Mayor
6.Capilla de la Magdalena
7.Capilla de San José
8.Capilla de San Pedro
9.Capilla de San Miguel
10.Sacristía
11.Capilla de San Lorenzo
12.Sala Capitular
13.Capilla de Santo Tomás
14.Ángulo del Claustro
15.Capilla de San Blas y de San Juan Evangelista
16.Torre de la Colegiata
17.Capilla de Santa Inés
18.Sala Nueva del Museo

Los rasgos del nuevo templo son clasicistas, basados en las construcciones de la Antigua Roma que habían inspirado a la arquitectura del Renacimiento y a teóricos como Vitruvio, con su obra De Architectura.[9] También se nota influencia manierista, sobre todo a través de los escritos de Sebastiano Serlio. La línea es pura, sin concesiones al adorno de ninguna clase. La única decoración del edificio es la puramente arquitectónica: cornisas, capiteles, pilastras o barandas.

El proyecto tiene como referencia la nueva ideología que había inspirado el Concilio de Trento, que defendía el acercamiento de la Eucaristía al pueblo. Así, Herrera traslada el coro –que tradicionalmente se había colocado en frente del altar mayor bloqueando su visión– a la cabecera del templo, dejando un amplio espacio entre el crucero y la puerta sur de entrada por los pies. El coro, que rodearía el altar, estaría abierto a la nave del templo, con lo cual ambos serían perfectamente visibles por los fieles.

Proyecto de Juan de Herrera para la fachada de la catedral de Valladolid, según Chueca Goitia.

En resumen, el edificio de Herrera sería una gran iglesia de tres naves, con capillas entre los contrafuertes, siguiendo la disposición general y las proporciones de la planta de la colegiata trazada en 1527, cuyos cimientos pisaba, si bien la cabecera del edificio de Herrera sería recta.

Así, la planta, como ha demostrado Fernando Chueca Goitia, se organiza en un rectángulo de proporción 2×1, (420×210 pies castellanos) encontrándose el crucero en el centro del mismo. El edificio poseería tres naves de cuatro tramos cada una desde los pies hasta el crucero y de otros tres tramos desde el crucero a la cabecera. El edificio está proporcionado por un método usado por los maestros tardogóticos españoles en las catedrales de Segovia o Salamanca: cada tramo de las naves laterales es cuadrado en planta y cada uno de los de la nave principal es un rectángulo de proporción sesquiáltera (proporción 2×3) en planta cuyo lado menor es igual al lado del cuadrado que forma en planta un tramo de la nave lateral; también las capillas-hornacina se modulan por medio de rectángulos sesquiálteros: el lado mayor del rectángulo en planta de las mismas es igual al del cuadrado que forma en planta un tramo de la nave lateral. Así, un tramo de las naves laterales tiene una medida en planta de 40×40 pies castellanos, un tramo de la nave central en planta mide 40×60 pies (40×3/2 = 60) y las capillas hornacinas están inscritas en planta en un rectángulo de 40×28 pies (40×2/3 ≈ 28).

Las secciones del edificio se proporcionan también en base a la proporción sesquiáltera. La nave central y las colaterales se separarían con grandes arcos de medio punto sobre pilares de sección cuadrada de 13 pies de lado con pilastras corintias adosadas, sobre las que cabalgaría un gran entablamento del mismo orden que abrazaría toda la nave central a la altura del arranque de las bóvedas, generando una potente sombra. La nave central se cubriría con una gran cañón corrido con lunetos y las laterales con bóvedas de arista, mientras que el crucero lo haría con una cúpula vaída (el cimborrio que aparece en algunos dibujos no se debe a Herrera y se añadió a los planes del proyecto avanzado el siglo XVII, buscando una silueta más movida y barroca al exterior). La luz entraría por la nave central por medio de grandes huecos termales que quedarían parcialmente ocultos por el entablamento, con lo que se haría la ilusión de que la bóveda flotaría sobre el entablamento, sin una unión física con resto del edificio.

Planta ideal de la Catedral, según el proyecto de Juan de Herrera. Se observa el proyecto de gran iglesia de tres naves con crucero y coro abierto a los fieles, con el altar visible. En negro, se muestran las partes del edificio construidas, mientras que las no realizadas están rayadas. A línea de puntos se muestran los tres ábsides provisionales del siglo XVII que cierran actualmente los realizados.

Abiertas a las naves laterales habría una serie de capillas-hornacinas entre los contrafuertes. En cuanto a éstas, si bien están, naturalmente, comunicadas con el templo a través de grandes arcos, se conciben como espacios más o menos independientes, con su propio foco de luz, un pequeño óculo; el muro de estas capillas, cubiertas con bóveda de cañón con lunetos, está animado por decoración de placas y hornacinas que modelan el potente muro de piedra. El arco de comunicación entre las capillas-hornacina y las naves laterales se configura en su alzado a estas últimas como un arco del triunfo con dos pares de pilastras dóricas que sujetan una tribuna a la que se abre, por medio de una pequeña puerta (que introduce la escala humana dentro de la escala colosal a la que está pensado todo el edificio para acentuar su grandeza), el espacio que existe sobre las capillas hornacinas, concebido para usos auxiliares, como archivo o biblioteca.

En los dibujos de Herrera, en los exteriores, el cuerpo central y principal de la fachada de los pies (al sur), se concibe como el apilamiento de dos elementos de la arquitectura clásica: el arco del triunfo y el frente de templo. El cuerpo central se adelantaría notablemente al resto de la fachada, consiguiendo así una especie de vestíbulo o nártex a la entrada del templo. El piso bajo del cuerpo central, concebido como arco de triunfo con dos pares de columnas dóricas gigantes a los lados que apearían un potente entablamento dórico, cobijaría la puerta principal, adintelada y con guardapolvo; sobre este arco del triunfo se encontraría el segundo cuerpo, concebido a manera de un templo tetrástilo, aunque con el manierismo de sustituir las columnas por pilastras, que irían a plomo sobre las columnas del arco del triunfo del piso inferior. En el centro del cuerpo alto, entre las pilastras, si situaría una enorme ventana adintelada y con guardapolvo para iluminación del interior. Se coronaría con frontón triangular con remates de bolas en vez de acroteras. Además, los paños de muro de este cuerpo central estarían animados con hornacinas.

Planos originales de Juan de Herrera para la Catedral de Valladolid, custodiados en el archivo de la misma. Arriba, sección transversal con el claustro; en el centro, alzado lateral este y abajo, sección transversal por la nave mayor.

En los extremos de la fachada se situarían dos torres iguales de planta cuadrada, con tres pisos separados por entablamentos apeados sobre pilastras dóricas pareadas dispuestas en las esquinas, siendo los dos primeros pisos macizos, con los lienzos del muro animados con hornacinas, adornos de placas y ventanas adinteladas, y el último cuerpo, donde estarían las campanas, abierto con un gran arco en cada cara de la torre, coronándose todo con una balaustrada con bolas a plomo de las pilastras y cúpula de media naranja con linterna y remate. Entre las torres y el cuerpo central adelantado se situarían sendos cuerpos de unión correspondientes a las naves laterales interiores y en los que se encontrarían las puertas de acceso a éstas, adinteladas y con guardapolvo. La fachada posterior no sería muy distinta a la principal, aunque no se adelantaría el cuerpo central ni el primer piso de este cuerpo tendría cuatro grandes columnas dóricas, sino pilastras, y no habría puerta. Las torres serían también más bajas que las de la fachada principal, pues tendrían sólo dos pisos, si bien semejantes en todo a los dos primeros de las torres principales, rematándose con una balaustrada con bolas y un chapitel piramidal de pizarra rematado con una gran esfera.

En los alzados exteriores laterales, se encontraría en el centro la fachada del crucero, idéntica en todo al cuerpo central de la fachada principal, con su arco triunfal dórico abajo y su frente de templo arriba. En los extremos de los laterales se hallarían las torres y entre éstas y el crucero, se encontrarían los cerramientos de las capillas hornacinas y las dependencias auxiliares situadas encima de ellas. Este cerramiento se vería al exterior como un muro apilastrado rítmicamente, animado con las ventanas adinteladas de las dependencias auxiliares y con los óculos de las capillas y rematado por una saliente cornisa. Este muro dialogaría con las construcciones próximas a la Catedral por su altura moderada. Sobre él, aunque en un plano posterior, retrasado, se encontraría el cerramiento lateral de la nave central, más alta, con los contrafuertes en forma de arbotante invertido y los huecos termales que la iluminan, rematado con una gran cornisa y el tejado de pizarra.

En su proyecto, Herrera tuvo en cuenta la posibilidad de un gran claustro procesional cuadrado de un solo piso de orden dórico, que iría unido a la nave oeste y que contendría dependencias como la sala capitular o la sacristía. La construcción de este claustro traería serias dificultades de tipo técnico y económico, pues por este lado del oeste del edificio había un importante desnivel que caía hasta el cauce del río Esgueva y por ello, parece que su construcción nunca se consideró seriamente.

El edificio, al pisar la cimentación de la colegiata de 1527, se orientaría en un eje norte-sur, con la cabecera el norte, sin seguir la orientación canónica, ya en desuso en el siglo XVI, en el que pesaban más los valores urbanísticos a la hora de orientar las iglesias.

Una vez terminado el estudio, Herrera puso los planos en manos de su discípulo y hombre de confianza, el arquitecto Diego de Praves. En 1587 tuvieron una entrevista de trabajo en Madrid. Es sabido que Juan de Herrera jamás estuvo a pie de obra de la catedral de Valladolid.

Hay controversia entre los historiadores sobre si las trazas de esta catedral de Valladolid son un reflejo de la basílica de El Escorial.

Evolución de las obras: siglo XVI

El nuevo edificio no sólo trajo aires modernos en cuanto a arquitectura se refiere, sino también en la técnica y modo de trabajar, copiando el sistema llevado en las obras de El Escorial. En primer lugar, se organizó en el entorno un gigantesco obrador o taller que dio nombre a la vía abierta delante de la fachada: calle de la Obra. Se coordinó un equipo de picapedreros (que extraían la piedra en canteras cercanas, como la de Villanubla), carreteros, canteros, carpinteros y otros oficios. Hubo un grupo de trabajo integrado por profesionales de la construcción, cuya cabeza principal era Juan de Herrera, que había diseñado los planos y había ideado la fábrica, seguido por su hombre de confianza, Diego de Praves, como arquitecto director y supervisor que tenía a sus órdenes a un maestro mayor, Pedro de Tolosa, quien a su vez había nombrado a varios aparejadores, entre los que se encontraba su hijo, Alonso de Tolosa. Pedro de Tolosa murió en 1583, sucediéndole en la maestría mayor su hijo Alonso, que se mantuvo a pie de obra hasta 1588, año en que Diego de Praves se hizo cargo de la obra como arquitecto-director y maestro mayor.

Diego de Praves replanteó todo el templo desde los pies hasta el crucero. Empezó la construcción por los pilares del lado del Evangelio y trató de embutir lo que se había construido de la colegiata gótica trazada en 1527 en el nuevo edificio. Sin embargo, los muros ya realizados del lado del Evangelio del templo de 1527 tenían una leve declinación en planta, lo que hacían problemático su aprovechamiento. Para solventar esto, Praves escribió una carta a Herrera en la que manifestaba esta cuestión, acompañándose de un plano donde se dibujaba lo que estaba hecho de la colegiata de 1527 y lo del nuevo edificio de Herrera. Solucionados estos problemas, los muros de la colegiata tardogótica se reaprovecharon, embutiéndolos en los de la obra herreriana. En 1589 se compró más piedra para labrar las basas y zócalos de los pilares interiores. En 1594 ya se estaban preparando los cimientos del crucero, que irrumpiría en el claustro de la anterior colegiata. Un año después, Felipe II iba a conseguir la sede episcopal para Valladolid, de manera que en plenas obras, el edificio pasó de seguir siendo una colegiata a ser ya una catedral. Sin embargo, faltaban todavía bastante años para su consagración, así es que la liturgia siguió celebrándose en el edificio de la antigua colegiata. En 1599, de Praves terminaba el sector del lado del Evangelio desde los pies hasta el crucero, aunque faltando la cubrición. Hacia 1600, empezaba la fachada principal (sur), haciéndose el gran arco de la misma en 1616. En los primeros años del siglo XVII se trabajaba realizando molduras y cornisas y construyendo el sector del lado de la Epístola desde los pies hasta el crucero, dejándolo también hasta el arranque de las bóvedas.
El siglo XVII

Bóvedas de la nave central de la Catedral, construidas por Francisco Tejerina entre 1662 y 1666. Puede advertirse también cómo el entablamento oculta los huecos de iluminación, con lo cual parece que la bóveda flota suspendida.

En 1620 murió Diego de Praves, sucediéndole en la maestría de obras su hijo Francisco de Praves, con quien se terminaron las capillas del lado del Evangelio, haciendo sus bóvedas. En la década de 1620, Juan de la Rozadilla talló los capiteles corintios de las pilastras de la nave central y las molduras y modillones del entablamento de la nave. A la muerte de Francisco de Praves en 1637, tomó su puesto Juan de Répide, hasta 1661. Cuatro años más tarde, Sebastián Mardaz Colmenares, supervisado por Francisco Tejerina, cerró toda la nave de la Epístola con bóveda de arista y en 1662 se terminó la nave central, tapándola con bóveda de cañón corrido con lunetos y adornada con yeserías ajenas a las trazas de Herrera. Las obras se habían dilatado más de lo esperado, así que el Cabildo tomó la decisión de inaugurar la nueva catedral, aunque estuviera incompleta. El 26 de agosto de 1668, en una ceremonia de gran solemnidad, fue consagrada la parte construida de la nueva catedral, que se componía de las tres naves, las capillas del lado del Evangelio, una capilla en el lado de la Epístola y tres ábsides provisionales en el espacio en que se suponía iría el crucero.
El siglo XVIII

Los recursos económicos siguieron siendo escasos a pesar de las ayudas de los reyes y otras donaciones, por lo que las obras de la catedral o se paralizaban o continuaban lentas y sin grandes avances arquitectónicos. Ya entrado el siglo XVIII, se levantó la torre del lado del Evangelio, siguiendo las trazas de Herrera, aunque no demasiado fielmente. En 1713 se pudieron terminar las capillas del lado de la Epístola, todavía en estilo herreriano, a pesar de que venía imponiéndose el barroco. Sin embargo, el cuerpo alto de la fachada principal fue terminado al gusto de la nueva corriente artística, siguiendo las trazas del arquitecto Alberto de Churriguera. Los planos y dibujos de este arquitecto que se guardan en los archivos, distan bastante de la interpretación y hechura que dieron los maestros de obras correspondientes y los canteros, que no supieron estar a la altura. La fachada principal, con sus estatuas, fue terminada en 1733.
Conclusión

Las obras de engrandecimiento de la catedral quedaron interrumpidas en la mitad del proyecto de Herrera. Además, la torre que se había levantado a principios del siglo XVIII, se hundió en 1841, causando daños al edificio que tuvieron que ser reparados, aunque la torre jamás se volvió a levantar. A principios de año 1880, comenzó la construcción de la torre del lado de la Epístola, que finalizó en 1890, salvo el remate actual de la cúpula y la escultura del Sagrado Corazón de Jesús que se añadieron en 1923.

Entre 1922 y 1928 se hicieron reformas interiores, entre otras la eliminación del coro de la nave central, la construcción de la tribuna del nuevo órgano, (para lo cual se desbarató parte del crucero que ya no servía como tal), bajo la dirección del arquitecto Ricardo García Guereta, y la instalación del retablo mayor de Juan de Juni. Entre 1962 y 1964 hubo un intento bastante afortunado de rematar en alguna medida el proyecto de Herrera allí donde había quedado inconcluso (siempre en la única mitad construida), rematando la parte alta del lado de la Epístola al exterior, y el primer cuerpo de la portada, que en teoría habría dado acceso al crucero, dirigiendo estos trabajos el arquitecto Anselmo Arenillas. En 1965 se restauraron las capillas de la antigua colegiata, salvadas de la demolición porque las obras de la catedral no prosperaron. En estas capillas se ubicó el Museo Diocesano Catedralicio.
Arquitectura del edificio actual

El edificio está sólo construido desde los pies hasta el crucero. De la otra parte, desde el crucero a la cabecera, sólo está realizada una capilla hornacina del lado del Evangelio y las cimentaciones de su simétrica del lado de la Epístola. Por ello, el edificio presenta hoy en día tres naves, separadas con grandes pilares de planta cuadrada que sujetan grandes arcos de medio punto, presentando sólo cuatro tramos cada una y rematándose en tres ábsides provisionales construidos en el siglo XVII, usando ladrillo, en el lugar donde debería haber estado el crucero. A los lados del conjunto de las tres naves existen ocho capillas hornacinas (cuatro a cada lado) cerradas con rejas, que guardan retablos barrocos, rococós y neoclásicos, además de alguna muestra de escultura funeraria.

En el exterior, el edificio también sólo está concluido hasta el crucero, si bien falta una torre de la fachada principal, que se hundió en 1841, y la que actualmente se conserva, fue construida entre 1880 y 1890 y no es fiel en absoluto a las trazas de Juan de Herrera. Tampoco el cuerpo alto de la fachada principal (orientada al sur) es fiel a los planos herrerianos, pues fue diseñado por Alberto de Churriguera a principios del siglo XVIII.
Fachada sur

Vista del imafronte de la catedral.

En el exterior destaca la portada de la fachada principal, que estaría situada entre las dos torres, de las cuales sólo existe hoy una, levantada en el siglo XIX sin seguir los planos de Herrera. Está resuelta como un colosal arco de triunfo de orden dórico y distribuida en tres cuerpos centrales bien definidos:

* El primer cuerpo, presenta cuatro columnas y dos imágenes de San Pedro y San Pablo situadas en dos hornacinas excavadas en los intercolumnios. En el centro y enmarcando la puerta de entrada hay un arco formado por dos pares de columnas que soportan la cornisa con metopas y que flanquean un arco de medio punto, dentro del cual se abre la puerta adintelada. No está bien ejecutada por los canteros que materializaron los planos de Herrera, pues, aparte de no adelantarse tanto el cuerpo central respecto al resto de la fachada como está reflejado en los planos del cántabro, el gran arco tiende a ser apuntado, habiendo sido diseñado como de medio punto. En el tímpano del arco se halla una imagen de la Virgen de la Asunción, titular de la catedral. Las esculturas de San Pedro, San Pablo y la de la Virgen fueron realizadas por Pedro Baamonde en el siglo XVIII cuando se edificó el segundo cuerpo de la fachada. Sobre los capiteles de las cuatro columnas, separando los dos primeros cuerpos, se asienta un arquitrabe con friso y cornisa.

Escudo con el tema mariano del sol.

Escudo sostenido por dos ángeles con las iniciales de María.

Escudo con el tema mariano de la luna.

* El segundo cuerpo, edificado según las trazas de Alberto Churriguera en el siglo XVIII, presenta, en altura, las mismas dimensiones que el primero. Posee una gran ventana rectangular y adintelada, flanqueada por pilastras que continúan las columnas dóricas del cuerpo bajo, con los símbolos del Sol y la Luna entre ellas, temas marianos, realizados por el escultor salmantino Juan García Espinosa. Sobre la ventana se sitúa una cornisa que sirve de separación con el tercer cuerpo. Presenta una balaustrada interrumpida lateralmente por cuatro pedestales, perpendiculares a las columnas del primer piso, sobre los cuales se ubican las estatuas en piedra de los cuatro doctores de la Iglesia latina: San Ambrosio, San Agustín, obras del escultor Pedro Baamonde, San Gregorio y San Jerónimo, obras del escultor Antonio de Gautúa.

* El último cuerpo se remata con un triángulo concebido a modo de frontón en cuyo centro se ubica un escudo sostenido por dos ángeles que cobijan las iniciales de María. El tejadillo del frontón presenta cuatro pilastras barrocas, dos a cada lado, y otra de mayor tamaño en el vértice rematada con una cruz de hierro forjado.

Los cuerpos laterales de la fachada presentan dos puertas que se abren a las las naves menores del interior de la catedral. Sobre estas puertas se encuentra un círculo en relieve y una cornisa sobre la cual se levanta otro cuerpo de poca altura con otro círculo en relieve, de tamaño menor, terminado con un adorno en voluta o roleo de estilo churrigueresco.
Fachada oeste

En este lado, el edificio está concluido hasta el crucero, aunque falta la torre de la fachada principal, hundida en 1841. De la fachada del crucero sólo están realizados la cimentación y los arranques de los muros, pero sin el revestimiento exterior. A esta fachada habría estado pegado el claustro diseñado por Herrera si se hubiera construido.

Vista del edificio desde el oeste (plaza de Portugalete). Se ve el edificio herreriano concluido hasta el crucero, el muñón de la torre hundida en 1841 con la cornisa destrozada por el efecto de la caída de las piedras y las ruinas de la colegiata bajomedieval.

Vista, desde la plaza de la Universidad del cuerpo bajo de la fachada del crucero este, construido entre 1962 y 1964.

Vista de la fachada oeste, con el crucero inconcluso y los muros sin su hoja exterior. Se ven los capiteles de las pilastras y el gran entablamento interior, que está al exterior por no haberse cubierto nunca esta parte del edificio. También aprecia el cerramiento de la nave con ladrillo y los tres ábsides del siglo XVII. Algunos autores han comparado el aspecto de esta construcción con el de las ruinas de la antigua Roma.
Fachada este

Sólo se habían construido hasta mediados del siglo XX la mitad baja del cerramiento exterior de las capillas-hornacina hasta el crucero, la parte alta que cierra la nave central, con sus contrafuertes en forma de arbotante invertido, y el exterior de una capilla-hornacina del sector de la cabecera, después del crucero, que quedaba aislada por no estar unida con el resto a raíz de que la fachada del crucero no estaba ni siquiera empezada. Entre 1962 y 1964, se reanudaron las obras con la idea de completar en parte el proyecto de Herrera bajo la dirección del arquitecto A. Arenillas, construyéndose la parte alta de las capillas del lado de la Epístola y el primer cuerpo de la fachada este del crucero. El resultado fue bastante satisfactorio. La fachada del crucero, semejante al cuerpo bajo de la fachada sur, presenta cuatro gruesas columnas, arco de medio punto que cobija la puerta de entrada y un entablamento con cornisa. Sobre este cuerpo existiría otro, que no está realizado, con una gran ventana flanqueada por dos pares de pilastras y coronado con frontón con bolas a modo de acroteras.
Fachada Norte

Nunca fue construida tal fachada. Aunque desde el exterior no puede verse, esta parte de la catedral es una mezcla entre las ruinas de la colegiata y zonas de lo que pudo ser el crucero de Herrera. Lo construido del templo herreriano se remata por este lado por con un muro de ladrillo que cierra la nave central a la altura del crucero y los tres ábsides que rematan las naves. Por encima se ven los muros sin terminar de lo que hubiese sido el interior del crucero, con el gran entablamento corintio, los capiteles y los huecos termales sin cerrar.
Torres

Torre actual de la catedral, construida entre 1880 y 1890. La cúpula de coronación y la estatua monumental del Sagrado Corazón de Jesús fueron añadidas en 1923.

Juan de Herrera había concebido para la catedral la construcción de cuatro torres, dos en las esquinas de la fachada de los pies y dos más bajas en las esquinas de la cabecera. Estas dos últimas nunca llegaron a construirse y de las otras dos sólo se levantó la del oeste. En su alzado, según los planos, las torres constan de tres cuerpos que se rematan en media naranja y linterna. El tercer cuerpo había de servir como campanario.

Entre 1703 y 1709 se levantó la torre del lado del Evangelio, siguiendo las trazas de Herrera y dirigiendo las obras el maestro de cantería Antonio de la Torre. Años más tarde, sustituyendo a la cúpula de media naranja pensada por Herrera, se le añadió un piso más, ochavado con huecos donde se albergaron las campanas, en un número mayor de lo previsto y rematado con cúpula de cascos y linterna. La torre empezó a dar problemas, y a lo largo del siglo XVIII se hicieron tres reparaciones, hasta que en el siglo siguiente, en 1841, se desmoronó toda la parte de arriba, arrastrando gran parte del tercer y segundo cuerpo. Las ruinas corrían peligro de desplome, así es que las autoridades se decidieron por su derribo hasta la altura del primer cuerpo, que se mantenía sólido y firme.

A raíz de esta caída se proyectó el alzado de la otra torre del lado de la Epístola. Habrá que esperar hasta 1879 para que empiecen las obras de la nueva torre. Las trazas de Iturralde se basaban en las de Juan de Herrera, con la alteración de la coronación ochavada, pero suprimiendo por economía el segundo cuerpo de la torre ideada por Herrera, es decir, el cuerpo que tenía en sus alzados dos ventanas superpuestas. Al terminarse el primer piso del cuerpo ochavado, se inauguró con solemnidad el 4 de abril de 1885. Hubo entonces numerosas críticas ante la escasa esbeltez de la torre y su poca altura, con lo que Iturralde se vio obligado a construir sobre lo edificado dos cuerpos ochavados más: uno con el reloj y otro con una nueva sala de campanas, similar a la del primer piso (ya construido en ese momento) del cuerpo ochavado. Todo esto se realizó entre 1886 y 1890, año en el que la torre se remató con un torpe tejado y un pararrayos.[14] Por motivos económicos, hasta bien entrado el siglo XX no se culminó la obra con la instalación del reloj en 1911 y la colocación de la estatua del Sagrado Corazón en 1923.
Interior


Alzado de un tramo de la nave central, con los grandes pilares de 13 pies de lado y las pilastras adosadas que sujetan el gran entablamento. Al fondo se ve el cierre de las naves laterales, con las capillas hornacinas con su pequeño óculo de luz.

El estilo de la catedral de Valladolid es purista y sobrio y se corresponde con el más típico clasicismo herreriano, lo cual se demuestra tanto en su arquitectura como en la decoración.

La catedral presenta actualmente tres naves de cuatro tramos rematadas con ábsides en el lugar donde hubiese estado el crucero. En el interior, filas de pilares con pilastras adosadas de orden corintio sujetan hileras de arcos de medio punto.Las naves están cubiertas por bóvedas de arista.

El crucero ideado por Herrera no existe como tal porque fue convertido en espacio para la capilla mayor y dos laterales. Solamente del crucero quedan construidos algunos muros y el cuerpo bajo de su fachada del lado de la Epístola, al Este; en la estancia llamada Vestíbulo del museo catedralicio puede verse el arranque de uno de los arcos torales que se iban a construir. El espacio de lo que pudo ser este crucero tiene la misma longitud que el ancho de las tres naves, por lo que no sobresale a los lados del templo. En sus extremos desemboca en dos portales pero sólo está realizado, con puerta de acceso y gran portada, el cuerpo bajo del correspondiente al lado este, como ya se ha dicho. Entre los contrafuertes de cada nave del templo se encuentran emplazadas cuatro capillas.
Capilla mayor

Vista del interior desde la tribuna del órgano, a los pies de la nave central. Al frente la capilla mayor “provisional” del siglo XVII con el retablo de Juan de Juni.

Se encuentra en el presbiterio, en el ábside central. Sus paredes están tapizadas con damasco carmesí y contiene el retablo mayor, obra de Juan de Juni, que fue trasladado desde la cercana iglesia de La Antigua, la sillería y un facistol del siglo XVII, obra de Cristóbal Ruiz de Andino. En el centro hay un altar adornado con un frontal que presenta un trabajo de repujado en plata, obra barroca del siglo XVIII.
Los retablos

La capilla mayor ha tenido tres retablos diferentes a lo largo de su historia. El primero fue colocado en 1670, el segundo en 1865 y el tercero en 1922, cuando por motivo de las obras en la iglesia de Santa María La Antigua se trasladó desde esta iglesia el retablo de Juan de Juni, que quedó definitivamente en la catedral.

El primer retablo de 1670, era una especie de tabernáculo y fue construido por el ensamblador Pedro de Cea con esculturas de José Mayo y Pedro Salvador y una pequeña imagen de la Asunción que en el año 2008 se encuentra en la capilla de San Pedro.

El segundo retablo, que sustituyó al anterior y que se mantuvo hasta 1922, procedía de la iglesia de Arrabal de Portillo, fue cedido por el cardenal-arzobispo de Valladolid Juan Ignacio Moreno el 6 de julio de 1865. Su instalación se celebró con Salve Solemne[16] la víspera de la fiesta de la Concepción (según consta en las Actas Capitulares). Era un retablo dorado, con cuatro columnas salomónicas, al que se le añadió una pintura de la Asunción del pintor Zacarías González Velázquez, que fue ampliada en sus costados por el pintor vallisoletano Pablo Berasátegui, para amoldarse al hueco que ya tenía el retablo. En los intercolumnios del retablo estaban las imágenes de Pedro y Pablo. También había un lienzo apaisado con Santiago Apóstol. Tenía una tarjeta circular festoneada de nubes y cabezas de ángeles, que servían como marco al anagrama de María que era dorado sobre fondo de azul claro, acompañado de 4 jarrones perpendiculares a las columnas del tercer cuerpo. Detrás del tabernáculo había un nicho abierto en el muro y cerrado con verja de hierro; dentro había una urna de plata con la inscripción:
Corpora S. S. in pace sepulta réquiem in spe.

Este retablo barroco fue cedido en 1922 a la iglesia del monasterio de San Benito el Real, en Valladolid, donde actualmente se conserva, aunque la pintura de la Asunción de Zacarías González Velázquez se quedó en la Catedral, conservándose hoy en la Capilla de San Pedro Regalado. El tercer retablo, que es el que perdura, procede de la iglesia cercana de Santa María de la Antigua; fue necesario sacarlo de allí por motivo de las obras que se iban a realizar en esta parroquia en 1922. Es el retablo que Juan de Juni contrató para Santa María de la Antigua en 1546 además de seis sitiales adosados al mismo y formando un todo y que subsisten en la catedral tal y como lo concibió Juan de Juni.
Historia de la creación del retablo de Juan de Juni

El 12 de febrero de 1545, el escultor Juan de Juni se reunió con los canónigos y parroquianos de la iglesia de Santa María de la Antigua de Valladolid para concertar las condiciones para la elaboración del retablo mayor: condiciones, materiales, medidas, esculturas, temas, etc. El escultor se comprometía también a:
[…] pintar y estofar de oro, colores, todo muy bueno, y por mano de oficiales, los que mejor lo supieran hacer […]

Se estableció un tiempo de seis años a partir de la firma del contrato (1546) y un precio de 2.400 ducados. Pero el acuerdo no pudo seguir adelante porque el escultor Francisco Giralte entabló un pleito en contra de Juan de Juni, que duró hasta 1550, fecha en que la Chancillería se pronunció a favor de Juan de Juni. El proceso, del que se guardan todos los documentos y firmas de testigos y declarantes, fue largo y desagradable. El estudio exhaustivo que hizo José Martí y Monsó[17] a la vista de todos los legajos sacó a la luz el origen de este pleito y el por qué de tanta insistencia, sobre todo por parte de los seguidores del escultor Giralte que se vio inmerso en esta historia como un simple instrumento sin demasiada convicción.

Cuando la iglesia de Santa María de la Antigua repartió los edictos para poner en conocimiento la pretensión de un nuevo retablo, ningún artista se presentó salvo Juan de Juni que inmediatamente enseñó su proyecto. Todos estuvieron de acuerdo (el provisor Juan de Balboa puso algunas pegas por el gran coste que suponía) y la obra habría seguido adelante si no se le hubiera tratado de imponer a Juan de Juni una última condición que no aceptó: tenía que tomar como ayudante o colaborador para pintar el retablo al pintor Vázquez y a un cuñado de éste llamado Ribera, protegidos de algunos fieles parroquianos de bastante influencia. Juan de Juni no aceptó, alegando que puesto que se había comprometido a realizar la obra quería tener la libertad de escoger a sus pintores y salir fiador de ellos. Ante la negativa, los interesados consiguieron detener la ejecución del contrato y buscaron a Giralte para que presentara una nueva traza y exigiese que le otorgaran la ejecución del retablo. Aquí empezó el litigio que, como se ha dicho más arriba, terminó en 1550 sentenciando la Chancillería a favor de Juan de Juni.
Descripción del retablo


Capilla mayor, con la sillería de coro clasicista, el retablo de Juan de Juni procedente de La Antigua y el altar con frontal de platería.

Las medidas y estructura del retablo se adaptaban perfectamente al ábside de Santa María de la Antigua para quien fue pensado y proyectado; en la catedral resulta ligeramente disminuido. Está considerado como una gran obra de Juan de Juni que expresó en él todo su saber clasicista, huyendo del encasillamiento convencional renacentista. Por eso puede verse como novedad cómo están divididos los compartimentos para las figuras aisladas y cómo los tableros de composición no se repiten simétricamente de arriba abajo sino que están intercalados en los distintos cuerpos.

El retablo está dedicado a Santa María, por lo que presenta escenas de la vida de la Virgen y de Cristo. Está dividido en predela y tres cuerpos más el ático. En los dos primeros cuerpos las columnas de orden compuesto sirven de separación (o de marco) para las distintas figuras de santos esculpidas en busto redondo. Los fustes no presentan ninguna ornamentación de grutescos, como todavía se venía haciendo, siendo este detalle bastante criticado por algunos personajes de la época. El tercer cuerpo no tiene esculturas enteras sino relieves que sobresalen bastante, contrastando con los relieves del segundo cuerpo que están alrededor de las figuras y que sobresalen muy poco.

En los intercolumnios se hallan las figuras de San Andrés, San José, San Joaquín y San Agustín. Tienen la originalidad de que la cruz de San Andrés se asoma por detrás de la columna, en el hueco siguiente y lo mismo ocurre con el báculo de San Agustín. En palabras de Martí y Monsó, el escultor Juan de Juni en esta obra llegó a dar:
[…] el sello especial de grandiosidad ampulosa, de movimientos decididos y violentos con semblantes expresivos, y conocimiento profundo de la anatomía artística […]
Coro

La Catedral de Valladolid atesora un archivo musical que está considerado como de los mejores del mundo en su género. En él se encuentran obras manuscritas e impresas (algunas de éstas últimas, de gran valor por los escasos ejemplares que se conservan) que van desde el siglo XV al XX. Muchas de las composiciones son obra de los Maestros de Capilla que ha tenido la colegiata y después catedral vallisoletana desde el Renacimiento hasta nuestros días. Entre ellos, destacan Francisco de Montanos en el siglo XVI; Manuel Gómez Camargo en el XVII; en el XVIII, José Martínez de Arce y Fernando Haykuens; en el XIX, Antonio García-Valladolid; Vicente Goicoechea a caballo entre el XIX Y XX y ya esta última centuria, Julián García Blanco.

Al contrario que muchas catedrales españolas, en la actualidad, la sillería de coro no está colocada en la nave, sino en el presbiterio, mientras que el órgano se halla en una tribuna alta a los pies. Sin embargo, cuando se construyó el coro en 1667, se situó la sillería en el centro de la nave mayor, con los órganos a los lados, según costumbre de la arquitectura religiosa española, ocupando el segundo tramo por los pies de la nave central. La primera sillería que tuvo fue la proveniente de la antigua colegiata, de estilo tardogótico, realizada en el siglo XV. En el siglo XVII, hubo necesidad de hacer nuevos sitiales al pasar de la Colegiata gótica al templo herreriano. Esta sillería se utilizó hasta los primeros años del siglo XIX, cuando se sustituyó por otra, desmembrándose la tardogótica, que fue arrinconada y guardada en huecos de diversas capillas. Algunos de los paneles de madera finamente tallados que servían de respaldos, fueron utilizados como batientes de puertas[19] y la silla abacial se llevó a la capilla del Palacio Arzobispal. En 1763 se empezó a colocar la reja costeada por el obispo de Valladolid Isidro Cosío y Bustamante.

A principios del siglo XIX se amuebló el coro con la sillería que estaba en el coro alto de la iglesia del convento de San Pablo. Esta sillería, de estilo herreriano y realizada con maderas de gran calidad, fue mandada construir por el duque de Lerma, patrón del Convento de San Pablo, en el siglo XVII y sus autores fueron Francisco Velázquez y Melchor Beya, ambos de Valladolid. En el libro Becerro del convento de San Pablo puede leerse esta referencia:
En mil seiscientos veintiuno y mes de Noviembre, se finalizó la sillería del coro, que se compone de cincuenta sillas altas y cuarenta y cinco bajas. Costó la hechura de cada par unas con otras, trescientos treinta ducados. Las maderas son de las indias portuguesas; costeó la obra el duque cardenal.

Cuando en 1928 se desbarató el recinto del coro y la reja que lo cerraba fue vendida, se hizo la tribuna a los pies de la catedral, donde se instaló uno de los dos órganos, y los sitiales se llevaron al presbiterio, donde se colocaron en semicírculo apoyados en la pared. Actualmente siguen dispuestos de este modo. Se encuentran los sitiales distribuidos en dos grupos simétricos flanqueando al retablo de Juan de Juni. Existen en total 32 sillas altas y 22 bajas sin contar con los seis sitiales bajos que posee el propio retablo de Juni.
Reja del coro

El coro estuvo cerrado por una buena reja costeada por el obispo de Valladolid Isidro Cosío y Bustamante, que se empezó a colocar en octubre de 1763 y quedó instalada en diciembre de ese mismo año. Acabó su dorado en agosto de 1764. En el centro del segundo cuerpo colocó el Cabildo el escudo de armas del obispo Bustamante, en homenaje y agradecimiento a su donación. Llevaba la leyenda:
Esta reja y rallar las dio el Ilmo. Sr. Don Isidro Cosío, obispo que fue de esta ciudad.

Años más tarde este escudo con su inscripción fue sustituido por el del Cabildo.
Reja del coro de la Catedral, actualmente expuesta en el Museo Metropolitano de Nueva York.

La reja fue ejecutada en talleres de Elorrio y Elgóibar, en el País Vasco, siendo terminada en 1763. Tradicionalmente se ha venido atribuyendo su autoría a dos rejeros: Gregorio de Aguirre y Rafael de Amezua. Estudios más recientes dan por segura la autoría del artista Amezua perteneciente a una familia de rejeros de Elorrio. Parece que lo confirma la similitud de motivos en dos rejas firmadas por Rafael de Amezua destinadas a los lados del altar mayor de la catedral de Cuenca y otra de Gaspar de Amezua para el coro de la Iglesia de Santa María de Palacio, en Logroño.[20] Teorías anteriores atribuían la obra a Gregorio de Aguirre,[21] rejero y maestro arquitecto de Elgoibar.[22]

Era costumbre de los rejeros de Elorrio y Elgóibar depositar en Vitoria las piezas de las rejas una vez terminadas. Desde allí, cargadas en carretas, llegaron a Valladolid en cuya catedral fueron montadas y asentadas entre octubre y diciembre de 1763, bajo la supervisión del maestro rejero autor de la obra. El Cabildo invitó a los artífices a un ágape, lo que entonces se llamaba guantes para refrescar. En 1764 se llevó a cabo el dorado, probablemente por doradores segovianos que eran los más expertos en esta época.

En 1928, con la remodelación hecha en la catedral, la sillería del coro volvió al altar mayor y se construyó una tribuna alta a los pies donde se ubicó el órgano. Por motivos económicos por la necesidad de seguir haciendo obras, el Cabildo vendió la reja (y otras obras de arte) que fue a parar a la Fundación Hearst. Esta fundación la donó en 1956 al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, donde se puede ver asentada sobre un banco de piedra.

Tiene 3 puertas, 9 calles y 3 pisos. Las columnas son mitad torneadas y mitad abalaustradas (con abalaustramiento invertido), siguiendo un modelo típico del taller de Elorza. Tiene 64 balaustres cincelados. Un arquitrabe liso separa el primer friso con una cornisa de molduras. El coronamiento tiene ornamentación de espirales, óvalos y jarrones.
Los órganos musicales de la catedral

El 26 de agosto de 1668 se inauguró y consagró la catedral de Herrera, aun sin estar terminada. Un año antes se había situado el coro en la nave central, con la sillería gótica de la antigua colegiata. Posiblemente con la sillería, pasó al nuevo edificio el órgano de la colegiata, que databa de mediados del siglo XVI y que había sido reformado, o quizás totalmente reconstruido, hacia 1620. Sustituyendo a este instrumento, a finales del siglo XVII se construyeron sendos órganos que se colocaron a los lados del coro, cobijados bajo los grandes arcos que separan la nave central de las laterales. Los dos órganos fueron reformados en 1792, construyéndose una caja nueva neoclásica para el del lado de la Epístola. Ambos instrumentos respondían a la tipología de órgano barroco español, con una importante trompetería de fachada.

Órgano Amezua en su emplazamiento actual, a los pies del templo, sobre su tribuna construida en 1928. También se ve el cancel churrigueresco de principios del siglo XVIII.

Se tiene noticia de arreglos y reformas en los órganos barrocos a lo largo del siglo XIX. Sin embargo, a principios del siglo XX, la estética sonora barroca no gustaba por el cambio de las modas y además, los dos órganos catedralicios no se encontraban en buen estado. De esta manera, gracias a las gestiones del entonces Maestro de Capilla de la Catedral, Vicente Goicoechea, se realizó un nuevo órgano de estilo romántico en 1904, sustituyendo al órgano barroco del lado de la Epístola del coro, pero reutilizando su caja de 1792 y situándose en el mismo lugar. El nuevo instrumento fue construido por el importante organero vasco Aquilino Amezua (1847-1912), figura clave de la organería romántica española e introductor del órgano romántico en nuestro país. En 1907, se celebró un importante congreso de música sagrada en la Catedral y tuvieron lugar dos conciertos en este órgano de Amezua en los que tocaron los organistas españoles más destacados del momento, dando a conocer el repertorio romántico para órgano (Felix Mendelssohn, Alexandre Guilmant, Charles-Marie Widor, Léon Boëllmann…) que nunca antes se había interpretado en la Catedral, y la música organística de Johann Sebastian Bach, desconocida hasta entonces en Valladolid.

En 1928 se desmanteló el coro bajo y el órgano barroco que aún se conservaba en el lado del Evangelio, fue vendido como chatarra, construyéndose una tribuna a los pies donde se colocaría el órgano que Amezua había realizado en 1904, con su caja neoclásica de finales del siglo XVIII. En 1933, a petición del Organista de la Catedral, se amplió y reformó el órgano con el dinero procedente de una donación anónima destinada a tal efecto. Los trabajos fueron realizados por Leocadio Galdós (discípulo de A. Amezua), adquiriendo el instrumento su actual configuración con tres teclados y pedalero, 34 juegos efectivos y alrededor de 2100 tubos; se trata de uno de los órganos más grandes de Castilla y León.

Consola del órgano Amezua de la Catedral. Se observan los tres teclados manuales y el pedalero, así como los mandos de los registros.

La caja de este órgano es muy sencilla de acuerdo con el gusto neoclásico; está rematada por un frontón con acroteras. La fuellería se oculta tras unos paneles del pedestal. Los capiteles de las pilastras son corintios y sostienen una cornisa con tallas en los intercolumnios. Los tubos que se ven en los costados son de adorno, pues la tubería cantante (como se conoce a los tubos que suenan) se extienden en varios castillos (castillo es la palabra con la que se conoce en organería cada uno de los grupos de tubos que adornan la fachada de un órgano) de la fachada principal de la caja.

Este órgano se conserva en la tribuna de los pies de la catedral (año de 2008). Recientemente, se ha cambiado el antiguo motor-ventilador destinado a hinchar los fuelles por uno moderno y más silencioso. El instrumento se utiliza en las liturgias dominicales de la catedral, sonando ocasionalmente en concierto. El organista titular, por oposición, es desde 1974 el P. Teófilo Olmedo. A lo largo de la historia de este instrumento, han dado conciertos en él grandes organistas españoles como Bernardo Gabiola, Víctor Zubizarreta, Miguel Echeveste, Jesús Guridi, José Manuel Azkue, José Enrique Ayarra o Esteban Elizondo.

En el mes de diciembre del año 2005 el Arzobispado de Valladolid adquirió, con gran polémica, un órgano electrónico Allen que se encuentra cerca del presbiterio, destinado para acompañar al Coro Diocesano.
Capillas de la nave del evangelio

Planta de la Catedral de Valladolid, con las capillas de la nave del evangelio en color naranja:
1. Capilla de San Juan Evangelista
2. Capilla de Nuestra Señora de los Dolores
3. Capilla de Nuestra Señora del Sagrario
4. Capilla de San Fernando

Son las capillas que se encuentran a la izquierda, según se mira al altar. Son las siguientes: Capilla de San Juan Evangelista, Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, Capilla de Nuestra Señora del Sagrario y Capilla de San Fernando

Capilla de San Juan Evangelista

Hacía las funciones parroquiales, ya que en su interior se encontraba la pila bautismal. Es una capilla de tamaño reducido, ya que se encuentra justo debajo de la antigua torre. Con el hundimiento de dicha torre, se procedió a rehacer su bóveda, imitando a la antes existente. Contiene en su interior un retablo neoclásico, realizado por Jorge Somoza en 1846, que se organiza a modo de arco del triunfo, con cuatro grandes columnas corintias. Dicho retablo fue encargado para reemplazar al anterior, de 1714 y obra de Pedro de Rivas, que se destruyó al hundirse la torre. Acoge una escultura del santo titular del siglo XVII. Además, hay varios lienzos y parte de la antigua sillería del siglo XV procedente de la colegiata. La capilla se cierra con una reja del siglo XVII, rematada con crestería barroca tallada en madera.
Capilla de Nuestra Señora de los Dolores

Formaba parte del antiguo patronato de la familia de los Velarde, siendo bendecida la capilla en 1630. Posee un gran retablo barroco dorado, datado hacia 1700, con estípites y un gran tabernáculo, adornado con espejos. En el retablo se encuentran pequeñas esculturas coetáneas al mismo. Flanqueándolo, se hallan dos hornacinas que contienen los relicarios de la Catedral, del siglo XVII. En un lado de la capilla se halla un retablo de estilo rococó, realizado en 1776, para conmemorar el nacimiento de San Simón de Rojas en 1552, en una casa que se encontraba, antes de la construcción de la actual catedral, en el lugar que hoy ocupa esta capilla; contiene una pintura que representa un pasaje de la vida del santo. En el lado opuesto a este último retablo, se halla el monumento sepulcral del fundador Juan Velarde (fallecido en 1616), de estilo clasicista, con cuatro columnas dóricas entre las que se encuentra el sarcófago; también existe un retrato del fundador, obra de gran calidad, atribuida al pintor Francisco Martínez. Aquí se encuentra en la actualidad la pila bautismal de la Catedral. Hay además varios lienzos. La capilla se cierra con una reja del siglo XVI, quizás procedente de la colegiata, y colocada aquí en 1674.
Capilla de Nuestra Señora del Sagrario

En esta capilla se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Sagrario, una escultura de la Virgen con el Niño, de pequeño tamaño realizada en piedra y que data del siglo XV; se encontró emparedada en 1602, durante el transcurso de unas obras en la colegiata. El Cabildo la eligió como su patrona y la colocó en esta capilla, terminada en 1624. La imagen se encuentra en un retablo neoclásico de principios del siglo XIX. Se encuentran además dos lienzos de Manuel Peti, realizados en 1700, varias pinturas y esculturas de santos del siglo XVII, entre ellas, una buena imagen de la Virgen del círculo de Francisco del Rincón, y dieciocho sitiales de la antigua sillería tardogótica. Se cierra la capilla con una reja de hierro realizada antes de 1655.
Capilla de San Fernando

Fue fundada en 1585 por Juan de Santisteban, pero debido a la lentitud de la marcha de las obras del templo herreriano, la capilla no se materializó hasta casi noventa años después. En su interior, se halla un retablo salomónico de 1680, obra de Pedro de Cea, que se organiza por medio de cuatro columnas salomónicas entre las que se encuentra una escultura de San Fernando tallada por Alonso de Rozas. También existe un retablo dedicado a la Inmaculada, situado antes en el trascoro desmantelado en 1928, que contiene una serie de pinturas de Felipe Gil de Mena. Se cierra con una reja de 1678.
Capilla del ábside

Sepulcro del conde Pedro Ansúrez, señor y repoblador de Valladolid.

Remata la nave del Evangelio y notablemente más baja que ésta. Fue construida en el siglo XVII de manera provisional, usando ladrillo y yeso. Posee planta ochavada y se decora en el interior con varias molduras y ménsulas de estilo barroco. En esta capilla, se encuentra el mostrador donde se despachan los billetes para entrar al Museo Diocesano y Catedralicio; también se encuentran, además del sepulcro del Conde Ansúrez, algunas obras de arte como el retablo neoclásico formado por una tabla del siglo XVI con el tema de la Crucifixión cuyo autor es el flamenco Michel Coxcie, que trabajó bastante durante el reinado de Felipe II.
Sepulcro del conde Ansúrez

En la pared oeste, y justo detrás del mostrador, está el humilde sarcófago del conde Ansúrez, rodeado de una sencilla reja de hierro que tiene en su centro un pequeño escudo con las armas del conde. Sobre la lápida se encuentra una tosca escultura de madera representando al conde en posición supino-horizontal, con casco y armadura. El conde fue enterrado, según sus deseos, en la antigua colegiata fundada por él, y sus restos fueron trasladados a este lugar en 1674. En el hueco del nicho se puede ver una tabla del siglo XVI pintada con el tema de San Miguel, que recuerda la cofradía de Escuderos fundada por el conde Ansúrez. En los costados se repiten los escudos y debajo están colocadas dos tablas procedentes del primitivo enterramiento de la colegiata pintadas de blanco y escritas con unos versos que elogian las buenas cualidades de Ansúrez.

El historiador Juan Antolínez de Burgos, en su Historia de Valladolid, cuenta que en el año 1556, al abrir el sepulcro para reparar el arco, se halló su cuerpo armado con su espada y espuelas, tal y como se ve en su escultura.
Capillas de la nave de la epístola

Planta de la Catedral de Valladolid, con las capillas de la nave de la epístola en color naranja:
6.Capilla de la Magdalena
7.Capilla de San José
8.Capilla de San Pedro
9.Capilla de San Miguel

Son las capillas que se encuentran a la derecha, según se mira al altar. Son las siguientes: Capilla de San Miguel, Capilla de San Pedro Regalado, Capilla de San José, Capilla de San Pedro Apóstol y la Capilla absidal.
Capilla de San Miguel

Realizada en 1712, se encuentra bajo la torre realizada entre 1880 y 1890. Su reja data también de 1712. El retablo, barroco y adornado con cornucopias de estilo churrigueresco, fue realizado en 1714 por Pedro de Rivas, y su escultura titular, probablemente también fue obra de Pedro de Ávila.
Capilla de San Pedro Regalado

Originalmente dedicada a la Magdalena, fue realizada en 1712, y cambió su advocación en 1843 por la de San Pedro Regalado, en honor al santo local. En uno de sus lados, en un retablo neoclásico con frontón triangular, contiene un lienzo neoclásico de la Asunción, obra de Zacarías González Velázquez; enfrente de este retablo existe otro con un lienzo que representa a la Virgen entregando el niño a San Antonio de Padua, obra de Alonso del Arco. No se conserva el retablo titular realizado en 1714, pero sí la Magdalena, posiblemente realizada por Pedro de Ávila, que se guarda en otras dependencias catedralicias. Actualmente, el retablo que posee la capilla, de estilo rococó, con dos columnas corintias de fuste adornado, acoge un gran lienzo con el tema de San Pedro Regalado resucitando para dar de comer a un pobre, del pintor italiano Placido Costanzi datado en la primera mitad del siglo XVIII. La reja que remata la capilla data del año 1712.
Capilla de San José

Contiene las esculturas funerarias de varios miembros de la familia Venero y Leyva, provenientes de la Capilla de Santa Catalina del Convento de San Francisco, atribuibles a Francisco del Rincón y realizadas en alabastro. En esta capilla han recibido sepultura también los últimos arzobispos de Valladolid. El retablo mayor, de estilo barroco, con estípites y dorado, data de 1712, siendo la imagen titular atribuida a Pedro de Ávila. Cuenta además con una serie de lienzos del siglo XVII, varios de ellos copias de cuadros de pintores como Tiziano (San Jerónimo), Rafael (El pasmo de Sicilia), Caravaggio (Incredulidad de Santo Tomás), Mateo Cerezo (Asunción de la Virgen) y Felipe Gil de Mena (La Verónica). Uno de los lienzos, una Anunciación, está firmado por Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia en 1671. La reja que cierra la Capilla fue forjada en Vitoria en 1712, siendo realizada su cornisa por Alonso del Manzano.
Capilla de San Pedro Apóstol

Se terminó su realización en 1712, siendo colocado su retablo, también barroco y con estípites, dos años más tarde. Su escultura titular es atribuible a Pedro de Ávila. Cuenta con una escultura de la Asunción. Contiene además dos pequeños retablos salomónicos, procedentes de la antigua iglesia de San Esteban, en Portillo, hoy desaparecida. Su reja data del siglo XVI, siendo recompuesta dos siglos más tarde. Se encuentran además una serie de pinturas de santos, todas ellas del siglo XVII. En esta capilla y la anterior se encuentra actualmente una colección de doce hacheros de bronce realizados en Barcelona en el siglo XVIII.
Capilla del ábside

Es ochavada, construida con ladrillo y yeso, adornada con algunas molduras y ménsulas de estilo barroco y totalmente enlucida. Posee un retablo neoclásico, idéntico al de la capilla absidal del lado del Evangelio, que acoge un gran lienzo sobre el tema de la Transfiguración, obra atribuida a Lucas Jordán. A través de la capilla se realiza el ingreso al templo a través de la fachada este, a la plaza de la Universidad, cerrándose con unas puertas de estilo rococó, muy deterioradas, procedentes de la Iglesia del monasterio de San Benito el Real de Valladolid, donde originalmente cerraron el trascoro de esta iglesia. Llegaron a la Catedral en 1866.
Sacristía

La sacristía de la catedral era la antigua capilla de la Inmaculada, la única construida del sector de la cabecera después del crucero. Fue patronato de don Pedro de Arce, pero que fue habilitada en 1960 como sacristía. Se construyó en 1655, y de dos años más tarde es su reja. Contiene una serie de pinturas originales y copias, varias tablas con piezas en cobre y un retablo neoclásico con un cuadro de la Anunciación, obra de Bartolomé de Cárdenas. Contiene también una sencilla cajonería neoclásica de principios del siglo XIX. En dependencias contiguas se halla una serie de retratos de los Obispos y Arzobispos vallisoletanos desde Bartolomé de la Plaza hasta nuestros días.
Sala capitular

Se encuentra integrada entre las capillas de la antigua colegiata. Fue construida en el siglo XVII, usando parte de una crujía del claustro colegial. Se cubre con bóveda de cañón con lunetos y yeserías. Posee una sillería barroca tallada en 1764 para el coro alto la iglesia del monasterio de San Benito el Real de Valladolid y trasladada a la Catedral en 1867. Además, contiene varias pinturas, y esculturas, dos de ellas traídas de San Pablo de la Moraleja.
Monopolio de la catedral sobre la cartilla de doctrina cristiana
Felipe II extendió una Real Cédula concediendo a la catedral el privilegio de venta de la cartilla de doctrina cristiana.

La cartilla de doctrina cristiana era un librito donde venía resumido lo esencial de dicha doctrina. Los niños aprendían a leer en este cuadernillo a través de las plegarias y oraciones más simples y los puntos más importantes de la doctrina cristiana. Había también unas páginas dedicadas a lo más básico del cálculo matemático. En el siglo XVI proliferaron estas cartillas de tal manera que algunos historiadores le llamaron el siglo de las cartillas o de los catecismos de Doctrina Cristiana.[23] La venta de esta cartilla llegó a ser monopolio de la catedral de Valladolid, a partir de una petición hecha por el Cabildo al rey Felipe II, para sufragar las interminables obras de acabado de la catedral. Felipe II escuchó la petición y extendió una Real Cédula el 20 de septiembre de 1583 concediendo el privilegio, inicialmente por 3 años, que más tarde prorrogaría y que después prorrogarían los reyes sucesores hasta llegar a Carlos III, que el 7 de septiembre de 1779 concedió la última prórroga por 40 años, a pesar de que el Cabildo le había pedido perpetuidad:
Si V.A. no se digna a perpetuar el privilegio, poco a poco se irá arruinando el edificio.

En el archivo de la catedral de Valladolid se conservan los documentos en que se da noticia de la primera petición, de las razones para esa petición, de la finalidad que tendrán los beneficios obtenidos (siempre y en único lugar las obras de la catedral), de las condiciones de impresión; sólo se podía imprimir en Burgos, Valladolid, Salamanca, Madrid y Sevilla y siempre con licencia del Cabildo vallisoletano:
Mandamos (el rey) que […] persona alguna, sin nuestra licencia no pueda imprimir ni vender la dicha cartilla ni otra alguna…

Se expresan así mismo los castigos y multas que caerán sobre las personas que desobedezcan estos mandatos:
Sopena que el que la imprimiere y vendiere, aya perdido y pierda todas y cualesquiera cartillas y moldes y aparejos que de ella tubiere y mas incurra en pena de cincuenta mil mrs. por cada vez que lo contrario hiciere…

A pesar de todos estos mandatos hubo muchas infracciones de las que se queja constantemente el Cabildo. Los ingresos que se obtenían de este privilegio eran bastante sustanciosos pero no llegaban en absoluto a cubrir gastos para la catedral, que se nutría principalmente de limosnas y de otros impuestos beneficiarios, como el cobro de un cuarto por cada persona que acudiera al teatro.

El comercio de las cartillas se extendió a América, siendo el único producto manufacturado en el que Valladolid tuvo contacto comercial en el siglo XVI con el Nuevo Mundo. De América se obtuvieron muy buenos beneficios.
Influencia

Debido a la influencia de Juan de Herrera y a la similitud de la filosofía de su construcción con la ideología de los Austrias Mayores, la catedral de Valladolid fue muy imitada en la arquitectura religiosa del siglo XVII. Su influencia está presente en la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid así como en la catedral de Ciudad de México y en la de Lima.

Galeria de Imagenes de la Catedral de Valladolid


Catedral de Jaen (España)

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Construcción     1249-1724
Estilo arquitectónico     Renacimiento

La Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen de Jaén es una catedral de estilo principalmente renacentista, concebida en el siglo XVI tal y como se observa en la actualidad. Se ubica en la Plaza de Santa María, frente al Ayuntamiento de Jaén y el Obispado. En su interior se custodia, entre otras obras de arte y objetos religiosos, la reliquia del Santo Rostro o «La Verónica», alojada en la capilla mayor, y que se expone ante el público todos los viernes. La Catedral de Jaén aspira en la actualidad a convertirse en Patrimonio de la Humanidad.

Construcción

Vista nocturna de la Catedral de Jaén.

Sobre una antigua mezquita aljama,[nota 1] fue convertida en iglesia mayor, cuando Fernando III el Santo en el año 1249, reconquistó la ciudad de Jaén y mandó consagrarla a don Gutierre Ruiz (1245-1249), obispo de Córdoba, a la vez que trasladaba la sede episcopal de Baeza a Jaén. Se proyectó inicialmente en estilo gótico. Tras sufrir graves desperfectos por la incursión árabe en el año 1368, se tiene que derribar para continuar otra nueva bajo el mandato del obispo Nicolás de Biedma.

Hay que volver a reconstruir a partir de 1494, bajo el mandato del obispo Luís Osorio de Acuña, debido a la inconsistencia de sus muros (en el año 1500 fue requerido Enrique Egas para hacer una tasación) con tan mala fortuna que en 1525 el cimborrio sufre un derrumbe, es cuando se vuelve a emprender la gran reforma para cambiar a la actual construcción renacentista.

Esta adaptación se fue realizando en diferentes fases, de ahí los diferentes estilos visibles. De hecho, restos de la catedral gótica pueden observarse principalmente en la parte baja de su cara oriental, perteneciendo a ellos la famosa «Mona» o «Bafumet», que, tocada con un turbante, se observa sentada sobre una esquina del friso gótico.

Aunque la obra renacentista duró 164 años (desde 1540 hasta 1724) y fueron muchos los arquitectos que dirigieron su construcción, presenta una excepcional armonía en sus diferentes estilos. Uno de los arquitectos que más influyeron en la obra fue el renacentista Andrés de Vandelvira, nacido en 1509; en su proyecto de la catedral, dirigió personalmente las obras de la sacristía, sala capitular y cripta o panteón, ya que la construcción de la catedral renacentista se empezó por la cabecera. La sacristía está considerada como una de las arquitecturas más originales dentro del renacimiento español, cuya composición de columnas y arcos resuelve perfectamente todos los problemas de luz y espacio. A pesar de haber tenido a su lado al escultor Esteban Jamete para la realización de la parte escultórica de sus obras por la provincia, se le atribuye en la Catedral de Jaén la realización del Ecce Homo, que se encuentra en el testero de la parte derecha del crucero.

Fachada este de la catedral.

A partir de su muerte en 1575, se hizo cargo su ayudante Alonso Barba, fiel seguidor del proyecto de Vandelvira, tal como el propio Vandelvira nos dice en su testamento el 16 de abril de 1575

Todo el interior de la catedral, a pesar de los diversos arquitectos que pasaron por su construcción, se realizó siguiendo las trazas que dejó Vandelvira. El catedrático de Historia del Arte Pedro Galera Andreu, en su obra acerca de este templo, afirma que «pocas catedrales españolas ofrecen una mayor unidad estilística que la de Jaén

Fachada Principal

La planta de la catedral tiene forma de cruz latina, en la parte superior de los brazos se encuentra la Sacristía Mayor y la iglesia del Sagrario la superficie rectangular es de 70 metros en su fachada y parte posterior y 100 metros en las fachadas laterales. Recorre una logia de doce metros de ancha desde la puerta del Sagrario hasta la fachada principal, con una separación de las calles que la bordean por una valla de piedra de más de un metro de altura y sobre ella una verja de hierro forjado de cuatro metros de altura, separada por pilares coronados por piñas, desde la fachada principal se entra a esta logia por tres puertas de hierro.

Fachada principal de la Catedral de Jaén realizada por Eufrasio López de Rojas.

Vista de la logia en el ángulo que forman el cuerpo principal con el cuerpo lateral oriental.

En la fachada principal (terminada a finales del siglo XVII), se observan varios balcones desde los que se exponía el Santo Rostro para bendecir tierras y gentes. Mide 32 metros de altura por 33 de anchura, sin incluir las torres.

La fachada, realizada por Eufrasio López de Rojas entre 1667 y 1688, destaca especialmente por la puesta en escena de un gran muestrario iconográfico, casi todo él magníficamente esculpido por Pedro Roldán, en el que se encuentran desde significados universales (Padres de la Iglesia occidental, Evangelistas, Salomón, San Pedro y San Pablo, la Asunción de la Virgen, etc.) hasta particulares devociones locales (San Fernando, Santa Catalina y, sobre todo, el Santo Rostro).

En la balaustrada de la fachada principal se encuentran nueve grandes esculturas son (de izquierda a derecha): San Agustín, San Gregorio Magno, San Mateo,San Juan San Fernando, San Lucas, San Marcos, San Ambrosio y San Jerónimo, junto con el relieve de la Santa Faz, todos de Pedro Roldan.

Torres

Torre norte, en la que se encuentran las campanas y el reloj.

Las dos torres gemelas enmarcan la fachada y le dan identidad renacentista a la construcción, en contraposición a la horizontalidad de la fachada. Fueron acabadas a principios del siglo XVIII.

Se elevan en principio de una planta cuadrangular y sin adornos hasta llegar al primer cuerpo. Se organizan en cinco niveles que aumentan en complejidad arquitectónica y decorativa.

El primero, a nivel del suelo, no presenta ningún tipo de adorno, al igual que el segundo, que solo cuenta con un pequeño balcón cerrado con una sencilla baranda de hierro. El tercero, coincidiendo con la altura a la que se encuentran las nueve figuras de la fachada, está adornado con elementos ornamentales superpuestos.

El siguiente nivel está coronado por una balaustrada que rodea su perímetro. En cada una de sus cuatro fachadas tiene tres huecos con arcos de medio punto que, en el caso de la torre norte o de las Campanas, permiten ver las nueve campanas que hay en su interior. La torre sur no alberga ninguna campana. En la parte inferior de este nivel hay un reloj, también el la torre norte.

El quinto y último cuerpo presenta una planta octogonal, adornándose cada lado con huecos de luz con arcos de medio punto. Está rematado por una cúpula semiesférica coronada por una cruz sobre esfera, ambas en hierro forjado.

Puertas

En la fachada principal se encuentran tres puertas de entrada:

* Puerta del Perdón o central. Está custodiada por dos hornacinas, en las que se encuentran la imagen de San Pedro y San Pablo, y enmarcada por cuatro columnas que representan los principios de la fe. Con relieve en su parte superior de la Asunción de la Virgen realizada por Julián Roldán y por la parte interior hay el relieve del Niño Jesús entre los doctores de Pedro Roldán.
* Puerta de los fieles. Sobre la puerta, un relieve de San Miguel de Julián Roldán. En su parte interior con el relieve de las Bodas de Caná de Lucas González.
* Puerta del clero. Lucas González es el autor de la imagen de Santa Catalina en la sobrepuerta. En su interior se encuentra la Huida a Egipto de Pedro Roldán.

Además hay otras dos puertas:

* Portada del sur. Realizada por Vandelvira, sobre el friso de la puerta se encuentra un altorelieve de la Asunción, la puerta tiene como remate un frontón triangular. En su interior hay los relieves de la Circuncisión de Jesús y la Presentación de Jesús en el Templo.

Portada del Norte realizada por Juan de Aranda.

* Portada del norte. Realizada por Juan de Aranda Salazar, con una Inmaculada Concepción en la hornacina central sobre la puerta y con las imágenes de Salomón y David a ambos lados. También hay los escudos de la Catedral y del obispo cardenal Baltasar Moscoso y Sandoval (1619-1646). La puerta se encuentra flanqueada por columnas de su misma altura. En la parte interior que da al templo, se representa con relieves el Nacimiento y la Adoración de los Magos, éstos realizados por Luis de Aguilar en el año 1564. Se inauguró en el año 1640 con gran solemnidad, ya que por entonces estaba muy arraiga la devoción a la Inmaculada. En el suelo de esta entrada está enterrado el Deán de la catedral, Iñigo Fernández de Córdoba, muerto en 1624, que así lo quiso para «ser pisado por todo el que la cruzare.

Interior

Cúpula del crucero del arquitecto Juan de Aranda Salazar.

En el interior se pueden observar diferentes estilos que van desde el renacentista al churrigueresco, pasando por el neoclásico o el barroco.

Presenta planta de “salón” y consta de tres naves divididas por esbeltos y elegantes pilares cruciformes corintios bastante separados, coronados por bóvedas vaídas.

La esbelta cúpula del crucero es obra del arquitecto Juan de Aranda Salazar, formada por una circunferencia adornada de 12 metros de diámetro, debajo de la cual en sus pechinas, se encuentran los relieves de San Miguel, San Eufrasio, Santiago y Santa Catalina. De la parte superior de la circunferencia se eleva la bóveda con ocho ventanas, remata con una circunferencia de dos metros y medio de diámetro de la cual surge la linterna que tiene cinco metros de altura con ocho ventanales y rematada por una semiesfera con una cruz de hierro por el exterior.

Altar Mayor

El presbiterio elevado por cinco escalones del resto del templo, está cerrado por una reja realizada por Clemente Ruiz, herrero de Málaga, en el año 1658. En cada uno de sus cuatro ángulos se encuentra colocado un ángel sosteniendo una lámpara de plata.

El altar actual sustituyó al del año 1660 y fue mandado hacer y costeado por el obispo Agustín Rubín de Ceballos (1789-1793).

Situado el altar en el tercio posterior del presbiterio, es de mármol rojo formando un cuadrado de cinco metros de lado. Sobre éste, a unos 70 centímetros del borde, se levanta otra plancha de mármol de 25 centímetros de grueso, con remates de bronce. En su centro está el sagrario enmarcado con adornos de racimos y flores. El templete es del arquitecto Juan Pedro Arnal y fue elaborado en Madrid, consta de ocho columnas de serpentina de estilo corintio. En el remate de la cúpula hay una cruz de cristal de jaspe enmarcada en bronce. Rodean a este templete las figuras de seis ángeles de mármol blanco, realizados: los del lado de la Epístola por Alfonso Giraldo Bergaz y los del lado del Evangelio por Juan Adán.

Capilla Mayor

Retablo Mayor de la Catedral

La capilla Mayor o del Santo Rostro (n.º 9 en el plano) fue construida por primera vez bajo el mandato del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, enterrado en esta capilla, en el siglo XVI, después tuvo que ser demolida y las nuevas obras fueron hechas por el arquitecto Juan de Aranda en el siglo XVII.

El retablo mayor, neoclásico, consta de tres cuerpos en el que se combinan los estilos dórico, jónico y corintio y cubre toda la cabecera de la capilla. Fue realizado por los hermanos Sebastián y Francisco Solís.

En el primer cuerpo, en su parte central, se guarda el relicario de orfebrería cordobesa que conserva el Santo Rostro,[3] cubierto con una tabla pintada por Sebastián Martínez que representa a dos ángeles sosteniendo el lienzo con el Santo Rostro. Detrás de la tabla hay una puerta que se abre con dos llaves que da acceso a la caja fuerte custodiada por tres llaves. Dentro de la caja fuerte hay una urna de plata y oro que también necesita de dos llaves para abrir y ver la reliquia del Santo Rostro.[nota 2] Encima de esta cámara hay una hornacina en la que se encuentra la Virgen de la Antigua, patrona del cabildo, talla gótica que según la tradición fue donada a la ciudad por Fernando III el Santo tras la conquista de la ciudad, las coronas de la imagen fueron realizadas por el orfebre cordobés Simón de Tapia en el siglo XVII. Se encuentran también en este piso del retablo las imágenes de San Pedro, San Pablo, San Bernardo y San Antonio Abad, todas de grandes dimensiones. En sus calles laterales se encuentran los lienzos representando, el primero, Encuentro de Jesús con la cruz y María camino del Calvario, y el otro, Jesús despojado de sus vestiduras.

En el segundo cuerpo de orden jónico, en su parte central, se encuentra un altorrelieve de la Virgen de la Asunción, obra de Sebastián de Solís. En las otras dos calles están colocados los lienzos del Descendimiento de Jesús, de Daniele da Volterra, y el Señor atado en la Columna, de Juan Navarrete el Mudo. Las entrecalles se adornan con medallones con bustos de Cristo y la Dolorosa.

El tercer cuerpo, es de estilo corintio, y está formado por cuatro columnas de serpentina. En él hay un grupo del Calvario, también del escultor Sebastián Solís. Corona el retablo un Crucificado, con la Magdalena a sus pies, en sus laterales las imágenes de la Virgen y San Juan. En los extremos de éste último cuerpo hay alegorías escultóricas de las virtudes teologales; a la izquierda la Fe y la Esperanza; y a la derecha la Caridad y la Religión.

En el ático del retablo encontramos una imagen del Padre Eterno con la esfera en la mano, coronada por una cruz.

En ambos laterales de la capilla se encuentran los magníficos cuadros de La Visitación, atribuido a Tiziano y de La Anunciación, atribuido a Benvenuto Cellini.

Destaca la bóbeda de cañón, rica en elementos decorativos. En el centro del arco de medio punto sobresale el escudo de los Reyes Católicos, que recuerda una carta de finales del siglo XV, dirigida al cabildo, en la que invitaban a rezar una salve en el altar mayor de la Catedral.

Reliquia del Santo Rostro

Artículo principal: Santo Rostro

La tabla de la Santa Faz se encuentra colocada en un marco de plata con piedras preciosas engastadas, al igual que un icono oriental. A su vez este se custodia en un arca dorada.

Esta joya fue realizada por el platero cordobés José Francisco de Valderrama en 1731, a petición del obispo Rodrigo Marín Rubio. En ella se incluyerón 191 rubíes, 193 diamantes y 210 esmeraldas. En 1814, la duquesa de Montemar donó un lazo de brillantes que desapareció en la Guerra Civil, por lo que fue sustituida por otro, donado por la marquesa del rincón de San Ildefonso, realizado por Félix Granda. en la parte posterior la tabla lleva una inscripción en latín alusiva al autor y a la fecha de realización.

Capillas menores

Situadas en las naves laterales hay catorce capillas, teniendo que añadir dos más en el centro al lado de la capilla mayor.

Plano de la Catedral de la Asunción de Jaén.

Capilla del Cristo de la Buena Muerte (n.º 1 en el plano). Contiene la talla del Cristo de la Buena Muerte del escultor Jacinto Higueras, y en el lateral izquierdo un retablo de estilo plateresco con una pintura central de Santo Domingo de Guzmán, realizada por Pancorbo.

Capilla de San Sebastián (n.º 2 en el plano). Imagen de San Sebastián pintada por el artista Sebastián Martínez Domecel. En el lateral retablo plateresco con una escultura de San Juan Nepomuceno.

Capilla de San Jerónimo (n.º 3 en el plano). Lienzo del santo titular de la capilla pintado por José Antolínez. En el lateral izquierdo había un relieve de la Asunción del escultor Mariano Benlliure que actualmente se encuentra en el

Museo de la Catedral.

Capilla de la Virgen de los Dolores y Santo Sepulcro (n.º 4 en el plano). Decorada por Francisco Pancorbo con representaciones de la Transfixión de la Virgen, del Descendimiento de Cristo, Evangelistas y Profetas. En una urna se encuentra la imagen de Jesus en el sepulcro.

Capilla de la Virgen de las Angustias (n.º 5 en el plano). La imagen de la Virgen es una talla de José Mora. Por encima se encuentra un óleo de San Pedro Pascual ya que en origen, esta capilla estaba dedicada a este santo. Se encuentra enterrado en esta capilla el obispo Fray Jerónimo Rodríguez de Valderas (1668-1671).

Capilla de Santa Teresa (n.º 6 en el plano). Presenta un retablo barroco donde están las imágenes de Santa Teresa de Jesús, San Juan Bautista y San Roque. La decoración es de Pancorbo.

Capilla de San Benito (n.º 7 en el plano). Contiene un retablo barroco. En su centro la imagen de San Benito. En su parte inferior hay una pintura de la cara de Cristo y en la superior una imagen también barroca de la Inmaculada. En esta capilla está la sepultura del obispo Fray Benito Marín (1750-1769).

Capilla de Santiago Apóstol (n.º 8 en el plano). Situada en la parte izquierda de la capilla mayor. El retablo es del siglo XVIII, realizado por Manuel López, es de tres pisos y resenta tres calles. En la calle central aparece un cuadro del Apóstol Santiago montando a caballo con espada y escudo. En las calles laterales se encuentran las esculturas de San Gregorio de Naciancemo y Santo Tomás de Villanueva, sobre estas hay unas pinturas de Ecce-Homo y la Dolorosa. El último piso presenta un óleo de la Virgen del Pilar y Santiago y a ambos lados las esculturas de San Judas Tadeo, con un libro en la mano, y San Andrés, con su cruz en aspa. El conjunto aparece coronado con el anagrama Yahvé rodeado de rayos.

Sobre el altar, en tres grandes jarrones de cobre, se encuentran los Santos Óleos.

A ambos lados existen dos puertas, la de la izquierda comunica con la Capilla Mayor y la de la derecha con la Sala Capituar.

Capilla de San Fernando (n.º 10 en el plano). Situada a la derecha de la capilla mayor. El retablo es de Manuel López, y el cuadro de San Fernando, vestido de rey, se atribuye a Valdés Leal.

Capilla de San Eufrasio (n.º 11 en el plano). Retablo de estilo neoclásico de Manuel López de 1790 y el conjunto escultórico realizado por Juan Adán[5] y con colaboración de Miguel Verdiguier.[6] Urna con el cuerpo de San Pío mártir, dado por el papa Pío VII al obispo Agustín Rubín de Ceballos (1780-1793) que también se encuentra enterrado en esta capilla.

Capilla de La Inmaculada y San Amador (n.º 12 en el plano). Retablo con una pintura de la Inmaculada en el centro. Se encuentra sepultado aquí el obispo Manuel María León González y Sánchez (1877-1896).

Capilla del Niño Jesús (n.º 13 en el plano). Imagen del Niño Jesús en el centro y sobre él un cuadro de la Circuncisión de Jesús obra de Zacarías González de Velázquez. Se encuentra en esta capilla la sepultura del obispo Salvador Castellote y Pinazo (1901-1906).

Capilla de San Miguel (n.º 14 en el plano). De estilo barroco con pintura de San Miguel realizada por Francisco Pancorbo. Se encuentra también un cuadro de la Virgen del Alcázar, patrona de Baeza. Aquí se encuentra sepultado el obispo Miguel Peinado Peinado (1971-1988).

Capilla de San Pedro Pascual (n.º 15 en el plano). En el testero central, entre dos columnas se encuentra una pintura de José Carazo que representa al obispo San Pedro Pascual junto al rey moro. Sobre el altar hay una talla de la Virgen de la Cabeza y en el testero derecho una talla de Santo Toribio.

Capilla de la Virgen de la Correa (n.º 16 en el plano). Se encuentra un Cristo crucificado y a sus pies la Virgen con la corona de espinas en sus manos.

Capilla de San José (n.º 17 en el plano). Retablo de tres calles con la figura de San José en el centro, un Cristo crucificado en la parte superior y diversas pinturas de santos en los laterales. Contiene también, unas tallas policromadas representando los Evangelistas. En los intercolumnios están los cuadros de San José, San Juan Bautista, San Agustín, San Francisco, Santa Catalina y San Cristóbal.

Coro

Escudo catedralicio tallado en la sillería del coro.

Es uno de los más grandes de España ya que consta con un total de 148 sitiales.[7] Fue terminado en el siglo XVIII, y estuvo rodeado de fuertes críticas debido a su enorme tamaño, puesto que se extiende desde el crucero hasta los pies entre los dos tramos de pilares centrales, de hecho se sabe que los arquitectos del templo habían previsto que no ocupará más de tramo y medio de pilares.

La obra del coro se comenzó en el año 1730 bajo la dirección de José Gallego y Oviedo, terminándose en 1736. Está separado por una reja, del crucero.

La sillería, en madera de nogal, fue empezada bajo el mandato del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce y ejecutada por los tallistas López de Velasco, Jerónimo Quijano y Gutierre Gierero durante el siglo XVI; se amplió el número de sillas en el año 1736, siendo sus autores Julio Fernández y Miguel Arias, con un estilo tan igual que resulta muy difícil distinguir dicha continuación de obra.

El coro alto consta de 69 sitiales, incluida la silla episcopal central, tallada con el escudo del obispo Alonso Suárez de la Fuente. Las tablas que adornan estos asientos representan escenas de la vida de Cristo, contada en una secuencia cronológica, y de la Salvación. Sobre la sillería alta se encuentran a modo de dosel otras tablas que presentan escenas del Antiguo Testamento, repartidas en 62 tablas y rematando todo por una crestería de talla delicada que en su parte central, coincidiendo con la silla episcopal, se encuentra el escudo del obispo Andrés Cabrejas Molina, bajo cuyo pontificado quedó finalizada la obra. El diseño arquitectónico de la sillería permite desarrollar paralelamente las secuencias del Antiguo y el Nuevo testamento, de modo que se plasama la idea de San Agustín de que el Nuevo Testamento está prefigurado en el Antiguo Testamento, de manera que la vida de Cristo es el cumplimiento de las promesas selladas por Dios con el pueblo de Israel.

La sillería baja tiene 53 sitiales reservados para beneficiados y capellanes. Los respaldos están esculpidos con escenas dedicadas a la vida y milagros de los Santos, de modo que continua la historia de la Salvación.

Los bancos de los caballeros, bancos corridos situados a ambos lados de la verja, constan de 26 sitiales reservados para el cabildo municipal (concejales), existen siete tablas en la parte superior al igual que en la sillería alta. Las del lado de la epístola presentan escenas de los evangelios apócrifos dedicadas a la infancia de María, mientras que los del lado del evangelio, presentan escenas de la predicación de los apóstoles, la Asunción y el triunfo de Cristo.

El exterior del coro esta diseñado en tres secciones horizontales. La inferior está sucedida de dos tramos resaltados y hundidos. La intermedia presenta una decoración de alnohadillado y volutas de capitel. Por último, la superior se constituye por una balaustrada rematada con grandes florones y máscaras. En ambos costados se abren sendas puertas de acceso al interior.

La bóveda es abundante en imágenes y alegorías, tiene relieves de los cuatro Evangelistas en sus pechinas, que a su vez sostienen un doble anillo a partir del cual se encuentran ocho figuras de ángeles-músicos, separados por un doble radio que rematan en el casquete, donde hay un gran altorrelieve de la Asunción de la Virgen.

Bajo el coro están enterrados numerosos obispos, cuyas tumbas están señaladas por laudas de mármol con sus nombres.

Órganos

Órgano de la catedral.

Dentro del coro destaca el monumental órgano principal, cuya caja barroca es obra de José García y de Manuel López, realizada en 1780. Durante la guerra civil española los tubos del órgano fueron saqueados por lo que tuvo que ser reconstruido e inaugurado en 1943 y mejorado posteriormente. También existe un órgano antiguo realizado por Juan de la Cruz de San José en 1679.[8]

Entre sus maestros de capilla, cabe destacar al polifonista Francisco Guerrero, que fue nombrado cuando tenía 17 años de edad y estuvo durante los años 1545 a 1548.

En el museo catedralicio se encuentran del orden de un centenar de libros corales, así como numerosas partituras originales de los difentes maestros de capilla que ha tenido la catedral.

Trascoro

El trascoro, finalizado en 1791, es una obra realizada según el proyecto diseñado por José Gallego y Oviedo de Portal en el año 1733. Está dedicado a la Sagrada Familia.

El conjunto se presenta como un gran dosel construido con diversos mármoles que se suceden planos cóncavos y convexos, así como grandes pilastras: blanco de Carrara, rojo de Cabra y negro de Jabalcuz. De éste último se forma en el centro del retablo un gran arco donde está colocada una pintura del valenciano Mariano Salvador Maella, representando la Sagrada Familia fechada en 1793, en el que San José sostiene al Niño que extiende los brazos hacia su madre que está sentada para recogerlo, junto a ella aparece un pequeño ángel preparando la cuna. Al otro lado, en la parte inferior aparece el niño Juan Bautista con el cordero señalando al Niño con una mano y en la otra sostiene una cruz con una banderola que dice «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Sobre el cuadro se encuentra la inscripción: Et erat subditus illi («Y era obediente a sus padres» Lc 2,51).

En los laterales de izquierda a derecha están las esculturas, de gran tamaño de San Lorenzo, con la parrilla en la que fue martirizado, y Santo Toribio de Liébana, obispo de Astorga, ambos con sendos doseles; y en el mismo orden en menor tamaño cuatro pequeñas estatuas de mármol blanco, situadas delante de las pilastras, que representan a Santa Catalina de Alejandría, la Inmaculada, San José y Santa Lucía. En la parte inferior se extiende un sotabanco de mármol negro con vetas calizas y molduras de pedestal gótico, interrumpido en su mitad para el altar.

El conjunto se corona con un medallón en en cuyo centro hay un triángulo donde está grabado, en letras hebreas, el nombre que Dios reveló a Moisés en la zarza ardiendo, YaHWeH. Este símbolo está escotado por cuatro ángeles que se encuentran sobre los pedestales de la balaustrada de la parte superior. Dos están orando, mientras que los otros dos, San Miguel y San Rafael, miran a los fieles que entran en el templo.

Sala Capitular y Sacristía Mayor

Exterior de la sacristía en la calle Almenas.

Ambas estancias fueron proyectadas y dirigidas por Andrés de Vandelvira y se encuentran sobre el antiguo Panteón de Canónigos, actualmente Museo de la catedral.

* Sala capitular. A la izquierda del altar de la capilla de Santiago hay una puerta por la que se accede a la sala capitular, también llamada capilla de San Pedro de Osma. Un grabado que existe en la puerta de acceso reza fue construida en 1556 por Vandelvira. Es de planta rectangular, de 14 por 7 metros, y está adornada por pilastras jónicas, veinticuatro nichos y tres grandes ventanales orientados al oeste. Al frente hay un retablo del siglo XVI de Pedro Machuca, discípulo de Miguel Ángel. Está compuesto este retablo por tres calles de tres cuadros cada uno, separados por marcos tallados con racimos de parra en cuyos cruces hay medallones de efigies de santos, en los largueros divisorios también hay pinturas de santos. En las tablas se representan, en el primer cuerpo los cuatro Padres de la Iglesia; en el segundo, en su parte central, San Pedro de Osma y a sus lados San Pedro y San Pablo y en el tercer cuerpo, se halla la Virgen del Manto con el Niño y a sus lados los evangelistas San Juan y San Lucas. En la coronación del retablo, en forma de óvalo, hay una tabla con la pintura de Santa Marcela portando el lienzo del Santo Rostro. En los dos lados de la puerta se encuentran dos grandes armarios que guardan el archivo de actas capitulares. En ambos lados de la estancia hay un banco corrido que ocupa los laterales. Para terminar se encuentran los escudos de la catedral a un lado y el del obispo Sancho Dávila Toledo al otro.

* Sacristía. Es la obra cumbre de Vandelvira. Se entra a ella desde el crucero de la parte del Evangelio. En la antesacristía se encuentra el escudo del obispo Diego Tavera (1555-1560), bajo cuyo mandato se realizaron estas obras. Las medidas de la sala son de 25 por 14 metros. Tiene ochenta columnas corintias, de las cuales 36 son exentas, de una sola pieza de piedra, y 44 semientregadas, todas en grupos de cuatro sobre 18 pedestales. Tiene una doble arquería con cubierta de bóveda de cañón decorada. En el muro derecho tiene cinco ventanas entre los intercolumnios, que le proporcionan luz natural. En el lado izquierdo se encuentran lienzos que son copias de cuadros de Rafael de Urbino. Los ornamentos que se emplean en las liturgias están guardados en unas enormes cajoneras que hay alrededor de toda la sacristía, entre las bases de las columnas. Apoyado en la cabecera central hay un retablo-relicario de Alonso de Mena.

Museo Catedralicio

El museo se halla situado bajo el piso de la sala capitular y de la sacristía. Aprovechando su distribución tripartita se habilitaron tres salas de exposición de los tesoros artísticos de la Catedral y de otras iglesias de la diócesis.

Las pinturas están fechadas entre finales del siglo XV y el siglo XIX, aunque el período con mayor número de obras es el Barroco.

En escultura sobresalen más obras renacentistas que barrocas.

También destacan las llamadas «obras menores». Obras realizadas en alabastro, coral, bronce, forja y orfebrería, entre los que se pueden destacar un retablito de madera y alabastro renacentista con el tema de la Crucifixión, un Descendimiento de alabastro inspirado en diseños flamencos manieristas, el Relicario de Santa Cecilia , de madera de ébano con incrustaciones de bronce, de influencia italiana, o el Tenebrario[10] y Hachero, de hierro repujado y dorado del maestro Bartolomé.
La Custodia

La Custodia del Corpus Christi actual es una réplica de la original (destruida en 1936 tras el estallido de la guerra civil) efectuada por Juan Ruiz “El Vandalino”, quien firmó el contrato para realizarla en 1533, estableciendo a tal fin su residencia en la ciudad de Jaén, donde el cabildo le proporcionó vivienda y obrador junto al Convento de la Merced. Alexandre de Laborde hizo una reseña de la Custodia en su obra Itinerario descriptivo de las provincias de España de 1809.

La obra estaba realizada en plata, de planta hexagonal y de seis cuerpos que iban disminuyendo progresivamente. En el primer cuerpo estaba colocado el viril sostenido por ángeles con un diámetro de unos doce centímetros, rodeado por columnitas con imágenes de los apóstoles, en el segundo cuerpo había tallados ángeles junto con Abraham e Isaac, en el tercero estaba la imagen de la Virgen María, en el cuarto la de San Juan, el quinto y sexto en disminución hasta terminar con el remate del Resucitado. Medía dos metros de altura y su peso era de 109 kilos.

Bulas papales

El Papa Clemente VII.

Salvatoris Domini

El Papa Clemente VII promulgó en el año 1529, a petición del cardenal obispo Esteban Gabriel Merino, una bula por medio de la cual se concedía
indulgencia y absolución a la cofradía, que podía instituir el obispo, de veinte mil hombres y veinte mil mujeres honestas que contribuyeran con la lismona de un real de plata y además a todos los fieles que visitaran la catedral y confesaran en el Viernes Santo o el día de la Asunción. Además de contribuir a su reedeficación, favor que se concedía porque la catedral de Jaén padece gran detrimento en su fábrica y edificio y aún en muchas partes amenaza ruina.
Desiderantes

Esta bula expedida por el Papa Julio III el día 14 de julio de 1553 y solicitada por el entonces obispo Pedro Pacheco Ladrón de Guevara, confirmaba y concedía nuevas gracias a la bula del Papa Clemente VII. El original se conserva en el archivo de la Catedral de Jaén.
Iglesia del Sagrario

Portada del Sagrario.

Es una edificación adosada a la fachada norte de la Catedral. Realizada debido al desnivel y a los daños ocasionados por el terremoto de Lisboa en 1755. El proyecto de esta obra fue realizado por el arquitecto madrileño Ventura Rodríguez en el año 1764, aunque la realiza su sobrino Manuel Martín Rodríguez. Se inaugura en el año 1801 y se consagra el 22 de marzo de ese año.

Exterior

La portada, de estilo corintio, está formada por dos grandes columnas cuyos capiteles sostienen el entablamento sobre el que está el ático. Las esculturas que están sobre la portada son de San Miguel venciendo al demonio, San Pedro y San Pablo obra del escultor Miguel Verdiguier.

En la fachada oriental, el escultor Miguel Verdiguier realizó las imágenes de Melquisedec, Sansón, Isaac y David, así como las del lado norte que representan la Caridad, la Gracia, la Inocencia y la Sabiduría.

Interior

Presenta tres zonas bien diferenciadas: La Sacristía, en cuyo altar se guardaba la Santa Forma, la Iglesia y el Pórtico.

La puerta da a una estancia donde se encuentran las que comunican con la Catedral y con la cripta. Al frente hay otra puerta amplia por la que se entra al Sagrario, de planta elíptica, circulada por 16 columnas también de estilo corintio. Está cubierta con una cúpula elíptica que permite la entrada de la luz a través de ventanas elipsoidales, engarzadas a través de una arcos de medio punto. Esta ornamentada con casetones hexagonales y rematada con una linterna.

El coro se encuentra decorado con una media naranja sobre pechinas dividida por radios con alegorías musicales con diversos instrumentos.

En la parte superior, entre los intercolumnios, se abren varios balcones terminados en arco y techo abovedado, cerrados con balaustrada de mármol.

En el altar mayor se encuentra una pintura de La Asunción del artista Mariano Salvador Maella[11] y en los altares laterales, la Agonía del Señor (Calvario) y el Martirio de San Pedro Pascual, de Zacarías González de Velázquez.

Cripta

Bajo el Sagrario se encuentra la cripta. Presenta una planta igual a la de la iglesia su tiene su entrada por la plaza de San Francisco así como una escalera que desciende desde la Iglesia. Se ilumina por una ventana de medio punto. Está cripta fue limpiada en 1940 para acoger los restos de los muertos en la Guerra Civil.

En su interior existe un óleo del pintor Rafael Hidalgo de Caviedes[12] y la magnifica talla del Cristo expirante obra del escultor Jacinto Higueras, a cuyos pies, en el presbiterio, se instaló una lápida de mármol con el siguiente epitafio:
A la buena memoria del Excelentísimo y Reverendísimo señor Don Manuel Basulto y Jiménez obispo de Jaén que apresado en su casa por los marxistas encarcelado en su iglesia catedral y conducido a Madrid en un tren de presos antes de llegar a la capital postrándose de rodillas y bendiciendo a sus impíos ejecutores, fue inicuamente fusilado. Piadoso, afable, sabio, elocuente vivió LXVII años de su consagración XXVII recibió público y solemne homenaje fúnebre en la ciudad de su título episcopal el día X de marzo de MCMXL sus restos fueron depositados en esta cripta de su iglesia en espera de la resurrección de la carne.

En las paredes están colgadas ocho enormes losas de mármol con los nombres de 328 fallecidos durante la guerra, llevando, la losa principal, el título:
Relación de los mártires inmolados por Dios y por España cuyos gloriosos restos yacen en esta cripta bajo el signo de la Santa Cruz trazada en el suelo.
Deanes

* Iñigo Fernández de Córdoba
* José Martínez de Mazas
* Ramón Rodríguez de Gálvez
* Saturnino Sánchez de la Nieta
* Félix Pérez Portela
* Agustín de la Fuente González
* Félix Martínez Cabrera
* Rafael Higueras Álamo
* Francisco Juan Martínez Rojas[13] [14]

Candidatura a Patrimonio de la Humanidad

Actualmente, el Ayuntamiento de Jaén y la Junta de Andalucía[15] trabajan para para anexionar la Catedral al expediente de Patrimonio de la Humanidad de Úbeda y Baeza.[1] Para ello se ha contratado a un equipo multidisciplinar que elabora un estudio de la catedral jiennense.
Modelo para otras catedrales

Un estudio[16] ha descubierto que la catedral de Jaén sirvió de modelo para la construcción de otras catedrales en América  y en España. Ejemplo de esto son las catedrales de Málaga, Mérida, Guadalajara, Guajaca, Puebla, Morelia, Ciudad de México, Lima, Bogotá, Sucre, Cuzco y la de Antigua Guatemala.

Referencias y bibliografía consultada

1. ↑ a b Noticiascadadía Jaén (ed.): «El expediente de la catedral de Jaén estará listo en un año». Consultado el 14/04/2009.
2. ↑ Juan de Aranda y la portada norte.
3. ↑ Historia sobre el Santo Rostro de Jaén.
4. ↑ San Fernando vestido de rey atribuido a Juan de Valdés Leal
5. ↑ La obra escultórica de Juan de Adán para el retablo de San Eufrasio de la Cateral de Jaén
6. ↑ La obra escultórica de Juan Adán en el retablo de San Eufrasio.
7. ↑ Iconografía Mariana en la sillería del coro catedralicio de Jaén.
8. ↑ G. Alamo Berzosa (1968) p.155
9. ↑ Fotografía del relicario de Santa Cecilia en la Catedral de Jaén
10. ↑ Fotografía del tenebrario de la Catedral de Jaén
11. ↑ Morales y Marín, José Luis. Mariano Salvador Maella en el reinado de Carlos IV. Apuntes biográficos. Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, núm. 69. pag.94 en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
12. ↑ UN SUPUESTO FRESCO DE RAFAEL HIDALGO DE CAVIEDES EN LA IGLESIA DEL SAGRARIO DE JAÉN
13. ↑ «El canónigo Francisco Juan Martínez es nombrado deán de la Catedral. ideal.es».
14. ↑ «Dean Francisco Juan Martínez Rojas. Ideal».
15. ↑ 20 minutos (ed.): «La Junta presentará la Catedral de Jaén para ser Patrimonio de la Humanidad». Consultado el 08/02/2008.
16. ↑ Diario Ideal (ed.): «Investigan qué catedrales están inspiradas en la de Jaén». Consultado el 22/01/2008.
17. ↑ Diario Ideal (ed.): «La influencia de la Catedral en América es confirmada a través de documentos». Consultado el 18/04/2009.
18. ↑ Viva Jaén (ed.): «La influencia de la Catedral no sólo se limita a Iberoamérica». Consultado el 19/04/2009.

* Álamo Berzosa, Guillermo (1968). Iglesia Catedral de Jaén, Historia e imagen. Jaén, Obispado de Jaén.

* Galera Andreu, Pedro A. (1993). La Catedral de Jaén. León, Editorial Everest. ISBN 84-241-4884-3.

* Navascués Palacio, Pedro (1997). Catedrales de España. Madrid, Espasa Calpe. ISBN 84-239-7645-9.

* Higueras Álamo, Rafael (2000). El Coro de la Catedral de Jaén. Historia de la Salvación. Jaén, Real Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Cristo Descendido de la Cruz y Nuestra Señora de las Angustias..

Galeria de Imagenes de la Catedral de Jaen en España

Catedral de Santa Maria de la Asuncion de Chilpancingo (Mexico)

4
Comienzo     año2
Consagración o conclusión     Estilo1
Estilos predominantes     Neoclásico

La Concatedral de chilapa, dedicada a la Virgen de la Asunción, es el principal templo católico de la ciudad de Chilapa, en el estado mexicano de Guerrero y el segundo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa.

Por órdenes de Monseñor Ramón Ibarra y González, se ordena la construcción del templo de Chilapa, de grandes proporciones. Este fue destruido por un incendio, en el año de 1930. El entonces Obispo de Chilapa, encara las obras a Federico Mariscal, quien retoma la construcción y culmina las obras del templo.

La catedral de Chilapa llegó a ser la cuarta catedral más importante del país.
El edificio

Con planta de cruz latina. Consta de cinco naves: La nave principal con techo de dos aguas, dos naves laterales y dos para las capillas, las cuales suman dieciséis. El exterior está cubierto con cantera de tonalidades rosa y verde, propia del lugar. Cuenta con una cúpula y ventanas de forma octogonal, y coronada por una pequeña linternilla.

La fachada es bastante sencilla. Muestra un arco principal de acceso de tipo abocinado, encima de este un gran ventanal cuadrangular con formas estilizadas. Ambos, ventanal y puerta de acceso, están enmarcados por un gran arco en forma de frontón, en cuya cúspide descansa una imagen de San Miguel Arcángel de estilo bizantino. Las dos puertas laterales de acceso, De cierta reminiscencia ojival, tienen en la parte superior unos nichos con las imágenes de santos.

El interior de la catedral, también de estilo moderno, tiene cierto aire neogótico, se encuentra cubierto de mármol. el techo se encuentra cubierto con maderas finas. Destacan los vitrales de la las naves laterales.

La Catedral de la Asunción, en Chilpancingo (México), es el templo principal de la ciudad. Ubicado en la zona centro. Su construcción se ubica a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX.

Construido al estilo neoclásico. Consta de Una sola nave. La portada proncipal, de dos cuerpos y remate, de forma tablereada. El primero, muestra un almohadillado, sin columnas, y el arco de acceso; el segundo cuerpo resalta por la ventana del coro, enmarcada por dos columnas cuadradas de orden toscano, a los lados de éstas se ubican dos grandes medallones. Los arcos del segundo cuerpo sostienen un frontón de forma triangular. Encima de este, se encuentra un remate con la imagen del águila del escudo imperial de Iturbide.

Las dos pesadas torres en marcan la fachada, y son de dos cuerpos. Decoradas con motivos vegetales y de estilo neoclásico.

El interior, muy austero, al gusto neoclásico. Destacan los retablos laterales, también de estilo neoclásico

En este lugar, en el año de 1813, el general José María Morelos y Pavón instaló la sede del Congreso de Chilpancingo, donde dio a conocer el Acta de Independencia y el célebre documento conocido como los Sentimientos de la Nación.Las torres de la catedral posee tres niveles. Uno de estos tiene un reloj electrónico que escenifica en cuertas horas, la escena en que Juan Diego le muestra la imagen de la Virgen de Guadalupe a Fray Juan de Zumárraga

Galeria de Imagenes de la Catedral de Chilpancingo en Mexico

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