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Catedral de San Juan (Puerto Rico)

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Construcción     1529-1860
Estilo arquitectónico     Neoclásico

La Catedral Metropolitana de San Juan de Puerto Rico es la sede de la Arquidiócesis de San Juan. Está localizada en la Calle Del Cristo, en el Viejo San Juan. Fue construida en 1521, destruida por una tormenta, y posteriormente reconstruida en 1529.

La Iglesia fue nombrada Basílica Menor por el Papa Pablo VI, por petición del Cardenal Luis Aponte Martínez, Arzobispo de San Juan.

La misma contiene los restos del explorador y conquistador Juan Ponce de León, así como del mártir San Pío. Contiene algunas reliquias como las de los ornamentos y vestiduras usadas por el Papa Juan Pablo II en su visita a Puerto Rico en 1984. También contiene una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe con el título de “Patrona de México y Emperatriz de las Américas”.

La Catedral también es el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Divina Providencia, Patrona de Puerto Rico. Es la iglesia más antigua del País.

Historia

La Santa Catedral Metropolitana Basílica Menor de San Juan Bautista de Puerto Rico

* La Santa Iglesia Catedral De San Juan está enclavada en el corazón del llamado ” Viejo San Juan “. Su historia podría considerarse la síntesis de avatares y vicisitudes de toda la Historia Patria.

* Monseñor Alonso Manso, primer obispo de la Isla y primero en posesionar su sede en América, concibe la magna idea de crear un templo similar, si no superior, a la Catedral Metropolitana de Sevilla, de la que era sufragáneo. A poco de trasladada la ciudad desde la Villa de Caparra a la Isleta de San Juan, comienza el prelado la selección del terreno idóneo para eregir el templo. Será en el año de 1521 en que Manso escoge el predio e inicia la construcción. El primer templo eregido lo fue de madera techado en paja. En 1526, el 4 de octubre, una tormenta asotó la Isla, destruyendo el ranchón que servía de recinto sagrado. Se comienza la reedificación, esta vez en piedra procedente de las canteras del Toa, y en 1529 se techa. En ese mismo año tiene lugar en el nuevo templo la primera ordenación de un obispo realizada en el continente americano. Fue el consagrante el propio Alonso Manso, y el consagrado Sebastián Ramírez de Funleal, quien había sido electo obispo de Santo Domingo y Presidente de la Real Audiencia.

* Entre 1521, en que Manso inicia la construcción y el 5 de noviembre de 1865, en que tienen lugar la solemne consagración por parte de Mons. Pablo Benigno Carrión de Málaga, transcurren 344 años y pasan 48 obispos por la sede catredalicia. Todos, en mayor o menor grado se ven aquejados del mismo mal: falta de fondos, ataques de caribes, piratas, holandeses e ingleses, incomprensiones y burocracias gubernamentales.

* Destacan entre los prelados las egregias figuras de Diego de Salamanca (1577-87) quien construye las gradas frente al templo por cuenta de su propia hacienda, e inaugura el Cementerio anexo a la Iglesia, cementerio que estará en uso hasta entrado el Siglo XIX. Bernardo de Balbuena (1619-27) autor de “Bernardo”, egregio literato, amigo personal de Frey Félix Lópe de Vega y carpio. Traería este obispo a Puerto Rico la primera gran biblioteca, la cual fue vandalicamente destruida, al igual que la Catedral, por las tropas holandesas que invaden la Isla en 1625. Al fallecer donó parte de su fortuna para la reconstrucción del templo.

* El obispo Fr. Damián López de Haro (1644-48 ) celebra un gran Sínodo en los recintos catedrálicos. Juan Alejo de Arizmendi (1803-14 ) primer nativo en ser consagrado obispo, daría un incremento grando a la obra constructora y embellecadora del templo. Realizado el cambio de soberanía en la Isla en 1898, la jerarquía católica es asumida por obispos norteamericanos. Entre ellos se destaca William Jones (1907), quien en 1917 convoca un Sínodo Diocesano, el tervero en la historia de la Iglesia Insular, que se llevará el efecto en los recintos catedrálicos. Con tal motivo procedió a la primera restauración y limpieza de La Catedral, la cual con el devenir de los años se encontraba en lastimoso estado.

* El anterior incumbente de la sede metropolitana de San Juan, S.E. Luis Cardenal Martínez (1965) segundo puertorriqueño en ocupar tal cargo en la historia y primero en ser honrado con la púrpura cardenalicia (1973), realizó la segunda y última restauración. Solicita con tal motivo del Papa Pablo VI se declara al neoclásico Templo Basílica Menor, honor que es concedido, siendo la única Iglesia en Puerto Rico con tal distinción. El 19 de noviembre de 1977 fue solemnemente reinaugurada tal cual se observa hoy.

* El actual incumbente y líder de la Iglesia puertorriqueña es el ilustre obispo Mons. Roberto González Nieves (1999). Es el tercer puertorriqueño en ocupar este cargo tan solemne e importante. Su visión y compromiso con su insular

* Se debe destacar la gran cruzada realizada del 1990 al 2001 del Rector de la Catedral, el Padre Raúl Sáez Muñoz, quien en once años como Pastor vigorizó la parroquia, la diócesis y la comunidad con su obra evangelizadora, sanadora y carismática. Yo soy su reemplazo, su servidor, el Padre José Emilio Cumings, y junto a nuestro gran equipo de trabajo, que incluyen La Sociedad del Santo Noimbre de Jesús y el Ministerio de Oració de la Sagrada Familia y La Copfradía del Sagrado Corazón llevamos el mensaje de la Gloria de nuestro Señor Jesucristo a todos nuestros hermanos aquí en la Isla del Encanto y el Mundo.

Capillas

Capilla del Santísimo Sacramento

También conocida como Sagrario Metropolitano. A diferencia de otras catedrales latinoamericanas como Ciudad de México y Bogotá, se encuentra dentro de la Catedral. Contiene el Sagrario y algunas pinturas antiguas.
Altar de Nuestra Señora de la Providencia (Patrona de Puerto Rico) en el interior de la catedral.

Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe

Aunque dedicada a la Virgen de Guadalupe, también en ella se encuentran imágenes del Niño Jesús, San Judas Tadeo y la Virgen de los Dolores. En ella se encuentra una copia fiel del Santo Tilma de San Juan Diego, autorizado y firmado por el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de México. Está bordeada de un marco de oro y perlas y una inscripción en la que se lee: “REINA DE MÉXICO Y EMPERATRIZ DE AMÉRICA”.

Capilla de Nuestra Señora de la Divina Providencia

Es un camerino que contiene la imagen de la Virgen de la Divina Providencia, Patrona de Puerto Rico. A su lado hay una inscripción en la que se lee: NUESTRA SEÑORA DE LA PROVIDENCIA, PROTECTORA DE PUERTO RICO (1853-1953).

Retablo de Nuestra Señora de los Remedios

Capilla de San Pío I y las Reliquias

Está detrás de la Sacristía. Contiene las reliquias de San Pío I, noveno Papa de la Iglesia Católica. También contiene las vestiduras y ornamentos usados por el Papa Juan Pablo II en su visita a Puerto Rico en 1984.
Tumba o Mausoleo de Juan Ponce de León

En esta capilla se encuentra el sepulcro del conquistador don Juan Ponce de León.

Capilla de la Inmaculada Concepción

Tiene una pintura de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. También contiene una imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro. Esta capilla sirve como portal lateral.

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http://www.catedralsanjuan.com

Galeria de Imagenes de la Catedral de San Juan Puerto Rico

Basilica Menor de Nuestra Señora del Carmen (La Ceja, Colombia)

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Comienzo de la construcción     1815
Consagración o conclusión     1829
Estilo(s) predominante(s)     Neogótico (Fachada principal)

La Basílica Menor de Nuestra Señora del Carmen es una basílica colombiana de culto católico, dedicada a la Virgen María bajo la advocación del Carmen. Se encuentra ubicada en la esquina norte del costado occidental de la plaza principal del municipio de La Ceja (Antioquia), y pertenece a la jurisdicción eclesiástica de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.

El templo data de 1815, pero a lo largo de su historia ha sufrido varias intervenciones, siendo el último gran cambio realizado a causa del sismo de 1938, que destruyó la fachada neoclásica (mas no el interior), por lo cual se levantó una nueva fachada en estilo neogótico, el que actualmente ostenta. En el interior del templo se conservan los restos de monseñor Alfonso Uribe Jaramillo oriundo de La Ceja, obispo hasta ese año de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.

Historia

En 1815, María Josefa Marulanda donó el terreno para el templo, el cual fue construido por el primer párroco, el presbítero Mateo Cardona. Dicha edificación fue inaugurada, sin terminar, en 1829. La iglesia medía 21 varas de ancho por 60 varas de largo; tenía muros de tapia, cubierta a dos aguas con estructura de madera y con tejas de barro (al principio le pusieron techo de paja y tiempo después, tejas); tres puertas en la fachada principal y una en el lado norte que daba a la calle; constaba igualmente de espadaña, coro y sacristía. En 1853 se le realizó la primera ampliación, agregándole ocho varas de largo, adquiridas a Bonifacio Toro y otro. Era párroco en ese entonces el pbro. Pablo José Quintero, los trabajos fueron dirigidos por Benjamín Ortiz y finalizaron el 14 de julio de 1858, con un costo de $23.508,75. Durante 40 años el templo estuvo en servicio y el obispo de Antioquia, Fray Mariano Garnica y Orjuela, lo calificó de “precioso”.

La fachada mostraba cierta influencia tardía de la catedral de Santa Fe de Antioquia. El primer cuerpo tenía tres puertas enmarcadas por pilastras y tres ventanas; un amplio entablamento lo separaba del segundo cuerpo, que en realidad se trataba de una gran espadaña con cuatro vanos para albergar las campanas, flanqueada por dos cartones que describían una gran voluta y remataba en un frontón triangular. Y para complementar el conjunto en las esquinas estaban las estatuas de San Pedro y San Pablo, talladas en madera y que hoy se localizan en la fachada de la Capilla de Chiquinquirá.

Antigua fachada de la basílica.

En 1896 el padre Mariano Botero comenzó una nueva intervención; con el fin de ampliar la iglesia obtuvo una casa vecina y Martina Serna de Vásquez donó un solar. En 1910 el levita Guillermo Gómez se hizo cargo de las obras, ejecutadas por los maestros Demetrio Carmona y Severo Valencia sobre un proyecto hecho por el ingeniero Heliodoro Ochoa Escobar. El nuevo templo comprendía toda el área del anterior, del que se conservó la fachada principal y algunos muros de tapia, más 14 metros y la capilla anexa construida en el terreno que había sido donado por Martina Serna.

En febrero de 1938 un fuerte sismo afectó severamente la fachada principal y fue necesario demolerlo. El presbítero Jesús María Piedrahíta encargó a dos ingenieros españoles, Juan Andrés Ormaechea y otro de apellido Gaviria, la construcción de la actual fachada en estilo neogótico, que fue inaugurada el 11 de diciembre de 1939 con la presencia del arzobispo de Medellín, Tiberio de J. Salazar y Herrera.

El 18 de marzo de 1957 fue creada la Diócesis de Sonsón mediante la Bula “In Apostolici Muneris” del Papa Pío XII, desmembrando su territorio de la Arquidiócesis de Medellín, y la parroquia de La Ceja pasa a la nueva iglesia particular. Pero, el 20 de abril de 1968, la diócesis fue reorganizada y pasó a llamarse Diócesis de Sonsón-Rionegro.

En 1990 se anexó a un costado de la nave lateral izquierda una cripta donde están depositados los restos de algunos personajes cejeños. En 1993 fue construida una bóveda en el interior del templo, en el cual se conservan los restos de monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, Obispo hasta ese año de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.

El Papa Juan Pablo II le concedió al templo el título de Basílica Menor por breve del 23 de enero de 2003.

Bibliografía

* Vives Mejía, Gustavo (2002). Inventario del Patrimonio Cultural de Antioquia: Vol. IV Colecciones de La Ceja. Secretaria de Educación para la Cultura de Antioquia. Impreso por Editorial Servigráficas, Medellín. ISBN 978-958-9172-59-9.

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http://www.diosonrio.org.co/

Galeria de Imagenes de la Basilica Menor de Nuestral Señora del Carmen en Colombia

Basilica de Yarumal (Colombia)

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Comienzo de la construcción     1861
Consagración o conclusión     1944
Estilo(s) predominante (s)     Neorrenacentista

La Basílica Menor de Nuestra Señora de la Merced es una basílica colombiana de culto católico del municipio de Yarumal (Antioquia). Es la sede de la parroquia homónima y pertenece a la jurisdicción eclesiástica de la Diócesis de Santa Rosa de Osos. El templo está dedicado a la Virgen María bajo la advocación de la Merced o de las Mercedes que es la patrona, y San Luis Gonzaga es el titular.

Es un edificio de estilo neorrenacentista, construido para disponer de un templo de mayores proporciones en el mismo lugar donde se ubicaba la primitiva iglesia de Yarumal. Comenzado en 1866, su construcción pasó por múltiples dificultades. La ingente financiación que requería el proyecto, las guerras civiles de finales del XIX, el desplome de parte del templo en 1890 o el sismo de 1938, retrasaron su conclusión hasta 1944, año de su consagración. Durante su construcción la Capilla de San Luis (que originalmente era la iglesia del viejo cementerio) hizo de templo parroquial.

La Basílica es de planta rectangular, su interior está dividido en tres naves longitudinales, la principal o central y dos laterales. La fachada principal está conformada por dos torres rematadas en cúpulas, unidas por un cuerpo que enmarca la nave central.

La iglesia alberga varios elementos artísticos, entre los que destaca el lienzo de la Virgen de la Merced que data de 1789, posiblemente de origen quiteño y considerado milagroso.También está el altar principal en forma de templete o medio baldaquino, construido en mármol de varios colores, cuenta con 12 metros de altura y pesa 70 toneladas. Igualmente destaca el pavimento del testero,[a] el cual posee artísticos dibujos elaborados en mármol.

En 1998, el Concejo Municipal de Yarumal declaró el templo de la Merced junto con la capilla de San Luis (aunque así se le conoce, su verdadero nombre es Capilla del Carmen), como bienes inmuebles de interés cultural y arquitectónico del municipio. El 12 de agosto de 1999, el Papa Juan Pablo II le concedió al templo el título de Basílica Menor.[4] Desde el año 2000, la iglesia preserva los restos del poeta Epifanio Mejía, autor del himno antioqueño.

Historia

Durante la edificación, se produjeron muchas dificultades. El asolamiento de las guerras civiles que sufrió Colombia durante el último cuarto del siglo XIX, la gran envergadura del proyecto y la ingente financiación que requería, el desplome en 1890 de una parte del templo en construcción o el seísmo de 1938, fueron causas de que la iglesia tardara más de ochenta años en ser construida.

Inicio y dificultades en el siglo XIX

Yarumal fue fundado en 1787 con el nombre de San Luis de Góngora, el cual, desde sus inicios contaba con una capilla en paja donde realizaban las ceremonias religiosas los sacerdotes de Santa Rosa de Osos, que esporádicamente visitaban el nuevo poblado. La capilla se edificó por sugerencia del alcalde pedáneo y juez poblador, Francisco Leonín de Estrada, incentivado por los habitantes que urgían su construcción para proporcionarle importancia a la colonización. Para 1790 fue establecida la parroquia de “San Luis de Góngora” (hoy parroquia Nuestra Señora de la Merced).

Plaza de Yarumal en 1831. Dicho espacio público se estaba consolidando. Se aprecia como era el anterior templo y sus escaleras de acceso.

Posteriormente, se vio la necesidad de construir un nuevo templo de mayores proporciones, pues para 1850 el pueblo ya contaba con 3.000 habitantes y el viejo templo comenzaba a quedarse pequeño. Por ello, el 20 de diciembre de 1860 el padre Julián Palacio reunió a los habitantes en la plaza, les informó de la necesidad de un nuevo templo, instó a proporcionar toda la ayuda posible para la obra, y para tal fin, se procedió a conformar la primera junta que emprendería los trabajos del templo. Resultaron electos para dicha junta el Pbro. Julián Palacio -presidente-, Sebastián Mejía, Lucas María Misas, Zoilo Cuartas, Manuel María Hoyos y Leonzo Tamayo, siendo el último secretario de otra junta.

En la sesión del 15 de enero de 1861 (la tercera reunión a partir de su creación), el Pbro. Julián Palacio propone que se comenzaran los trabajos del templo en el próximo mes de abril. En la misma reunión se autorizó la primera adquisición de tablones para los tapiales, a fin de que estuvieran secos cuando se fueran a utilizar.

Como era un proyecto de gran envergadura, pronto llegaron las ofertas de mano de obra. Fue así como el 5 de febrero de 1861, Gregorio Álvarez ofreció sus servicios como albañil y director de la obra, quien se contrató a razón de tres pesos de ocho décimos con dos reales diarios, en una jornada laboral de seis a seis. El 6 de ese mismo mes el padre Julián Palacio colocó la primera piedra y comenzó a conseguir recursos económicos.

Entre tanto, en la Diócesis de Antioquia se tramitaba una solicitud para que el prelado autorizara la edificación del nuevo templo. La población recibió, el 2 de marzo de 1861, el comunicado del Obispo Domingo Antonio Riaño, donde se concedía la licencia para el nuevo templo, además, resaltaba que para la construcción, la Junta debía organizarse lo mejor posible. Para lo cual, la Junta dictó su propio reglamento de siete capítulos, de acuerdo con las atribuciones otorgadas por la Constitución 21 del Título XIX de las Sinodales de la diócesis. Se estipulaba que el “Examen de Cuentas” se haría ante dos instancias. La primera ante la Junta Directiva de los Trabajos del Templo y la segunda ante la Junta de Fábrica, que a su vez daba informe al prelado diocesano. Además, la presidencia tenía una duración de seis meses y se rotaba entre los mismos miembros de la junta.

La financiación de la obra procedió de limosnas, colectas, mandas, rifas, bazares y venta de fincas que algunos benefactores donaron a la Iglesia. Las limosnas eran recolectadas por comisiones que tenían establecidas las áreas urbanas y rurales de Yarumal; el área rural era visitada sobre todo por hombres y la zona urbana principalmente por mujeres. La jurisdicción de la parroquia de Yarumal, era en ese tiempo un extenso territorio que hoy concierne a otros municipios.

El 4 de julio de 1865, Santos Sánchez ofreció sus servicios para dirigir la obra, en calidad de arquitecto y albañil, al precio de cinco pesos de ocho décimos diarios pero no fue aprobado. En la misma fecha se citó a la reunión a Policarpo Rivera para plantearle compra de unos terrenos con el propósito de establecer allí unos tejares para la obra. Rivera cedió gratis, el derecho de explotar los terrenos por el tiempo que durara la edificación del templo, autorizó levantar en él un cobertizo y extraer el barro, con la única condición de que una vez finalizada la obra se le devolviera el lote. Por la misma época se contrataron unas caleras en la vereda Sepulturas.[c]

El 25 de agosto de ese año se contrató a José María Zapata Muñoz para la dirección de la obra, en calidad de arquitecto y albañil, a razón de cuatro pesos con ocho décimos diariamente, con el convenio de incluir también trabajos de pintura y construcción de estatuas. Los términos de este contrato fueron modificados el 15 de julio de 1866. Cuatro años más tarde se unió como oficial Floro Hernández y a partir del 18 de julio de 1869 se contrataron los oficiales Francisco Arroyave y el campamenteño Francisco Puerta.

El 2 de abril de 1866 comenzó la demolición del viejo templo, tarea realizada por el maestro Gregorio Álvarez. El lote del antiguo templo era de la parroquia y era contiguo a un terreno propiedad del distrito municipal, situados ambos en el costado norte de la plaza de Bolívar (hoy parque Epifanio Mejía). Ambos terrenos no tenían los limites claramente definidos por lo que fue preciso, mucho tiempo después, llegar a un convenio entre las partes para demarcar las propiedades, lo que se realizó mediante escritura pública No. 587 del 27 de julio de 1898 de la Notaría Primera de Yarumal.

En esa misma fecha de la demolición del viejo templo, el párroco Julián Palacio envió un oficio al provisor Pbro. Valerio Antonio Jiménez en el que exponía que al tener la necesidad de demoler la antigua iglesia para la edificación de la nueva, solicita permiso para colocar en la capilla del viejo cementerio (actualmente conocida como capilla de San Luis) “a nuestro amo sacramentado”.[m] Licencia que fue concedida desde Marinilla el 17 de abril de 1866.
Aspecto de la vieja capilla del cementerio más conocida como Capilla de San Luis, pero cuyo verdadero nombre es Capilla del Carmen. Erróneamente se le ha considerado como el primer templo de Yarumal lo cual no es cierto.[d].

Más tarde, el 1 de julio de 1866, el Pbro. Julián Palacio envió al Gobierno Eclesiástico una solicitud en la que exponía que al haberse demolido el viejo templo, había la necesidad de ampliar la capilla del viejo cementerio para mayor comodidad, y que anteriormente, se había ordenado vender el lote del viejo camposanto para luego destinar las ganancias en la remodelación del nuevo cementerio, pero la población entusiasmada con la idea de ampliar la capilla, propone que el dinero obtenido por la venta del lote se emplee para comprar un terreno que está al frente de dicha capilla para formar una plazuela.[m] La solicitud fue aprobada por monseñor Valerio Antonio Jiménez quien respondió desde Marinilla el 2 de julio de 1866 al cura de Yarumal.

El 14 de febrero de 1868, el papa Pío IX ordenó la traslación de la silla episcopal de la Diócesis de Antioquia donde funcionaba desde 1828 a la ciudad de Medellín, con el nombre de Diócesis de Medellín y Antioquia, por lo cual la parroquia de Yarumal quedó bajo su jurisdicción eclesiástica.

Entre tanto, el tiempo pasaba y las obras no avanzaban ni en la ampliación de la capilla, ni en la construcción del nuevo templo, como se requería. Para que los trabajos de la capilla del viejo cementerio tuvieran mayor dinamismo, se resolvió en la reunión del 3 de agosto de 1869, que como la ampliación de la capilla no requería mucho esfuerzo, ya que la inversión faltante sería de apenas 600 u 800 pesos, se podían conceder algunos recursos que por origen son de la construcción del nuevo templo. Esta decisión fue ratificada por la Asamblea General. Se procedió a entregar el dinero y a contratar para esta obra a Lisandro Ortiz, encargado de efectuar los tableros y relieves de las tres puertas de la capilla, así como el coro y los ventanales.

Finalizados los trabajos de remodelación y ampliación de la capilla, el Pbro. Julián Palacio solicitó al obispo coadjutor José Joaquín Isaza Ruíz, durante la visita eclesiástica de éste el 14 de enero de 1872, le otorgara licencia para bendecir la capilla en donde aún se celebraba por esa época la misa, ya que el templo principal aún no estaba terminado. El obispo visitador concedió el permiso.

El 4 de febrero de 1873 fue restablecida la Diócesis de Antioquia (Santa Fe de Antioquia), pasando nuevamente la parroquia de Yarumal a su jurisdicción. Igualmente, la sede episcopal en Medellín permaneció llamándose simplemente Diócesis de Medellín.

En 1876 la construcción tuvo que suspenderse por causa de la guerra civil de 1876-1877 que tuvo un carácter político-religioso. El 1 de septiembre de 1881 la Junta decidió reanudar los trabajos. Para ello se contactó al arquitecto José María Zapata para que comenzara el 1 de diciembre, y se contrataron con Manuel Antonio Misas seis mil ladrillos por un valor de treinta y ocho pesos con ocho décimos el millar. Pero entre Misas y la Junta surgieron algunas diferencias, lo que generó la anulación del contrato y el pago de una multa de veinticuatro pesos que la Junta debió aceptar para evitar reclamaciones por parte del proveedor. José María Zapata llegó a Yarumal desde Medellín en la primera semana de diciembre de 1881 para encargarse de las obras del templo, cumpliendo así el acuerdo con la Junta y con el padre Aldemar Palacio, (párroco desde el 26 de septiembre de 1875 hasta el 5 de agosto de 1895).

Para mantener el abastecimiento constante de materiales, el 15 de julio de 1882 Alejandro Hernández, miembro de la Junta, realizó contrato con Vespasiano Franco y Luis Felipe Arango para obtener veinte mil ladrillos por la cantidad de 880 pesos, suma que fue pagada por anticipado. Además, toda la arena que se precisase se contrató por medio de un derecho de explotación y por la suma de sesenta y cinco pesos con ocho décimos con María Antonia Tamayo. También en 1893 se contrató a Ulpiano Rivera, quien se comprometió a transportar la carga a 30 centavos hasta el templo o a 15 en el arenal.

El Templo de Nuestra Señora de la Merced en 1874. Nótese el pórtico rematado por un frontón clásico que tenía anteriormente, el cual se desplomó en 1890 y debió suprimirse totalmente del diseño.

En junio de 1884, el Pbro. Uladislao Ortiz y el laico Marco A. Mejía, enviaron a la Junta una carta en la que solicitaban se empezara a edificar la torre derecha del templo sin perjudicar los trabajos que se realizaban en el interior. Si esto se efectuaba, ellos prometían dar para el proyecto tres mil pesos, dinero que era el costo aproximado de la torre. Inmediatamente la Junta aprobó la propuesta en sesión del 12 del mismo mes, reunión en la que estuvo presente el obispo Joaquín Guillermo González.

A partir de esta fecha, se presentaron muchos problemas. Tan pronto se estaba en plena construcción se notificaba la interrupción; se reiniciaba y se suspendía de nuevo. Por ejemplo, el 8 de febrero de 1885 se suspendió indefinidamente el contrato con José María Zapata de acuerdo con la cláusula 11 del mismo; el 20 de abril se reiniciaron los trabajos, pero a causa de las turbulencias políticas de la Guerra Civil de 1885 se interrumpieron el 16 de mayo; el 10 de agosto se reanudaron los trabajos para suspenderse nuevamente el 27 de octubre, porque no había ni dinero ni materiales. Se volvieron a retomar el 11 de enero de 1886, pero sólo hasta el 27 de febrero en que se paralizaron de nuevo. El 8 de marzo se reiniciaron los trabajos y el 10 de abril se paralizaron por enésima vez; el 19 de mayo se reabrió la obra, el 5 de junio se volvió a suspender, y así repetidamente.

Ante tantos problemas el padre Aldemar Palacio, en agosto 6 de 1886, dio a conocer al obispo la difícil situación que se estaba presentando, igual a la que se había experimentado dos años atrás, ya que los ingresos eran insuficientes, pues sólo estaban compuestos por las colectas de limosnas que hacían en las tres o cuatro misas que se realizaban los domingos. Por esto le solicitaba que se sirviera “seguir pasando por el contrato que S.Sª. -o sea el obispo- celebró con el señor Baldomero Jaramillo en el año de 1884 de dar 40 pesos de ley por cada mes y que esta gracia siga surtiendo sus efectos por este año y los venideros hasta que concluyamos la iglesia”.

Estos cuarenta pesos no eran pago por servicios prestados. El contrato citado lo que establecía era que en vez de dar a la diócesis toda la ofrenda que se recogía en la parroquia para el Santo Padre, se daría con ese fin a la curia solamente cuarenta pesos, independientemente de la cantidad recaudada, para dejar el resto como auxilio para la edificación del templo. A este convenio se había llegado en 1884 tras la idea formulada por Jaramillo. La petición fue acogida positivamente desde Liborina por el obispo de Antioquia, Jesús María Rodríguez el 3 de septiembre, quien permitió se continuara “enviando para el dinero de San Pedro la suma que ofreció el Sr. Baldomero Jaramillo”, quien además de formar parte de la junta de los trabajos del templo ocupó el cargo de mayordomo de fábrica.

La construcción continuó con algunas interrupciones. El 11 de octubre de 1886 se reiniciaron, pero en 22 de enero de 1887 se suspendieron por lo de siempre, falta de materiales y de dinero, y también por la urgencia de construir el Puente de Arco (que se llamó Puente de Arco de Vélez), sobre el río Nechí, el cual comunicaba con Medellín y con los pueblos vecinos. Esta decisión fue apoyada por los miembros de la Junta. El 30 de marzo de 1888 se reanudaron las obras del templo y el 20 de septiembre se suspendieron; el 20 de febrero de 1888 se abrieron, el 7 de julio se acabó el material y el 6 de agosto se retomaron las obras, esta vez por un lapso de tiempo mayor.

El 18 de junio de 1889, cuando ya estaba terminada una de las sacristías, el obispo Jesús María Rodríguez autorizó al cura para que celebrara la santa misa y administrara el sacramento de la penitencia en el templo en construcción y durante la visita pastoral que hizo el 17 de agosto del mismo año ordenó en su auto (acta), que se reanudaran los trabajos del templo. Además, aprobó el oratorio y permitió que realizaran en él las funciones religiosas mientras se concluían los trabajos de construcción.[e]

El 25 de enero de 1890, la obra se detuvo nuevamente, esta vez porque el oficial mayor, Ricardo Pérez, y el arquitecto Zapata se retiran de Yarumal sin previo aviso. Pocos días después José María Zapata Muñoz presentó renuncia como director de la obra, y más tarde, el 6 de febrero de ese año se desplomó el pórtico y la cúpula del templo en construcción. En la reunión del 15 de febrero, la Junta aceptó la renuncia del arquitecto Zapata. Se cree que el derrumbe posiblemente se deba a dos causas, primero a errores estructurales en el diseño o a la discontinuidad en los trabajos, que generó inestabilidad en la construcción.[f]

Este infortunio no fue bien visto por la comunidad que indignada señalaba a los responsables. Fue tan grave el asunto, que las críticas salpicaron a los miembros de la Junta, constituida entonces por Joaquín Mejía como presidente, Faustino Rivera como vicepresidente, Abraham Mejía P. como secretario y Baldomero Jaramillo como tesorero. Ante las denuncias, la Junta citó a una reunión popular para el 17 de febrero de 1890 y, en el pleno, presentó renuncia para que la población quedara en libertad de elegir a nuevos miembros con mayores capacidades. El pueblo, reaccionó y cambió las acusaciones por agradecimientos, al tiempo que les instaron a no renunciar, por lo cual la Junta reflexionó y decidió permanecer en sus cargos.

Dos días después de este suceso se reunió la Junta para evaluar la situación y obtener un arquitecto que examinara la construcción, determinara qué era necesario demoler y se pusiera al frente de la dirección de la obra. Se delegó al tesorero para que en Medellín obtuviera a dicho profesional. Debía hacer todo lo necesario por contactar preferiblemente a un sacerdote jesuita que era muy instruido en arquitectura teórica y práctica.[g] El arquitecto José María Zapata no volvió más a Yarumal.

Vista del templo en 1892. La cúpula se había desplomado en enero de 1890 junto con los pilares que la sostenían, y su reconstrucción solo llegó hasta el tambor como se observa en la imagen. La torre terminada que cuenta con un remate diferente al actual, es la que luego presentó problemas estructurales.

Más adelante, la junta hizo enormes esfuerzos por convencer al oficial Ricardo Pérez para que volviera a Yarumal, éste no contestó a las solicitudes por vía telegráfica a la ciudad de Medellín, entre otras razones, porque no se atendió su solicitud de aumentarle el jornal. Por tal razón, en la reunión del 2 de mayo se convino llamar —para contratarlo— a Justiniano Miranda. Pero finalmente la Junta accedió a los requerimientos de Ricardo Pérez y se logró un acuerdo entre las dos partes.

El día 14 de diciembre de 1893, Victoriano Palacio, presidente de la Sociedad de Artesanos, planteó al padre Aldemar Palacio que promoviera un “convite” con el objeto de traer la madera que faltaba desde “La Cueva”, una finca de la que se pretendía que los vecinos de Yarumal, debidamente organizados en comisiones, fueran el 25 del mismo mes para transportar los tablones que servirían de vigas.

El 25 de diciembre de 1893, el presidente de la Junta de los Trabajos del Templo, Faustino Rivera Vargas, resolvió llamar de nuevo al oficial para que comenzara los trabajos con la mayor agilidad posible. Pero como los fondos obtenidos durante todo ese año se habían gastado en pago de los trabajadores, adquisición de materiales y en madera para la armazón, la tesorería se hallaba sin fondos. Por esta razón pidió al sacerdote Aldemar Palacio medidas drásticas para poner la techumbre del templo antes de que volviera un invierno tan fuerte como el anterior, pues esto pondría en riesgo todo lo que se había edificado, inclusive los tapiales.

Para obtener capital se planteó organizar un bazar y establecer para los habitantes una contribución mensual como la que recaudaba en otro tiempo el Pbro. Uladislao Ortiz, también que se estimulara al pueblo para que en dos ocasiones del año hiciera un donativo de alguna consideración: una el Sábado Santo y la otra el 24 de septiembre, fiesta de la patrona.

En el estado en que se encontraban las obras se calculaba que para terminar el templo se necesitaba algo de madera, por fortuna no mucha, pero se requerían dos cosas: la primera, que mucha gente se comprometiera a transportarla en una sola jornada; la segunda, que acabaran las lluvias y lograra contarse con un buen día. La situación era tan preocupante que la Junta hizo un serio llamamiento para que todos colaborasen. La respuesta fue amplia y se procedió a realizar la cubierta del templo. El diseño del armazón del templo fue obra de Victoriano Palacio, diseño que fue examinado el 21 de mayo de 1894 por Tomás Vásquez, para su aprobación, quien lo halló suficientemente sólido según sus conocimientos. Sin embargo, debido a las malas experiencias que se habían tenido con el desplome del 6 de febrero de 1890, se resolvió, en una reunión posterior, hacer examinar el proyecto por un ingeniero. Mientras no se obtuviera un dictamen positivo todos los trabajos de carpintería permanecían suspendidos. Entre tanto se centraron en los trabajos de la torre.

Heliodoro Medina fue el facultado de conseguir a dicho profesional, quien obtuvo los servicios del ingeniero Heliodoro Ochoa. El 10 de agosto de 1894, se realizó una reunión con gran asistencia que tuvo lugar en el salón del Concejo (en la desaparecida Casa Consistorial). El Ingeniero recomendó no construir el pórtico, a pesar de que la comunidad quería que el templo lo tuviese, por las dificultades halladas para darle firmeza. Abierta la discusión, todos los integrantes de la Junta, así como las personas presentes, estuvieron conformes en que se suprimiera el pórtico del proyecto. Fue entonces cuando encargaron a Ochoa que realizara el diseño de la fachada frontal.

Posteriormente el ingeniero Ochoa planteó que la parte posterior del templo se cubriera con estructura de madera en vez de la bóveda de calicanto como estaba antes. De la misma opinión era el oficial Ricardo Pérez y varios de los asistentes. La propuesta se aprobó por mayoría. Seguidamente, el ingeniero opinó sobre los trabajos realizados hasta la fecha. Informó que encontraba sólido el trabajo de carpintería y que la comunidad yarumaleña debía hallarse satisfecha por contar con el oficial Pérez para los trabajos de albañilería.

Pero no todo eran noticias positivas. Desde el 21 de febrero de 1895 se volvieron a detener definitivamente las obras del templo por absoluta carencia de fondos y problemas para recolectarlos. Lo único que continuó trabajando —-aunque a media marcha—- fue el tejar con el objetivo de almacenar material para cuando se restablecieran los frentes de trabajo. La razón de mantener las labores en el tejar obedecía a que la iglesia tenía derecho a utilizar ese sitio sólo hasta el primero de junio de 1898, ya que los herederos de Félix Vásquez (persona que había otorgado el derecho) entablaron un pleito de reclamación contra la iglesia. En estas circunstancias se estaban produciendo al mes unas mil piezas, y el promedio de gastos por mes era de doscientos cincuenta pesos.

Ese 21 de febrero de 1895 fue una fecha delicada, pues presentaron renuncia todos los integrantes de la Junta. Por lo cual, el párroco citó para el 24 de ese mes a la comunidad para ocupar las vacantes, pero en la discusión se expuso que la situación de orden público por la que pasaba todo el Estado no era favorable, pues aún se sentían los efectos de las anteriores confrontaciones civiles, además ese mismo año se desarrolló otra guerra civil (guerra civil de 1895).

Por lo cual, se resolvió que hasta que pasaran los problemas, o al menos disminuyeran, la Junta de Fábrica debía tomar las facultades de la Junta del Templo y que el mayordomo quedaría encomendado de autorizar los gastos necesarios. Para el 4 de agosto de 1895, los trabajos del templo se mantenían prácticamente paralizados. Sólo se hallaban tres frentes trabajando: un peón encargado de labrar material para cornisas, recibir el material que enviaban del tejar de La Cueva y vigilar que no se generaran daños en ninguna parte; el oficial Ricardo Pérez, que debido a su gran eficacia estaba al frente de la dirección de la obra, era considerado un experto en cúpulas y su trabajo había sido aprobado por dos ingenieros que lo examinaron; por último los carpinteros Félix A. Díaz y Victoriano Palacio, encargados de la armazón, cuyo trabajo fue aprobado por el ingeniero Heliodoro Ochoa.

Además, los únicos fondos que se conseguían eran las limosnas dominicales y alguna ganancia por rifas que no pasaba de cincuenta pesos, un dinero que ya se encontraba gastado. Por lo cual, sin lograr obtener más capital, era imposible continuar la obra, y al no quedar alternativa, la Junta ordenó el 12 de octubre de 1895 que se condenaran las puertas laterales del templo y que se construyera una cerradura con dos llaves para la puerta del medio.

El oficial Ricardo Pérez, originario de Medellín, era el único que se encontraba comprometido solemnemente a trabajar en el proyecto hasta dejarla a satisfacción, por un documento que firmó el 16 de octubre de 1894, pero al ver el avance irregular de la obra por la insolvencia económica, se sintió perjudicado y abandonó el proyecto el 5 de noviembre de 1897. Para ese momento el templo se encontraba muy avanzado pero aún sin concluir.

El 11 de mayo de 1899, el presbítero Ildefonso Tirado (párroco entre el 11 de diciembre de 1897 y el 13 de junio de 1899), viendo el estado de la edificación y para animar a la población a seguir contribuyendo, comenzó a celebrar ceremonias religiosas en el nuevo templo de La Merced aún sin terminar. Además, en ese mismo año estalla la Guerra de los Mil Días, siendo una de las más sangrientas confrontaciones internas de Colombia. Así terminó el siglo XIX.[i]
El siglo XX


Vista de Yarumal en 1900. La basílica es la construcción dominante del paisaje urbano, característica que aun mantiene.

El siglo XX pareció comenzar con mejor suerte. Para el mes de febrero de 1900 se comenzaron a construir rejas de madera para las vidrieras de la Iglesia. La madera para la cúpula fue contratada con Juan de Dios Calle y la mano de obra con Félix A. Díaz, quien recibía cuatro pesos de jornal. El 27 de diciembre del mismo año la Junta autorizó al último de los citados para que iniciara los trabajos finales de la torre donde se situaría el campanario. El 15 de febrero de 1901 se comenzó la construcción de las puertas de madera para las entradas laterales, y la principal se autorizó el 20 de julio de 1903. El 20 de mayo de 1901 se autorizó a la congregación de Hijas de María colocar el altar de la Inmaculada que ellas habían mandado construir con aprobación de la Junta de 1898; se mandó llamar al director de la obra, ingeniero Heliodoro Ochoa, para que regresara de Medellín a Yarumal a seguir los trabajos detenidos y se acordó con Juan Nepomuceno Gómez la construcción de los picaportes y aldabas para las puertas del campanario y de las naves. Igualmente, Victoriano Palacio fue designado el 22 de julio de 1901 para dirigir la instalación de la baldosa del templo y se le fijó una remuneración de ochenta pesos semanales por tres semanas.

Los trabajos fueron de nuevo detenidos hasta julio de 1903, cuando se reiniciaron por la cercanía de la visita del obispo de Antioquia, Manuel Antonio López de Mesa. Para ese momento se le encargó a Victoriano Palacio, con la misma asignación anterior, el arreglo del altar, la instalación de una chambrana en el presbiterio, dos pilas de agua bendita y el campanario. En el mismo mes se consiguieron tres mil ladrillos y cuatrocientas tejas para seguir con los trabajos de la construcción. Pero el obispo se dio cuenta de que estaban trabajando en la obra sólo porque él estaba allí y expresó lo doloroso que el templo hubiera sufrido paralización “en sus trabajos durante los tres últimos años debido en parte a la desastrosa guerra que flageló el país, y quizá también al poco acuerdo que había habido entre los miembros que formaban la junta…” por lo cual resolvió declarar insubsistente a toda la junta y paso a nombrar otra que quedó compuesta así: presidente, el cura de la parroquia Emigdio Antonio Palacio Pérez (párroco entre junio 8 de 1899 y julio 4 de 1909); vicepresidente, Basiliso Mejía; tesorero-secretario, Ulpiano Rivera; vocales: Virgilio Zuluaga y Pedro Pablo Betancourt. Además, el obispo López de Mesa fue puntual en reconocer que “la parroquia de Yarumal por su población e importancia necesitaba de dos templos” y ordenó a la junta recién conformada que no sólo se enfocara por la obra del nuevo templo sino también por el mantenimiento de la Capilla del viejo cementerio.

La Junta trabajó con energía. El 19 de octubre de 1903 aprobó que una vez finalizada la colocación del altar encomendado por las hijas de María, se procediera a celebrar el contrato para la finalización de la cúpula, la cual se construiría en madera revestida en cobre. Autorizó además que se trajera del exterior el cobre requerido para el revestimiento así como los vidrios. Ello se haría por intermedio de una empresa importadora, previa solicitud de exención de impuestos de aduana, según propuesta de Pedro Pablo Betancourt.

La cúpula, según cálculos del ingeniero Ochoa, necesitaría un total de 210 tablones grandes y 700 tablones pequeños, 12 quintales de cobre y 2 de estaño. La Junta ya tenía en la bodega 196 de los primeros y 92 de los segundos. Según Betancourt, la casa Rubén Vásquez y Cía. Ltda. estaba en capacidad de entregar 10 quintales de cobre que tenía en ese instante, y el resto en otra entrega próxima. Según el informe suministrado por Virgilio Zuluaga en la reunión del 2 de noviembre de 1903, Lázaro Rivera se había comprometido a donar el cobre requerido, por lo que realizaron el pedido a la comercializadora citada. Y para que la edificación tuviera cada vez más forma de templo, la Junta aprobó, en la sesión del 22 de noviembre, la propuesta de José María Hoyos, de colocar un altar provisional con la imagen de San José en una de las naves laterales.

La Junta estuvo durante algún tiempo indecisa de a quién contratar para terminar la cúpula. Si a Félix A. Díaz, que pensaba volver a Medellín para encargarse de unos trabajos pendientes, o a Heliodoro Ochoa, con el cual se tenía un contrato vigente. El 29 de noviembre Díaz hizo una propuesta de continuar y terminar “la obra si se le pagaban $600 semanales, se le daban los materiales y trabajadores que necesitara, que serán uno o dos y si además se le entregan $30.000 el día que entregue la obra, aumentando o rebajando proporcionalmente esta suma según que haya desmejorado o mejorado la moneda circulante”. A esta propuesta, Pedro Pablo Betancourt requirió fijar un plazo para terminar la obra y que se hiciera una consulta con Ochoa para determinar su posición frente a una suspensión “por algún tiempo” del contrato que poseía con la Iglesia. En definitiva, salió favorecido Díaz, quien continuó las labores de la cúpula en la primera semana de Pascua de 1904.

Sin embargo, la cúpula no se salvó de las interrupciones. Para el 5 de junio de 1905 los trabajos del ábside fueron detenidos para seguir con los de la fachada principal y el pavimento de la iglesia, según la propuesta presentada por el mismo Félix A. Díaz y que aprobó la Junta en pleno. Para estas obras se contrataron como oficiales a José A. Miranda y Luis Navarro, a los cuales se les pagaba ciento veinte y cien pesos diarios, respectivamente.

El 6 de enero de 1906 se discutió y acordó que el pavimento del edificio sería entablado. En esta misma fecha Carlos Mejía Vargas, respaldado por otros médicos que estuvieron presentes en la reunión, expuso que, por los peligros que podía ser para la salud el celebrar misa en un templo sin pavimentar, se trasladaran todos los oficios religiosos a la capilla del viejo cementerio. El sacerdote no vio problemas en acceder a esta propuesta.

El 21 de noviembre de 1907 se resolvió empezar la construcción de la cornisa grande del altar mayor con tablones de comino, porque este material manifestaba mayor firmeza que los ladrillos disponibles en el sector.

En junio de 1908 se comenzaron a ver los efectos en la “economía” de los materiales que hicieron tanto Félix Díaz, como la Junta, y todo por no contar con los servicios del ingeniero Ochoa. Pues una de las torres comenzó ha presentar problemas estructurales y la comunidad se hallaba preocupada. Por lo cual, se decidió llamar al ingeniero Ochoa para que éste determinara lo más conveniente. Desde Medellín, el ingeniero dio algunas indicaciones pertinentes para componer la torre, en especial, el de reforzarla con madera.

El ingeniero Heliodoro Ochoa se presentó en Yarumal el 24 de diciembre y visitó, con la junta en pleno, las obras del templo. Además, los acompañó una comisión integrada por destacados personajes del municipio, con el objeto de que la comunidad diera su aprobación a lo que determinara el Ingeniero. De las indicaciones escritas por el ingeniero Ochoa al presidente de la Junta se logra formar una idea del problema:

El templo en 1911. En la torre derecha habían aparecido hendiduras en los dos últimos cuerpos en 1908. Se puede ver en la torre el primer reloj que tuvo la basílica en 1882, que luego sería trasladado en 1920 al vano central. La casa de la izquierda sirvió de cuartel militar durante la Guerra de los Mil Días.

“Los cimientos del torreón que me ha correspondido examinar se encuentran en perfecto buen estado de solidez; señal evidente de lo que dejo dicho, el magnífico plomo de los muros del cuadrilátero en todo su desarrollo. Los muros del primer cuerpo no pueden estar en mejor estado de solidez.

Se encuentran algunas ligeras hendiduras en los muros del segundo y tercer cuerpo. Estas, que en verdad no tienen importancia, obedecen a dos causas. La primera y principal consiste en la debilidad de los arcos adintelados que cierran las primeras ventanas. No pudieron resistir la fuerza de presión que gravita sobre ellos. Y la segunda consiste en la vibración de las campanas (no hablo de las del reloj). El eco de estas se repercute en los muros y atendida la debilidad de que ya se ha hablado, las campanas han venido a hacer, algo así, como un factor que lentamente ha estado contribuyendo al ligero deterioro de los muros. La detonación de un cañón rompe cristales y destruye artesonados y enlucidos.

Ahora bien, ¿qué reparos deben hacerse? Los siguientes: desarrollar umbraladas de madera en los arcos adintelados y esto es lo primero que debe hacerse. Me refiero también a los arcos adintelados del torreón que aún no está terminado. Reparar las hendiduras de los muros. Una caja que se encuentra en la cornisa del tercer cuerpo, destruirla en absoluto y luego desarrollar un plano inclinado para el derrame de las aguas. Este plano debe revocarse con argamasa o mezcla de cal y arena en cantidades iguales; la cal y la arena cernidas y la arena que no contenga lodo. Con esta clase de mezcla deben revocarse todas las proyecciones del torreón incluyendo el último cuerpo. El revoque en el último cuerpo es importantísimo por cuanto que el que hay hoy está deteriorado y el material humedeciéndose.

El mismo revoque debe aplicársele a la cornisa de la cúpula. Es importante engrasar el revoque de que vengo hablando.

El señor don Félix Díaz está bien poseído de la manera como debe desarrollarse todo lo que dejo dicho. Guzmán también lo está en cuanto al reparo de las hendiduras, caja, planos inclinados y revoque engrasado.

Con mucho gusto vería yo que la Junta resolviera hacer el revoque con cemento. Es verdad que esta clase de obra es bastante más cara, pero en cambio el revoque hecho con este material queda desde luego impermeable y desafiando los siglos. Es una verdadera piedra artificial.

Los datos sobre el costo total de esta clase de trabajo se los suministraré a la Honorable Junta verbalmente si así lo desea.
Por último, las campanas deben colocarse en el piso del primer cuerpo. Dejo así cumplida mi comisión según mi leal saber y entender y quiera nuestro Señor y así se lo suplico no me haya equivocado”.

La Junta obedeció todas las recomendaciones, excepto la que establecía bajar las campanas, por considerar que los arreglos realizados en el cuerpo de la torre le daban suficiente solidez.

Para conseguir fondos y emprender las reparaciones se dispuso pedir permiso para realizar algunas salidas al campo y celebrar misa en casas de particulares, lo que había sido una experiencia exitosa en otras parroquias. Por lo cual, el padre Juan J. Arroyave (párroco entre el 4 de julio de 1909 y el 19 de noviembre de 1912), solicitó a la Curia de Antioquia dicho permiso, que le fue concedido.

El 21 de abril de 1914, el Pbro. Leónidas Lopera Roldán (párroco entre el 19 de noviembre de 1912 y el 8 de marzo de 1916), ordenó la construcción del atrio del templo, con los planos diseñados por Joaquín Pinillos y bajo la dirección de los maestros de obra José López y Jesús María Saldarriaga. Al año siguiente (1915), el padre Leónidas Lopera encargó a los ebanistas Carvajales, el altar definitivo que por varios años sirvió de principal.

El 5 de febrero de 1917, el Papa Benedicto XV emitió la bula Quod catholicae, por medio de la cual crea la Diócesis de Santa Rosa de Osos, desmembrando territorio de la entonces Diócesis de Antioquia. Desde entonces la parroquia de Yarumal pasó a formar parte de la nueva sede episcopal.


La Plaza de Yarumal, un jueves de feria de 1926, con el quiosco de madera y la fuente de agua. En el templo, se había demolido por problemas estructurales el tercer cuerpo de la torre de la derecha, hallándose ambas torres inacabadas. El reloj de 1882 está ubicado en el vano circular entre las ventanas sobre la puerta central, después de haber estado inicialmente en la torre derecha.

Durante la primera visita que realizó al municipio en 1925 el Obispo de Santa Rosa de Osos, Miguel Ángel Builes, quedó contento con la obra y como consta en su auto (acta) de visita con fecha 8 de marzo, ordenó que se continuara la construcción de las torres. Para el mes de octubre de 1931 las torres estaban edificadas apenas hasta la mitad. En una visita posterior, el mismo prelado registró en su auto: “El templo con sus torres ya terminadas, sus adherencias en la sacristía, el Santuario del Señor Caído… las nuevas campanas, el baldosado a punto de realizarse”.

En la noche del viernes 4 de febrero de 1938 se produjo un sismo que causó serios daños en la edificación del templo. Resultaron afectados los muros, se produjo el asentamiento del arco toral en la nave central y el agrietamiento del ábside. Al padre Gerardo Martínez Madrigal (párroco entre el 6 de octubre de 1930 al 2 de julio de 1942 y futuro Obispo de Garzón, Huila), le correspondieron las diligencias de reparación, quien de inmediato solicitó dictamen técnico a profesionales en ingeniería y arquitectura, quienes realizaron visita de inspección y estudios fotográficos. Entre los consultados estuvieron Evelio Carvajal, los arquitectos Ignacio Vieira y Federico Vásquez Uribe, la firma de ingenieros Álvarez y Calle, Luis Zapata (quien había reparado el templo de Barbosa cuando otro sismo le causó daños más graves), Luis Salazar y Jesús Mejía a quien se le consideraba la persona más autorizada.

Las evaluaciones conceptos fueron muy distintas. Unos planteaban que se realizaran amarres a los muros con cintas de hierro, otros que se demoliera lo que estaba severamente afectado y se procediera a colocar cimientos para levantar un nuevo arco en hormigón apoyado en nuevas columnas. El párroco, con permiso expreso de la curia de Santa Rosa de Osos, escogió realizar las reparaciones sugeridas por Jesús Mejía, las que fueron hechas por Zuleta. Fue necesario cambiar ladrillo por ladrillo para garantizar su reconstrucción.

Al padre Martínez Madrigal lo sucedió el Pbro. Francisco Gallego Pérez (párroco entre el 2 de julio de 1942 al 16 de febrero de 1953 y futuro Obispo de Barranquilla).[j] En sus primeros veintidós meses al frente de la parroquia realizó una gran actividad para lograr el templo que hoy está erigido. Le tocó, pues, seguir las obras de reparación. Como sólo había recibido la cúpula reparada, le concernió asegurar los arcos torales, el presbiterio y los laterales hasta el púlpito. Además emprendió la obra decorativa y las terminaciones del edificio, trasladó el bautisterio para poner la capilla del Señor Caído, construyó el cielo raso, las escaleras del coro alto, y mandó traer del paraje Santa Inés, en el municipio de Valdivia, la primera piedra de ara que se consagró en el altar del medio, la cual costó trescientos pesos.

Finalizadas las obras de reparación, el obispo Miguel Ángel Builes realizó la consagración del Templo de Nuestra Señora de la Merced el 11 de febrero de 1944. Estuvieron presentes los presbíteros Francisco Gallego Pérez, párroco, los cooperadores Rafael Vélez, Emilio Zuluaga y Benedicto Soto, así como otros miembros de la curia diocesana y del Seminario de Misiones.

En 1947 el Pbro. Francisco Gallego Pérez adquirió por siete mil pesos el primer órgano de la iglesia de marca Hammond, el cual fue inaugurado el 16 de julio, pero la correspondiente bendición fue realizada el 14 de septiembre de ese mismo año.

Siendo párroco Efraím Jiménez (párroco entre el 9 de marzo de 1953 y 24 de marzo de 1968), contrató a Raúl Bohórquez el ornamento de las torres del templo con plata líquida alemana. Los trabajos finalizaron el 24 de septiembre de 1953 y la mano de obra costó 5.000 pesos. También, le tocó al padre Jiménez finalizar el revoque del costado oriental del templo, labor que se terminó el 6 de marzo de 1954. El mismo párroco realizó las gestiones para obtener el actual altar de mármol, que fue consagrado el 7 de junio de 1955 por monseñor Builes, y también adquirió por 102.000 pesos el actual órgano del templo de la casa E.F. Walcker & Cie., Ludwigsburg (Alemania), el cual fue bendecido por el obispo Builes el 24 de marzo de 1963. El órgano Hammond fue vendido por 25.000 pesos a la Capilla del Seminario Conciliar de Santa Rosa de Osos.

Entre tanto, la capilla del cementerio, testigo del crecimiento del pueblo, se fue deteriorando con el paso del tiempo. Por tal motivo el Pbro. Luis Enrique Restrepo Muñoz estableció en 1992 una junta con el propósito de restaurarla como patrimonio histórico de Yarumal, además envió un oficio del 24 de septiembre de ese año solicitando al obispo Joaquín García Ordóñez que se abriera al público para la celebración de la Eucaristía, pudiendo asignarse un día para cada parroquia (actualmente Yarumal tiene tres parroquias urbanas, La Merced la más antigua, La Inmaculada erigida en 1960 y El Carmen erigida en 1984).

El 23 de noviembre de 1998, el concejo Municipal de Yarumal, mediante acuerdo 024, declaró al templo de la Merced junto con la capilla de San Luis (aunque así se le conoce coloquialmente, su verdadero nombre es Capilla del Carmen), como bienes inmuebles de interés cultural y arquitectónico del municipio. Además, el 12 de agosto de 1999 por iniciativa de monseñor Gilberto Melguizo Yepes (párroco entre 1996 a 2001), el templo recibe el título de Basílica Menor. La consagración se realizó el 24 de septiembre de ese mismo año, en una solemne ceremonia presidida por el obispo de Santa Rosa de Osos, Jairo Jaramillo Monsalve.

Igualmente, monseñor Melguizo Yepes mandó reponer una de las lámparas del templo que se había caído; consiguió los vitrales, tres nuevas campanas, una nueva pila bautismal y la imagen del Beato Mariano de Jesús Euse Hoyos. Le puso al cuadro de la Virgen de la Merced el cinturón y el cetro de oro. Restauró el pavimento de mármol del templo, que se encontraba en pésimas condiciones. Adicionalmente, por iniciativa del padre Melguizo Yepes y el Concejo Municipal de la Cultura, en agosto de 2000 fueron trasladados los restos del poeta yarumaleño Epifanio Mejía del Cementerio San Pedro de Medellín (donde se encontraban) a la Basílica. La lápida de la tumba del poeta, fue diseñada por el artista yarumaleño Martín Villegas Alzate.


La Escuela Rosenda Torres, diseñada por el arquitecto belga Agustín Goovaerts, y la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Merced.

Contexto Urbano

La basílica se encuentra emplazada en el costado norte del Parque Epifanio Mejía, en plena zona fundacional del municipio, en el barrio “El Centro”. Dicho parque está cargado de simbolismos históricos y culturales, epicentro de los principales actos religiosos y cívicos del municipio. Antes llamada plaza de Bolívar, en memoria del libertador Simón Bolívar, fue renombrada en honor al poeta y compositor del Himno Antioqueño, el yarumaleño Epifanio Mejía, cuyos restos yacen en el templo.

Yarumal es un municipio de unos 34.865 habitantes aproximadamente, cuenta con tres parroquias urbanas -Nuestra Señora de la Merced, La Inmaculada y El Carmen-, y 4 parroquias rurales -Cedeño, Ochalí, El Cedro y Llanos de Cuivá-. Su cabecera municipal está conformada por 20 barrios, que cuentan con edificaciones, que en la mayoría de los casos no superan los cinco pisos, por lo cual el templo aún es la estructura dominante en el paisaje urbano, un hito fácilmente identificable. Además, como el área urbana se localiza sobre un terreno inclinado, y al estar la basílica sobre la parte alta del parque, adquiere un efecto visual de mayor altura, aumentando su jerarquía.

Las calles aledañas y el sector alrededor del parque tienen un uso del suelo mixto, donde confluyen vivienda, comercio y servicios. Se destaca junto a la Basílica, la Escuela Rosenda Torres, edificio diseñado por el arquitecto belga Agustín Goovaerts; el palacio municipal y algunas edificaciones de valor arquitectónico.
Características del edificio

La basílica fue construida en estilo neorrenacentista, uno de los estilos de la arquitectura historicista, desarrollada principalmente en el siglo XIX y principios del XX, y que tenía como fin recuperar la arquitectura de tiempos pasados. El edificio es de planta rectangular y sus diferentes espacios están claramente definidos. Cuenta con tres naves longitudinales (la principal o central y las laterales), a su vez atravesadas por una especie transepto o nave transversal, la cual sobresale un poco a los lados, pero sin llegar a formar una planta cruciforme. El encuentro entre esta última con la nave central genera el crucero sobre la cual se levanta la cúpula.

Exterior

En el exterior del templo, la volumetría del edificio se identifica claramente con la disposición y composición espacial del interior, su forma permite distinguir claramente los diferentes cuerpos que lo componen. Además, solo la fachada principal y la oriental dan directamente al espacio público, pues en la parte posterior de la iglesia se encuentra la casa cural, y por el lado occidental se halla la Escuela Rosenda Torres, pero ninguna de estas construcciones la supera en altura.

Basilica de Yarumal-Plano General.

La fachada principal da directamente al costado norte del Parque Epifanio Mejía. Es totalmente simétrica, está conformada por dos torres que rematan en cúpulas, unidas por un cuerpo que enmarca la nave central. Cuenta con tres accesos, el central y dos laterales, cada uno de los cuales coincide con las naves longitudinales del templo.

En la fachada lateral se perciben los diferentes cuerpos que conforman el templo. Se distingue la torre, seguida de los cuerpos longitudinales de las naves (la nave central y la nave lateral más baja); luego está el muro del transepto, el cual tiene la misma altura de la nave central y su muro oriental sobresale un poco del muro de la nave lateral; sobre el transepto se aprecia la cúpula y después se ve la continuación de las naves. Esta fachada cuenta con un acceso que comunica directamente con la nave lateral derecha.

La cubierta del templo es en teja de barro. Sobre la nave central y el transepto el tejado es a dos aguas, mientras que en las naves laterales la cubierta es a una agua.

Interior

A los pies del templo encontramos tres áreas, las cuales anteceden o dan principio a las naves, que son: las dos áreas que se encuentran bajo las torres y el sotacoro (esta última es la zona que se localiza bajo el coro alto); estas tres áreas no se comunican entre sí, pues están separadas por muros, o sea que no se forma la pronave como es lo habitual en los templos donde las torres de la fachada están alineadas con las naves laterales. En el sotacoro se encuentran cuatro cuadros de las estaciones del viacrucis y en las áreas bajo las torres se hallan otras 2 estaciones del viacrucis.

La nave central es considerablemente más ancha y de mayor altura, está separada de las laterales, entre el sotacoro y el crucero, por dos arcadas a cada lado, conformadas por dos series de siete pilares cada una (14 en total), los cuales están unidos por arcos de medio punto. Dichos pilares son de base cuadrada y están conformados por una base, un cuerpo que vendría a ser como el fuste, y después a modo de capitel tiene una cornisa sobre la cual se apoyan los arcos.

Nave central.

Sobre estos arcos, en la parte alta de la nave central se encuentra a lado y lado un amplio entablamento que cumple una función meramente decorativa, y sobre este, están a cada lado dos series de seis ventanas que permiten la iluminación del recinto, las cuales se hallan alineadas con el eje de los arcos. La nave central tiene como techo un cielo raso plano, que oculta la estructura de la cubierta, y del cual cuelgan tres enormes y llamativas lámparas de cristal.

La zona del crucero tiene planta cuadrada y cada lado tiene el mismo ancho que la nave central, enmarcada en cada esquina por cuatro grandes pilares que sostienen mediante arcos torales la cúpula sobreelevada por un tambor con 8 ventanas.

Nave lateral derecha.

Las naves laterales son casi de la misma longitud que la nave central, en su muro exterior tienen longitudinalmente dos series de 6 ventanas cada una, separadas por una cornisa decorativa, la serie inferior es de mayor tamaño y cuenta con artísticos vitrales. En cada muro lateral se hallan 4 cuadros del viacrucis y dos confesionarios de madera.

En la parte sur del muro lateral derecho se encuentra una puerta de acceso a la iglesia. En el muro lateral izquierdo, también al sur, se encuentra adosada la capilla del Señor Caído, y ésta a su vez comunica, al norte, con el corredor de osarios y al sur con las escaleras de las torres y del coro alto. Las naves laterales también tienen un cielo raso plano continuo, que oculta la estructura de la cubierta, y del que cuelgan en cada lado dos lámparas de cristal.

Vista del sector occidental del transepto.

Lo que se ha llamado transepto o nave transversal, como ya se había mencionado, sobresale un poco a los lados, sin llegar a formar una planta de cruz latina. Se abre en sentido oriente-occidente, tiene el mismo ancho y altura de la nave central. El transepto antecede al área principal del templo, que se encuentra remarcada por un comulgatorio de mármol (barandilla) y elevada tres escalones. Además la zona del crucero junto al presbiterio se eleva otros cuatro escalones, resaltando en el templo la zona del altar.

En los muros occidental y oriental del transepto, se localizan, en cada uno, nichos que contienen imágenes y varias ventanas que iluminan el interior. En el sector occidental del transepto se encuentra la pila bautismal, y al frente de ésta, en el muro norte, se halla lo que al parecer era un acceso que fue convertido en una especie de “gran nicho” que alberga un cuadro en alto relieve del bautismo de Jesús, y sobre ésta se encuentra un crismón, un monograma del nombre de Cristo.

Finalmente, están las áreas principales del templo: el presbiterio y la capilla del altar de reserva. Dicha capilla en el final de la nave lateral derecha es un recinto rectangular, elevado cuatro escalones, se encuentra el altar de reserva, el cual sirvió durante mucho tiempo como principal. El presbiterio se encuentra elevado del resto del templo por siete escalones; comprende el área principal de la nave central y dispone de ábside abovedado que cubre esa área. En el presbiterio se encuentra el altar en forma de medio baldaquino, la mesa del sacrificio, la sede del párroco, y el ambón, todos en mármol.
Materiales y estructura

Gran parte de la basílica está edificada en ladrillo macizo, y solo algunas secciones de los muros laterales son en tapias, igualmente, ambos materiales se encuentran revocados tanto en el exterior como en el interior, además el revoque del exterior se caracteriza por simular bloques de diferentes dimensiones. Los ladrillos fueron pegados con argamasa, un tipo de mortero formado de cal (que actúa como conglomerante), arena y agua, que al secarse adquiere una constitución dura, pero de menor resistencia e impermeabilidad que el cemento; este material se usó en el templo pues al comienzo de la construcción no se empleaban los morteros a base de cemento. Aunque, después del sismo de 1938 las torres fueron reconstruidas, y esta vez se utilizó cemento para pegar los ladrillos, pues para esa época ya era un material utilizado en la construcción en Colombia.

Estructuralmente las fachadas trabajan como muros de carga que transmiten todo el peso a los cimientos y estos a su vez al suelo. Los muros cuentan en promedio de 80 cm de espesor y los pilares de las naves que son de base cuadrada tienen 100 cm por cada lado. La cimentación se realizó en piedra trabada con ladrillo.

En la izquierda parte del pavimento del testero en mármol, y la derecha parte del pavimento de las naves en baldosa de cemento pigmentado.

La cubierta del templo está conformada por una estructura de madera y teja de barro cocido. La cúpula principal cuenta con un tambor de ladrillo, y el resto es una estructura de madera revestida con láminas de cobre. Las cúpulas de las torres también están conformadas por una estructura de madera revestida con láminas de cobre. Pero es de resaltar que dichas láminas tienen en el exterior una apariencia plateada.

El pavimento del presbiterio y del altar de reserva, o sea el testero del templo,[a] es en mármol de diferentes colores. Su diseño es similar al de la Iglesia de Bello con incrustaciones de mármol combinados con dibujos de flores de lis, excepto las gradas que en el templo de Yarumal son de mármol blanco. En cambio, el pavimento de las naves está compuesto por baldosas de cemento pigmentado (también conocidas como baldosa hidráulica artesanal),[k] la cuales cuentan con llamativas formas y colores. Este tipo de baldosa fue muy común entre principios y mediados del siglo XX.

En el periodo que fue párroco monseñor Gilberto Melguizo Yepes, el pavimento de mármol fue restaurado pues presentaba asentamientos y hundimientos. Para estabilizarlo se inyectó lechada de cemento en las partes afectadas. Luego el pavimento fue pulido y abrillantado, devolviéndole todo su esplendor.

Elementos

La Basílica cuenta con varios elementos que sobresalen por su diseño, función, material o por su valor histórico; entre los principales se encuentran:


Cuadro de la Virgen de la Merced

La devoción a esta advocación mariana en Yarumal, data desde el mismo momento en que fue fundado, pues en el acta de aprobación de la fundación de San Luis de Góngora, expedido en Medellín el 21 de diciembre de 1787, por el Visitador de la Provincia de Antioquia, Juan Antonio Mon y Velarde, en una parte el documento dice: “Y teniendo presente el afecto y devoción de los nuevos colonos a la imagen de Nuestra Señora de la Merced de otro sitio, juntará a todos los vecinos y hará la proclamen y juren por patrona y protectora del lugar, para remedio y consuelo de sus habitantes…” Dicho texto da a entender que los habitantes de San Luis de Góngora (hoy Yarumal) ya tenían cierto fervor por la Virgen de la Merced, y que la conocían quizá por sus sitios de origen.

Al ser declarada patrona se vio la necesidad desde el mismo momento de la fundación de conseguir una imagen destinada al templo primitivo. Por consiguiente, Nicolás Valencia,[l] comerciante oriundo de Rionegro, colono de gran capacidad económica y además, secretario del alcalde pedáneo y juez poblador Francisco Leonín de Estrada, encargó una pintura, al parecer a un pintor quiteño. Dicha imagen se terminó de pintar en 1789 y fue donada a la parroquia.

En 1790, el cuadro de la Virgen de la Merced fue entronizado solemnemente por el Pbro. de Santa Rosa de Osos, Nicolás Francisco Agudelos, cuando éste atendía la capilla del naciente poblado San Luis de Góngora. Posteriormente, en el 27 de enero de 1792 el obispo de Popayán, Ángel Velarde y Bustamante, en visita pastoral a Yarumal ratificó como patrona a la Virgen de la Merced.
Cuadro de la Virgen de la Merced pintado en tiempos de la fundación de Yarumal en 1789, asociado a la Escuela Quiteña. En esta imagen considerada milagrosa, la Virgen de los cautivos ampara bajo su manto que sostienen dos ángeles a dos piadosos cautivos encadenados que oran e interceden ante ella. Detrás de ellos, a un nivel superior, dos religiosos. La corona de oro se incorporó en 1942.

En 1915, cuando el padre Leónidas Lopera inauguró el altar de madera, hizo retirar su antiguo marco, sin separar el lienzo de su bastidor, para poner la imagen en el nicho superior del altar. En esas condiciones permaneció, hasta que en 1930 el padre Julio Ortega sufragó los gastos para ponerle un nuevo marco y por primera vez una protección de vidrio.

El levita Gerardo Martínez Madrigal fue quien antes del Segundo Congreso Mariano, realizado en 1942, dispuso que el lienzo de la Merced tuviera un marco de plata martillada fabricado en Santa Fe de Antioquia y que además luciera escudo, broche de filigrana y corona de oro elaborados también en Santa Fe de Antioquia por Carlos Herrera, a un costo de 950 pesos sólo la mano de obra, pues los materiales requeridos fueron donados por feligreses que entregaron sus alhajas para ese fin.

Todo el trabajo se valoró en 2.000 pesos. Las tres partes de oro pesan en total 108 gramos. La corona cuenta con 24 piedras preciosas y tres perlas. Además hubo gran interés en ponerle a la Virgen calzado y cinturón de oro. Para lo cual se entregó al orfebre el material aurífero necesario, pero nunca más se volvió a saber de él.

El Pbro. Martínez fue consagrado como obispo de Garzón (Huila), y su sucesor, el padre Francisco Gallego Pérez, el 28 de agosto de 1942 (víspera del Congreso), con la necesidad de fotografiar el cuadro y pasarlo al nuevo marco de plata ordenó desenmarcarlo totalmente de manera que por primera vez se retiró su bastidor original. Fue grande la sorpresa al descubrirse que al reverso de la antigua imagen estaba la siguiente leyenda: “Verdadero retrato de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, redentora de cautivos. A devoción de don Nicolás Valencia. Año 1789, un ave María por el pintor”. Confirmando así que fue Valencia quien encargó la imagen.

En el Segundo Congreso Mariano en Yarumal, el 23 de septiembre de 1942, en el atrio de la capilla de San Francisco, el obispo de Santa Rosa de Osos, Miguel Ángel Builes, bendijo las joyas (corona, escudo y broche de oro) que luego se fijaron al lienzo. El cuadro de la Virgen de las Mercedes, fue llevado solemnemente al templo parroquial y allí fue colocado en el nicho de honor, en el altar de madera de 1915. Para proteger las joyas, se instaló un vidrio de tres milímetros que costó 70 pesos.

La plata con la que se realizó el marco fue donada por las señoras de Yarumal. Tiene un peso de 11.5 kilos. En la parte superior tiene el escudo de la Merced y en la inferior una cartela de oro que dice: “La parroquia de Yarumal a su excelsa patrona en el segundo Congreso Mariano”.

En 1987 durante el bicentenario de la fundación de Yarumal, fue coronada canónicamente por la diócesis de Santa Rosa de Osos y además recibió el título de “Alcaldesa Perpetua de Yarumal”, En 1998, por iniciativa de monseñor Gilberto Melguizo Yepes, párroco del templo en ese momento, se le colocó el cinturón y el cetro de oro.

Existen otras versiones o leyendas sobre el origen del cuadro que son falsas, pues tienen inconsistencias y carecen de fuentes históricas. Una de las versiones más difundidas, relata que un viajero procedente de Medellín llegó a Yarumal ofreciendo en venta el lienzo de la Virgen de la Merced, al no poderlo vender, lo dejó guardado en la posada del “Contento” (donde hoy está el Seminario de Misiones de Yarumal) y nunca más regresó por él, por lo que la parroquia lo tomó bajo su protección. Esta leyenda es contraria a los hechos históricos, prueba de ello son los documentos de las primeras visitas eclesiásticas, en donde el antiguo cuadro es mencionado, ocupando una posición estacada en el primitivo templo de San Luis de Góngora, además dicha versión es inconsistente con la inscripción del reverso del cuadro.

Altar

El primer altar que se construyó para el templo de la Merced fue el que donó la congregación de Hijas de María, destinado a la veneración de la Inmaculada Concepción. La Junta del templo autorizó a esta cofradía en 1898 para que ordenara su construcción, cuya instalación fue el 20 de mayo de 1901.

En 1915, el Pbro. Leónidas Lopera encargó un altar a los ebanistas Carvajales, el cual sirvió por mucho tiempo como principal. El camarín de la patrona era tan pequeño que fue necesario fijar el cuadro por fuera del nicho para que se pudiera observar todo el conjunto. Tiempo después, se decide la consecución de un nuevo altar pero en mármol con motivo del año mariano de 1954.

Altar lateral derecho, también llamado altar de reserva, fue realizado por los ebanistas Carvajales en 1915 utilizándose durante mucho tiempo como principal.

Para establecer qué empresa realizaría la obra, se solicitaron ofertas a la Marmolería Artística de Ermenegildo Bibolotti, con sede en Medellín; a Tommasi Tommaso & Cía. de Pietrasanta, Italia; a la Marmolería Colombo-Italiana de Giusseppe Bresciani Meccheri, con sede en Bogotá; y a Franco Lucarini de la “Marmolería Italiana” de U. Luisi Eredi, con sede en Medellín, siendo esta última casa la elegida.

El 19 de febrero de 1954, ya conocidos y analizados los planos del proyecto, se firmó el contrato. Más tarde, el 10 de junio, el presbítero Benedicto Soto Mejía, en calidad de mayordomo de fábrica, amplió el contrato con la misma casa para que construyera el pavimento del presbiterio, el pavimento y los escalones de la capilla lateral, por la cantidad de 25.300 pesos.

La idea era que tanto el altar, como el pavimento se inauguraran entre el 15 y 20 de septiembre de 1954, con ocasión del Congreso Mariano en Yarumal, evento en el cual estaban invitados varios prelados, el clero y fieles de los municipios de la región. Luego el representante de la casa, Franco Lucarini le comunicó al padre Jiménez que había problemas para cumplir con la fabricación del altar y el comulgatorio, pues Italia estaba paralizada por una serie de huelgas, por lo cual, el levita le informó del gran perjuicio para la parroquia si no se cumplía e imploró que se agotaran todos los medios para no retrasar la inauguración.

Lamentablemente no se pudo cumplir con la fecha establecida, pues el 19 de septiembre de 1954 partió de Italia el vapor Etna, con una parte de la obra. El viaje duraba aproximadamente 25 días por vía marítima y se demoraba 10 días para los trámites de nacionalización y para el traslado hasta Yarumal. Desde entonces se siguió despachando por mar el resto de la obra, siendo la última parte enviada el 15 de diciembre.

Para trasladar todo el material desde Cartagena a Yarumal se necesitaron 18 viajes que transportaron un total de 184 cajas, con un peso bruto de 100.820 kilos, de los cuales el 83.41% correspondía al peso neto del mármol. El precio del transporte desde la costa hasta Yarumal por la vía de Caucasia fue de $9.997,01 pesos.

Ábside abovedado el cual alberga el altar de mármol.

El 1 de febrero de 1955 se iniciaron los trabajos de ensambladura y montaje de la obra, para lo cual, se contrató a Manuel Rave Ángel y su hijo Gilberto a un precio de 16.000 pesos. Se consideró a estas personas idóneas para dicha labor, pues fueron los que habían realizado el montaje del altar de mármol de Santa Rosa de Osos en 1936. Cuando comenzaron los trabajos del altar (1 de febrero de 1955) se retiraron de la piedra de ara del altar consagrado en 1944, las reliquias de los santos Teódulo, Marcial, Modestina y Amanda, para depositarlas en el ara del altar de mármol el día de la nueva consagración. Entre tanto se guardaron en un cofre metálico, protegidas con el sello episcopal de monseñor Miguel Ángel Builes, quien las dio en custodia al cura párroco.

El 7 de febrero de 1955 se comenzó la construcción de los cimientos que soportarían el altar, realizado en hormigón y con un metro de espesor. El levantamiento de las 8 columnas del templete, cada una con un peso de tres toneladas, se emprendió el sábado 19 de febrero y finalizó el 26 del mismo mes. El 2 de marzo se instalaron los capiteles de las ocho columnas, el 17 el entablamento que une los capiteles, los cinco medallones que simbolizan a los cuatro evangelistas y al titular San Luis Gonzaga. El 31 de marzo se colocó la cruz que corona el altar de mármol y por primera vez, el Jueves Santo 7 de abril, se realizó el “monumento” debajo del dosel.

Para el 19 de abril quedó totalmente finalizado el comulgatorio; el 21 estaba listo el altar del Santísimo, con el cuadro en mosaico veneciano de la cena de Leonardo Da Vinci, el 28 se terminó el expositorio, el 30 se instaló en el camarín el cuadro de la Virgen de las Mercedes. Durante el montaje de la obra, no se produjeron accidentes.

Finalmente, el altar de mármol fue consagrado el 8 de junio de 1955. A las 7 de la mañana, el obispo Builes acompañado por el clero, el Seminario de Misiones y el párroco Efraím Jiménez, celebró la misa de consagración. Durante la ceremonia que duró dos horas, las reliquias de los santos Teódulo, Marcial, Modestina y Amanda fueron guardadas en el ara.

El templete del altar fue consagrado el 8 de junio de 1955. Fabricado en Italia en mármol, tiene 12 metros de alto, 7 de ancho y pesa 70 Tn.

El 10 de abril de 1955, se firmó un contrato por valor de 1.600 pesos con Antonio Burgos Rendón, de Medellín, para que construyera un sistema de iluminación indirecta. Para generar un mayor esplendor al altar se adquirió también un tapete rojo. Más tarde, el 24 de agosto del mismo año se retiró el altar de madera que estaba en la capilla de reserva, para ubicar en su lugar el altar elaborado en 1915, el traslado se realizó entre el 26 de agosto y el 3 de septiembre, labor realizada por Eugenio Salazar, pero no se trasladó la mesa por hallarse deteriorada.

Después de las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica dejó la tradición de celebrar la misa de espaldas al público, por lo cual, al párroco Roberto Arroyave Vélez le tocó conseguir el actual “Altar del Sacrificio” también en mármol, consagrado por el obispo Joaquín García Ordóñez, el 18 de septiembre de 1970.

Características del altar de mármol: El cuerpo del altar tiene 12 metros de altura, 7 metros de ancho en la base, 70.000 kilos de peso y costó 23.000 dólares. Lleva 8 columnas monolíticas puestas en dos filas semicirculares, tiene cada una seis metros de altura por 55 centímetros de diámetro, cuentan con base, fuste liso, y capiteles de estilo corintio, conforme con la arquitectura general del templo.

Sobre los capiteles está el entablamento (conformado a su vez por arquitrabe, friso y cornisa) puesto en forma semicircular, y sobre este, se apoya una semicúpula decorada con ornatos de alto relieve. Lleva en el centro un escudo con las iniciales “I.H.S” (es un monograma del nombre de Jesucristo) y termina en lo alto en una cruz. En el fondo de la semicúpula cinco medallones representan al titular de la parroquia, San Luis Gonzaga, y a los cuatro evangelistas en un fondo de mosaico veneciano.

En sí las columnas y la semicúpula conforman una especie de baldaquino o templete, que a su vez da cobijo a la mesa del altar; el sagrario, que es una caja fuerte con puerta de bronce decorada; un camarín de mármol verde para Nuestra Señora de las Mercedes coronada por el monograma y una corona de duquesa; y el trono del santísimo también decorado y encerrado entre molduras. En la parte inferior del altar va una reproducción de la última cena de Leonardo en mosaico veneciano. Según la casa constructora era el altar más grande y artístico de los que hasta ese momento habían realizado para los templos de Colombia.

Órgano

El interés por adquirir un instrumento musical para acompañar las celebraciones religiosas se remonta al año de 1880, en el cual el padre Aldemar Palacio recibió con fecha 3 de junio una carta de Jesús María Rodríguez, Provisor del obispo de Antioquia, en la que hacía referencia a lo necesario de que todas las iglesias de la diócesis cuenten con un instrumento musical y por tal razón ordenaba que se comprara un órgano. Pero por las dificultades económicas de la construcción del templo se pospuso la adquisición.

Órgano E.F. Walcker de la basílica ubicado en el coro alto. Con 1.020 tubos es una orquesta que imita trompetas, bombardas, oboes, clarinetes, flautas y voces humanas.

El 11 de octubre de 1900, el Pbro. Emigdio A. Palacio informó a la Junta de los Trabajos del Templo de la necesidad de adquirir un instrumento musical. Dicho gasto le correspondía a la Junta de Fábrica, pero como ésta se hallaba sin capacidad económica, se resolvió, por unanimidad, ayudarla con la cantidad de hasta mil quinientos pesos, que se darían una vez se hubiera adquirido el instrumento.

Tiempo después, en 1947, el Pbro. Francisco Gallego Pérez adquirió por la cantidad de siete mil pesos un órgano Hammond, que fue inaugurado el 16 de julio por el maestro Cabral pero la solemne bendición se realizó el domingo 14 de septiembre a las seis de la tarde por el cura párroco.

El actual órgano tubular fue obtenido por el párroco Efraím Jiménez a la casa Oskar Binder & Cia. Ltda. de la ciudad de Bogotá, representante exclusivo para Colombia de la casa E.F. Walcker, de Ludwigsburg, Alemania. Esta empresa fue fundada en 1785 y cuenta con experiencia en la construcción de este tipo de órganos para climas tropicales. Para realizar la cotización un delegado de la firma vendedora se trasladó a Yarumal para estudiar el estilo y la acústica de la iglesia, por lo cual sugirió un órgano tubular de 17 juegos o sea de 1020 tubos en total. El valor fue de 102.000 pesos pagaderos en tres años. Así en febrero de 1961 concederían 15.000 pesos como cuota inicial al firmar el contrato, 20.000 pesos al llegar el instrumento a puerto colombiano, lo que se demoraría alrededor de seis meses, 15.000 pesos en febrero de 1962, 30.000 pesos al entregar el órgano funcionando y 2.000 pesos en once mensualidades consecutivas a partir de diciembre de 1962. El padre Jiménez solicitó autorización al obispo Miguel Ángel Builes, y el prelado dio la aprobación y además, felicitó al cura por la iniciativa.

Consola del órgano, se compone de 17 juegos o registros (sonidos) repartidos en dos teclados manuales cada uno con 61 notas y un tercer teclado que se toca con los pies para los bajos graves.

El 19 de febrero de 1961 fue firmado el contrato por los Pbro. Jiménez y Benedicto Soto Mejía, (este último en calidad de mayordomo de fábrica), y por el ingeniero Oskar Binder de la casa vendedora, la misma que instaló el órgano tubular de la Catedral Primada de Colombia. Un órgano de la misma marca, pero tres veces mayor (3.478 flautas y de 22 toneladas) fue colocado en la Catedral Metropolitana de Medellín, y otro, con 70 flautas menos que el de Yarumal, lo adquirió el obispo de Antioquia, Guillermo Escobar Vélez para la Catedral de Santa Fe de Antioquia.

El órgano tubular, con un peso de cuatro toneladas, fue despachado de Bogotá por la vía de Sonsón, el 6 de marzo de 1963. Arribó a Yarumal el día 9 de ese mismo mes a la 1:45 p.m. y lo metieron a la basílica por la “Puerta del Perdón”. Su instalación comenzó el día 11, a cargo del ingeniero Oskar Binder y su estreno fue el 19 de marzo, día de San José. El instrumento recibió bendición, desde el púlpito, antes de iniciar la liturgia, el domingo 24 de marzo, por el obispo Miguel Ángel Builes. En ese acto se entonó la “Salve a la Virgen de las Mercedes” y al terminar se cantó la oración de la misa del 24 de septiembre, correspondiente a la Santa Patrona. Acto seguido, el padre Santiago López Palacios celebró la misa.

Además, el órgano Hammond fue vendido por la cantidad de 25.000 pesos para la Capilla del Seminario Conciliar de Santa Rosa de Osos. Fue retirado de Yarumal el 19 de abril de 1963 por los Pbros. Leonardo Lopera M., tesorero de la diócesis, y Roberto Lopera, profesor y ecónomo de los seminarios Eudista y Conciliar. Le tocó hacer la entrega al padre Gonzalo Palacio P. en representación y por orden del párroco, quien se hallaba ausente. Como prueba del perfecto estado en que se efectuaba la entrega y como homenaje al sacerdote que hizo tanto por la decoración y dotación del templo, el corista Donato Ríos Zapata interpretó en este instrumento el “Himno al padre Jiménez”.

Técnicamente, el órgano E.F. Walcker se compone de 17 juegos o registros (sonidos) repartidos en dos teclados manuales cada uno con 61 notas y un teclado que se toca con los pies (pedalero) que sirve para los bajos graves. Todos los teclados están dispuestos en una consola, la cual está separada y puesta delante del órgano con vista al altar mayor. Estos teclados hacen sonar un total de 1.020 flautas de muy variada longitud y calibre. En sí, el órgano es una orquesta con instrumentos como trompetas, bombardas, oboes, clarinetes, flautas y voces humanas. La madera es de caoba, barnizada e inmunizada. El órgano funciona con un ventilador eléctrico y una dínamo de 14 voltios de corriente continua acoplada con su motor. Entre los 32 órganos que existen en Antioquia, el de la basílica es el octavo en tamaño y sonoridad.


Estación VII del Viacrucis. Los 14 cuadros al óleo del Viacrucis fueron pintados en 1945-46 por Mariela Ochoa copiando unas ilustraciones alemanas.

Viacrucis

Una de las primeras representaciones de la pasión y muerte de Jesucristo en el Templo de Nuestra Señora de la Merced fueron los cuadros al óleo de 50 x 60 cm. que obtuvo Bárbara Palacio de Mejía, esposa de Tomás Mejía, tío materno del padre Benedicto Soto, que donaron a la parroquia y, a su vez, el padre Francisco Gallego Pérez las donó a la capilla del Pontificio Seminario de Misiones donde aún permanecen. Este viacrucis fue erigido canónicamente por J. Buenaventura Marín el 7 de octubre de 1903, y teniendo como testigos el cura y vicario Emigdio Palacio.

Las imágenes que se exhiben actualmente de las Estaciones del Viacrucis en la iglesia parroquial fueron realizadas en los años 1945 y 1946 cuando el párroco Francisco Gallego Pérez contrató a la artista Mariela Ochoa U. de la ciudad de Medellín, 14 cuadros al óleo. Las imágenes fueron copiadas de una colección de ilustraciones que trajo de Alemania el padre Gallego.

Cada uno de los cuadros costó cien pesos, suma que pagaron las siguientes personas tal como se recuerda en cada uno de ellos: Carmen E. Roldan; Teresita Jaramillo Medina y Julia Vda. de Hernández; Rosa Palacio Vda. de Restrepo; Vicente Villegas y Merceditas Rivera de Villegas; Anita Torres de Orozco; Jesús Antonio Hoyos y Julia Salazar Lopera; Jaime Zuluaga M; Pbro. Benedicto Soto Mejía y hermanos; Natalio Sánchez; Luisa Ramírez Vda. de Ceballos; Jesús Vásquez y Emilio Orrego; Félix Antonio Roldan B.; Juan B., Andrés Hoyos y hermanas, y Josefina Díaz Vda. de Soto.

Vitrales

El templo contaba desde sus inicios con sencillas vidrieras en los ventanales. Monseñor Melguizo Yepes decidió la consecución de artísticos vitrales para adornar el edificio. Fueron encargados a un artista en la ciudad de Cali (Valle del Cauca), y elaborados con vidrio catedral. Son 11 en total con distintas figuras y dibujos, cubren la serie de ventanas inferiores de los muros externos, entre el transepto y las torres. El resto de las ventanas siguen teniendo las sencillas vidrieras.

Vitral con la imagen del Papa Juan Pablo II. La basílica cuenta con once vitrales realizados por un artista de Cali a finales del siglo XX.

En el muro occidental que da con la escuela Rosenda Torres hay cinco vitrales, nombrados de norte a sur:

1. Jesús con los apóstoles.
2. San Francisco Javier, patrono de las Misiones.
3. Juan Pablo II, quien beatificó al Padre Marianito y elevó el templo a categoría de Basílica Menor.
4. Padre Marianito, actual beato de la iglesia católica, nacido en Yarumal, en donde también fue coadjutor.
5. San José.

En el muro de la nave oriental que da con la calle hay seis, nombrados de norte a sur:

1. Divino niño y sagrada familia.
2. Buen Pastor.
3. Nacimiento de Jesucristo.
4. Santísima Trinidad.
5. Fragmento del Decreto del Gobernador de Antioquia que declara a la Virgen de la Merced como Alcaldesa perpetua de Yarumal.
6. Réplica del cuadro quiteño de la Virgen de la Merced.



Para la nave central fueron adquiridas 4 lámparas de araña de cristal en 1959-60. Tienen 3,20 m de alto por 2,30 m de ancho.

Lámparas de cristal

Las actuales luminarias del templo fueron adquiridas entre los años 1959 y 1960 por el Pbro. Efraím Jiménez. Un agente representante de una casa vendedora con sede en Medellín fue quien, inicialmente las ofreció en demostración.

Sin compromiso alguno se recibieron y se instalaron provisionalmente dos lámparas de araña de cristal. La primera de ellas que se colocó definitivamente lo fue el 23 de octubre de 1959. Sus dimensiones: 3,20 m de alto y 2,30 m de ancho.

La idea era que al finalizar el año estuvieran colocadas dos más en la nave central y que para la Pascua de 1960 estuvieran puestas otras más pequeñas en el presbiterio, el altar de reserva, las naves laterales y en los arcos torales que soportan la cúpula de la basílica, para un total de 13 lámparas de cristal de la casa Baccarat, las cuales costaron 60.000 pesos. El 11 de febrero de 1960 se colocó la última lámpara.

Mecanismo del reloj. Las 4 barras en forma de X de la parte superior son las que mueven las manecillas ubicadas en la torre. Fue fabricado en España y sustituyó al anterior en 1966. Mediante sus propias campanas anuncia las horas, las medias y los cuartos.

Reloj

El 2 de diciembre de 1882, hallándose aún la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced en construcción, José María Díaz donó el primer reloj que tuvo el templo. Originariamente, fue instalado en la torre que se alza sobre la “Puerta del Perdón” por haber sido esa la que primero se edificó, y hacia 1920 fue trasladado al vano circular entre las ventanas que están sobre la puerta central.

En dicho lugar se mantuvo hasta el 24 de mayo de 1966. Ese día a las 10 de la mañana, Donato Ríos Zapata colocó en los correspondientes ochavados de la torre ya citada el nuevo reloj de cuatro caras traído de Vitoria, España, el cual llegó a Yarumal el 2 de mayo de 1966 a las 8 de la mañana. El reloj fue solemnemente bendecido por el obispo Miguel Ángel Builes en la víspera de su instalación, durante la celebración de la misa vespertina. Sobre el antiguo reloj, se pensó en aquel momento que se debía colocar en el cementerio de El Carmen.

El reloj anuncia las horas, las medias y los cuartos, y dispone de sus propias campanas para tal fin, siendo el mecanismo del reloj quien automáticamente las hace sonar por medio de cuerdas, que a su vez hacen mover unos arietes que las golpean.

Campanas

Las viejas campanas del templo se encontraban en pésimo estado, pues tenían grietas que reducían su sonoridad, por lo cual, monseñor Melguizo Yepes gestionó la compra de unas nuevas, razón por la cual desmontó las dañadas campanas de la torre derecha y las envió a los talleres de los Tristancho, ubicados en la vereda de Ucuenga a 4 kilómetros del casco urbano del municipio Nobsa (Boyacá), donde fueron fundidas para fabricar nuevas campanas. Los Tristancho son una familia de campaneros de larga trayectoria en Colombia, pues son una dinastía que tienen más de 250 años elaborando campanas.

Las actuales campanas de bronce fueron realizadas fundiendo las antiguas que se encontraban en mal estado en 1997 en los talleres de los Tristancho, en Nobsa (Boyacá), una familia de campaneros de larga tradición en Colombia. En la imagen la llamada “Benedicto” de 300 kg de peso.

La técnica que usan se llama molde perdido, pues el molde para una campana solo se utiliza una vez y se rompe. Por eso, no hay dos campanas iguales. La fabricación de una campana requiere dos meses de trabajo y es totalmente artesanal. Se empieza con la elaboración del molde, en el que se emplean tres tipos de arcillas diferentes, mezcladas con estiércol de caballo; se hace un armazón en guadua y se comienzan a aplicar capas que se dejan secar, esta operación se repite varias veces. Posteriormente, se tornea el interior y el exterior del molde, dándole la forma de la campana, y se le aplica cebo de oveja como desmoldante. Luego, se coloca un contramolde y se le somete a calor para que se absorba el cebo y se puedan despegar el molde y el contramolde. A continuación se queman el molde y el contramolde, para que al ajustarlos nuevamente se cree el vacío que se llenará con los materiales fundidos.

El proceso de fundición se realiza en hornos de barro, en los que utilizan leña seca como único combustible, y en donde el cobre y el estaño se someten a temperaturas de 1.200 grados centígrados para fundirlos. La campana se funde en una sola pieza y en un solo instante, pues en solo tres segundos tarda en llenarse el molde de una campana de 300 kg de peso. Y, después de la fundición, se deja enfriar naturalmente dos días, para luego pulirla manualmente.

Son tres campanas de gran tamaño realizadas en bronce, que tuvieron un costo de $7.500.000 de pesos, fueron inauguradas por monseñor Melguizo durante las fiestas patronales de 1997, y están bautizadas, de mayor a menor con los nombres de La Merced, San Luis y Benedicto, con un peso de 500, 310 y 300 kilogramos, respectivamente. Son utilizadas para anunciar las actividades religiosas y se accionan manualmente desde la parte baja de la torre por medio de cuerdas que hacen mover los badajos que cuelgan en el interior de cada campana.



Pila bautismal.

Pila bautismal

El templo de Nuestra Señora de la Merced ha tenido cuatro pilas bautismales: la primera se encontraba en el sitio que actualmente es la capilla del Señor Caído, que antiguamente era el bautisterio, como decoración tenía un cuadro de la Santísima Trinidad. El segundo bautisterio fue construido por Gallego Pérez, un poco más al fondo, en un lugar equidistante entre el santuario del Señor Caído y la capilla de la Virgen del Perpetuo Socorro.

La tercera pila bautismal estaba situada en el testero de la nave lateral izquierda del templo,[a] fue obtenida por iniciativa del padre Roberto Arroyave quien en 1975 contrató su elaboración en piedra bogotana (un tipo de piedra arenisca) con la firma “Enchapes Sacatín”, por un costo de 80.000 pesos.

La cuarta y actual pila bautismal está ubicada en el mismo lugar de la tercera, fue conseguida por monseñor Gilberto Melguizo Yepes, está hecha en mármol, conformada de abajo hacia arriba, por una base escalonada de planta octagonal, seguida por un pilar de base cuadrada que sostiene el recipiente cóncavo de forma octagonal en el que se deposita el agua.

Pilas de agua bendita

Pila de agua bendita.

Las dos pilas de agua bendita, las adquirió el padre Ernesto Acosta Arteaga en 1945 en la Marmolería Artística de Hermenegildo Bibolotti. Están hechas de mármol, cuentan con 160 cm de alto, consta cada una de su respectiva base, columna, recipiente cóncavo para depositar el agua y en el medio de este se halla un ángel.

Candelabros

En 1924 los presbíteros Rafael y José Manuel Yepes Carvajal dotaron al templo de Nuestra Señora de la Merced de 12 candelabros franceses de tamaño heroico (1.50 metros de altura) que utilizaban en las velaciones eucarísticas del primero de junio al 16 de julio y que finalizaban con la fiesta de la Virgen del Carmen. El Pbro. Luis Enrique Restrepo Muñoz los sometió a un proceso de restauración en sus primeros cinco años de servicio. Actualmente permanecen gran parte del año al pie del altar mayor.
Púlpito

La Basílica tuvo un púlpito realizado por los señores Carvajales Martínez. Contaba con un perfecto acabado a imitación de mármol con cuatro aplicaciones alegóricas de los evangelistas. Fue demolido el 25 de enero de 1971. En el Museo Tradicional Monseñor Juan N. Rueda se conservan los rosetones.
Imaginería

Antes del Concilio Ecuménico Vaticano II el templo de Nuestra Señora de la Merced, como era lo habitual, contaba con una gran variedad en imaginería, pero a consecuencia de los preceptos del mismo fueron retiradas el 18 de julio de 1967.

Entre las obras retiradas están: las de la Sagrada Familia, el Sagrado Corazón de Jesús, el Sagrado Corazón de María, San José, San Juan Eudes, San Roque, Santa Teresita, San Tarsicio, la Virgen del Carmen, el Niño Jesús de Praga, el Niño Jesús del Rebañito, la antigua imagen quiteña de la Virgen de los Dolores y la Niña María. Permanecieron durante un tiempo, porque luego algunas fueron retiradas, la patrona —Virgen de la Merced—, el titular San Luis Gonzaga, la Virgen del Perpetuo Socorro, las tres imágenes del Calvario, la Virgen de Fátima, San Agustín, San Antonio, el abrazo de San Francisco, San Nicolás de Tolentino, el Señor Caído y el Divino Rostro.

Algunas imágenes que quedaron pendientes por determinar si se retiraban definitivamente o continuaban exhibidas fueron las de la Virgen del Carmen, la de la Inmaculada —de Murillo—, Cristo Rey y los cuadros de las Estaciones. El destino definitivo de los cuadros del viacrucis dependería de las consideraciones del párroco y del Obispo Félix María Torres Parra; finalmente fueron colocados el 14 de agosto de 1967, a punto de finalizar extensos trabajos de decoración en el templo.

Las imágenes que actualmente se encuentran exhibidas en el templo son: la Inmaculada Concepción, la Virgen del Carmen, San Francisco de Asís abrazando a Cristo en la Cruz, Sagrado Corazón de Jesús, San José, y el Beato Mariano de Jesús Euse Hoyos. Todas éstas imágenes se localizan en el transepto. También está el Señor Caído, ubicado en su capilla y en el altar de reserva se encuentran las imágenes María Auxiliadora, Cristo Salvador y seis ángeles.


Imagen del Señor Caído realizada en 1935 por Constantino Carvajal. La urna es obra de Francisco Gómez Estrada.

El Señor Caído

El primitivo templo de Yarumal contaba con la imagen del Señor de la Columna, el cual aparece referenciado en el inventario de 1845, pero hoy en día no se tiene más información de ella ni se conoce su paradero. Como la parroquia de la Merced carecía de una imagen que representara alguna escena de la Pasión de Cristo, el obispo Miguel Ángel Builes ordenó, en 1935, al párroco que consiguiera una imagen del Señor Caído para tenerlo en el templo y así poder ser venerado por los feligreses.

En cumplimiento de lo dispuesto, el Pbro. Gerardo Martínez Madrigal comenzó los trabajos de adecuación de la capilla que existe al lado del presbiterio y el 10 de septiembre de 1938 concluyó el pago de 1.020 pesos del altar que construyó Misael Osorio. La estatua del Señor Caído fue tallada por Constantino Carvajal en 1935 por 400 pesos. La parte correspondiente a la urna es obra de Francisco Gómez Estrada, quien la realizó por un valor de cien pesos. Para cancelar estos gastos fue importante la contribución de Floro Roldán y su esposa Pachita Penagos.

En 1935, fue inaugurado solemnemente el culto de esta imagen, por los días en que se celebraron el Congreso Eucarístico y las fiestas patronales. Actualmente, la imagen del Señor Caído se localiza en una capilla a los pies del templo, contigua a la nave lateral izquierda y que anteriormente era el bautisterio.

Virgen del tránsito

Fernando Ramírez y su esposa Elena Rivera, originarios de Sopetrán, habían obtenido desde finales del siglo XIX una imagen barcelonesa de la Virgen del Tránsito, de la Dormición o de la Asunción, como también se le conoce.

Uno de los hijos de dicho matrimonio, el cual tenía el mismo nombre que su padre, expresó el deseo de que cuando su hermana Carmen Ramírez Rivera de Botero muriera, la imagen pasara a ser propiedad de la parroquia. La mujer falleció el 22 de marzo de 1955, y en acatamiento de esa voluntad, en esa fecha Germán Ceballos Ramírez realizó entrega a la parroquia de la pieza artística y religiosa. Además, esta familia entregó dote para costear los gastos de sus fiestas.

La Virgen de la Asunción simboliza la elevación de María en cuerpo y alma al cielo. Esta creencia se remonta a la época de los apóstoles, pero sólo el primero de noviembre de 1950 fue establecido como dogma de fe por el Papa Pío XII. El 15 de agosto se celebra su fiesta.

La Niña María

Esta imagen llegó a Yarumal el 6 de enero de 1963. Fue tallada por Josué Giraldo Mejía en su taller de Medellín y representa tres advocaciones de la Santísima Virgen: la de la niña María, la del Corazón de María y la de Nuestra Señora del Rosario. Es una escultura bien realizada, de traje azul, sin manto, de cuyas manos cuelga un rosario. Está coronada por una guirnalda de rosas rosadas que simbolizan los misterios gozosos; lleva otra corona de rosas rojas alrededor del corazón en representación de los misterios dolorosos y una tercera corona de rosas amarillas rodea sus pies para representar los misterios gloriosos.

Crucifijo del Altar

En la noche del 8 al 9 de enero de 1958 un desequilibrado prendió fuego en el ara del altar, y en la extinción resultó destruido el Cristo. Fue necesario obtener uno nuevo que fue donado por Antonio Hoyos Mejía. Se ordenó la elaboración de la cruz en Yarumal al ebanista Alfonso Areiza Medina por veinte pesos, y sobre dicha cruz, en Medellín, el artista David Pérez realizó el Cristo por un valor de 300 pesos. La obra se entregó el Jueves Santo del 3 de abril del mismo año y el Viernes Santo se expuso a veneración pública durante la celebración litúrgica de la tarde. Este Cristo se caracteriza por llevar las tres potencias de oro que pertenecieron al Divino Niño Jesús de Praga, donado por Mercedes Ramírez Rivera. La cruz tiene un característico resplandor generado por el enchapado de cobre, realizado por orden del párroco Roberto Arroyave. Dicho resplandor fue hecho a imitación de la imagen del Señor de los Milagros, el cual es un crucifijo, ubicado en la Basílica de San Pedro de los Milagros.

Bibliografía

* Montoya Moreno, Orlando (1995). Presencia Histórica de la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced -Yarumal-. Sección Publicaciones Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid. no tiene ISBN.

* Restrepo Gil, Mauricio (2007). Semblanza de la Ciudad Retablo. Impresión y Terminado: L. Vieco e Hijas Ltda.. ISBN 958-33-8922-6.

* Montoya Moreno, Orlando (1999). Yarumal: una ventana al pasado. Guión Publicidad, Medellín. no tiene ISBN.

* Agudelo Mira, Gustavo (1987). Monografía de Yarumal, Bicentenario de Fundación 1787-1987. Editorial Copiyepes. no tiene ISBN.

* Orozco Santamaría, Zulma (1986). Yarumal con presencia 1787-1987. Edición: Cantao Editores. Impreso por: Tipoligrafica Especial, Medellín. no tiene ISBN.

mas informacion

http://www.diocesissantarosadeosos.org/

http://lasmercedesyarumal.org/

Galeria de Imagenes de la Basilica de Yarumal en Colombia

Iglesia de La Candelaria (Colombia)

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Comienzo de la construcción     12 de marzo de 1768
Consagración o conclusión     2 de febrero de 1776
Estilo(s) predominante(s)     Colonial-Neoclásico

La Basílica Menor de Nuestra Señora de la Candelaria o simplemente Iglesia de La Candelaria, como se le conoce más popularmente, es un templo de culto católico dedicado a la Virgen María bajo la advocación de la Candelaria. Está situada en el centro de la ciudad de Medellín, Colombia, al costado oriental del Parque de Berrío,

Fue catedral de la Arquidiócesis de Medellín entre 1868 y 1931, cuando este título pasó a la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción. Es una construcción colonial, de estilo neoclásico, planta rectangular, con tres naves y crucero. Su estructura levantada en muros de piedra y construida en cal y canto ha sido “remendada” a lo largo de su historia, con sustancias ajenas a esas características.

El 8 de diciembre de 1970 el papa Paulo VI le concede al templo el título Basílica Menor.  En 1997 fue restaurada con la técnica y los materiales utilizados en la época de su construcción, y el 31 de julio de 1998 por resolución 0795 fue declarada la edificación Monumento Nacional de Colombia.

Historia

La Basílica Menor de Nuestra Señora de La Candelaria de Medellín es la primera parroquia de la ciudad. Su primera construcción, en madera y techo de paja, fue emprendida por el cura Don Juan Gómez de Ureña, en 1649, 26 años antes de Medellín ser erigida como villa, esta construcción inicial fue muy pobre en solidez.

Nave lateral derecha.

Nave Central.

Se dedicó a Nuestra Señora de la Candelaria, advocación de especial devoción para los españoles y particularmente para los marinos que cruzaron el Atlántico para llegar al Nuevo Mundo.

Las primeras imágenes de la “Presentación del Niño Dios en el Templo y la Purificación de su Santísima Madre” fueron donadas por don Ramón Álvarez. El cuadro de la Purificación que se venera en el altar mayor, y que fue coronado canónicamente, fue obsequiado, según la tradición, por la reina regente de España Mariana de Austria y por su hijo Carlos II.

En 1712 fue reedificada en tapia por el tercer párroco Don Carlos de Molina y Toledo. En 1766 el Cabildo constató que el templo amenazaba ruina y acordó tumbarlo para levantar uno nuevo El párroco de ese entonces, padre Juan Salvador de Villa y Castañeda, puso manos a la obra con planos del gobernador de la provincia, que no era arquitecto, José Varón de Chávez. El 12 de marzo de 1768 comenzó la construcción del actual edificio. La inauguración se efectuó el 2 de febrero de 1776 y el costo fue de 20.000 castellanos de oro.

En 1826 el culto fue trasladado a la Iglesia de la Veracruz mientras se reparaba el techo. En 1850 se volvió el culto a La Veracruz para hacerle otra importante reforma, con la construcción del altar de calicanto. Ese mismo año llegó el órgano Walcker.

Entre 1857 y 1860 el Pbro. José María Gómez emprendió el cambio de la cúpula por la cúpula toscaza que corona el presbiterio.

El Padre José Dolores Jiménez compró en París, en 1865, el Sagrario de plata, con su correspondiente expositorio.

El 8 de diciembre de 1868 se inauguró la Diócesis de Medellín y la Candelaria se convirtió en su primera catedral, hasta el 11 de agosto de 1931, cuando se consagró la actual, llamada la “Catedral Metropolitana de Medellín”.
Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria en 1870, antes de terminar las torres y cuando aun era la Catedral.

El 28 de febrero de 1888 se terminaron las dos torres delanteras, que reemplazaron las sencillas espadañas anteriores y el 1 de febrero de 1890, a las 12 del día, sonaron por primera vez para anunciar la fiesta de la patrona, las tres campanas traídas de Nueva York y fundidas con las tonalidades de do, mi, sol.

Para la coronación de la Venerada Imagen, en 1950, por privilegio concedido por S.S. Pío XII, a petición de los feligreses encabezados por su Arzobispo, monseñor Joaquín García Benítez, se procedió a nuevas reformas.

El 8 de diciembre de 1970 fue consagrada como Basílica Menor. El título se lo confirió S.S. Paulo VI, durante el arzobispado de monseñor Tulio Botero Salazar, y el curato del Pbro. Manuel José Betancur Campuzano.

Tiene un artístico sagrario de plata y una rica custodia, a más del valioso joyero de la Virgen. Posee un brazo de San Félix y una importante pinacoteca en la sacristía. La imagen más venerada es la de Jesús Caído.

En 1997 fue restaurada con la técnica y los materiales utilizados en la época de fabricación.

Estatua de Pedro Justo Berrio, en Parque Berrio.

Contexto urbano

La Basílica se encuentra localizada en el barrio “La Candelaria” (el cual toma su nombre del templo), al costado oriental del Parque de Berrío, corazón geográfico, centro fundacional de la ciudad, donde los antioqueños han confluido por generaciones como uno de los principal lugares de encuentro. Dicho parque es el punto de partida de la trama vial y sitio de referencia de la nomenclatura de la ciudad. En el costado sur-oriental del Parque, se cruza la calle 50 (Colombia) con la carrera 50 (Palacé), nombradas así para honrar la Batalla de Palacé, (28 de marzo de 1811), primera contienda por la Independencia de Colombia.

La historia de este parque está estrechamente ligada con la del templo de La Candelaria. La Plaza Principal, como se le llamó en un comienzo, era la antesala de la iglesia y allí coincidían los feligreses antes y después de las celebraciones religiosas. Entre 1784 y 1892, funcionó allí el mercado público y también fue escenario de ejecuciones y grandes actos públicos y políticos. Como en todas las ciudades de influencia hispánica, las familias más prestantes vivían alrededor de la plaza, que, en 1895, cambió su nombre en honor a Pedro Justo Berrío, una de las principales figuras políticas de la región en el siglo XIX.

Antes de convertirse en la zona financiera por excelencia de la ciudad, el parque Berrío sufrió varios incendios: en 1917, 1921 y 1922. Las viejas casonas tuvieron que tumbarse y ceder el paso a modernas construcciones, donde tomaron asiento las sedes bancarias y del comercio. Pero quizás su más grande transformación la sufrió a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, cuando se le sometió a un rediseño y un profundo trabajo de cimentación, a fin de acomodar la nueva estación del Metro de Medellín.

Hoy, el parque sigue siendo lugar de encuentro y esparcimiento, en su centro se ubica la Estatua de Pedro Justo Berrío, en la esquina sur-occidental se aprecia La Gorda, nombre cariñoso que la gente ha dado a la primera escultura monumental que el maestro Fernando Botero donó a Medellín. En otra esquina está la escultura El Desafío, del maestro Rodrigo Arenas Betancourt.

Altar mayor.

Altar Mayor

El altar mayor de La Candelaria está constituido por tres cuerpos. El primero que es como la base es el altar, cuya mesa era pegada al retablo y hoy separada después de la reforma litúrgica. Había sido forrada la mesa en lámina de plata y así se trasladó a donde está hoy después de la ampliación que se efectuó al presbiterio. Ese primer cuerpo es como el zócalo. El segundo cuerpo está hecho a la vez por otras tres partes, la central con el largo de la mesa del altar en forma lineal con columnas y un nicho grande en el centro, que después de puesto el Sagrario no contiene imagen. Luego a los dos lados sin seguir la línea recta sino en forma de ángulo están dos cuerpos laterales también con columnas y con nichos de menos dimensión que el central. Las columnas tienen sus capiteles y luego de un espacio, como un tímpano que separa las columnas de la gran cornisa que corona como especie de friso el segundo cuerpo del altar.

Termina con el tercer cuerpo que fue elaborado especialmente para poner el cuadro de la Virgen de La Candelaria y fue construido como en una especie de pórtico que se apoya a lado y lado en cuatro columnas puestas en series de a dos y al fondo está el cuadro de la Virgen y sobre las cuatro columnas está la terminación en forma de cornisa. A los lados están dos grandes volutas en forma espiral. Todas las columnas son cilíndricas y estriadas. Las del segundo cuerpo son de estilo corintio y las del tercer cuerpo estilo compuesto. Los nichos son cóncavos con arcos peraltados. Todo debidamente pintado.
El Sagrario y el Expositorio

En el auto (acto) de visita pastoral de 1836 el Obispo Juan de la Cruz Gómez Plata ordenó hacer reformar el altar mayor, el sagrario y el bautisterio. En la visita siguiente, la de 1843 ordenó que se consiguiera un hermoso tabernáculo y nombró una junta para que se encargara de ello.

En 1852 (A.H.M. Tomo 185), habla el Cabildo Municipal de un diseño presentado por Agustín Codazzi y Paráez, para un tabernáculo y para el frontis del templo y dice que esos diseños estaban de acuerdo con el edificio viejo y se ofrecían para presentar otros diseños. En 1860 se autorizó al Párroco Benítez para vender el Sagrario viejo al templo de San Benito

En 1865 el Padre José Dolores Jiménez encargó el actual sagrario en Francia por medio de la Oficina de Marcelino Restrepo, no se sabe en exactitud si se fabricó según por algún diseño enviado, como tampoco se sabe cuándo llegó a Medellín. Lo único seguro es que se tuvieron en cuentas las medias del sitio en el altar mayor donde se iba a colocar, pues el mismo Padre Jiménez cuando encarga el sagrario da varias indicaciones, entre ellas, las medidas del altar las cuales fueron: 4,60 metros de alto, por un ancho de un metro setenta y dos centímetros y un centro de 92. Además, la plata debía ser de ley de 0,950; como lo disponían las leyes francesas sobre como debía construirse las alhajas de plata. Se pide que la forma sea circular, con buena puerta con su correspondiente chapa. En un documento de 1869 se anota que todavía se debían 2.000 pesos del costo del Sagrario.

El sagrario junto con el expositorio conforman un solo cuerpo totalmente en plata. Dicho cuerpo es de sección circular, dividido en cuatro partes en forma escalonada; de abajo hacia arriba encontramos primero la parte inferior que es como la base de todo el conjunto y es el de mayor diámetro; le sigue la segunda parte que viene hacer el sagrario, el cual es de menor diámetro que la base y alberga los copones con las hostias consagradas; la tercera parte es el expositorio de diámetro un poco menor que el tabernáculo; y finalmente la cuarta parte es una cruz que corona todo el conjunto.

Órgano de la Basílica ubicado en el coro alto.

Órgano


A principios del siglo XIX figura que existió un órgano, del cual se sabe poco, parece que fue construido en Medellín. De ese instrumento hay continuas referencias en las cuentas de Fábrica para su sostenimiento, reparación y por el pago del organista, al parecer el órgano fue vendido en 1861.

El actual órgano fue donado por José María Berrienteos, comprado a la casa E.F. Walcker & Cie., Ludwigsburg (Alemania), empresa fundada en 1785 y cuenta con experiencia en la construcción de órganos para climas tropicales. El instrumento salió de Europa por vía marítima, paro luego ser despachado por el río Magdalena y desde allí a lomo de mula, hasta llegar a la ciudad en 1850. Fue instalado por el arquitecto y mecánico alemán Enrique Hausler, quien construyó el célebre puente de Guayaquil de la Medellin. Además, el arquitecto Hausler es quien realiza las obras en el coro alto para poder colocar el órgano, pues el instrumento pesa 7 toneladas.

Técnicamente, el órgano se compone de 15 juegos o registros (sonidos) repartidos en dos teclados manuales dispuestos en una consola y un teclado que se toca con los pies (pedalero) y sirve para los bajos graves. En 1914 se le adicionó el registro de voz humana. El 25 de noviembre de 1978 fue reparado por el ingeniero alemán Oskar Binder, pues resulta que Hausler como no era organista no lo armó debidamente, por lo cual Binder lo rearma tal como debía ser, además, él es quien años atrás, instaló de la misma marca los órganos tubulares de la Catedral Metropolitana de Medellín (1933) y de la Catedral Primada de Colombia.

Bibliografía

* Piedrahita Echeverri, Monseñor Javier (2006). Monografía Histórica de la Parroquia de la Candelaria, Grafoprint, Medellín. Edición especial, no tiene ISBN.

mas informacion
http://www.arq-medellin.org.co/

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Santuario de Monserrate (Colombia)

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Construcción     1925
Estilo arquitectónico     Neocolonial

La Basílica Santuario del Señor Caído de Monserrate, es una basílica menor de culto católico romano que se encuentra en la cima del cerro de Monserrate, al oriente de Bogotá (capital de Colombia), la cual está consagrada bajo la advocación del Señor Caído de Monserrate. La basílica es un santuario de peregrinación que hace parte de la Arquidiócesis de Bogotá.

Historia

La construcción de la primera ermita fue autorizada por Juan de Borja en 1640 al bachiller, don Pedro Solís, quien la finalizó en 1657, inicialmente bajo la advocación de la Virgen Morena de Monserrat y muy pronto reemplazada por la imagen del “Santo Cristo Caído a los azotes y clavado en la cruz”, obra del maestro Pedro de Lugo Albarracín tallada en madera y con algunas piezas de plomo y plata. Dicha construcción tenía una capilla y un convento anexo donde habitaron los monjes recoletos de San Agustín hasta 1685, cuando fueron reemplazados por el Gabinete de Madrid, por padres Candelarios.

El creciente número de feligreses y los daños ocurridos en la construcción original a causa del terremoto de 1917, obligaron a construir una nueva iglesia en la cumbre del cerro, la cual fue diseñada por el arquitecto Arturo Jaramillo Concha con un estilo arquitectónico Neogótico. La nueva iglesia se construyó gracias a la ayuda de los peregrinos, quienes subían al cerro a visitar al Señor Caído de Monserrate cargando por lo menos un ladrillo y fue terminada en 1925.

Para la celebración del cuarto centenario de la ciudad en 1938, la iglesia es iluminada indirectamente durante la noche. En 1952 se construye el altar elaborado en Florencia, Italia, y el 12 de mayo de 1955 la iglesia se consagra a la Pasión de Nuestro Señor en ceremonia especial presidida por monseñor Emilio de Brigard.

Vías de acceso

Existen tres formas de acceso a la basílica; la primera es el ascenso al cerro de Monserrate a pie, a través de un sendero peatonal de 2,5 kilómetros que cuenta con dos miradores y que en la actualidad se encuentra cerrado por obras de reparación.

Otra alternativa es el funicular, construído entre 1926 y 1929 por la compañía suiza Lowis von Roll e inaugurado oficialmente el 18 de agosto de 1929. Tiene una longitud lineal de 800 metros y una pendiente promedio de 80° alcanzando una velocidad de 3.2 metros por segundo y su capacidad máxima es de 80 personas.

Finalmente, la tercera alternativa es el teleférico, el cual fue inaugurado el 27 de septiembre de 1955, el cual utiliza un sistema bicable y dos cabinas con capacidad máxima de 40 personas.

Bibliografía

* Pianeta, Alberto (2006). Iglesias de Colombia: Arte y Arquitectura, Myra Editores, Bogotá. ISBN 958-33-7221-8.
* Vargas Araújo, José Miguel; Palacio Santamaría, Alexander; Palacio Santamaría, José (2000). Iglesias de Santafé de Bogotá, Taller Cinco Centro de Diseño Publicaciones, Bogotá. ISBN 958-95884-8-4.
* COLCULTURA (1978). Reminiscencias de Santafé de Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura (COLCULTURA), Bogotá.
* Martínez, Carlos. Bogotá reseñada por cronistas y viajeros ilustres, Escala Ediciones, Bogotá.
* Silvestrer Sánchez, Francisco (1968). Descripción del Reyno de Santa fé de Bogotá (1728), Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.

mas informacion
http://www.arquibogota.org.co/?idcategoria=2920
http://www.cerromonserrate.com/

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Basilica de Chiquinquira (Colombia)

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Construcción     1796-1823
Estilo arquitectónico     Neoclasicista

La Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, es una basílica menor de culto católico romano ubicada en la ciudad colombiana de Chiquinquirá, en el departamento de Boyacá. El templo está dedicado a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá siendo la santa patrona de Colombia.

Historia

Para la conmemoración del milagro de la renovación de la Virgen de Chiquinquirá, Fray Luis Zapata de Cárdenas mandó construir una iglesia en 1588, pero a la llegada de los hermanos Dominicos en 1636 aún estaba inconclusa y en dos ocasiones sufrió la caída del techo.

De esta manera, el Virrey Ezpeleta encarga en 1790 la edificación de otro templo en una plaza nueva, para cuya misión es convocado el arquitecto capuchino español Fray Domingo de Petrés en 1795, iniciando obras en 1796 y dirigiéndolas hasta su muerte en 1811. El templo fue consagrado en 1823 por el obispo de Mérida Lasso de la Vega, recibió el título de basílica menor desde el 18 de agosto de 1927 por el papa Pío XI y fue visitado por el papa Juan Pablo II el 3 de julio de 1986.
Descripción

La basílica tiene un área de 2.800 metros cuadrados distribuida en tres naves, con forma de cruz romana, cabecera semicircular y un amplio deambulatorio. Quince capillas internas rodean las naves, representando las casas del Rosario.

El frontispicio es de orden dórico y mide 27 metros de ancho. A sus extremos tiene dos torres de 37 metros de altura. En el centro tiene un paredón de cuatro pilastras sosteniendo un cornisón a 20 metros de altura.

Arquitectura

En 1792 llegó a Santafé el arquitecto capuchino Fray Domingo Buix de Petrés, a quien acudieron los Dominicos. En 1793 vino a Chiquinquirá y aceptó dirigir la obra de la construcción del actual Santuario. En enero de 1796 se inicia la obra de la actual Basílica, sin solemnidad de “primera piedra”. Había que “trabajar con una mano, y tener el arma den la otra”. El municipio abrió campaña de cerrada oposición a la Comunidad Dominicana. Como la autoridad local se parcializó, se pidió concejo en Santafé al Fiscal, Domingo Caicedo, quien se pronunció a favor de la Comunidad Dominicana. Los Dominicos iniciaron la construcción con un coraje insuperable. La obra negra terminó hacia 1813. La consagración de la Basílica tuvo lugar en 1823.

Descripción de la Basílica

El templo iniciado en enero de 1796 y consagrado en 1823, mide 79 metros de largo por 35 de ancho y 15,84 de alto. El arquitecto Fr. Domingo Buix de Petrés, capuchino valenciano, edificó el templo en dirección S. E. para que en la mañana le entrara luz por el costado norte, al mediodía por la cúpula y por la tarde por el lado sur. Además de las ventanas, hay dos de forma oval en cada una de las 13 capillas.

El arquitecto Antonio Cortés Mesa, dejó los siguientes datos arquitectónicos del templo: “La Basílica es de estilo neoclásico, basado en el orden dórico, la cúpula tiene un perfil de las cúpulas del renacimiento; los capiteles, cornisones y ventanales son de estilo dórico; los altares son de estilo barroco.

Las naves laterales tienen 19 bóvedas de arista y descansan sobre tres arcos de medio punto y un entrepaño en el cual hay una ventana que da luz a cada bóveda. 10 columnas de la nave central, seis sencillas sostienen la bóveda principal. El contorno del templo está levantado sobre parástades, columnas, embutidos y arcos que forman las capillas con su entablamento alrededor de las dos naves laterales, todo en orden dórico. 15 capillas que se pensaban dedicar a los 15 misterios del rosario, hoy ostentan imágenes de María y santos dominicos.

Bibliografía

* Fray Antonio de Alcacer (1958), Fray Domingo de Petrés: arquitecto capuchino, Ediciones Seminario Seráfico Misional, Bogotá.

mas informacion

http://www.virgendechiquinquira.com/

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Catedral de Rosario (Argentina)

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El Santuario Basílica Catedral de Nuestra Señora del Rosario es una basílica menor y catedral dedicada a la Virgen del Rosario, de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe en la República Argentina. Es la sede episcopal del Arzobispado de Rosario.

El arzobispo Dr. Silvino Martínez está sepultado dentro del templo.

La basílica se encuentra localizada en la parte más antigua de la ciudad, en el 789 de la calle Buenos Aires, al lado del Palacio de los Leones, sede de gobierno municipal de la ciudad, en frente de la Plaza 25 de Mayo. Entre ambos edificios se encuentra el pasaje Juramento.

La primera parroquia fue construida en este sitio en 1731. Una imagen de la Virgen del Rosario fue traída desde Cádiz, España en 1773. El 20 de abril de 1934 con la erección canónica de la Diócesis de Rosario, fue nombrada oficialmente catedral. Y pasó a Basílica el 7 de octubre de 1966.

La basílica data de finales del s. XIX. Su altar es originario de Italia y fue hecho con mármol de Carrara.
La Catedral en el siglo XX

El 2 de diciembre de 1923 al celebrarse el primer centenario de la declaración de la Virgen del Rosario como Patrona jurada de la ciudad, se inició la construcción del Camarín de la Virgen, siendo inaugurado y bendecido en 1925 por Mons. Juan Agustín Boneo. De estilo colonial español y reducidas dimensiones, se hizo propicio para un encuentro de intimidad con la Virgen y orar con mayor recogimiento.

La parroquia fue en 1934 elevada al rango de Catedral por el Papa Pio XI, luego de constituir junto con otras ciudades, a Rosario como diócesis y Sede Episcopal, asignándole casi todo el sur de la provincia de Santa Fe.

La histórica imagen de Nuestra Señora del Rosario fue coronada, con autorización papal, el 5 de octubre de 1941 en la actual Plaza de la Coronación. Luego, el 12 de octubre de 1954, fue jurada Patrona, esta vez de toda la diócesis, ya no sólo de la ciudad.

Ya con el tercer obispo, Mons. Guillermo Bolatti, el templo fue elevado a la dignidad de Basílica, el 6 de octubre de 1966 al cumplirse los 25 años de la coronación. Para ese entonces el párroco era Juan José Corti.

En febrero de 1983, simultáneamente con la designación del nuevo obispo Jorge Manuel López y siendo párroco de la Catedral Mons. Novello; se iniciaron las obras de restauración externa llevadas a cabo de manera artesanal.

En marzo de 1977 el Honorable Congreso de la Nación, por la Ley n° 24.803, declaró “Monumento Histórico Nacional” a la iglesia Catedral y Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario, Asimismo en octubre del mismo año, por Decreto n° 1110 se declaró “Conjunto Urbano Arquitectónico de Interés Nacional” junto con la plaza y edificios que la circundan.

El 11 de marzo de 1994 asumió como obispo Mons. Eduardo Mirás, para entonces ya era párroco Desde hacía casi un año Mons. Raúl Juan Giménez, quien luego de realizar junto a un capacitado equipo, estudios prolongados, en mayo de 1995, impulsó la restauración y restitución del edificio a su estado original y la refuncionalización litúrgica para adaptar la Catedral a directivas de Roma. Las obras demandaron nueva iluminación, solución de filtraciones, pérdidas de revoque y pinturas murales, trabajos en muros y columnas y restauración de las bóvedas. También se consolidó la parte exterior de la iglesia junto con la construcción de la Capilla del Santísimo Sacramento, en el antiguo Baptisterio, respondiendo a los deseos de la Santa Sede.

El 7 de octubre de 1998 el Arzobispo Mons, Mirás designó canónicamente “Santuario Arquidiocesano dedicado a María Santísima” a la Catedral. Es el Primer Santuario Arquidiocesano. Para entonces, Se comenzó a construir el Pasaje Juramento, que une la plaza 25 de mayo con el Monumento Nacional a la Bandera, por tal motivo se debieron reubicar la Casa Parroquial y los restos de los primeros habitantes de la Villa del Rosario, que la Municipalidad de Rosario mandó a construir, en compensación por las pérdidas sufridas debido a la necesaria demolición de parte de la sacristía, salones de la primera escuela y la casa Parroquial, quedando solo en pie la secretaría y un salón.

En el año 2002 el Arzobispo bendijo y consagró el nuevo altar de mármol de carrara, en el cual se guardan las reliquias del Papa Pio X y de Santa María Goretti mártir.

En 2003 se colocaron en la cúpula, cinco nuevos vitrales que simbolizan los misterios gozosos. También en éste año se inició la restauración integral del Camarín de la Virgen que demandó numerosos trabajos, tuvieron especial tratamiento el altar y el vitraux central “La Coronación de la Virgen”.

En el año 2004 Se realiza un refuerzo estructural urgente en las primeras columnas del Templo debido a que sufren un grave deterioro; este mismo año, el mes de Noviembre, con motivo del Congreso de la Lengua realizado en Rosario, la Iglesia Catedral -como integrante del “Paseo de los Orígenes”- es beneficiada por obras de pintura e hidrolavado externos.

El 16 de marzo de 2006, debido al reiterado y constante pedido de la feligresía, se presenta en el Museo Histórico Provincial el libro “La Catedral y Rosario. Historia de vidas compartidas”. Para su realización se contó con Ana Premoli en el diseño y la colaboración de los Arquitectos V. Marini y S. Musura, entre otras personas. La coordinación general fue llevada a cabo por Mons. Raúl Giménez.
El 18 del mismo mes, toma posesión de la Arquidiócesis el nuevo Arzobispo de Rosario, Mons. José Luis Mollaghan, en el patio Cívico del Monumento a la Bandera. El 7 de octubre se recuerdan los 65 años de la Coronación Pontificia de Nuestra Imagen Patronal.

El 7 de Noviembre de 2008, ya restaurada, se bendice la Histórica Sacristía de la Catedral. El 29 de Noviembre Comienza el Jubileo de los 75 años de la Arquidiócesis de Rosario.

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fuente y mas informacion:

http://www.catedralrosario.org/

http://www.arzobispadorosario.com.ar


Galeria de Imagenes de la Catedral de Rosario en Argentina

Catedral de Cartagena de Indias (Colombia)

1
Comienzo de la construcción     1577
Consagración o conclusión     1612
Estilos predominantes Herreriano

La Catedral de Santa Catalina de Alejandría, oficialmente Catedral Basílica Metropolitana de Santa Catalina de Alejandría, es una iglesia catedralicia colombiana de culto católico romano bajo la advocación de Santa Catalina de Alejandría. Se localiza en el centro histórico de la ciudad de Cartagena de Indias (Departamento de Bolívar), Plaza de la Proclamación, esquina este del Parque de Bolívar, y es la sede episcopal del Arzobispo de Cartagena de Indias, una de las sedes episcopales más antiguas del nuevo mundo.

La catedral es de estilo herreriano, característico del reinado de Felipe II, que corresponde con la tercera y última etapa de la arquitectura renacentista española. Fue diseñada por el maestro constructor Simón González, quien la diseñó tomando como modelo algunas basílicas andaluzas y de las Islas Canarias. Aunque, la actual torre fue diseñada por el arquitecto francés Gastón Lelarge, fruto de una remodelación realizada a principios del siglo XX. El edificio es de planta basilical, dividida por tres naves, y cuenta con una serie de capillas contiguas a la nave del evangelio. Su construcción comenzó en 1577, en reemplazo de la humilde catedral “de paja y cañas”. El templo puede considerarse como una de las catedrales más antiguas de América, contemporánea de las de México. En 1586, el templo aun en construcción, alcanzó a ser afectado por el ataque del pirata Francis Drake, lo que generó severos daños y retrasó su terminación, la cual sucedió en 1612.

En 1953, el Papa Pío XII le concedió al templo el título litúrgico de Basílica Menor por breve del 20 de octubre de ese mismo año.Posteriormente, por su significado histórico, valor arquitectónico y cultural fue declarado Monumento Nacional de Colombia por el decreto 1911 del 2 de noviembre de 1995.

Historia

La actual catedral concierne al tercer edificio construido como iglesia catedralicia de la ciudad. El primero, fue impulsado por el fraile dominico Tomás de Toro y Cabrero, primer obispo de Cartagena, y quien fue nombrado por el papa Paulo III. La construcción del templo comenzó en 1535, tan sólo dos años después de la fundación de la ciudad, y finalizó en 1537. Fue una humilde construcción de “paja y cañas”, estaba ubicado en la manzana que queda detrás de la actual catedral, con frente sobre la calle del Coliseo. La vida de esta edificación fue corta, pues en 1552 un incendio consumió gran parte de la ciudad y en ruinas quedó convertida la catedral. En su reemplazo, entre 1563 y 1568, se llevó a cabo la construcción del segundo templo catedralicio, realizado en madera y de techo pajizo, pues eran tiempos difíciles y no se disponía de muchos recursos, pero era más sólida que la anterior. De este segundo templo se conserva una modesta traza en el Archivo General de Indias y un remanente físico de su espadaña.

Pedro Fernández de Busto, gobernador de la ciudad, notablemente impulsador de las obras arquitectónicas que se llevaban a cabo en ese momento y quien además emprendió la labor de realizar importantes proyectos en el ámbito urbano, como el secamiento y el saneamiento de la entrada principal de la ciudad, con lo que estableció la Plaza Real (hoy la Plaza de la Aduana); la iniciación de las obras de un acueducto, que nunca fue finalizado y que dotaría a la ciudad de agua corriente; la edificación de un hospital, y la consecución de casas para la administración de justicia, la cárcel y el Cabildo. La idea de otorgar a Cartagena de una edificación digna que sirviera como iglesia catedralicia surge y es promovida también por él mismo. Además, hacia 1575 llegó el fraile dominico Dionisio de los Santos como nuevo obispo, quien envía una carta al rey, fechada el 25 de mayo de ese año, donde le describe algo sobre el culto en la catedral, entre las cuales le dice: “No hay raciones ni medias raciones ni mozos de coro, sino sacristán hábil y dos mozos de sacristía que sirven al altar en camiseta y zaragüelles, que no hay para más. Y así se sirve esta Iglesia como una triste parroquia de España”, por lo cual, el soberano da orden inmediata de reconstruirla.

En ese mismo año (1575) se convocó un concurso público para seleccionar el diseño del edificio, al cual se presentaron los maestros Eugenio de la Vega, Hernando Esteban, Juanes Guerra y Simón González.Se escogió el proyecto presentado por este último, se le designó “obrero mayor” de la obra, un cargo prácticamente de supervisión, con un sueldo de $50.000 maravedís anuales, señalándole además un jornal de veintidós reales por cada día que trabajara en la construcción, permitiéndole simultáneamente ejercer aquel cargo con las demás actividades propias de su oficio. A su vez, Hernando Esteban fue encomendado por el Cabildo como director inmediato de la traza y Juanes Guerra trabajó en el proyecto y ocupó un puesto destacado. El cantero Martín de Marquina se encargó de suministrar la piedra, e igualmente trabajaron como oficiales en la obra los canteros Pedro de Aguilar, Francisco Ruiz, Juan de Medina y Gaspar Juanes.
Plano de la Capilla Mayor, se puede ver la bóveda esquifada que cubre dicha capilla, también se puede ver la especie de cripta bajo el presbiterio, destinada a servir de tumba a los sacerdotes de la ciudad.

Así comenzó la construcción de la tercera Catedral hacia el año de 1575, ubicada lejos del puerto por razones de seguridad, en un terreno esquinero que da frente a una angosta calle nombrada posteriormente “Santos de Piedra”, junto al actual Parque de Bolívar; pero sin dar frente a él, siguiendo el modelo adoptado por Nicolás de Ovando en Santo Domingo y la antigua y fuerte tradición de la iglesia rodeada, con el tiempo, por las edificaciones más destacadas de la ciudad, como son las sedes del poder civil y las casas de los personajes más prestantes.

En 1577, cuando aún se estaba trabajando en los cimientos, se discutió en el Cabildo la viabilidad de cambiar su orientación y girar su eje noventa grados, como lo proponía el regidor y capitán Sebastián Pérez. Los cabildantes estuvieron de acuerdo con la propuesta, notaron que así quedaría mejor, pero para ello era necesario adquirir unas propiedades y el Cabildo no disponía de fondos extra para comprarlas. Por lo cual, el capitán Pérez ofreció donar 200 pesos para tal fin, pero esa cantidad no era suficiente, entonces el gobernador se reunió con los vecinos (entre los cuales se había hecho un repartimiento para financiar la obra), y como todos votaron por continuar la obra tal como estaba iniciada, el cabildo se decidió por esto, además el Gobernador indicó que no era posible hacer un nuevo repartimiento para adquirir las casas, pues el rey sólo lo autorizó a hacerlo solo para costear la obra. Es así que la idea de girar el proyecto se descartó y se continuaron los trabajos tal cual como estaban previstos.

La obra prosiguió activamente, pues, un año más tarde, “cinco arcos que se han de hacer en la capilla están ya para comenzar sobre los pilares que están hechos”. El maestro González, al ver la poca resistencia y firmeza de la piedra, resolvió agregar un soporte más para el techo y modificó en plena marcha el diseño original que era de seis pares de columnas, el cual quedó de siete pares. Durante el transcurso de la obra se generaron algunas dudas sobre el material de los arcos y la altura de la nave principal con relación a la capilla mayor, pero siempre se escuchó y se respetó el punto de vista del autor del diseño: los arcos se construyen en piedra, y la nave principal de la misma altura que la capilla mayor.

En 1579, más de la mitad de los muros se encontraban al nivel del enrase y la parte restante se hallaba a una altura de cinco tapias. En ese mismo año es nombrado como nuevo obispo Fray Juan de Montalvo. Ya para 1585, diez años después de iniciados los trabajos, consta que el volumen del edificio se encontraba cubierto y, aunque faltaban las dependencias aledañas y la torre, la obra estaba prácticamente finalizada.

Remodelación

En 1886 el obispo Eugenio Biffi, comenzó la construcción del Palacio Episcopal en los terrenos del antiguo cementerio de la ciudad, contiguo a la catedral. Posteriormente su sucesor monseñor Pedro Adán Brioschi (nombrado obispo en 1898, y luego sería arzobispo, después de que la diócesis es elevada a arquidiócesis en 1900), continuó la construcción del palacio, al cual, en 1908 le agregó un tercer piso, y su fachada la hizo decorar con abundante estuco. Cuando el palacio estuvo definitivamente terminado, Mons. Brioschi vuelca su atención hacia la vieja catedral, y es cuando, con la mejor de las intenciones, comienza la remodelación del templo, toda una catástrofe para el arte colonial cartagenero.

En la primera mitad del siglo XX sufrió una drástica intervención a manos del arquitecto francés Gastón Lelarge (el mismo que diseñó la cúpula de la iglesia de San Pedro Claver), quien auspiciado por monseñor Brioschi, desvirtuó totalmente la fisonomía original del templo. La intención era que la catedral fuera algo así como la Capilla Sixtina, por lo cual se cubrió todo el interior con estucos y pinturas; estas últimas fueron realizadas por un pintor de tercera categoría, el venezolano Miguel Ortiz, quien arribo a la ciudad como torero y terminó de muralista. Las paredes de la catedral quedaron llenas de escenas extraídas del santoral, quedando el interior recargado, además eran de poco valor artístico. Fue “una arrolladora corteza de pintarrajeado estuco, que ahogó, como una marea de colorines, el sagrado recinto”.

Asimismo, le dio apariencia de mármol a la piedra coralina de Tierrabomba, quitó el artesonado de la nave central con una falsa bóveda de cañón y estucos; falseó la fachada, al quedar alteradas sus antiguas proporciones, y la sencilla torre de piedra desapareció para dar paso a otra más alta realizada en concreto y cemento armado, la cual remata en una cúpula con linterna. La antigua torre tenía un cuerpo de campanas con vanos de medio punto encuadrados entre pilastras, muy semejante en su aspecto a la de la Iglesia de Santo Domingo.

Además, desaparecieron para siempre los elementos decorativos y artísticos más auténticos del templo, como la decoración de la Capilla del Sagrario, la cual estaba toda cubierta de madera tallada y dorada, tenía un triple retablo churrigueresco, también tallado y dorado, del cual Gastón Lelarge afirmaba de él que no había en ningún templo de Colombia; la Sala Capitular desapareció para dar paso a tres capillas; se acabó de eliminar el coro; y los viejos altares laterales fueron cambiados por otros de mármol, importados de Italia.

También se perdieron para siempre otros elementos decorativos, igual de auténticos y si se quiere hasta folclóricos, pero de gran mérito, como los que le proporcionaron el nombre a la calle vecina: la de “Los Santos de Piedra”. A comienzos del siglo XVII, es decir, por la época de la terminación del templo, algún humilde artesano había adornado la portada principal con cuatro estatuas de santos, que representaban a San Pedro, San Pablo, San Gregorio y San Sebastián, pero para Mons. Brioschi eran “muy toscas… recuerdo del arte primitivo de cuatro siglos”. Él mismo se encargó de reemplazarlas, para lo cual quiso traer de Milán unas artísticas, muy antiguas, removidas de la catedral de esa ciudad, pero el gobierno italiano prohibió su exportación. Entonces encargó al escultor italiano Mignone unas en mármol de los santos Rosa de Lima, patrona de América del Sur; Catalina de Alejandría, patrona de la diócesis y titular de la catedral; Sebastián, patrono de Cartagena, y Luis Beltrán, patrono de la Nueva Granada, y que actualmente se localizan en los nichos de la portada principal.

El retablo mayor tiene origen incierto, no se sabe ni cuándo, ni quien lo hizo, se cree que data del siglo XVIII. Dicho retablo también fue víctima del paso del tiempo y del comején, por lo cual fue sometido a una restauración, pero al parecer inconclusa. En 1943, durante el episcopado de Mons. José Ignacio López Umaña (sucesor de Brioschi), el religioso Juan Semanati pretendió reemplazarlo por piezas de mármol, oportunamente hubo quienes se opusieron a tal medida; algunas personas encabezadas por el presidente de la Academia de Historia, Gabriel Porras Troconis, intercedieron ante el arzobispo y el altar se salvó.

En 1973, el arzobispo Rubén Isaza Restrepo hace retirar los locales adosados a la iglesia y desnuda los muros eliminando su estuco en las fachadas y muros interiores, también retira la bóveda falsa de la nave central y deja la estructura del techo de par y nudillo a la vista. De la intervención de monseñor Brioschi sólo quedan el viacrucis y la torre. A esta última, en 1991 le realizaron trabajos de reparación.

Contexto urbano
Entorno urbano de la catedral (rojo), y de las principales edificaciones alrededor del Parque de Bolívar.

La catedral se localiza en el centro histórico de la ciudad, junto al Parque de Bolívar (pero sin dar frente a él), en la esquina entre la calle Santos de Piedra y la Plaza de la Proclamación. Este centro histórico, es un recinto amurallado, con calles estrechas, manzanas con formas irregulares, edificaciones de origen colonial (aunque tiene otras construidas en el siglo XX), que en la mayoría de los casos no superan los 3 o 4 pisos, lo que le permite a la catedral (en especial su torre) ser una de las estructuras dominantes en el paisaje urbano, un hito fácilmente identificable.

Además, dicho centro histórico, también conocido como la “ciudad amurallada”, fue declarado por la UNESCO patrimonio de la humanidad y es un fuerte polo turístico de Colombia. Las calles aledañas al parque y a la plaza tienen un uso del suelo mixto, donde confluyen vivienda, comercio y servicios.

Los principales espacios públicos cercanos al templo son los ya mencionados: Parque de Bolívar y la Plaza de la Proclamación. Dicho parque es un sitio emblemático de la ciudad, cargado de simbolismos históricos y culturales. Se conoció como “Plaza Mayor”, lugar donde se realizaban los grandes actos militares de la época, pero en 1610 se instaló en la ciudad el “Santo Tribunal de la Inquisición” y tomó el nombre de “Plaza de la Inquisición”. El 11 de noviembre de 1896 se inauguró con el nombre de Parque de Bolívar, en honor al libertador Simón Bolívar, pero no fue sino 4 años después que se colocó en todo su centro la estatua ecuestre del libertador.

La Plaza de la Proclamación es otro sitio emblemático, un espacio de menores proporciones aledaño al Parque de Bolívar. Anteriormente, cuando se finalizó la construcción de la catedral, los cartageneros comenzaron a llamarla Plaza de la Catedral, tiempo después pasó a llamarse “Plaza del Cabildo”, luego se llamo “Plaza del Palacio”, para luego rebautizarse con el nombre actual para conmemorar el 11 de noviembre de 1811, día histórico en que el pueblo se congregó en ella para apoyar a los firmantes del Acta de la Independencia. Dicha plaza está limitada por la fachada lateral de la catedral y la fachada principal del Palacio de Gobierno, donde funcionó el ayuntamiento y hoy es la sede la Gobernación del Departamento de Bolívar. En realidad se trata más de una calle un poco más ancha que de una plaza, por eso en algunos mapas sale como calle de la gobernación.

Alrededor de estos espacios públicos se encuentran, fuera de los Palacios de la Inquisición y de Gobierno, el edificio del Banco de la República y el Museo del Oro. Contiguo a la catedral en la parte posterior, se encuentra el Palacio Arzobispal, construido en 1896 por orden del obispo Eugenio Biffi, en los terrenos del antiguo cementerio de la ciudad, posteriormente el sucesor Mons. Pedro Adán Brioschi ordenó agregar un tercer piso al palacio.

Características de la obra


El proyecto de Simón González

Aunque no se conoce el plano original de 1575 del proyecto de Simón González, el académico español Enrique Marco Dorta, en su libro de 1951, “Cartagena de Indias: la Ciudad y sus Monumentos”, realizó una reconstrucción hipotética del proyecto primitivo, basándose en documentos de la época, como un plano general de la ciudad fechado en 1597, que posiblemente lo realizó el mismo González y en el cual se encuentra perfectamente dibujada la catedral, y otro plano enviado por la Hermandad de Sacerdotes de San Pedro al Consejo de Indias, en 1666, el cual contiene la capilla mayor.

La planta del proyecto original del maestro González debió ser la de un templo de tipo basilical, con tres naves delimitadas por seis pares de columnas, con espacio a los lados de ambas naves laterales para levantar capillas privadas, las cuales se accedería desde la nave lateral a través de un arco.

La capilla mayor, ochavada, la cual sobresaldría del testero; a los pies de la iglesia y al lado del Evangelio se hallaría la torre, con la escalera dentro de ella; contigua a ésta estaría la capilla del bautisterio y, en el mismo lado, cerca al presbiterio, estaría otra dependencia, la cual haría las veces de sacristía. Sobre su alzado, se puede comentar que las columnas eran de fuste cilíndrico, uniforme sin éntasis, conformadas por hiladas de cantería sobre los cuales se apoyarían arcos de medio punto, también en piedra, sobre los que se levantaría un muro de mampostería que alcanzaría la altura de la nave central.

Sobre el techo de las naves consta que la de la nave central tenía armadura de madera de cedro con almizate. El proyecto original, como se ha indicado, contemplaba para las naves laterales unas cubiertas planas en azoteas, las cuales se desplomaron al parecer porque generaban mucho peso para la estructura. De igual forma, la capilla mayor planearía una cubierta mediante una bóveda esquilfada, con lunetos en los que pondría claraboyas circulares, semejantes, es de suponer, a los que iluminan la nave central.

El proyecto construido

El proyecto construido no difiere mucho del mencionado anteriormente, por lo cual, se puede determinar que, pese a los distintos cambios que sufrió la obra, el proyecto original se respetó, al menos en su parte esencial. Está conformado por tres naves (la principal o central y las laterales), de las cuales la central es considerablemente más ancha y de mayor altura, lo que le permite tener en lo alto claraboyas circulares que iluminan. En el testero surgen las capillas laterales como sencillos remates de las mismas naves, las cuales están cubiertas con bóvedas de arista; la capilla mayor, cuya volumetría se distingue en el exterior, es de planta ochavada y está cubierta por una bóveda esquilfada con lunetos en los que se encuentran claraboyas circulares similares a las que iluminan la nave central.

Las columnas son de fuste liso y cilíndrico, rematadas por capiteles toscanos, están conformadas por tambores de cantería, que se apoyan sobre pedestales cúbicos. Fue necesario agregar un soporte más a cada lado, por lo cual el templo cuenta con siete pares de columnas. El arco toral y los que están en el testero tienen por soporte una pilastra con cuatro medias columnas adosadas que se levantan hasta la altura de las demás columnas, donde continúa la pilastra sola hasta obtener la mayor altura requerida para recibir el arco toral. Todos los arcos son de medio punto y de sección cuadrada. La techumbre de las naves está compuesta por madera y teja de barro, la cubierta de la nave central es a dos aguas con estructura de par y nudillo, y las laterales a una agua.

En el lado del Evangelio y a los pies del templo se encuentra la torre, de planta cuadrada y posee una escalera central. La antigua capilla del sagrario, ubicada al lado de la torre, tiene una planta rectangular y posee como cubierta una bóveda de arista en el presbiterio y de cañón en el resto de ella. Estuvo recubierta por lo que el escritor y poeta Bossa Herazo ha descrito como “la obra de madera tallada y dorada más soberbia de Cartagena, del más puro estilo churrigueresco”. Una especie de recibidor o vestíbulo da acceso a la capilla del sagrario y a la antigua sala capitular, a su vez, está comunicado con la nave del lado del Evangelio. La antigua sala capitular está actualmente dividida en tres capillas, las cuales se comunican directamente con la nave del lado del Evangelio. Posteriormente a la antigua sala capitular se halla la sacristía, que se comunica con la capilla mayor por medio de una pequeño vano.

Nave central.

En el exterior, el templo tiene, sobre el volumen de la capilla mayor, torres a modo de garitas que sobresalen en altura y están cubiertas con chapiteles cónicos de ladrillo que en su interior alojan escaleras de caracol, que permiten la comunicación con la cubierta y a las antiguas azoteas. En la fachada frontal se encuentra la portada principal, conformada por dos cuerpos, el inferior está constituido por dobles columnas libres, de estilo corintio, que a su vez están enmarcadas por contrafuertes que reciben el empuje de los arcos formeros y se prolongan en el segundo cuerpo formando los basamentos de pirámides rematados en bolas. En los intercolumnios aparecen hornacinas que originalmente alojaban las estatuas de piedra de San Pedro, San Pablo, San Gregorio y San Sebastián, y que dieron el nombre a la calle que pasa al frente a la Catedral: “Calle de los Santos de Piedra”, y que hoy albergan las estatuas en mármol de los santos Rosa de Lima, Catalina de Alejandría, Sebastián, y Luis Beltrán. En el segundo cuerpo de la portada, el cual está separado del primero por un entablamento, se encuentra una ventana enmarcada a los lados laterales por dobles columnas de fuste liso y capitel corintio. Finalmente dicho cuerpo remata en un frontón triangular.

En la fachada lateral que da con la Plaza de la Proclamación, se encuentra casi en la mita de esta, una puerta que comunica con la nave de la epístola. Sobre dicha fachada, casi en la esquina llegando a la calle de los santos de piedra, se encuentra en la parte superior, un reloj de sol hecho también en piedra. Toda la superficie muraria, interior y exterior, estaba recubierta y enjalbegada para cubrir y proteger la mampostería de piedra coralina, ladrillo y argamasa de cal y arena.

Bibliografía

* Isaza Londoño, Juan Luis (2004). «Dos iglesias cartageneras del siglo XVI: la Catedral y Santo Domingo.». Revista APUNTES Vol. 17 (Núm. 1). ISSN 1657-9763, p. 50-63.

* Dorta, Enrique Marco (1960). Cartagena de Indias Puerto y plaza fuerte, Alfonso Amadó, (editor), Cartagena. no tiene ISBN.

* Aristizábal, Tulio s.j. (1998). Iglesias, conventos y hospitales en Cartagena colonial, Banco de la República, El áncora, Bogotá. ISBN 950-96201-3-2.

* Bossa Herazo, Donaldo (1975). Construcciones , demoliciones, restauraciones y remodelaciones en Cartagena de Indias, Gráficas el Faro, Cartagena de Indias. no tiene ISBN.

Galeria de Imagenes de la Catedral de Cartagena de India en Colombia

Catedral de Bogota (Colombia)

2
Comienzo de la construcción     1792
Consagración o conclusión     1829
Estilos predominantes     Neoclásico

La Catedral Primada de Colombia, oficialmente Catedral Basílica Metropolitana de la Inmaculada Concepción, es una iglesia catedralicia de culto católico romano consagrada a la Inmaculada Concepción; es un edificio de estilo neoclásico localizado en la Plaza de Bolívar de Bogotá, capital del país. La catedral es sede de la Arquidiócesis de Bogotá, reconocida con el título honorífico de Primada de Colombia por el papa León XIII, a través del Decreto de la Congregación Consistorial del 7 de noviembre de 1902.

Por su significado histórico, valor arquitectónico y cultural fue declarada Monumento Nacional por medio del decreto 1.584 del 11 de agosto de 1975.

Historia

Al arribo de los conquistadores españoles a la Sabana de Bogotá, el misionero Fray Domingo de las Casas celebró la primera misa el 6 de agosto de 1538, en una modesta capilla de paja y ante un estandarte que reposa en la Catedral, en el lugar donde se pusieron las primeras piedras para la construcción de una iglesia. El lugar fue denominado por los españoles como Nuestra Señora de la Esperanza.

En 1553, se tomó la decisión de construir un templo en paredes de tapia y ladrillo en el mismo lugar actual de la Catedral, de acuerdo a la disposición del Cabildo, para lo cual se convocó a una licitación pública que le asignó las obras a Baltasar Díaz y a Pedro Vásquez, asociados al albañil Juan Rey, con un presupuesto de 1.000 pesos.[5] En 1560, después de gastar más de 6.000 pesos y a la víspera de su inauguración se derrumbó el techo de la construcción.[6] A pesar de ello, el 11 de septiembre de 1562 el papa Pío VI le otorgó el título de Catedral.
Catedral (izq.), Casa del Cabildo Eclesiástico, Capilla del Sagrario (centro), Palacio Arzobispal (derecha).

Doce años después, Fray Juan de los Barrios, primer Arzobispo de la ciudad, trajo sobre sus hombros la primera piedra para una nueva Catedral, dando así ejemplo a todos sus compañeros y fieles, quienes siguiéndolo lograron almacenar una cantidad considerable de piedras para su construcción. La obra se inició el 12 de marzo de 1572, en el mismo lugar, con las mismas condiciones que la anterior, es decir con tres naves, pero con un detalle adicional en el que se le añadieron cuatro capillas formando una cruz.

La obra culminó en 1590, con la capilla mayor cubierta así como los arcos, pero quedando pendientes en su construcción, las cuatro capillas laterales y las tres naves, para 1678 se concluyó la torre. Esta nueva Iglesia, tercera construcción de la Catedral fue notable por la riqueza de su culto y por su capilla musical. El 12 de julio de 1785 se produce un fuerte terremoto en la ciudad que afecta gravemente la construcción, por lo cual se toma la decisión de derribarla parcialmente.

Algunos años después de la expulsión de los jesuítas de Colombia se opta por poner en servicio como Vicecatedral a la iglesia de San Ignacio, la cual fue denominada “Vicecatedral de San Carlos” (en honor al rey Carlos III) y se encuentra a tan solo media cuadra de distancia de la Plaza.

Al iniciar el siglo XIX por nombramiento efectuado por el canónigo Francisco Caycedo, arzobispo de Colombia, se designó como arquitecto para la reconstrucción de la Catedral al fraile capuchino Fray Domingo de Petrés, el cual estaba ampliamente influenciado por las tendencia neoclásica reinante en esa época de la historia y que determinó el estilo de la reconstrucción de la Iglesia, Fray Domingo, de origen español, hijo de un albañil, quien llegó a Santafé de Bogotá en 1792 para ejercer su oficio de arquitecto, comenzando la obra de la nueva catedral el 11 de febrero de 1807. Se le ha considerado como uno de los arquitectos más representativos del nuevo reino de Granada, entre otras obras se destaca el Observatorio Astronómico de Bogotá, la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, la Catedral de Santa Fe de Antioquia y la Iglesia de San Miguel, en Guaduas.

Cuando muere Fray Domingo en 1811, continua las obras Nicolas León quien las logra concluir. Posteriormente, en el año 1943 el arquitecto español Alfredo Rodríguez Orgaz dirigió la reforma a la fachada de acuerdo a los planos originales de Domingo de Petrés. Las mayores reformas se realizaron con motivo del Congreso Eucarístico Internacional de 1968 y la visita del papa Pablo VI cuando el presbiterio se amplió hasta el crucero y el altar se ubicó bajo la cúpula

Contexto urbano


Plano de localización de la Catedral Primada de Colombia en el centro histórico de Bogotá.

La Catedral Primada ocupa la parte norte de la cuadra oriental de la Plaza de Bolívar, en el centro histórico de la ciudad de Bogotá, correspondiente a la localidad de La Candelaria, cuya alcaldía menor fue creada por el Concejo de Bogotá mediante el acuerdo 7 del 4 de diciembre de 1974. Su ubicación exacta es entre la Carrera Séptima y la Carrera Sexta con Calle 11ª, en la cual la portada se encuentra orientada hacia el occidente (sobre la Carrera Séptima, mirando hacia la Plaza de Bolívar) y la puerta lateral se orienta hacia el norte (sobre la calle 11ª, mirando hacia la Casa del Florero o Museo del 20 de julio, lugar en donde ocurrió el Grito de Independencia, y construcciones aledañas). Su ubicación corresponde a la Zona Pastoral Episcopal de la Inmaculada Concepción, conformando la parroquia de la Catedral en el barrio de La Candelaria. En el mismo barrio se encuentran otras cuatro iglesias católicas.

Al costado sur de la Catedral se encuentra la Capilla del Sagrario, templo construido entre 1660 y 1689. Completando la cuadra sobre la Plaza de Bolívar se ubica el Palacio Arzobispal, edificio construido entre 1952 y 1959 para reemplazar el antiguo palacio, destruido en abril de 1948 durante el Bogotazo, el cual se ubicaba sobre la calle 11 con carrera sexta, contiguo a la Casa de la Moneda. En el lugar actual del Palacio Arzobispal se encontraba desde 1793 el edificio de la Aduana, que sirvió de prisión para el Virrey Amar y Borbón después del 20 de julio de 1810 y de despacho para el Virrey Sámano y Pablo Morillo durante la Reconquista.

La Plaza de Bolívar como Plaza Mayor de la ciudad ha sido escenario de algunas de las principales manifestaciones políticas y sociales a lo largo de la historia del país. Su marco lo complementan el Palacio de Justicia al costado norte, el Palacio Liévano (sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá) al occidente y el Capitolio Nacional al sur. De esta manera, en la Plaza figuran algunas de las principales instituciones que representan las tres ramas del poder público del país. Desde el 20 de julio de 1847 en el centro de ella se encuentra una estatua de Simón Bolívar, de quien recibe su nombre oficialmente, obra del escultor italiano Pietro Tenerani.

Catedral Primada de Colombia-Plano General.svg

Catedral Primada de Colombia-Plano General

Descripción

La Catedral está conformada por una planta clásica basilical en forma de cruz latina que ocupa un área de 5300 metros cuadrados, con una nave central y dos laterales de la misma altura. Cuenta además con un altar mayor y 14 capillas: 7 en la nave sur, 6 en la nave norte y una frontal en la nave central, las cuales se complementan con el coro y dos sacristías. La linterna y cúpula se localizan en el cruce del transepto con el crucero,[6] sostenido por cuatro pechinas y decorada en forma de media naranja, con color azul índigo y trece lenguas de fuego. La pintura interior de las naves y las capillas es blanca y sus bóvedas presentan florones en el centro.

Vista interior de la Catedral.

La portada está dividida en dos cuerpos. El primero está compuesto por ocho pilastras de orden dórico que suben hasta el arquitrabe, friso y corniza, también de orden dórico; el segundo cuerpo es de orden jónico y se adorna por ocho pilastras. Tres esculturas elaboradas por Juan de Cabrera adornan la parte superior de cada puerta: la puerta del norte San Pedro, la puerta del sur San Pablo y el frontis la Inmaculada Concepción con dos ángeles a ambos lados en actitud de coronarla; encima de esta última se remata la fachada en un triángulo isósceles adornado con endentado, molduras de orden jónico y sobre ella una cruz pontifica de dobles brazos, y debajo de la estatua, sobre el dintel de la puerta principal se lee en una loza de mármol blanco la inscripción: «Bajo el título y patrocinio de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, Santafé religiosa prosperará. Año de MDCCCXIV. Arquitecto Fray Domingo de Petrés, capuchino.». Las torres, reconstruidas después del terremoto de 1827 miden 42 metros de altura y parten de la cornisa mayor, cada una está formada por tres cuerpos con sus aberturas para las campanas; la torre sur está consagrada a Santa Bárbara, mientras que la torre norte, consagrada a San Emigdio tiene un reloj.La puerta principal, elaborada en el siglo XVI tiene 7,20 metros de altura por 3,60 de ancho, está adornada por dos pilastras independientes en forma de columnas estriadas de orden jónico, cuyos capiteles finalizan en la cornisa del frontis,y presenta aldabones, pernos, tachones y herrajes en bronce de fundición española y cinco salamandras en solvier. Las puertas laterales miden 5,60 metros de altura por 2,80 de ancho. El atrio mide 110 metros de longitud y fue construido entre 1631 y 1664, en 1815 se alargó hasta la Capilla del Sagrario, en 1842 se enlozó y se extiendió hasta el extremo sur de la plaza y en 1913 se redondeó el ángulo de la esquina para facilitar el giro del tranvía por la carrera séptima.

Capillas

En la nave sur, de occidente a oriente se encuentra el bautisterio, una pila en piedra y el cuadro del Bautismo de Cristo, obra de Ricardo Acevedo Bernal. A continuación está la primera capilla, dedicada a San Juan Nepomuceno, cuyo altar presenta estucado dórico y un cuadro de San Francisco de Borja, obra de Gregorio Vásquez. La segunda capilla de la nave está dedicada a San José, contiene un altar de orden compuesto y la pintura del Salvador del Mundo de Vásquez. La capilla de las Angustias fue ornamentada por Luis Ramelli y tiene un cuadro de la Dolorosa de Cristo. Hacia el oriente sigue la capilla de la Virgen del Carmen, anteriormente conocida como la capilla de Santiago, la cual posee un altar jónico y un cuadro del apóstol Santiago de Vásquez, dos pequeños cuadros de los Santos Justo y Pastor y relieve dorado en el cielo raso, en ella se encuentra además la tumba del conquistador Gonzalo García Zorro. La siguiente es la capilla de San Pedro, la cual se encuentra en el ala sur del crucero, contiene un altar de orden compuesto y de mampostería, diseñado por Petrés, un cuadro de La Anunciación de Andrés Callejas y la tumba del cardenal Crisanto Luque.

Capilla de Santa Isabel de Hungría.

La nave sur se complementa con la capilla de Santa Isabel de Hungría (santa patrona de la ciudad), anteriormente conocida como la capilla de Santa Úrsula y posteriormente de Santa Catalina de Siena. En esta capilla se destaca la tumba del fundador de la ciudad Gonzalo Jiménez de Quesada, esculpida por el artista Luis Alberto Acuña sobre un altar en mármol blanco de Cassioli; en el muro oriental (costado izquierdo) se destaca el busto del general Antonio Nariño en el lugar donde yacen sus restos. Tres ábsides delante de la columnata de la capilla contienen los monumentos de arzobispos de la ciudad, en su orden el de Vicente Arbeláez en estilo Renacimiento, el de Manuel José Mosquera en madera y estilo gótico y el de José Telésforo Paul en estilo gótico florentino. En el muro occidental un monumento en mármol contiene las cenizas del venezolano Pedro Gual y una placa recuerda al arzobispo Fernando Caicedo y Flores, complementados por un cuadro del Credo de Santiago y la estatua de María Inmaculada, la cual estuvo en el altar mayor durante tres siglos. Cuatro columnas se apoyan en el escalón, las cuales contienen los restos de los arzobispos Aquinao Camacho, del Pórtico y Torres y unos pasos al sur se encuentra sepultado monseñor Juan Bautista Agnozzi, delegado de la Santa Sede que visitó la ciudad en 1882.

Detrás del altar mayor se encuentra la capilla de la Virgen de El Topo, reliquia histórica y religiosa en donde se encuentra la sillería del coro de los canónigos. Mide 29 metros de largo por 14 de ancho, tiene una entrada de arco de medio punto apoyado en dos pilastras y cerrado por una verja de hierro. El altar central es del siglo XVIII, de orden dórico repujado en plata y tiene además dos altares en los muros laterales.El retablo principal está fechado en 1610 de autor desconocido, representa la advocación de Nuestra Señora de los Dolores de El Topo, patrona de los canónigos de Bogotá, en la cual aparece la virgen inclinada sobre la cabeza de Jesús muerto. A sus lados se encuentran una imagen de San José y una imagen de San Francisco. En esta capilla se encuentran los restos de Aurelio París Sanz de Santamaría.
Capilla de la Inmaculada Concepción.

La nave norte tiene en el costado occidental la Capilla del Sagrado Corazón de Jesús, la cual tiene un altar dorado de estilo dórico y una estatua en mármol de Cristo, obra de la casa Pussilque Russaud de París e inscripciones en mármol sobre las leyes de 1913 de homenaje a Jesucristo y de 1919 como homenaje a Nuestra Señora. La segunda capilla de esta nave está dedicada al Santo Cristo (también conocida como las ánimas o las almas del purgatorio), contiene un altar de orden compuesto con una pequeña reja, un cuadro del Cristo Crucificado, dos cuadros pequeños al lado derecho y una pintura del Salvador de Vásquez; en esta capilla también está la tumba de José Celestino Mutis. Después de esta capilla se encuentra la entrada lateral de la iglesia o “puerta falsa”, la cual tiene en su parte exterior un escudo de España esculpido en piedra y en la parte interna dos cuadros de estilo antiguo italiano. A continuación, la tercera capilla de occidente a oriente es Nuestra Señora de las Mercedes (actualmente conocida como San José), es la capilla más antigua (construida en 1590), originalmente era la capilla de Santa Ana por el cuadro de Gaspar Figueroa y en ella se encuentra un altar jónico, una estatua quiteña de Nuestra Señora de las Mercedes en el nicho central y la tumba de Eulogio Tamayo. La capilla de la Inmaculada Concepción, adornada con un arco de media caña y un altar de mampostería contiene una estatua de la Inmaculada Concepción, instalada en el nicho central en 1904 y una estatua sobre la tumba del arzobispo Bernardo Herrera Restrepo en el muro occidental, obra del artista Gustavo Arcila Uribe. Al lado oriental está la capilla de la Virgen del Perpetuo Socorro (también llamada Santísima Trinidad o San Juan Nepomuceno), la cual fue elaborada en 1630, tiene un altar dórico rodeado con una reja, una estatua de Nuestra Señora en un nicho y 4 cuadros laterales; la nave se complementa con la capilla de la Soledad (Nuestra Señora de los Dolores), elaborada en 1906 y contiene un altar jónico y tres nichos: el izquierdo con la Magdalena, el central con Nuestra Señora y el derecho con San Juan Evangelista, en donde se encuentra la tumba de Juan Martín de Sarratea, superintendente de la Casa de la Moneda, y finalmente hay una puerta que comunica con la Sacristía de los Capellanes del Coro y sobre ella hay un cuadro de la Sepultura del Señor

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Galeria de Imagenes de la Catedral de Bogota en Colombia

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